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Rafael Parra Toro: “Siempre soñé con ser artista”

Rafael Parra Toro es un venezolano-argentino reconocido como uno de los pioneros en el mundo en usar la técnica de la realidad aumentada en el arte cinético. Algo tal vez un poco difícil de entender conceptualmente, pero que está al alcance de todos a través de nuestros celulares. Con esta técnica podemos tener obras de arte en nuestras casas sin pagar un centavo. “Mis obras en realidad aumentada han sido vistas y usadas 1.295.000 veces en menos de un año. Vi un nuevo camino y decidí emprenderlo”, contó en esta entrevista con Curadas desde Buenos Aires, donde vive hace 12 años.

Nacido en Caracas en 1977, Parra Toro es ingeniero graduado en la Universidad Central de Venezuela (UCV). “Esa universidad-museo, a la que iba desde niño porque mi padre trabajaba allí; y mi madre, que también es artista plástica, sembraron en mí la semilla del arte”, recordó.

¿Por qué estudiaste ingeniería si te gustaba el arte?
Fue más por miedo que por gusto. Un miedo culturalmente adquirido que respondía a la sensación de “estudiar algo con futuro”, ¡como si esa frase tuviera sentido! (risas). Para mí era coherente en ese momento. Yo siempre soñé con ser artista, pero el miedo a fracasar económicamente hizo que estudiara algo que no quería en realidad. No obstante, haberme graduado bajo las nubes de Calder, mi mayor inspiración artística, es algo que recuerdo con una emoción profunda.

¿Cuándo empezaste a desarrollar tu talento artístico?
Desde adolescente. Recuerdo que compré con mucho esfuerzo una laptop usada y habitualmente me iba al “Museo de Sofía”, por Sofía Imber, el MACCSI, que hoy perdió su justo y fundamental “SI”. Iba con la computadora y creaba cosas en AutoCAD sentado frente a un Soto o un Lucio Fontana. Esa atmósfera era oxígeno para mí y mi creatividad, ya que desde niño me inspiró la geometría.

En esa época yo era preparador de Geometría Descriptiva en la UCV y fui uno de los primeros estudiantes en implementar las herramientas informáticas. Desde esa época vinculaba el arte que veía en el MACCSI con la geometría descriptiva y el AutoCAD como herramienta. Así fueron mis inicios…

Del chocolate al mate

Parra Toro se fue a Argentina hace 12 años. En ese momento no había empezado el éxodo masivo de los casi cinco millones de venezolanos que han tenido que abandonar el país a causa de la crisis económica, social y política. “Buenos Aires es la ciudad que más me gusta en el mundo para vivir”, respondió cuando le preguntamos por qué escogió ese país.

“Me siento completamente identificado con la cultura argentina. Adopté todas las costumbres de acá menos tomar mate, porque no me gusta. Y, la verdad, se me dificulta imaginarme una vida fuera de esta ciudad de mi corazón. La nacionalidad fue algo inminente y natural para mí. Me siento argentino y venezolano a la vez. ¡Soy un bicho raro! (risas).

¿Desde cuándo no vienes a Venezuela? ¿Qué extrañas del país?
Desde hace seis años. La dos primeras ediciones de mi libro Pop On Op (un libro-objeto con animaciones interactivas en tiempo real) fueron hechas en Venezuela y estuve ahí. ¡Por supuesto que extraño, y mucho! Además de mi familia, extraño El Ávila, el chocolate, la playa, la UCV, el Trasnocho, Bellas Artes y muchas cosas más que me llenaron el alma. ¡Venezuela me define! Espero volver pronto.

¿Aparte de crear, te gusta hacer otras cosas?
Siempre crear… Arte visual, también música electrónica. Pero si te refieres a hobbies, me encanta apreciar el cine y la buena música. Soy fan de gente que arma playlists que me cambian la vida (@mikjailovka @santidellafortuna @vintagesein).

