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Isnardo Bravo: “Yo sí creo en la transformación del ser humano”

Por Katty Salerno

Isnardo Bravo salió a los 29 años del barrio de la Cota 905 donde creció. Avenida Guzmán Blanco es el nombre oficial de este extenso cordón de pobreza que bordea las parroquias La Vega, El Paraíso y Santa Rosalía, al oeste de Caracas, un dato que tal vez pocos conocen. Lo que sí sabemos todos es que siempre ha sido una de las zonas más violentas de nuestra capital. Este periodista, que hace poco celebró 50 años de vida y 28 de ejercicio profesional, sobrevivió milagrosamente a un tiroteo de los que constantemente ocurren en ese sector, donde los decretos no han podido forjar la paz.

Una noche de julio de 1994, a eso de las 7, Isnardo Bravo, entonces de 24 años, salió de su casa. Iba a buscar una película que solía usar en los retiros de crecimiento personal que dictaba, y que había prestado a uno de los muchachos del grupo. Pero cuando iba entrando a una calle del sector conocido como Turiamo se desató un tiroteo y una de las balas lo alcanzó. Esa ayuda que entonces brindaba a los más jóvenes del barrio también la recibió él cuando era chamo. Fue lo que lo ayudó a superar las difíciles relaciones que tuvo con su padre y que lo convirtieron en la persona que es hoy.

“Yo sí creo en la transformación del ser humano”, dijo en esta larga conversación con Curadas, en la que también nos habló de su papel como esposo de Cheila Rodríguez, la médica ginecoobstetra con quien se casó hace 18 años; como padre de Anaitis Victoria, de 16, quien acaba de pasar para quinto año, y de Anat Celeste, de 13, que empezará segundo de bachillerato; y como conferencista y facilitador certificado por la escuela Big Conference. 

¿Cómo ha sido tu proceso de crecimiento interior?

A mí me marcó mucho mi relación con mi papá. Pero cuando él se fue yo me quedé feliz, no porque se hubiera ido, sino porque ya no le guardaba ningún rencor. Hubo momentos en los que sentí mucha rabia por las cosas de él. Por su comportamiento, por las cosas que hacía… No lo toleraba, era una cosa muy difícil para mí. Eso me impulsó, cuando yo era chamo, a buscar una forma de resolverlo.  Me dije que no podía aceptar que me diera rabia que mi papá me hablara, que no podía aceptar el no tolerar verlo. Tenía que resolver eso.  Me di cuenta de que necesitaba ayuda y empecé a buscarla. Primero pertenecí a un grupo de seglares, de jóvenes que hacían actividades de desarrollo humano, de crecimiento personal, y empecé a trabajar con ellos. Para entonces yo tenía como 18 años.

Ese grupo me ayudó a entender lo que es el perdón y otras cosas más. Y eso fue haciendo que la relación con mi papá mejorara muchísimo. También me fue indicando el camino y las cosas que no debía repetir. Definitivamente lo hice de forma resiliente. Yo dije esto, esto y esto no lo quiero para mí, yo quiero otra cosa. Yo me voy a preparar en eso y me fui preparando. También he leído libros, he hecho muchos talleres, retiros; he compartido con muchísima gente que me ha ayudado a crecer en inteligencia emocional, en el dominio de la emoción, de lo que llevas por dentro. Cosas que te ayudan en el fondo a ser una mejor persona y eso no lo puedes ocultar, porque lo tienes en ti.

¿Te equivocas?  Sí, como cualquier otro. ¿Que puedes pegar cuatro gritos porque te molestaste? ¡Claro que sí! Pero después te vas a sentar a revisar esos cuatro gritos y a darte cuenta de que debes seguir mejorando. Entonces, llegará un momento en el que los gritos van a desaparecer. Me imagino que cuando una persona logra dominar al máximo esas debilidades humanas que tenemos todos, ya no le queda más por hacer aquí. Tiene que irse a otro lado a hacer otras cosas porque ya avanzó lo suficiente en esta universidad.

¿Por eso te hiciste conferencista y facilitador?

Tal cual, porque muchas de las cosas que Dios le regala a uno hay que compartirlas con los demás. Y una de esas formas fue certificarme como conferencista y también como facilitador con la empresa Big Conference. Esos aprendizajes son superinteresantes. Ese proceso de crecimiento y aprendizaje después es aplicado en conferencias y también en talleres. Y lo haces sincero, lo haces transparente porque ya lo viviste. Por eso a mí me resulta tan valioso que una persona que supera el alcoholismo o supera la drogadicción se convierta después en un ejemplo de vida. Esa persona sabe cuánto le costó dejar de tomar, sabe cuánto le costó dejar de consumir drogas. Esa persona sí puede ayudar porque ya lo vivió, porque ya pasó por eso.

