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Marena Bencomo: “¡A veces hubiera querido no portarme tan bien!»

Por Katty Salerno

Marena Bencomo ha decidido salir del aislamiento en el que permaneció por muchos años. La bella valenciana que en 1996 se coronó Miss Venezuela y casi también Miss Universo, pues quedó de primera finalista, lleva una vida feliz y llena de proyectos que comparte con su papel de madre de John Henry, de 17, y Federico, de 14. Uno de estos es incursionar en el mundo de la publicidad y otro es seguir estudiando y trabajando en el tema del autismo, acerca del cual la ciencia sigue teniendo más preguntas que respuestas. Las mismas que se ha formulado ella desde que su hijo menor fue diagnosticado con esta condición, un hecho que la marcó y que hoy asume como un gran propósito de vida.

El secuestro del que es hoy su exesposo, el acaudalado empresario Richard Boulton, quien entre 2000 y 2002 permaneció en manos del grupo paramilitar Autodefensas Unidas de Colombia, sigue gravitando en su presente. Pero eso no le impide en absoluto disfrutar de la vida y recordar travesuras que hizo de niña o admitir que, de adulta, ha mantenido en secreto alguno que otro pensamiento. “¡A veces hubiera querido no portarme tan bien! (…) He sido demasiado correcta en todo y me siento orgullosa de eso, pero hay cosas que, si hubiesen pasado, tampoco habrían acarreado nada malo. ¡No eran pecado!”, nos confesó, muerta de la risa, en esta amena conversación con Curadas.

Como le puede suceder a cualquier persona que viva en este complicado país, la entrevista empezó un poco después de lo pautado. “Disculpa la tardanza. Esta mañana tuve que hacer mil cosas y tengo la camioneta en el taller. Ahorita estoy en la terapia de agua de Federico, pero podemos conversar”, nos dijo al atender la llamada.

Empecemos por allí. ¿Cómo es un día normal en tu vida, si es que se puede hablar de normalidad?
Tal como dices, ahorita no hay normalidad en el sentido de que no hay una rutina fija debido a la situación del país y a la cuarentena. Dentro de todo esto, en estos seis meses he tratado de que Federico mantenga una rutina. Te hablo de él en particular porque para cualquier niño que tenga una condición de autismo el mantener una rutina es superimportante… Los primeros tres meses fue todo un descalabro porque hubo que suspender terapias y todas las actividades que estaba realizando, y readaptarse a esa inactividad en una condición como la de Federico es realmente difícil.

Pero hoy, por ejemplo, tiene a su tutora para sus actividades de psicopedagogía, Mariana Medina, que viene todos los días, y tiene su terapia en agua con Waldon Parra. Estas se hacen cuando se puede porque a veces no hay paso (entre zonas, por la cuarentena) o yo no tengo gasolina. Pero trato de que sí haga estas terapias porque el agua a él le hace mucho bien. Y aunque suene trillada la expresión, siempre trato de reinventarme. Cada vez que puedo lo llevo a hacer paseos, trato de hacerle cosas diferentes al aire libre, de que comparta con su hermano en esas actividades al aire libre.

Entonces rutina no hay, lo que sí es una constante es levantarse tempranito porque ese niñito no deja que nadie duerma (risas). Aunque no hay una rutina prestablecida como antes, trato de que todo sea lo más «normal» dentro de lo que estamos viviendo. Para todo el mundo se ha vuelto muy difícil. Pero en eso estamos, con mucho optimismo, aunque hay días de días, como digo yo, pero tengo que darle tantas gracias a Dios porque mis hijos están sanos, mi familia también, mis padres, por muchas cosas. Trato de ser optimista siempre.

Eres una mujer echada para adelante, como millones de mujeres en Venezuela. Has pasado por situaciones muy duras y siempre se te ve con una sonrisa…
Pero no siempre fue así. La prueba más difícil de mi vida es esta condición de Federico y he tenido que aprender muchísimo. Hace siete años estaba muy deprimida… Hay culpas que uno no tiene, ¿sabes? Hay cosas que no son de uno, que no están en las manos de uno. Eso, uno tiene que aprender a soltarlo, como dicen. Yo empecé un proceso para ser menos autocrítica conmigo y para aceptar verdaderamente la condición de Federico y llevarlo lo mejor posible.