Además de sus obras en físico y de sus piezas con realidad aumentada, Parra Toro también creó un reloj cinético que comercializa desde hace seis años la marca japonesa Dedegumo. “Su creadora, Yuki, quedó encantada con mi libro y me propuso la ´loca idea´ de hacer un reloj juntos. Yo diseñé la esfera cinética y Dedegumo el resto. Ya hemos sacado cinco modelos al mercado y estoy muy contento con los resultados”.

Un arte distinto

Algunos años después Parra Toro logró hacer la conexión y encontró en la ingeniería las herramientas para desarrollar su arte, un arte distinto. Para crear sus piezas usa ecuaciones matemáticas, Excel, cálculo analítico y geometría analítica. “Todo eso lo aprendí en la facultad”.

Pero un día, al participar en la Pictoplasma Academy, en Berlín, con un sabio consejo del artista Gary Baseman, encontró la seguridad en sí mismo “y le di rienda suelta a mi arte y a mi identidad”.¿Cuál fue ese consejo?
Fue en respuesta a una inquietud: yo no sentía que tenía un estilo propio. Quería mostrarle todo lo que había experimentado para que me dijera qué le parecía lo mejor. Me dijo que no le mostrara nada, que no le interesaba. “¿Qué te parece a ti que es lo mejor que haces?”, me preguntó, y le respondí que las pruebas ópticas que realizaba en ese momento. “¡Pues eso es lo que tienes que hacer!”, me dijo.

Inconforme con su respuesta, insistí. “Gary, no entiendes… Lo que me pasa es que no siento que tenga un estilo propio”. Me dijo: “Haz 20 de esas y lo tendrás”. Seguí su consejo y las hice, las hice en Italia. Y al hacerlas descubrí que había desarrollado una técnica. Encontré mi identidad a través de la conexión con algo que solamente dependía de mí. Eso me dio un poder sin precedentes en mi vida. Por eso es uno de los mejores consejos que me han dado.

Parra Toro se convirtió así en el primer artista en usar el efecto moiré – superposición de líneas – para crear formas y volúmenes, lo que planteó un cambio radical con respecto a sus predecesores en el arte cinético.

Cinetismo y petróleo

El boom petrolero de la década de los 70 permitió a los venezolanos acercarse al arte. Obras de Jesús Soto, Alejandro Otero y Carlos Cruz-Diez, tres de los más prominentes artistas cinéticos del país, las podíamos ver en las calles de la capital. La cromointerferencia Ambientación de color aditivo de Cruz-Diez en el aeropuerto de Maiquetía es un ejemplo de ello. Fue también la época en la que se creó el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, obra de Sofía Imber; y el Museo de Arte Moderno Jesús Soto.

Leí que fuiste alumno del maestro Cruz-Diez. ¿Cómo llegaste a él?
Eso no es cierto. Me hubiera encantado, pero no fue así. Tampoco tuve la suerte de conocerlo nunca. Sí tuve el honor de conocer a Jesús Soto, a Polesello y también al maestro Julio Le Parc acá en Argentina, con quien tuve charlas profundas del arte en un par de ocasiones. Esa fue mi única aproximación personal a los grandes maestros del arte cinético de Venezuela.

¿Alguno de ellos te ha influenciado de alguna manera?
Mis más grandes influencias internacionales fueron Calder, Vasarely, Pevsner, Wilding, Agam, Arp, Le Parc y Leger. Y venezolanos, por supuesto, Soto, Gego, Otero y Cruz-Diez, de quien aprendí las interferencias cromáticas.

Sin embargo, Parra Toro aclara que más que una influencia, los maestros del cinetismo fueron su punto de partida. “Yo tomé ese aprendizaje, ese conocimiento, y lo estoy llevando a otra dimensión. Yo estoy usando una técnica distinta. Y además haciendo una parte del op art que no se hizo antes porque no había computadoras, que es crear formas con moiré. Ese es un check list que faltó del movimiento cinético y que yo asumí. Por ahí empecé yo. Eso es mi diferencial.