Yo sí creo en la transformación del ser humano. Por eso me preocupa mucho lo que veo en este momento en las redes, por ejemplo, donde si una persona se equivoca la destruyen como si el otro fuese el juez, el que nunca se equivoca. Eso es muy duro, porque eso da cuenta de un ser humano que es más bien muy inhumano. ¿Dónde está la persona perfecta que no puede cometer un error, no importa el error que sea? Mientras pueda respirar, todo el mundo tiene la posibilidad de transformar su vida, aunque haya cometido el peor de los errores. La gente tiene derecho a arrepentirse, a rectificar. ¿Que hay gente que es mala, que no rectifica, que no se arrepiente? Bueno, hay de todo en la viña del Señor.

Yo te voy a contar algo que no lo he comentado a nadie. Es una anécdota que me pasó con la fiscal Luisa Ortega Díaz. Yo no soy de las víctimas de Luisa Ortega, pero hay mucha gente que padeció por las cosas que ella hizo, porque actuó mal como ser humano y se equivocó. Yo no sé si ella está arrepentida o no de verdad, no lo sé. Pero lo que pasó conmigo, me sorprendió.

Un día, ella escribió algo sobre Oscar Pérez. Mi historia con él es muy cercana, porque nos ayudó muchísimo a nosotros cuando pasamos por un problema familiar muy grande. Yo sentí que lo que ella había escrito lo había hecho de manera sincera. En se momento me di cuenta de que ella me seguía en mi cuenta de Twitter y le pasé un mensaje privado. A los cinco minutos, recibo una llamada en mi teléfono. La persona al teléfono se identificó como su asistente y me dice que ella quería hablar conmigo.  Yo me quedé sorprendido. ¡Luisa Ortega me está llamando!

Lo que yo le dije en mi mensaje, palabras más, palabras menos, era que le agradecía lo que había escrito de Oscar. Que él significaba mucho para nuestra familia porque nos había ayudado en momentos muy difíciles. Que nos había dolido mucho su muerte y la lamentábamos. Y le agradecía lo que ella pudiera hacer por la investigación de ese caso. También le dije que no había tenido ningún tipo de relación con ella, pero había personas que denigraban de su trabajo. No obstante, que ella era la única que sabía en el fondo si lo había hecho bien o mal y, en esos casos, la conciencia vale más.

Ella, con voz entrecortada, me dijo que lo que yo le había escrito le había impactado; que me agradecía esas palabras porque las personas tenían derecho a rectificar y que había que darles la oportunidad de hacer las cosas bien. No recuerdo por completo todas sus palabras. Pero creo que, en el fondo, ella se impactó con lo que le escribí. Y yo también me impacté de que ella me hubiese llamado para agradecerme el mensaje que yo le había pasado. 

Hay gente muy tóxica. Nos hace falta sanar como sociedad, como seres humanos. Nos hace falta cuidarnos más. Y, repito, no defiendo a Luisa Ortega porque ella es responsable de muchas cosas. Estoy hablando de una experiencia específica que me ocurrió con ella por un acto específico que ella hizo y que yo respondí. 

¿Por qué decidiste ser periodista?

Yo tenía una zambumbia en mi cabeza con respecto a lo que quería estudiar, pero siempre me gustó ser periodista. Crecí en un barrio en la Cota 905 donde siempre se hacía una laguna. Cuando tenía como 12 o 14 años, jugaba a que informaba cada vez que la laguna se formaba. Jugando con mis amigos del barrio, decía: ´En estos momentos nos encontramos aquí en la 905 con esta laguna … informando para ustedes Isnardo Bravo…´. Jugaba a ser periodista.

De hecho, hay una historia muy bonita con una vecina que se impactó cuando me vio en RCTV, porque ella me había visto jugar a ser periodista cuando era niño. Ella me dijo: ´Verte en la televisión me impactó de una forma tan agradable que casi hasta lloré, porque me sorprendió que de un juego pasaras a lo que hoy eres´. Y así fue, en principio fue un juego. Pero siempre tuve esa vena de investigar, de averiguar, de preguntar. Siempre he sido muy extrovertido, muy atrevido, características que creo que no son determinantes pero sí importantes en esta carrera.

Y no me equivoqué. Yo amo ser periodista. Me encanta mi profesión, me encanta ser un servidor público, me encanta ser el canal de la gente para las denuncias, para averiguar, para informar, y además el compromiso que significa que lo que tu digas la gente lo crea. Eso se construye y hay que cuidarlo, porque el periodista que no cuida su credibilidad, ya lo perdió todo. Si perdemos nuestra credibilidad, lo perdimos todo. Nos tenemos que poner a vender chicha o a hacer tortas.

¿Cómo era la vida en el barrio?

