Categorías
Personalidades

Miguel Delgado Estévez: “He sido muy feliz porque he hecho lo que me ha dado la gana”

Por Katty Salerno

Miguel Delgado Estévez escribió por sí mismo su nombre en la historia de la música de Venezuela. Es considerado el gran referente de la guitarra popular en nuestro país, un logro que alcanzó ayudado por los genes de su familia materna, de la que también forman parte su tío Antonio Estévez y su hermano Raúl Delgado Estévez. Los estudios formales de música nunca los concluyó porque prefirió perseguir otra de sus pasiones: la biología y la docencia. “Yo he sido muy feliz porque he hecho lo que me ha dado la gana”, confesó a Curadas con su desbordante bonhomía.

Cuando lo llamamos para la entrevista estaba elaborando la lista de los discos que ha grabado, que “son un montononón”, dice. El nombre de Miguel Delgado Estévez formará parte de un libro sobre la guitarra popular en Venezuela que están escribiendo los investigadores Alejandro Bruzual y Carlos García. “Aún no he terminado la lista, pero pasan de cien los discos que he grabado. Y de las canciones que he compuesto nunca he hecho el inventario. Estos dos amigos, musicólogos, están escribiendo ese libro y como la gente dice que yo soy un referente de la guitarra en la canción popular venezolana, quieren dedicarme un capítulo. De alguna manera tengo una contribución en la forma de acompañar los ritmos venezolanos, sobre todo con la guitarra. Ya ellos hicieron su investigación, pero les faltaba la discografía mía y en eso estaba cuando me llamaste”.

Como no somos expertas en la materia, lo primero que le preguntamos fue qué es eso que él ha hecho diferente y que convirtió a Miguel Delgado Estévez, nacido en Calabozo, la ciudad más poblada de Guárico, estado llanero; hijo de la Nena Estévez, sobrino de Antonio Estévez y hermano de Raúl Delgado Estévez, una familia que es una institución en nuestra historia musical, en un referente de la guitarra en la música popular venezolana.

Su respuesta fue toda una clase magistral de música.

“Bueno, es muy feo que yo lo diga, pero te voy a decir lo que dice la gente. Hay gente que sostiene que en Venezuela todo el mundo quería tocar la guitarra como Alirio Díaz, es decir, quería ser solista de la guitarra; pero que no se desarrolló la guitarra acompañante de la canción venezolana. No se desarrolló una escuela de guitarra popular como sí ocurrió en Brasil y en Argentina, donde hay un altísimo nivel de guitarra en la canción popular. Antonio Carlos Jobim, por ejemplo, era guitarrista, por eso él y otros autores brasileños desarrollaron una manera de acompañar sus ritmos vernáculos con altísimo nivel.

En el caso de Venezuela no fue así. Yo no concreté mis estudios musicales para desarrollarme como guitarrista solista, sino que más bien lo hice dentro de la guitarra popular. Claro, cuando yo decidí hacer guitarra popular y todas las cosas que he hecho tuve que inventarme clases y desarrollar técnicas particulares en cuanto a la ejecución del instrumento.

Saber acompañar



Entonces, la gente dice que no todo el mundo sabe acompañar porque todo el mundo quiere ser solista. No todo el mundo cede sus espacios naturales de egocentrismo para beneficio de una manera de hacer la música, que es acompañar. Yo recuerdo, y es algo que tengo en mi memoria desde muy muchacho, cuando escuchaba a los músicos de la Orquesta Sinfónica de Venezuela decir, cuando mi tío Antonio era el director titular de esa orquesta, que él sabía acompañar muy bien a los solistas. Yo lo recuerdo, aunque no entendía bien lo que quería decir, te lo confieso. Y es que cuando un pianista (o violinista o chelista) toca como solista de un concierto, cualquiera de los conciertos universalmente conocidos, quien acompaña a ese solista es la orquesta; la orquesta es el instrumento que acompaña al solista.

Cuando un director de orquesta está acompañando en el Concierto de Aranjuez, de Joaquín Rodrigo, que es para guitarra y orquesta, ¿quién es el solista? La guitarra. ¿Cuál es el instrumento acompañante, y hago énfasis en la palabra «instrumento»? La orquesta.

Entonces, para que unos músicos digan, como decían de mi tío Antonio, «es que él sabe acompañar muy bien a los solistas», lo que quieren decir es que él, dirigiendo la orquesta, le daba al solista el espacio que merece el solista porque él, en este caso, la orquesta, es el acompañante. Claro, ese acompañamiento tiene que ser virtuoso, pero no un virtuosismo donde le caigas a golpe al solista porque el que tiene que destacarse es el solista y ya le tocará al instrumento acompañante, en este caso la orquesta, hacer su rol, su papel de acompañar y en caso tal de que le toque hacer un solo a la orquesta, hacerlo.