Un regalo de Parra Toro a Buenos Aires

El arte cinético da al espectador la posibilidad de participar, de interactuar con la obra. Dependiendo de la perspectiva desde la cual la miremos, unos tendremos una experiencia, otros, otra. A mí me hacen sentir como una niña, por el juego que se puede plantear, por los colores, por el movimiento… ¿Cuál es la reacción de los espectadores que más te gusta o que más te haya llamado la atención?

Justo mencionaste a mis espectadores de lujo, que son los niños, niños de edad y niños internos. Descubrí en mi arte la misión de “despertar la curiosidad” al ver la reacción de los “niños” con mi obra; eso hace que todo tenga sentido.

Con mi arte no busco comunicar absolutamente nada, es un acto de sublimación que establece un lazo conector con el espectador de una manera inconsciente. No hay intención alguna consciente en decir tal o cual cosa. Sin embargo, he visto reacciones diversas como llorar o reírse. Y cuando lo charlo con el público siempre encuentro que teníamos cosas en común y lo descubrimos a través de la obra. Eso es lo más hermoso que me ha pasado y hace que tenga sentido para mí seguir adelante.

Algunas de las más importantes exposiciones de las obras de Parra Toro han sido “La evolución de la forma”, un solo-show que hizo la Fundación Tres Pinos con el reconocido curador italiano Massimo Scaringella en el Centro Cultural Borges, en Buenos Aires. También sus performances músico-visuales en el Museo de Arte Contemporáneo de La Boca (MArCo). Y una serie de muestras en Chile , “1 Es a 1”, que, asegura, fueron “importantísimas en términos sociales, por el alcance de público que tuvo”, gracias a la curadora y gestora Macarena Cacciuttolo.

“¡Y la intervención del Obelisco de Buenos Aires, ni hablar!”, dice, refiriéndose a la proyección de imágenes, con la técnica del moiré, sobre este símbolo bonaerense. Fue un regalo de Parra Toro por el 30mo. aniversario del Hospital Garrahan, un centro pediátrico de referencia de Argentina. 

¿Cómo fue esa experiencia?
Tuve el honor de hacer la primera intervención de arte cinético en el Obelisco de Buenos Aires gracias a la gestión e idea de mi amigo y experto en comunicación Waldo Mandiello. La experiencia fue fenomenal para mí porque llevé una tradición venezolana como es el arte cinético a una tradición porteña como es el Obelisco. Los periodistas (sin excepción) arrugaban el entrecejo cuando les decía que el arte cinético es una tradición venezolana, ya que no se entiende así en otras partes del mundo, por lo que es nuestra labor hacerlo saber.

¿Cómo es eso de que el arte cinético es una tradición venezolana?
El arte cinético es una tradición venezolana porque el orgullo que nos dan nuestros grandes maestros forma parte de una identidad nacional y lo llevamos como bandera a donde vamos.

El arte cinético y lo social

Me llamó mucho la atención este trabajo. Lo interpreto como una forma de relacionar el arte cinético con lo social. ¿Es posible esa unión? Te lo pregunto en particular debido a esta situación tan grave que vivimos en Venezuela.
Creo que el cinético y el op art son de las formas de arte más sociales que existen, a mi entender, porque el espectador no es “espectador” sino “protagonista” de un hecho artístico. Así que si el cinético no ha tenido un tinte social más marcado es porque se ha quedado en una élite que es la que lo puede adquirir. Es por esto que desarrollo arte con la técnica de la realidad aumentada. Cualquier persona desde mi cuenta en Instagram (@parratoro) puede instalar en su casa una escultura mía. Mis obras en realidad aumentada han sido vistas y usadas 1.295.000 veces en menos de un año.

Me tomo muy en serio la labor social de mi arte. De hecho, es lo único que justifica que sea un artista. Por eso emprendí desde muy temprano el desarrollo de arte con realidad aumentada, no solo para que sea asequible, sino para demostrarle a otros artistas que pueden hacer lo que quieran, cuando quieran, sin presupuesto y sin permiso de nadie; y esto es crucial para el desarrollo de la humanidad en una dirección de igualdad.