No te digo que todos los días son como este en el que estoy hablando contigo. Hay días de días, pero sí llevarlo. Hay muchísimas cosas que no dependen de mí. Entonces, debo aceptar eso y hacer lo que humanamente pueda hacer, pero sin angustiarme ni mortificarme ni tener ansiedad por cosas que no puedo controlar.

Ha sido un proceso de aprendizaje difícil, un proceso de todos los días. Y aquí voy, aprendiendo cada día un poquito más y aprendiendo también a balancear con mi otro hijo, el mayor, John Henry. Estoy aprendiendo todos los días a ser mejor persona a través de mis hijos y de mí misma, porque si uno no está bien con uno no es posible que estés bien con nadie.

¿Cuál es el diagnóstico de Federico?
Federico, quien cumple 14 años este 25 de septiembre, fue diagnosticado a los 18 meses. En ese primer momento el diagnóstico que nos dieron fue el de trastorno generalizado del desarrollo. Cuando estuvo más grande se le hicieron otras evaluaciones y fue cuando nos dijeron que era autismo. Si bien no ha podido hablar, aunque yo tengo la esperanza de que algún día lo logre, es un niño muy cariñoso y feliz y eso para mí es algo demasiado grande.

El primer diagnóstico nos lo dieron hace más de 12 años, y cuando están tan pequeños no te lo dicen de una, sino que te lo dicen como disfrazado, digo yo. Pero igual fue algo muy duro. Recuerdo que fue la doctora Elizabeth Cañizales, neuropediatra, que en paz descanse, quien nos dio el diagnóstico. Richard y yo hemos transitado muchísimos caminos. Hemos intentado muchísimas cosas, pero hay cosas que no dependen de uno. Federico ha logrado muchísimas cosas dentro de su condición. Es algo que me ha tocado aceptar. No es fácil, pero aquí vamos.

¿Hay en Venezuela instituciones públicas o privadas que den apoyo a los niños con autismo y a sus familias?
Ese es un tema sobre el que yo quiero y siento que hay necesidad de hacer mucho más, porque existe mucha desinformación. Cuando uno recibe el diagnóstico no sabe qué hacer. Existe la fundación Autismo en Voz Alta, un colegio donde Federico estuvo muchísimo tiempo, que también es un centro de diagnóstico y de terapias, por ejemplo.

Yo tengo una fundación que ayuda a otras fundaciones, porque no importa cómo tu ayudes, lo importante es ayudar. Hay muchas cosas que hacer sobre este tema en nuestro país. Se venían haciendo varios proyectos y se tuvieron que parar por el problema de la pandemia, pero se está haciendo, por ejemplo, un censo sobre la población de personas con autismo en Venezuela. El tema del diagnóstico está muy mal manejado, a todo el mundo le dan el diagnóstico de trastorno del desarrollo y no es así.

Entonces, sí hay instituciones, pero la verdad es que nos falta muchísimo y digo ´nos falta´ porque todos tenemos que sumarnos en esto porque es muy difícil. Uno no sabe qué hacer en el primer momento ni a dónde ir. Yo me volvía loca buscando en Google. Los primeros años son muy difíciles por esa falta de orientación tan grande que hay. Y yo he sido muy afortunada con Federico al poder contar con muchas cosas, y con muchísimo apoyo, pero el proceso es difícil en cuanto a que no hay información sobre cuál es la ruta que uno debe seguir.

No es que no haya instituciones, que las hay, repito. Es que ningún niño es igual a otro, ningún ser humano es igual a otro, y eso también pasa en el autismo, y lo que le funciona a uno tal vez no le funcione a otro. El autismo es un misterio indescifrable. El año pasado el doctor Juan Nascimento, quien es una eminencia en Venezuela en autismo, me decía que por fin se ha comprobado que el autismo es genético. Esto ya es un gran paso porque yo he escuchado tantas cosas, que si los metales, que si la contaminación, que si tales vacunas… Eso se escuchaba en la época en que Federico fue diagnosticado.