Los maestros de Miguel Delgado Estévez

En mi caso particular con la guitarra ocurre que yo tengo un concepto de la música que me permite – eso no lo he aprendido en ningún lado, o, mejor dicho, seguramente lo capté viendo a grandes músicos por allí – adornar acompañando a un cantante o a algún solista de lo que fuere.  Hay un gran músico, que ya falleció, Domingo Mendoza, quien fue el de la idea de fundar el Quinteto Contrapunto y también fue miembro fundador del Orfeón Universitario de la UCV, con quien me unió una gran amistad. Yo lo veía a él acompañando con la guitarra con aquella manera tan virtuosa, donde el virtuosismo no estaba en hacer escándalo, ni en ver qué duro o qué rápido se toca. No, el virtuosismo estaba en rendir pleitesía, con el instrumento de uno, al solista que está haciendo su cantar o su sonar.

En el caso mío mucha gente ha ponderado esa manera de acompañar. El Pollo Brito, por ejemplo, dice: “Miguel es tan bueno acompañando que es como el arroz, combina con todo». (Risas).

¿Con quién se formó usted como músico?

Mi formación musical fue un poco de “a brinquitos” por decirlo de alguna manera. Los primeros rudimentos fueron en la Escuela Superior de Música. Luego hice cursos de teoría y solfeo con el maestro Eduardo Serrano en la UCV. Estuve muy metido estudiando con grandes maestros de la música desde mis años adolescentes, muy en contacto con Inocente Carreño, Antonio Lauro y después con Rodrigo Riera. Ellos son mis referentes. Y Domingo Mendoza. Él es una referencia obligada para la guitarra popular en Venezuela, más lo que yo le agregué de cuestiones técnicas aprendidas no como alumno formal con el maestro Lauro o con el maestro Riera, sino más bien fijándome mucho en lo que hacía mi hermano, quien sí estudió formalmente música.

Pero, obviamente, quien más incluyó en mi vida como músico fue mi tío Antonio. Yo tuve la suerte de asistir como oyente a muchas de sus clases de orquestación en el Instituto de Fonología, muchas conversaciones con él, en su casa o en la mía, hablando siempre de música, de armonía, de orquestación. Siempre había un momento para habar de esas cosas y yo aprovechar de preguntarle, siempre como una esponja nueva, absorbiendo todo lo que podía de su inmenso conocimiento.. Mi hermano también influyó mucho, con quien tuve la oportunidad, cuando formamos El Cuarteto, 40 años atrás, de aprender mucho. Entonces me puse a trabajar mucho más la técnica, a preguntarle a él sobre ciertas dificultades que se me atravesaban y me ayudó a resolverlas.

Fueron dos personas que me marcaron muchísimo en mi formación como músico, indudablemente. Con mi tío tuve la oportunidad, inclusive, de compartir partituras que yo había escrito y él se sorprendía mucho por la manera en que yo podía escribir y orquestar y componer. Él me decía que yo hacía música como para películas. Ellos dos me marcaron, sin ninguna duda.

Brillar acompañando
 

El concierto que ofreció Miguel Delgado Estévez en el marco del Primer Festival de Guitarras del Centro Cultural BOD, en 2011, fue una excelente oportunidad para mostrar lo que sus dedos son capaces de hacer. “No te imaginas cuánto me divertí. Te lo voy a decir en francés para que no suene tan feo ´Je suis mamé´ (risas) porque tuve que acompañar a todo el mundo, yo solito echando dedo, acompañando a cantantes y músicos instrumentistas.

Me recorrí todo el repertorio desde el sur del Río Grande hasta la Patagonia, pasando por los boleros caribeños. Porque un bolero mexicano no lo puedes acompañar igual que un bolero cubano o un bolero puertorriqueño o un bolero venezolano. Hay maneras diferentes de acompañarlos. Quizá la forma más notoria sea en el bolero cubano, sobre todo de la época del llamado “filin” (del inglés feeling). Hay una manera muy particular de tocarlo, a diferencia de un bolero de Agustín Lara o de Aldemaro Romero o del puertorriqueño Rafael Hernández. Hice una muestra de cómo acompañar esos boleros. También me paseé por la samba y el bossa nova, por el pasillo colombiano, por el vals peruano, que tiene el mismo origen del vals nuestro, pero son diferentes, entonces no puedes acompañar un vals venezolano como si estuvieras acompañando La flor de la canela, de Chabuca Granda.