Era difícil. A muchos de los muchachos de mi edad los vi morir. Los vi tirados en las escaleras cuando les caían a tiros. La 905 siempre ha sido una zona peligrosa y ahora es más peligrosa que nunca. En mi época era peligrosa, pero ahora es diferente. La delincuencia ha evolucionado y ahora hay nexos de otro tipo. Yo tenía pocos amigos en el barrio. De hecho, se metían mucho con nosotros, con mis hermanas y conmigo porque decían que nosotros nos la dábamos de más importantes que los demás. A mí me decían que yo era el hijo del presidente, porque era de poco hablar con la gente del barrio.

Tenía amigos puntuales, que eran los que pertenecían al mismo grupo al que te hice referencia anteriormente, entonces convivíamos en un ambiente distinto a ese del cual yo siempre dije que iba a salir. En mi mente, siempre, siempre estuvo la idea de salir del barrio.

A mí me dieron un tiro en el barrio, no para robarme, sino porque hubo un tiroteo y me agarró en la calle. Quedé atrapado en medio del fuego. La bala entró a cinco centímetros del riñón y salió a medio centímetro del bazo. Pero milagrosamente me salvé, como dijo el cirujano que me atendió. ´Tienes que seguir rezándole a ese santo que te protegió, porque nunca había visto algo así. La bala esquivó los órganos, es como si adentro hubieses tenido una mano que los apartó. Lo tuyo es un milagro´, me dijo el cirujano. La bala pasó por un lado del hígado, por encima del páncreas y por debajo del riñón. Ese impacto de bala cambió mi vida, definitivamente.

¿Qué significó ese suceso en tu vida?

Aunque no llegué a pensar que iba a morir, me sirvió para entender lo efímero que puede ser la vida, en primer lugar. También me ayudó a darme cuenta de a cuánta gente le puede uno importar a veces sin saberlo. Yo estuve solo un día en el Hospital Universitario de Caracas y las enfermeras fueron a la sala donde estaba porque pensaban que era un estudiante que había sido herido en una manifestación, dada la cantidad de estudiantes que fueron a visitarme. También fueron compañeros de la universidad que tenía tiempo sin ver. Personas a quienes no veía desde hacía muchos años. Representantes del colegio donde yo hacía los retiros con los alumnos, las hermanas de la congregación a la que pertenece ese colegio. Me fue a visitar tanta gente que me quedé dormido porque estaba agotado por tantas visitas.

Y luego, cuando me llevaron a la casa, que era muy pequeña y modesta, mi mamá tuvo que organizar los grupos para que pudieran pasar a mi cuarto. Y los iba anunciando: ´aquí viene la delegación de octavo grado´, ´ahora le toca a la delegación de primer año´, ´el siguiente grupo es el de las hermanas´, y les controlaba el tiempo de visita para que yo no me agotara tanto.

Muchísima gente me fue a visitar. Fue una experiencia dura pero hermosa en el fondo. Hay gente que me decía que yo estaba loco porque le agradecía a Dios que me hubieran dado ese tiro. Si no, no hubiese aprendido muchas cosas de las que aprendí y no hubiese descubierto que le importaba a tanta gente.

¿A qué edad saliste del barrio?

Salí en 1999, a los 29 años. Ya había empezado a trabajar en Radio Caracas Televisión. Dos o tres meses antes de la tragedia de Vargas me mudé a un apartamento que alquilamos mi hermana y yo en la avenida Victoria. Fíjate cómo nada es casual. Durante esa semana de la tragedia de Vargas, yo tuve que llegar al canal a las 3 de la mañana. Si hubiese estado en el barrio no habría podido cumplir, porque nadie me iba a ir a buscar allí a las 3 de la mañana. Pero al nuevo apartamento sí podía ir un taxi a buscarme de madrugada. La Cota 905 siempre tuvo fama y a nadie le gustaba meterse para allá y menos a esa hora.

De tu mamá, ¿qué recuerdos guardas?      

¡Todos los recuerdos! Mi mamá siempre fue la que nos cuidó y la que iba a nuestros actos culturales. Mi papá cumplió en el sentido de que en la casa nunca faltó nada. Nunca pasamos hambre, gracias a Dios. Éramos personas de clase media baja, casi muy baja, pero nunca pasamos hambre. Cuando empecé en el liceo, por ejemplo, yo tenía un jean, dos chemises y un par de zapatos, pero nunca pasé hambre. Mis padres se reían mucho de mí porque me daban dinero para la merienda y yo no lo gastaba. Lo guardaba para después salir con mis amigos y con las muchachas. Administraba lo poco que me daban para poder hacer otras cosas.