Hoy, los nuevos casos que sean diagnosticados al menos ya tienen una base más sólida para ese diagnóstico en el sentido de que al menos ya se sabe cuál es la causa. Todavía no se sabe cuál es exactamente el cromosoma, se está estudiando, pero al menos ya hay una hipótesis bien fundamentada en cuanto a que el origen es genético, mas no hereditario. Cada día se va aprendiendo más del tema, aunque yo digo que nos falta muchísimo acá en Venezuela como país y como sociedad. Pero hay que seguir adelante y hay que ayudar a las demás personas.

Mi cuenta en Instagram era privada y la cambié a pública no porque me interese tener miles de seguidores, sino porque me llegaban muchas madres haciéndome preguntas y así puedo ayudarlas, aunque sea dándoles pequeños consejos. Yo no soy una erudita en la materia, lo mío ha sido y sigue siendo muy difícil en el caso de Federico, pero sí ha avanzado y hay que ser positiva y valorar los logros por pequeñitos que sean. Entonces puedo orientar en algo a esas madres. En especial a no desesperarse, porque una de las cosas que a mí me pasó fue que me desesperé. Puedo ayudarlas a tratar de canalizar las cosas de la mejor manera posible porque uno quiere lo mejor para los hijos, pero es mucha angustia y ansiedad la que este tema genera porque no conoces nada de esta condición ni nunca pensaste que te podía pasar.

¿A qué se dedica exactamente tu fundación?
La fundación Autismo y Vida nació hace seis años. Como te dije, se dedicaba a ayudar a otras fundaciones, con muy bajo perfil, haciendo eventos o colaborando con otras organizaciones dedicadas a personas con autismo y con síndrome de Down. Hoy en día tengo una paz muy grande, pero me quita el sueño saber que, por ley de vida, por ley de la naturaleza, yo voy a dejar de estar aquí antes que Federico. Y su papá, que es un superpapá, también. Eso es lo más probable que ocurra. Mi realidad es que Federico va a estar siempre conmigo, y eso para mí es el amor más grande y más puro que existe. Pero me angustia lo que pasará cuando yo no esté ni esté su papá, y aunque esté su hermano, que lo adora, pero va a pasar.

Por eso, el año pasado empecé a trabajar en un proyecto que se llama Ciudad Azul, por el color que identifica a las personas con autismo. Se trata de un centro de retiro y de terapias para personas con autismo y para familiares. Este centro estará en Margarita, porque yo amo a mi país y creo que aquí se pueden hacer grandes cosas. Además, amo a esa isla y estoy convencida de que la playa, el mar, el agua le hace muchísimo bien a las personas con autismo. Así, el día de mañana, cuando yo no esté, Federico estará con un equipo humano y profesional y no solamente él, sino otros niños que están en la misma condición que él.

La fundación va a volcar todo su potencial en este proyecto. Hay que hacer muchísimas cosas. Ya estamos trabajando en el anteproyecto. Es un proyecto grande, que tomará años, pero lo vamos a lograr si Dios quiere y la Virgen. El arquitecto es Enrique Arriaga, a quien conozco porque su hijo menor, Juanchi, hace fútbol con John Henry. Un día le conté acerca de mi idea y se ofreció a hacer el anteproyecto, gratuitamente, porque se sensibilizó. Así iremos sumando muchas más voluntades.

¿Qué está estudiando John Henry?
John Henry tiene 17 años y pasó para quinto año de bachillerato. El viernes comienza sus clases virtuales, vamos a ver si en enero se retoman las clases presenciales. ¡Parece mentira que ya el año que viene se me gradúa de bachiller!

¿Y qué quiere estudiar después?
Él es el fanático número uno en el mundo del Barcelona. El primero es él y después viene Messi (risas). Quiere estudiar, cosa que me parece muy original, dirección técnica de equipos deportivos. Hay solo una universidad que da esa carrera y está en España, pero creo que él está todavía muy chamo, así que estamos evaluando eso. Pero la semana pasada me sorprendió diciéndome que quería ser actor (risas). Lo que le dije fue que yo lo único que quiero es que él sea feliz, si quiere ser actor yo lo voy a apoyar, pero le dije que tenía que estudiar para ser actor.