Ahí también participó Ismael Querales, de Un Solo Pueblo, al que le acompañé unas boleras, un ritmo venezolano de finales del siglo XIX y comienzos del XX. Es un ritmo humorístico, si se quiere, propio de Guatire y Guarenas, de por allí. Don Ramón, esa famosa pieza popular, es una bolera… Es un género que está casi en vías de extinción, pero el maestro Vicente Emilio Sojo las recopiló y las armonizó para canto y piano.

Hay maneras diferentes de acompañar una zamba argentina de una zamacueca o de una chacarera. Hay mucha gente que ha sido muy estudiosa de cómo acompañar un tango, por decirte. Un tango de Carlos Gardel no lo puedes acompañar igual que un tango de Mariano Mores. A mí me encantaría ahondar en eso, algún día lo haré.      

O sea que usted supo darle a la guitarra su lugar en el acompañamiento…

Sí. La guitarra está al servicio del solista, la guitarra acompañando al solista. Claro, yo lo que quería era poner a la guitarra en segundo plano, porque ella es la que está acompañando. Pero cuando terminó el concierto y hablaba con unos amigos, les dije: ´Yo pretendí dar a la guitarra un puesto de acompañante y resulta que fue sumamente alabancioso de mi parte mostrar cómo acompañar estos ritmos. Eso es demasiada echonería…´ (Risas)

¿Por qué si tenía ese talento innato para la música decidió estudiar biología?
  

¡Porque me gusta! (Risas). Yo he sido muy feliz porque he hecho lo que me ha dado la gana. Yo quería estudiar biología y estudié biología. Quería estudiar música y estudié música. Quise jugar basquetbol y beisbol, y llegué a jugar beisbol doble AA y jugué en la selección del Distrito Federal en basquetbol, hasta juvenil. Yo tengo muchas, muchas cosas que agradecer a la vida y a la gente con la que me he topado en la vida. Agradezco que tengo una excelente salud y que tengo una familia bellísima; que mis hermanos de la segunda administración de mi mamá me pidan la bendición y me den un beso donde estén. Yo confieso que he vivido, como el libro de Pablo Neruda, porque yo realmente he hecho lo que yo he querido hacer. 

Lo de músico le viene por el lado materno…

Sí, definitivamente. Mi papá no lo hizo bien. Mi papá abandonó a mi mamá con tres carajitos y uno en la barriga y no tuvo nada que ver con nuestra formación. Por eso nos vinimos de Calabozo. Después él se vanagloriaba mucho de nosotros. Pero no tuvo absolutamente nada que ver con la formación humanística, artística ni de honestidad que aprendimos mis hermanos y yo con mi mamá. Mi mamá era una guerrera, ella fue la que levantó la familia. El 9 de agosto cumplió tres años de fallecida, murió de 93 años, pero tiene una vigencia en todos nosotros que no te imaginas. Era una guerrera, de esas mujeres venezolanas que tienen que chupársela porque los maridos no hacen las cosas bien hechas y tienen ellas que trabajar y educar a los hijos.

Miguel Delgado Estévez hoy es padre de seis hijos: tres de su primer matrimonio, uno de “producción independiente”, como dice con el sentido del humor que siempre le acompaña; y dos que nacieron de su matrimonio con Alicia, su actual esposa. “Una vez le dije de manera irónica a mi papá que yo era un muy buen padre gracias a él, porque he hecho exactamente todo lo contrario a lo que él hizo. Mis hijos son todos amigos, yo he procurado que se vean, que se mantengan en contacto. Ahorita con el tema de la cuarentena estamos resolviendo por vía telefónica muchas cosas. El que dije que es de producción independiente vive en San Cristóbal y cuesta un horror comunicarse con esa ciudad. Otro vive en Mérida. Todos los demás están en Caracas. 

Hijo de una maestra de música
 

Miguel Delgado Estévez es hijo de una maestra de música, Elia María, a quien llamaban la Nena Estévez, hermana de Antonio Estévez, el autor de la Cantata criolla, quizá la obra nacionalista venezolana más importante del siglo XX. Ella comenzó a trabajar en el ámbito musical como colaboradora de su cuñada, Flor Roffé de Estévez, compositora y profesora de música y quien llevó adelante los programas de educación musical que impulsó el Ministerio de Educación en la década de los 50. “Fue maestra de música hasta que se jubiló: ¡35 años de servicio!”, contó el también humorista y locutor.  