Mi mamá siempre estuvo en la vida de nosotros, siempre. Ella era la que nos cuidaba, la que iba al colegio. Yo siempre estuve en todos los actos culturales del colegio y mi papá nunca fue ni siquiera una vez. Y yo me dije que cuando tuviera mis hijos, siempre asistiría a sus actos. Si mis niñas hacen un acto cultural en el colegio y tengo que pedir permiso en la oficina para poder verlas, lo pido. Necesito que ellas me vean, necesito que sepan que estoy en sus momentos importantes, porque esos son los momentos que marcan la vida. Y cuando les toque recordarlos van a decir «mi papá siempre estuvo».

¿Cómo es tu vida familiar ahora, cómo están manejando la cuarentena?

La rutina durante la cuarentena es distinta. Desayunamos como a las 11 y almorzamos como a las 5. Nosotros tenemos una señora que nos ayuda en casa, pero vive en Los Valles del Tuy. Por el tema de la pandemia y por su seguridad y la nuestra, le pedimos que no viniera hasta que todo esto pase. Entonces las actividades de la casa tenemos que hacerlas entre los dos. Los martes y los jueves, que son los días que mi esposa va al consultorio, yo me encargo de hacer todo, incluyendo desayuno y almuerzo. Cuando ella llega ya todo está listo, de manera que no tiene que hacer almuerzo a las 2 de la tarde, que es más o menos la hora a la que viene llegando. Ella se encarga de la casa los otros días.

Y cada 15 días, los sábados, hacemos la limpieza profunda entre todos. Con nosotros vive un sobrino de ella que es de Guayana y se vino a estudiar la universidad en Caracas. Entonces él se encarga de limpiar su cuarto y las niñas limpian cada una el suyo. Y entre mi esposa y yo limpiamos el resto del apartamento. Esa es la rutina de oficios y comida durante la cuarentena.

Esto no es de mi agrado para nada, pero lo hago con tranquilidad (risas). De verdad, no me gusta. Siempre ando diciendo ´¡Maaary, cuánto te extraño!´, refiriéndome a la señora que nos ayuda en casa. ¡No me gusta! Pero tampoco lo hago a regañadientes ni molesto, porque en eso soy estricto conmigo mismo: no me gusta hacer las cosas con energías repugnantes. Si tengo que hacer cosas que no son de mi agrado, entonces me preparo para hacerlo con tranquilidad, con serenidad para que eso no me perturbe. No me gusta cocinar, lo sé hacer, gracias a Dios, porque ¡te imaginas a esos esposos que no saben hacer nada…! Eso sí nos habría traído problemas… (risas).

Yo no sé si es que somos extraterrestres, pero en estos casi seis meses que llevamos de cuarentena nunca nos ha pasado que hayamos peleado o que nos hayamos dicho ´no te soporto, me quiero ir de la casa´. Nada de eso. Obviamente, a veces discutimos por algunas diferencias, pero nada del otro mundo. Ni con las niñas tampoco hemos tenido problemas. Nos hemos dado cuenta de que ellas han estado supertranquilas, no nos han dado lidia durante la cuarentena.

Más bien a veces son ellas las que proponen que veamos una película familiar y nos ponemos a verla todos; o proponen hacer un postre y se meten en la cocina con la mamá a hacerlo. Gracias a Dios ha sido un compartir bastante sano dentro de los parámetros de la normalidad en los que alguno amanece cansado o el otro se levanta con el pie izquierdo. Pero nada de casos extremos como esos que han ocurrido en otros hogares.

Isnardo regresó a la radio en junio de 2017, después de 11 años alejado de este medio. Compartía en La Romántica 88.9 FM el espacio Dimes y diretes con la siempre grande Carmen Victoria Pérez. A la muerte de esta, el 27 de julio de 2019, siguió en el mismo espacio pero con un programa nuevo: Ni tan bravo, con Isnardo Bravo, donde lo escuchamos de lunes a viernes de 3 a 5 de la tarde.

“En la radio decidieron que Carmen no sería sustituida y por eso el programa dejó de transmitirse.  El nombre de mi programa lo tomé de un stand up comedy que hice que se llama Isnardo ni tan bravo: periodismo en la cuarta y la quinta. Ese nombre le gustó a la gente de la radio y a la audiencia también, muchísimo. La gente me hace bromas en la calle, siempre me preguntan si no estoy ni tan bravo.

Fue una transición difícil al inicio. Me pegó mucho no estar más con Carmen, siento que fue muy violento el cambio de un programa al otro. Yo quería terminar el año con Dimes y diretes, hacer un programa de despedida, pero en la radio, por razones de preventa, prefirieron hacer la transición de inmediato. Al principio fue difícil estar solo después de dos años de trabajar juntos, que los habíamos cumplido en junio.

Nunca olvidaré sus palabras. Ella me dijo que le agradecía a Dios que en la última etapa de su vida le hubiese tocado un compañero como yo, porque yo era, decía ella, un caballero, un buen padre, un buen esposo; que ella admiraba mucho eso y que para ser un buen esposo y un buen padre es porque también era un buen compañero. Por eso ella se sentía tranquila y contenta de que en su última etapa de vida profesional le hubiese tocado una persona como yo”.