A uno lo programan y encasillan en cosas que después no son, y lo digo por mi propia experiencia. Yo estudié cuatro años de Odontología y después terminé fue graduándome de abogada. Cuando yo empecé a ver las clínicas me di cuenta de que eso no me gustaba. La vida lo sorprende a uno con cosas inesperadas y las circunstancias cambian. Después terminé estudiando Derecho, y aunque mi papá es abogado no quería que yo estudiara Derecho. Sin embargo me enamoré de esta profesión, aunque no la ejerzo hoy en día.

Pero si John Henry quiere ser actor, que lo sea. Yo lo que quiero es que sea feliz y que estudie lo que él decida. Y su papá se lo dijo también, que lo apoyamos en lo que él quiera. Nunca me imaginé que me dijera que quería ser actor, te voy a decir la verdad, pero si es lo que él quiere, lo apoyo.

Marena y sus hijos, John Henry, a la izquierda, y Federico, a la derecha. Foto cortesía Marena Bencomo.

Tuviste una relación muy especial con tu suegra, la señora Lolita Winckelmann, recientemente fallecida. Pocas mujeres tienen la suerte de llevarse bien con su suegra…
Sí, lamentablemente acaba de cumplir un mes de fallecida. Lolita fue muy especial. No era mi suegra, nosotros no tuvimos nunca una relación de etiquetas, porque vivimos muchas cosas y muy intensas, entre ellas el secuestro de Richard, por ejemplo, que fueron dos años en los que también tuvimos diferencias, pero siempre estuvimos juntas. Mi relación con Lolita es uno de los regalos más grandes de mi vida. Richard y yo nos divorciamos, pero con Lolita nunca cambió nada. Teníamos una relación única.

Ella venía en la tarde y nos tomábamos un vinito, o me pedía que la acompañara a algo, o hacíamos tal cosa juntas. La verdad es que me hace una falta inmensa. No imaginas cuánto extraño su llamada de todos los días para saber cómo estábamos. Quienes la conocieron saben que ella era incondicional con la gente que amaba. El amor de nosotras fue único. La extraño muchísimo, muchísimo. Tuve mucha suerte de tener a Lolita en mi vida. ¡No sabes cómo la extraño!

¿La situación que viviste con el secuestro de Richard quedó en el pasado o sigue gravitando de alguna manera en tu presente?
El secuestro de Richard es parte de mi vida. Gracias a Dios y a la Virgen los dos años de esa situación tan difícil ya pasaron y terminó de la mejor manera que se pudo, pero obviamente sigue siendo parte de mi vida. Eso es algo que me marcó y que sigue estando en el presente.

¿Has conversado de eso con John Henry?
Sí, lo hemos hablado, pero él lo evade un poco. Él lo sabe. Hay un libro que no se ha publicado que escribió un amigo nuestro, Alejandro Branger, recién Richard liberado, que cuenta los hechos desde el punto de vista de Richard y desde el punto de vista mío, y John Henry ni siquiera ha tenido la curiosidad de leerlo. Cuando él quiere hablar del tema y hace preguntas, se le responden, pero no es un tema sobre el cuál a él le guste mucho hablar tampoco. Pero no es un tema tabú.

Y Federico no sabe. Yo creo que a veces todos querríamos estar como él, que no sabe si hay gasolina o no, si hay coronavirus o no. ¡Es un niño feliz! Una vez un neuropediatra, en uno de mis momentos de angustia, me dijo que por qué me angustiaba tanto si todos deberíamos querer estar en el mundo donde está Federico, porque él es feliz en su mundo. Y eso me impactó mucho, me hizo pensar que es verdad. Soy privilegiada por eso.