Por supuesto que me solidarizo con mis compatriotas venezolanos en este grave y triste momento que estamos viviendo. Los abrazo con el alma y les quiero decir que hay un futuro y que ese futuro está en el interior de cada uno de nosotros. Que nunca nos dejemos engañar pensando que la solución viene desde un gobierno, que nadie puede gobernar nuestro ser. Debemos emanciparnos y crecer desde nuestra fuerza interior, y no perder tiempo jamás lamentándonos.

El futuro ya llegó

¿Cómo es el arte con esta técnica de la realidad aumentada?
Esta técnica se hace por medios digitales, hoy con la cámara del teléfono, pero ya pronto se verá con dispositivos en los ojos directamente. Consiste en agregar elementos a la realidad que pueden ser informativos, decorativos o utilitarios. Pueden ser elementos flotantes o pegados a otros elementos reales (como autos, edificios, plazas, etc.). Con esta técnica empecé hace 15 años, lo que pasa es que no existían ni los procesadores ni los dispositivos para que tuviera la implementación cotidiana. Hoy está en el celular, que te lo permite hacer. Por eso es que apenas salió la técnica, la implementé.

Creo que la realidad aumentada vino para quedarse y es la herramienta ideal para los artistas del futuro. Me siento orgulloso de ser uno de los primeros artistas del mundo en usarla. Y lo que más me entusiasma es darla a conocer a otros artistas para que hagan de su magia algo social que trasciende el presupuesto.

Más en Venezuela, donde hay recursos tan limitados y una situación política que no nos deja expresarnos. La realidad aumentada nos da la oportunidad de expresarnos y encima sin dinero, porque puedes generar toda esta magia desde una computadora, no necesitas hacer grandes instalaciones ni dependes de coleccionistas ni de que venga un gobierno a pedirte que cubras la ciudad con arte porque hay bastante dinero proveniente del petróleo. Hoy ya no hay dinero para hacer ese tipo de arte, pero sí hay una nueva forma de hacer arte, nuevas herramientas para expresarnos y trascender.

Una nueva mirada

En 2005 Parra Toro fue a Los Ángeles y tuvo la oportunidad de conocer los equipos que usaba Lucasfilms (la productora de películas fundada por George Lucas) y Pixar (el estudio cinematográfico de animación de Lucasfilm que después compró Steve Jobs y que ahora maneja Walt Disney Studios) para la computación gráfica. Desde ese momento empezó a hacer arte digital, pero la gente aún no tenía la posibilidad de disfrutarlo cotidianamente, como ocurre ahora. “Hoy tenemos los teléfonos con unos procesadores espectaculares donde puedes ver este arte. Ya pronto vamos a tener dispositivos directos en los ojos”, pronosticó.

¿Cómo es eso de que vamos a tener dispositivos en los ojos?
Eso ya existe. Google Glass, aunque dejó de producirse, es uno de ellos. Snapchat también ha hecho cosas. Pareciera que el primero de los grandes jugadores que va a sacar unos lentes especiales para realidad aumentada va a ser Apple. Tienen un proyecto que estaba planificado para lanzar en 2021, puede que haya retraso por lo de la pandemia. Los lentes de contacto de realidad aumentada ya existen también, pero son carísimos en este momento. Una computadora también era carísima en 1990 y, sin embargo, hoy todo el mundo tiene una en su bolsillo. Ahora los procesos tecnológicos son mucho más rápidos que antes. Esto no va a ser una cosa de 10 años, será algo de dos o tres años.

¿Qué planes tienes en este momento?
Por el momento, y en estas circunstancias de pandemia mundial, seguir desarrollando mi arte con realidad aumentada. También estoy preparando un show músico-visual llamado Funky Pixels que voy a estar presentando a final del año, si el virus nos deja. También empecé a trabajar en mi segundo libro. En fin, me mantengo sumamente motivado y con hambre creativa.

¿Hasta dónde quiere llegar Rafael Parra Toro?
Hasta donde tenga que llegar.

Texto Katty Salerno

Entrevista parte 4

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