¿El programa lo estás haciendo desde casa?

Sí, desde casa, y eso ha sido muy cómico porque ahora las niñas lo escuchan en vivo. Antes no, porque yo me iba a la emisora y ellas estaban en el colegio o en sus actividades, y ahora lo escuchan todo. Pero el programa tampoco se ha convertido en una camisa de fuerza para la vida familiar, donde nadie puede hablar o hacer ruido. Si hay algún ruido, si algo se cayó o si cerraron una puerta eso sale al aire y le explico a la gente que estamos en mi casa, no en un estudio, así que pueden pasar cosas. Pero esto les ha dado la oportunidad a las niñas de vivir esta experiencia de radio.

A veces estoy al aire y ellas se acercan a decirme algo y las dejo que hablen, y les comentó a los oyentes que ellas me están hablando. Lo hago de la forma natural porque el público entiende que esta es mi casa. Creo que ese es el secreto, la transparencia y la normalidad, porque yo soy una persona normal, como cualquier otra.

A propósito de tu aniversario de bodas publicaste en Instagram un video donde apareces bailando el vals de los 15 años con tu hija mayor. ¿Eres un hombre de tradiciones?

Yo soy de mente abierta, pero también soy conservador en algunas cosas. Por ejemplo, creo que el hombre es el que debe enamorar a la mujer y no que la mujer enamore al hombre. A lo mejor eso es machismo, no lo sé.

En lo de la casa no soy conservador. Yo recuerdo que mi papá, por ejemplo, ni siquiera levantaba el plato de la mesa al terminar de comer. Mi papá no sabía ni hacer una arepa.  Entonces, cuando vi eso, entendí que no quería ser así cuando a mí me tocara ser papá. Mis hijas ya están grandes y se peinan solas, pero cuando estaban pequeñas lo único que a mí me costaba un mundo era peinarlas. Yo tengo destreza manual, pero no para hacer moños o una cola de caballo. Cuando les hacía los moños uno le quedaba arriba y otro abajo; y lloraban porque les halaba mucho el cabello al peinarlas. Entonces, no me considero una persona cerrada de mente, pero sí soy conservador.

¿Qué cosas te gustan del matrimonio y qué le cambiarías?

En estos 18 años he aprendido que el matrimonio es una negociación.  Negocias porque hay cosas que tú haces distinto que tu pareja y hay que entender que eres una persona distinta a la otra. Es todo un trabajo de negociación porque a lo mejor a mí me gusta acostarme tarde pero a la otra persona no, y no le puedes imponer que se acueste tarde porque ´yo soy así´. Ese ´yo soy así´ creo que hace mucho daño a las parejas porque no se trata de imponerle cosas a la otra. Es un acuerdo de convivencia, un acuerdo de tolerancia, es un acuerdo de respeto. Estos 18 años me han servido para ir aprendiendo porque no existe un libro de cómo ser papá y cómo ser esposo.

Todos los días le agradezco a Dios porque me permitió formarme en las cosas que para mí son realmente valiosas, que son las cosas del alma, eso que llevas por dentro. Porque eso es lo que te va a permitir que el resto venga por añadidura. Entonces cuando tú construyes dentro de ti, aprendes a ser más tolerante, aprendes a ser más comprensivo, aprendes a respetar las diferencias, aprendes a valorar.

Yo no tuve un hogar disfuncional pero sí tuve muchas diferencias con mi papá, porque él fue muy sinvergüenza. No voy a adornar la palabra. Él era muy mujeriego y a mí eso no me gustó. Yo no soy ningún santo, pero cuando decidí casarme decidí también respetar a mi esposa. Eso no quiere decir que de pronto no me voy a voltear a ver a una mujer que me llame la atención por su belleza, que disfrute de la belleza femenina. Pero tengo que respetar a mi esposa porque el día que decidí casarme decidí también asumir un compromiso. Y decidí terminar con esos momentos en los que hoy andaba con una persona y mañana con otra; en los que iba de fiesta en fiesta porque no tenía compromisos con nadie.

Ahora yo soy papá, ahora soy ejemplo, y creo que los hijos aprenden mejor con el ejemplo. Puedes decirles mil palabras, pero si cada hecho contradice lo que estás diciendo, el resultado es infructuoso. Todos estos 18 años han servido para eso, para construir una relación de respeto, de entendimiento mutuo, de mejorar y mejorar cada día, lo que es complejo. ¿Ha habido momentos difíciles? Sí. Los primeros años son difíciles porque son los años de la adaptación. Pero también he entendido que la vida es un proceso y que en la medida en que uno va sacando lo mejor de ese proceso, lo vas aprendiendo y vas viendo lo increíble que es. El tiempo hace la sabiduría, pero la sabiduría no depende del tiempo sino de cómo has aprovechado ese tiempo.

¿Sientes que ahora sí tienes la vida que querías?

El país me ha frustrado un poco la vida que quiero llevar, pero, como entiendo que hay cosas fuera de mí que yo no puedo controlar, entonces trabajo en las cosas que sí puedo controlar y que sí puedo hacer por mí. Quisiera un país distinto, por supuesto, donde no tenga que estar haciendo cola para la gasolina, donde no tenga rollos con el agua, donde podamos invertir la vida en otras cosas. Pero este es el país que me tocó y este es el país donde yo me quise quedar a pesar de eso. Creo que nada es casual, creo que si yo no soy suizo o norteamericano o hindú es porque Dios determinó que me tocaba estar en la Venezuela de hoy y tengo algo que hacer por este país, porque si no sería de otra nacionalidad.

Entonces sí me afecta, claro que me afecta.  No dejo que me achicopale, pero claro que me afecta la condición de un país que pudiera ser distinto pero que te limita en muchas cosas y te hace invertir mayor energía y esfuerzos en cosas que en otro lugar son sencillas y prácticas.

Pero eso es lo que tenemos y eso fue lo que me tocó y yo lo quiero llevar de la mejor manera, con altas y bajas por supuesto. Hay momentos en los que quiero salir corriendo y quiero matar gente y a los políticos los quiero siquitrillar, pero son momentos y la vida está hecha de momentos. Entonces no me engancho con esos momentos y trato de que pasen lo más rápido posible para entender que falta mucho por hacer.

¿Alguna vez te ha interesado la política?

Me interesó en algún momento, pero como Dios es perfecto… Pasé por la Alcaldía de Chacao y eso me sirvió para entender que lo mío no era la política. Primero fui director de Comunicaciones, pero luego Emilio (Graterón, entonces alcalde del municipio) tuvo algunas diferencias con su secretario de Gobierno y me propuso asumir el cargo. Yo le dije que ese era un cargo más político y que solamente lo aceptaría si él entendía que yo no desempeñaría una función política. Él me dijo que así sería, porque además ya estaba de salida, y que solo quería que lo ayudara en ese tramo que faltaba para no dejar el cargo vacante. Por eso acepté. Pero me di cuenta que el río Guaire es más limpio que la política. Es muy sucio ese mundo.

Una de las cosas que me tocó atender como secretario de Gobierno fue tratar con los docentes de las escuelas municipales de Chacao, a quienes no les habían cancelado una deuda porque el Concejo Municipal no había aprobado los recursos. Y no los habían aprobado porque había varios concejales – tres de cinco, es decir, mayoría – que estaban alineados con Ramón Muchacho y estaban torpedeando el pago para generarle un conflicto a Emilio y complicarle la gestión para que no se postulara de nuevo al cargo.

Emilio, personalmente, hizo una negociación con la gente de Planificación y de Hacienda del municipio y se comprometió a pagarle a los docentes. Y me pidió, como secretario de Gobierno que era, que informara a los maestros del cronograma de pagos que se había negociado. Después de que informé del plan a todas las escuelas, resultó y aconteció que no aprobaron los recursos. Yo les había advertido a los maestros que esa propuesta tenía que ser aprobada por Hacienda municipal y que si ellos no honraban lo acordado con Emilio, no se les podría pagar.

Eso lo entendieron muy bien los maestros y cuando se prende el lío se van directamente al Concejo Municipal, que queda en el mismo edificio de la Alcaldía. Una de las maestras me llama y me dice que la directora de Hacienda les había dicho que yo los había engañado. En ese momento me transformé, me puse verde como Hulk, porque me molestó muchísimo aquello, y me fui inmediatamente para el Concejo Municipal y pedí un derecho de palabra. Cuando la directora de Hacienda me vio entrar se quiso morir, por supuesto, porque no se imaginó que me enfrentaría al Concejo Municipal.

Agarré el micrófono y le dije que era una irresponsable, que yo no era político sino alguien prestado a la política y que no me interesaba ni Ramón Muchacho ni los votos de la gente, que Emilio ya estaba de salida y que yo regresaría a mi vida de periodista pero que no aceptaría que ellos me echaran a perder mi credibilidad. Este problema lo tiene que resolver, le dije. Allá usted con su credibilidad y su falta de respeto. Les di las buenas tardes y me fui. El Concejo Municipal se vino abajo con los aplausos de los maestros que allí estaban.

Les fue tan mal, como siempre pasa cuando la gente actúa con maldad, que el conflicto le estalló fue a Ramón Muchacho al inicio de su gestión. Ramón Muchacho tuvo cerradas las escuelas por un paro por no haber dejado que nosotros honráramos la deuda, porque ellos querían recibir el municipio con dinero y honrar esa deuda dejaba las arcas bajas. Todo fue una jugada política. Entonces ahí supe que la política no era para mí. Yo no sería político, no sirvo para eso. Y no es que sea puro y casto, pero no puedo burlarme ni aprovecharme de la gente.

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¿Puedes hablar de la vez que te detuvieron, cuando te disponías a viajar fuera del país, en septiembre de 2018?

No puedo dar detalles de mi declaración, porque eso es sumario, pero sí puedo hablar del hecho como tal. A mí me vincularon al caso de Oscar Pérez por una situación particular, que nunca he negado. Conocí a Oscar cuando secuestraron a mi cuñado y a mi sobrino, y él nos ayudó muchísimo en ese momento de dificultad. Él era del grupo BAE, aunque después el Cicpc dijo que no. De hecho, Oscar fue el fundador de la brigada canina del BAE y fue instructor de tácticas del grupo. Él tenía 15 años en la institución. Yo le pregunté a él por qué era policía, porque no lo parecía. Tenía una energía muy bonita, un espíritu de una persona distinta. Esa noche del secuestro él hasta sirvió de psicólogo de la familia, nos dio confianza, nos tranquilizó.

Cuando fuimos a pagar el rescate, porque pagamos para que los liberaran, ellos nos acompañaron a entregar el dinero. Me dijo que estarían con nosotros, que actuáramos con calma, con tranquilidad, que entregáramos el dinero, que ellos estarían siempre vigilantes y solo si llegaba a pasar algo, entonces intervendrían. Después de que entregamos el dinero y regresamos para la casa, detrás llegaron ellos. Siempre estuvieron con nosotros sin que nos diéramos cuenta de su presencia. No sé cómo lo hicieron ni dónde se escondieron. Nosotros salimos escoltados por ellos, pero en un momento dado se desaparecieron y cuando íbamos de regreso a la casa, vimos que nos venían escoltando. Por eso yo escribí lo que escribí de Oscar cuando todo el mundo lo estaba destruyendo. Pienso que desde ese momento me pusieron el ojo.

Entonces hubo cosas que ellos (los del Dgcim) pensaron que yo debía informar, pero nunca me citaron. Yo no sabía que tenía una alerta silenciosa, que de hecho tengo todavía, lo que significa que no puedo salir sin que ellos lo sepan. Cada vez que yo salga del país aparecerá la alerta que avisará que Isnardo Bravo está saliendo y ellos dirán si puedo o no puedo salir. El año pasado, por ejemplo, pude salir.

Fue una situación desagradable, pero en los momentos de dificultad es cuando más mantengo la calma. Yo me sentía tan tranquilo que les dije que la única manera de involucrarme en algo era que ellos lo inventaran. No tengo nada que esconder. Mi posición contra el gobierno es pública, todo el mundo la conoce porque la he expresado y he escrito sobre eso. Yo no me reúno con políticos. No tienes idea de cuántos políticos me han llamado para que trabaje con ellos y siempre he dicho que no, porque mi libertad de decir lo que yo quiera se perdería al estar al lado de un político, que se puede equivocar y que voy a tener que aplaudir o callar, cuando menos, por el hecho de que estoy trabajando con él. Yo no nací ese día.

El único cargo político que tuve fue ese de la Alcaldía y pueden preguntarle a Emilio todas las cosas que le dije en su cara. Eso no lo voy a repetir porque no nací para ser político. El único cargo que me gustaría, hipotéticamente hablando, es el de presidente de Venezolana de Televisión, pero si me dejan ser presidente de verdad, sin que nadie meta la cuchara, sino yo nada más para hacer el trabajo de transformarlo en un canal verdaderamente al servicio de la gente, en un canal de Estado, institucional, no de propaganda, sino un canal al servicio del público y que sea competitivo. Un canal que la BBC nos tenga que envidiar. A mí me encantaría, eso sería un reto para mí. 

Fue un momento muy desagradable, como te decía, pero también me permitió darme cuenta de que tengo nervios de acero, que me he preparado para cosas muy rudas. En ese momento pensé que me iban a dejar detenido. Pensaba que me iba a congelar, porque ese sitio es muy frío. Aunque amo el frío, allí me sentía congelado. Si a mi carro le falta el aire acondicionado, yo ando amargado. Pero en ese sótano de la Dgcim estaba congelado. Estaba tranquilo, pero por momentos pensaba si me irían a dejar. Y si me dejaban, por cuánto tiempo sería. Yo no tengo nada que esconder, ni que ocultar, me repetía. De hecho, yo me enteré de que estaba citado por la Dgcim cuando me interrogaron. Yo no sabía nada, nada de nada.