La relación que tiene John Henry con Federico, ese amor de hermanos es tan increíble. Si Federico hace algo mal y yo lo regaño, enseguida interviene John Henry y me dice´¡pero, mamá!´. Es algo tan genuino, tan puro, me siento tan feliz de vivirlo, de ver que Federico tiene a su hermano. ¡Le tocó a John Henry, vamos a estar claros! Recuerdo que cuando estaba chiquito, como de 5 años, John Henry, que ha sido un apasionado del fútbol desde que nació, preguntaba por qué Federico no jugaba con él, que por qué si él le chutaba la pelota, Federico no se la devolvía. John Henry también ha aprendido y ha madurado muchísimo, ha sido un proceso que ha sabido llevar muy bien. Y se ha tenido que adaptar y aceptar esta realidad desde muy pequeño, porque Federico es su único hermano.

Cuando eras niña, ¿cómo imaginabas tu futuro?
Yo tuve una infancia y una adolescencia muy felices. Soy una persona muy agradecida por tantas cosas que he tenido. De joven mi tía me echaba broma con lo del Miss Venezuela porque era alta y llamaba la atención, pero no es que nací queriendo ser Miss Venezuela. Pero bueno, se dieron las circunstancias. Yo desde que estaba en el colegio decía que iba a estudiar Odontología. Siempre lo dije. Y terminé siendo Miss Venezuela, algo que nunca planifiqué. Me imaginaba siendo odontóloga y no lo fui. Pasaron muchas cosas en mi vida que fueron cambiando las cosas que yo pensaba cuando era chiquita.

¿Crees en el destino, en que todos nacemos con un camino ya trazado, o crees que el camino lo vamos haciendo con nuestras decisiones y nuestras acciones?
Te puedo decir que antes creía en el destino ciegamente, pero hoy en día no. Hoy creo que aunque algo esté predestinado para uno, lo puedes cambiar. Creo en la causalidad. Hay cosas que pasan que creo que sí son obra del destino, pero no todo. Otras las vas construyendo tú, bien sea aceptándolas o hasta cometiendo errores, sin querer.

Por ejemplo, que yo haya llegado al Miss Venezuela creo que fue algo del destino, porque era muy improbable que lo fuera sencillamente porque nunca lo pensé, nunca me lo propuse. Para mí el concurso de Miss Venezuela era como para cualquier venezolano, porque eso ya es casi que una cosa propia de la cultura de los venezolanos. Estaba pendiente del concurso, lo veía con mis amigas y hablábamos de eso, como cualquier persona.

Pero hay otras cosas que son decisión de uno. Lo del autismo de Federico ha sido muy duro, pero eso es algo que no puedo dejar en manos del destino. Los planes que tengo previsto desarrollar con la fundación son una decisión mía. Es un proyecto complicado, pero ¿por qué no voy a hacerlo?

¿Hay algo de lo que te arrepientas en tu vida o que hoy digas que pudiste haber hecho diferente?
¡Yo siempre me porté tan bien! ¡Todavía me porto bien! A veces digo que hubiera querido no portarme tan bien, al menos en algunas cosas. ¡No te voy a decir cuáles! (Muuuchas risas). ¡Me he portado demasiado bien! He sido demasiado correcta en todo y me siento orgullosa de eso, pero hay cosas que, si hubiesen pasado, tampoco habrían acarreado nada malo. ¡No eran pecado! Yo vengo de una familia muy tradicional a la que amo profundamente. El apoyo de mi familia, de mi papá y mi mamá y de mis hermanos no tiene precio.

¿Eres una persona con sentido del humor? ¿Qué cosas te divierten de la vida?
Sí lo soy. Me gusta mucho la gente positiva. Yo digo que no hay nada mejor que rodearse de gente optimista. Me divierten cosas sencillas, como pasear en bicicleta con mis superamigas, que tengo unas cuantas, disfrutar un almuerzo con ellas tomándonos un vino; compartir con mis hijos. La vida es tan difícil, la que vivimos todos, que no podemos limitarnos a estar quejándonos tanto, tenemos que tratar de disfrutar lo mejor que podamos. No es que todos los días vamos a hacer una fiesta, porque no todos los días uno está igual, pero hay que disfrutar también. Yo soy una persona agradecida y trato de estar feliz, porque digo que la felicidad depende de cómo uno esté por dentro y eso se refleja.