Cuando se vinieron de Calabozo, ¿a dónde se fueron a vivir?

Nosotros brincamos mucho, la verdad. Cuando llegamos a Caracas vivimos en la casa de un tío en El Guarataro. Pero de donde tengo yo más gratos recuerdos fue de cuando vivimos en Puente Hierro. Luego nos mudamos a Coche y me gradué en 1963 en el liceo Pedro Emilio Coll, en la promoción Alejandro Agostini, quien era el director entonces. También vivimos en la entrada de la Cota 905, en un edificio que se llama San Miguel. Era un momento muy duro económicamente. Hubo un tiempo en que los hermanos estuvimos separados, dos se quedaron en Calabozo y Raúl y yo nos quedamos con mi mamá.

Yo era el mayor, a pesar de que todo el mundo creía que era al revés, pero yo le seguía la corriente a la gente (risas). Como dice mi esposa, mi hermano y yo éramos como el llaverito de la Nena Estévez, porque ella siempre andaba con nosotros para arriba y para abajo. Y luego nosotros anduvimos para arriba y para abajo con ella, porque era en verdad una tipa muy divertida.

¿Lo del humorismo también es de familia?
   

Yo creo que sí. Mi abuelo Mariano era un personaje, te estoy hablando de mi abuelo materno. Él tenía una manera muy especial de ver las cosas y era muy refranero, el refrán siempre estaba a flor de boca. Con mis tíos siempre había espacio para el humor, para la cosa divertida. Hace poco escribí un artículo sobre la Cantata criolla que se tituló «Mis andanzas con la Cantata Criolla», y allí cuento que a mi tío Antonio sus hermanos le decían ´maestro, maestro, maestro´, pero era con un piquete de mamadera de gallo. Siempre había espacio para el buen humor, para la cosa dichosa, para la música. Siempre ha habido espacio para cosas que le dejaron a uno una marca para la vida.

Y para remate, la vida me ha puesto en los caminos de Aquiles Nazoa, de Pedro León Zapata, y más recientemente con Claudio Nazoa, Laureano Márquez, con toda esta gente que es realmente extraordinaria en el mundo del humorismo».

Actualmente, Miguel Delgado Estévez mantiene sus programas radiales Cuentos de camino conValentina Quintero; Divagancias, con Laureano Márquez; y comparte el espacio Improvisando, los viernes, con Román Lozinski.

“Creo que vale la pena continuar con estos programas porque creo que a la gente le hace falta, independientemente de lo que signifique para uno como trabajo, pero siento que a la gente le hace falta ese momento de respiro, ese momento de venezolanidad que se respira en los Cuentos de camino. De la misma manera con Divagancias, el programa que comencé en 2001 con Pedro León Zapata y que ahora hago con Laureano (quien se quedó varado en Europa por la pandemia del coronavirus). Estamos viendo qué podemos inventar desde el punto de vista tecnológico para que podamos hacerlo a distancia. También mantengo una pequeña empresa con mi esposa, Letra y Música Producciones, donde estamos evaluando la posibilidad de hacer conciertos en línea no solamente con El Cuarteto sino con otras propuestas musicales que tengo, y también de charlas, donde siempre el humor tiene un espacio. 

¿Qué no puede faltar en la mesa de Miguel Delgado Estévez?

Cónchale, a mí me hacen muchas bromas en mi casa porque me encanta el queso. Un buen queso llanero o un buen queso de cualquier otra dimensión. Mi familia en diciembre me pone queso rallado al lado de la hallaca porque dicen que hasta a las hallacas les pongo queso (risas). Yo tengo cuestiones del paladar que están absolutamente definidas. Yo decía en alguna ocasión que a quien no le guste un buen trozo de queso llanero o carne mechada o chocolate, hay que desconfiar de su honorabilidad.         

Lea también: Andrés Caleca: “Creo que es una obligación ineludible volver a la política”

¿Miguel Delgado Estévez se arrepiente de no haber estudiado música?

Sí. El esfuerzo que yo tuve que hacer para resolver ciertas cosas fue mayor. Si yo hubiese estudiado de manera más formal, siento que hubiese sido otra cosa. Mis compañeros de El Cuarteto, cuando me aparezco con mis arreglos y las orquestaciones que he hecho, incluso para orquestas sinfónicas, y las oyen, me dicen «compadre, menos mal que usted no estudió formalmente porque si no, no le daría chance a nadie». Pero ha sido un esfuerzo doble al que hubiera hecho si yo hubiese sido más formal en el estudio musical. 