Yo me preguntaba: ´Dios mío, ¿qué hice?´. Lo último que yo había subido en mi cuenta de Twitter fue el video aquel de unos bomberos que pasearon un burro por su estación de bomberos en Mérida. Resulta que ese hecho se hizo tendencia y toda la información que salía relacionada con ese caso en los medios estaba fundamentada en el video que estaba en mi cuenta en Twitter. Yo llegué a pensar si sería por eso que me habían detenido. Pero cuando me interrogan es que me entero de que la investigación era por el caso de Oscar Pérez y de que tenía una citación que ellos no me habían entregado nunca.

Has sido periodista de radio, de televisión, de medios impresos y digitales. ¿Hay alguna área que te guste más o consideras que los periodistas de hoy en día deben ser multimedia?

No, yo creo que cada quien debe ir por donde la vida lo vaya llevando y como vaya queriendo llevar su profesión. En mi caso he tenido la oportunidad de estar en todas esas distintas áreas del periodismo, incluyendo el periodismo institucional, aunque ese es el que menos me ha gustado. Siento que lo hice lo mejor posible, pero no me gustó porque el periodismo institucional es eso, muy institucional, y yo soy más de periodismo de denuncia, de investigación, más inquisitivo. Fue una experiencia que me permitió crecer y gerenciar, porque tenía personal bajo mi supervisión, pero es lo que menos me ha gustado de todo lo que he hecho.

Definitivamente me encanta la televisión. Después de haber dicho que nunca haría televisión, ahora me encanta y me parece que la televisión es un medio muy poderoso y donde lo que transmites es clave porque la gente no solo te escucha, sino que te ve y te observa. No puedes engañarla. Pero le agradezco a Dios esa larga experiencia porque en todas las áreas del periodismo he tenido muchas satisfacciones y muchos y muy bonitos recuerdos y he aprendido muchísimo.

Por ejemplo, cuando fui director de El Nuevo País. Eso fue un reto y estaba asustado, pero aprendí muchísimo porque Rafael Poleo es una persona muy polémica y tiene muchos detractores, pero es un maestro en lo que hace. Es un maestro de la titulación, del contenido de la información, de la redacción, tiene una pluma perfecta. Aprendí muchísimo de Rafael Poleo, muchísimo. De verdad me quito el sombrero en cuanto a su desempeño como conocedor de la información y de la titulación y de la estructuración de la prensa escrita. Una cosa de otro nivel, de verdad. Más allá de su personalidad polémica, de su condición política, mucho más allá de eso, en El Nuevo País aprendí un mundo. Y me la llevé muy bien con Rafael.

Realmente en estos 28 años de profesión nunca he tenido un problema significativo con ningún colega. Creo que esa es una de las cosas que valoré mucho de Carmen, ella tuvo 55 años de vida artística y nunca protagonizó ningún escándalo, y yo quiero ser como ella. Nunca he estado en ningún escándalo ni en ningún problema feo con ningún colega y ya a los 50 años no digo que no pueda pasar, pero tengo más posibilidades de cuidarme. Eso lo admiré en Carmen, su prudencia, su profesionalismo me encantó y me contagió y así quiero también ser yo. Cuando termine mi proceso en esta vida quiero que haya sido un proceso limpio, sano, con errores, por supuesto, como todos, pero nunca con escándalos o con cosas que puedan destruir a otros o hacer daño a otros o a mí.

Nombras mucho a Dios. ¿Eres muy creyente?

¡¡¡Absolutamente!!! Yo estoy convencido de que existe un poder superior a nosotros, que lo han manifestado de distintas formas y que hay distintas religiones, pero es un poder que también está dentro de nosotros. Yo creo que los seres humanos tenemos un alma, tenemos un espíritu, tenemos eso que no se puede ver pero que sí puedes sentir, que no se puede tocar pero que sí se puede transformar. Hay gente que dice de otras ´oye, esa persona es tan agradable, esa persona tiene algo´, porque tú no lo ves pero sientes su buena vibra, su buena energía, y yo creo que ese es Dios en cada uno de nosotros.

Creo que ese Dios interno es el que hay que alimentar para que cuando estés con alguien les puedas dar una buena energía y le puedas dar un abrazo que la persona diga ´guao, este es un abrazo tan particular. Yo sentí que la persona me abrazaba desde lo más profundo de su alma´. Eso solamente se puede lograr, desde mi perspectiva, cuando alimentas el Dios que está dentro de tu corazón, de tu ser.

Sí, creo en Dios, creo en la transformación del ser humano, creo en que venimos a este mundo a una misión, a una tarea que tenemos que conseguirla, por la cual tenemos que trabajar y, en esa misión, evolucionar como seres humanos y tratar de hacer las cosas cada día mejor para tener un paso por esta vida donde no le hagamos daño a la gente, donde no sigamos creando karmas que nos hagan daño sino cosas buenas que nos permitan crecer a todos. Porque creo, además, que cuando un ser humano crece, crece toda la humanidad.

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