¿Cuál es la tremendura más grande que recuerdas haber hecho?
Mi mamá me decía que yo era un poco aventurera, en el sentido de que mi hermana Mariana siempre fue como más intelectual, muy tranquila. Yo también era excelente estudiante, pero era como más arriesgada. Me acuerdo que una vez, en unas vacaciones en Estados Unidos, estábamos los seis en un parque, los cuatro hermanos y mi mamá y mi papá, y había un tobogán de esos altísimos, de no sé cuántos metros de altura, y mi papá nos dijo que no podíamos montarnos. Mi mamá y mis hermanos, que estaban jugando en la piscina, de pronto se dan cuenta de que alguien venía lanzándose por el tobogán y resulta que era yo. ¡Me regañaron y me castigaron por no haber hecho caso!

Mis hermanos varones se morían de la risa, sobre todo Oswaldo, que me lleva como un año, y era medio miedoso, no sé si eso se le habrá quitado… (risas). No es que fuera tan tremenda, pero sí hacía cosas que mi hermana no hacía. Por ejemplo, si salíamos en bicicleta, yo siempre quería irme por el camino más largo o meterme por las calles más empinadas, cosas así. Por eso me llevé varios trancazos…

En varias oportunidades has dicho que tienes «millones de defectos», cosa que a uno le cuesta creer. Menciona al menos tres de esos defectos…
Yo soy una persona que no me gusta hacer sentir mal a los demás, y si de repente no me gusta algo que me hayan hecho o me siento incómoda por algo, evado hablarlo. Me alejo de la situación. Soy evasiva, no confronto esas situaciones. Y creo que eso no es bueno, porque uno debería decir lo que no le gusta. Creo que eso es una falla mía, pero me la estoy trabajando.

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Soy impulsiva, aunque la gente no lo crea. A veces reacciono de una manera no adecuada, y después me arrepiento. Aunque reconozco que no me cuesta pedir perdón, creo que el perdón es muy liberador, sobre todo cuando uno sabe que ha hecho mal. Entonces no tengo problema en decir ´me equivoqué´ o ´discúlpame´. Pero soy impulsiva.

Y por ese afán de querer siempre que la gente se sienta bien, a veces hago cosas que no quiero hacer, pero las hago por complacer a los demás. A veces no me pongo a mí por delante y si no quiero hacer algo, pues debería decir no quiero y punto. A veces me cuesta decir que no para que la otra persona no se sienta mal. También estoy trabajando en eso.

Ya que hablaste del Miss Venezuela. Cuando te inscribiste tenías unas medidas perfectas: 90-58-90…
¡Nooo, eso es mentira! Mis medidas eran 88 de busto, 58 de cintura y 93 de cadera. Dijeron que tenía las medidas perfectas, eso lo dicen de todas, pero no es verdad (risas). Yo tuve que hacer una dieta y bajé mucho de peso. A mí me encanta comer, entonces trato de equilibrarme haciendo ejercicios. Y como de todo, porque digo que la vida es una sola y hay que disfrutar. Si me provoca comer algo, lo como. La última vez que estuve en Valencia mi mamá me preguntó ´qué quieres comer, mi amor´, porque ella es de lo más consentidora, y le dije que quería cachapas – las de mi mamá Vicenta son las mejores del mundo – y asado negro, y casi que todo el fin de semana estuve comiendo cachapas y asado negro.

Yo me cuido, claro, trato de mantenerme, aunque no pretendo volver a concursar en el Miss Venezuela y sé que no voy a volver a pesar 58 kilos más nunca. Quisiera tener los abdominales de Sasha Fitness, pero… cómo te explico… (risas). Hago spinning. Yo empecé a hacer spinning cuando secuestraron a Richard. En esa época me fui a vivir de nuevo con mi mamá y mi papá y empecé a hacer spinning y tenis en un gimnasio que quedaba cerca de la casa de mis padres. Eso me ayudaba mucho a drenar la tensión que vivía en ese momento. Después nacieron mis hijos, saqué la carrera y entonces no podía practicarlo con regularidad. Pero hace como ocho años lo retomé en forma.

Me encanta caminar. No me gustan los gimnasios, solo cuando participé en el Miss Venezuela entrené en uno. Me gusta andar en bicicleta, caminar, prefiero actividades al aire libre, no estar metida en un gimnasio. Ahorita por lo de la pandemia alquilé una bicicleta de spinning y me ejercito en casa a través de unas clases por Instagram.

Veo que eres imagen de una empresa de seguros. ¿Se trata de un nuevo proyecto profesional?
Sí, así es. Esta es una empresa de un amigo valenciano a la que estoy haciendo publicidad. Yo siempre me mantuve muy aislada, pero creo que soy una persona que tiene cierta credibilidad y me han buscado muchísimas personas para que les haga publicidad a sus marcas. Es un nuevo comienzo. Hasta ahora he aceptado pocas cosas porque tengo otras prioridades, pero me estoy abriendo a esta posibilidad. Por ahora lo he estado haciendo con gente que conozco, que sé quiénes son. Me importa mucho que sean productos o servicios de comprobada calidad. En eso soy muy vertical. Esto es algo que tampoco nunca pensé que haría, nunca me lo había planteado. Mis amigas me echan mucha broma porque saben que siempre preferí mantenerme aislada. Pero la verdad es que lo estoy disfrutando mucho.

También quiero hacer el diplomado en autismo que dicta la Universidad Monte Ávila porque quiero aprender más sobre este tema, pero no lo quiero hacer virtual. A mí me gustan mucho más las clases presenciales, esperaré a ver si se da la oportunidad para retomarlo. A mí me gusta aprender, estudiar, y creo que el tema del autismo es mi vida y es un tema realmente apasionante porque, como te dije, es un misterio.

Eres también muy religiosa. ¿Lo eres porque es la formación que recibiste de tu familia o porque lo sientes realmente?
Vengo de una familia muy conservadora, como te dije. Yo estudié en un colegio del Opus Dei. Eso es como un sello que uno tiene. Pero uno no siempre tiene la misma relación con las personas, igual que con Papá Dios. He tenido mis momentos de rebeldía con Papá Dios y he cuestionado por qué esto y por qué lo otro. Antes iba a misa muchísimo, ahora no. Trato de ir los domingos, pero si un día no pude, no pude. Pero sí es una necesidad que siento. Soy una mujer de una gran fe. A todo el mundo le pasan cosas, todo el mundo tiene problemas. Para ti tus problemas son los mayores, para mí los míos son los mayores. A mí la religión me ha ayudado muchísimo.

Yo soy muy mariana y hoy en día tengo una relación con la Virgen y con Papá Dios que va más allá de si rezo o no el rosario todos los días. Ahora es una relación mucho más madura. He tenido mis momentos de up and down, de cuestionar muchas cosas, pero sí tengo una gran fe. Siento una gran fe en mi alma, eso se siente o no se siente. No soy de las que va a la iglesia solo a darse golpes de pecho.

¿Eres una mujer feliz?
Sí, soy feliz. Hoy 18 de septiembre de 2020 (día en el que conversamos) puedo decir que soy una mujer feliz. ¿Y sabes qué?: tengo una gran paz interna y eso es lo que hace que esté feliz. Claro, como te dije al principio de la entrevista, no todos los días estoy feliz y voy a hacer una fiesta. No. Hay días de días. Ayer, por ejemplo, Federico durmió pésimo, casi no dormí en toda la noche. No sé por qué estaba tan inquieto, tenía tiempo que no le pasaba eso, y por supuesto que amanecí con dolor de cabeza y cansada por no haber dormido bien. Esas cosas pasan.

Pero sí soy una persona feliz, gracias a Dios y a la Virgen. Tengo esa gran ilusión de construir Ciudad Azul. Me he dado cuenta de que uno tiene que vivir con un propósito. Ahora que me preguntas acerca de la felicidad, te digo que no hay nada mejor que sentirte útil. Es algo grandísimo. Yo siento esta necesidad de construir este proyecto tan bello que es Ciudad Azul y sentirme útil y saber que va a ayudar a Federico, obviamente, pero que también va a ayudar a muchísimas otras personas en su misma condición, es un gran motivo de felicidad para mí. ¡Sentirme útil me hace muy feliz!

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