Hacerlo todo con pasión

Pero también amo la docencia, realmente me siento educador. Y amo la investigación. Estudié biología en el Instituto Pedagógico y antes de graduarme ya trabajaba como profesor. El último sitio donde di clases fue el liceo Andrés Bello, a tiempo completo. Hasta que me fui a hacer el postgrado al IVIC, en inmunología.

Como te dije antes, yo he hecho lo que me ha dado la gana y lo he hecho con mucha pasión. Cuando me ponía a jugar pelota o me ponía a jugar básquet, la taquicardia de las emociones era una cosa impresionante. De la misma manera cuando estaba investigando. Yo trabajaba con mal de Chagas, y cuando hacía los experimentos, la celebración y la alegría, el brinco que te da el corazón es tan intenso como cuando uno se enamora. El amor no es solamente hacia una mujer, o de una mujer hacia un hombre o de cualquiera de las alternativas de enamoramiento que pueda haber. Es hacer las cosas con pasión. Yo siempre se los he dicho a los hijos míos y a los muchachos que han sido mis alumnos o a los que les he asesorado sus tesis de grado y de postgrado inclusive: hagan todo con pasión.

Los hobbies existen, pero así sea un hobby que tengas, hazlo con pasión, intensamente, entregado a lo que haces. Así con tu pareja, con tu trabajo, con tus estudios, con todo lo que hagas. Hacer las cosas con desgano, no. Yo más de una vez he dicho ´boto tierrita y no juego más´. Hacer las cosas por hacerlas no me interesa, no me produce placer. Es mi manera de ver la vida. 

El Cuarteto


En septiembre de 1979 nació El Cuarteto, un proyecto de músicos con formación académica dispuestos a interpretar música criolla. Solo que después pasó a ser y sigue siendo un proyecto de vida para sus integrantes: Raúl Delgado Estévez, quien ya falleció, Miguel Delgado Estévez y los también hermanos José Antonio “Toñito” Naranjo y Telésforo Naranjo.

“Cuando Raúl se fue para México – creo que esto se lo he contado a muy pocas personas – nos pidió que no desapareciera El Cuarteto. Ese mensaje se nos quedó grabado en el corazón, en el alma. Cuando recibí la noticia de su fallecimiento (22 de mayo de 2019) yo estaba fuera de Venezuela, haciendo una gira con Valentina Quintero por siete ciudades de Estados Unidos, llevando los Cuentos de camino. Después haríamos otras presentaciones de un espectáculo que diseñé con Alicia que se llama Una serenata para Venezuela. Cuando mi hermano falleció apenas íbamos por la tercera ciudad de la primera parte de la gira. Valentina me dijo que si yo quería suspenderla, me sintiera en libertad de hacerlo. Yo pensé que tampoco haría nada yéndome a casa a llorar. Entonces tomé la decisión, que todo el mundo ha considerado la más acertada, de concluir ambas giras.

Y lo bueno fue que en cada sitio adonde fuimos, en cada sitio donde tocamos, donde hicimos una presentación, estaba mi hermano presente. Todo el mundo hablaba de Raúl. Fue muy hermoso, porque era un momento muy fuerte para mí. Pero tuve el hombro de Alicia y el de Valentina y cada vez que me medio fracturaba, ellas me sostenían. 

Cuando llegué a Venezuela me reuní con mis compañeros, con Toñito y Telésforo, y nos pusimos de acuerdo para seguir adelante.

Tenemos pensado hacer un concierto a propósito de los 40 años de la agrupación en el Aula Magna. El espectáculo se llama “40 aniversario de El Cuarteto, tributo a Raúl Delgado Estévez”. El año pasado ya teníamos todo listo, escenografía, repertorio para empezar a ensayar, y se presentaron algunos problemas en la universidad y en el país. Entonces decidimos cambiar la fecha. Primero la fijamos para octubre del año pasado, luego fue el 19 de abril de este año y entonces nos agarró la cuarentena y la cambiamos para el 18 de octubre de 2020.

Pero la verdad es que no creo que vaya a ser posible. No creo que para octubre la gente ya esté tranquila con el tema de la pandemia que está viviendo el planeta. Pero si lo hacemos ahorita o el año que viene, ¿cuál es el rollo? Lo que tenemos es que seguir activos todos y que los dedos no se nos duerman. (Risas).

Síguenos en redes sociales

Más de Personalidades

Compartir en:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *