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Fermín Mármol García: “Mi mayor éxito personal es ser padre”

Por Katty Salerno

Fermín Mármol García (Caracas, 1972) tuvo una infancia “mágica, feliz, sana”, asegura. De niño solía jugar a policías y ladrones con sus amiguitos de la cuadra, así como estudiar y mantener arreglada su habitación, entre otros deberes. Pero lo que valora más es haber tenido unos padres que moldearon con amor y buenos ejemplos el futuro de los hijos: Carolina, Rosaura, Margarita, Fermín José, María Eugenia, Fermín Arturo y Mario León. “Así fue nuestro hogar”, contó en esta conversación con Curadas el hoy abogado por la Universidad Santa María, profesor universitario y experto asesor en riesgos especiales.

Fermín Mármol García está consciente de lo afortunado que es por haber crecido en un hogar como el que tuvo de niño, de adolescente y hasta entrada la madurez. Su padre, Fermín Mármol León, fue uno de los primeros en formarse en la policía científica creada en 1958, poco después de la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. Hombre de dilatada y reconocida carrera pública, fue director de la Policía Técnica Judicial (hoy Cicpc), de la desaparecida Disip y Ministro de Justicia. Sus inquietudes intelectuales lo llevaron también a estudiar Filosofía y Letras y a escribir, entre otros, uno de los libros de mayor venta en el país: Cuatro crímenes, cuatro poderes, donde denuncia la intervención de poderes fácticos para obstaculizar la aplicación de la justicia. El libro inspiró al director Román Chalbaud a realizar las cintas Cangrejo I y Cangrejo II, protagonizadas por Miguel Ángel Landa.

“Y la superación personal de mi madre, Carmen García de Mármol, fue extraordinaria. Al casarse con mi padre era bachiller, pero no se conformó con eso. Estudió Derecho y después hizo la especialización, la maestría y el doctorado en Ciencias Penales. Se casó siendo bachiller y logró obtener su título de doctora en Ciencias Penales y llegar a jueza. ¡Eso es una extraordinaria superación personal!

Aparte de eso, escribió textos jurídicos. Está su libro Criminología, pero también La responsabilidad civil derivada del hecho punible y el Código orgánico procesal penal comentado y comparado. Son tres textos que se venden muchísimo. Criminología es una materia del pensum de Derecho y su libro lo utilizan mucho los estudiantes. Cuando se produjo la reforma procesal penal en Venezuela, en 1999, apenas un año después mi madre contribuye con su interpretación del COPP. Esos han sido libros con bastante venta y eso también es importantísimo”, dice el orgulloso hijo.

Parte de la familia Mármol-García. Foto cortesía Fermín Mármol García

¿Tiene algún recuerdo especial que lo haya marcado de niño?

Recuerdo con muchísima emoción, entre muchas cosas, cuando mi padre, en febrero de 1984, se acoge al beneficio de la jubilación del Cicpc, después de haber prestado servicios durante 30 años en esa institución. Lo recuerdo con mucha alegría porque papá empezó a llevarnos a mi hermano y a mí a la escuela donde estudiábamos primaria, el colegio La Salle La Colina. Era muy emocionante que nos llevara y que también procurara buscarnos en algunas oportunidades.

Fue muy mágico el haber pasado esa parte de nuestra infancia del final de la primaria teniendo a un padre que nos llevara y nos recogiera del colegio, porque eso no lo habíamos vivido en los años anteriores. Eso lo recuerdo con muchísima alegría. Salir del salón y caminar hasta el estacionamiento que quedaba cerca de la iglesia del colegio y ver a mi padre esperándonos era algo mágico y lo recuerdo con muchísimo cariño dentro de muchas otras cosas.

Cuénteme cómo era el ambiente en su casa cuando usted era niño. ¿Quién los corregía cuando hacían alguna travesura, papá o mamá?

Gracias a Dios nací y crecí en un hogar donde había un padre y una madre presentes, donde había normas de convivencia, la obligación de estudiar, de tener la habitación ordenada. Veíamos a un padre y a una madre leyendo, estudiando y trabajando. Así fue nuestro hogar. Así fue en la primaria, en la secundaria y también durante nuestros estudios universitarios. Estuve en ese hogar desde que nací hasta que tuve mi título profesional y un poco más.

Fuimos realmente afortunados porque no todos conocieron a su padre. No todos tuvieron al padre y a la madre juntos y felices, o, lamentablemente, en el camino alguno falleció. Tuvimos la suerte de vivir una niñez y una adolescencia y adultez teniendo a un padre y una madre juntos y compartiendo activamente con nosotros, bien sea en la celebración de nuestros cumpleaños, en las vacaciones escolares, en las vacaciones decembrinas, y un compartir también de vecindad. Eso realmente lo rescato como algo muy positivo.

Por supuesto que la corrección la hacía mi madre. Durante nuestra niñez y adolescencia ella era la que mayoritariamente lidiaba con las tareas escolares, con las tareas del hogar, con nuestra presencia y con todo nuestro desenvolvimiento en la urbanización donde vivíamos. Ya en la adultez temprana mi padre fue pieza fundamental también para las correcciones, los consejos, las asesorías. Eso lo recuerdo con muchísimo cariño. 

¿A qué jugaba usted de niño, a policías y ladrones?

Jugaba mucho a policías y ladrones con mis hermanos, nuestros vecinos o con los primos cuando nos visitaban. Y estoy seguro de que el rol preferido era el de policía, evidentemente que sí. Lo disfrutábamos muchísimo y recuerdo dónde nos escondíamos o hasta dónde podíamos llegar en la urbanización. Fue una época como la de cualquier niño, mágica, feliz, sana. Recuerdo con mucho agrado a todos mis amiguitos de la cuadra con los que jugaba de policía y ladrón y otros juegos totalmente sanos y alejados de la tecnología por cierto.

¿Qué imagen guarda de su padre?

Yo recuerdo muchas cosas de mi padre. Primero, era un hombre elegantemente vestido de forma permanente, muy preocupado por su imagen. Muy ponderado al hablar, muy analítico y racional más que emocional, muy estructurado. También muy cariñoso. Cuando yo era niño veía a un hombre alto, canoso, bien vestido, con una placa dorada que representaba la ley y el orden, que perseguía a los malos y que tenía un arma de fuego. De forma jocosa pero real digo que se me parecía a Clint Eastwood. Era un superhéroe. ¿Quién lucha contra los malos y quién porta una placa dorada? ¡Un superhéroe!

Pero también debo reconocer que mi padre era muy conocido como policía de investigación criminal y como escritor. Era muy agradable ver las muestras de cariño que le procuraban las personas cuando íbamos a un centro comercial o algún restaurante. Eso me llenaba muchísimo.

¿Cómo es la relación que usted tiene con sus hijos, ahora que es padre? ¿Qué aspira para ellos?

Soy padre de una niña, Carlota Sofía, y de un varón, Fermín Santiago. Son aún pequeños, de 7 y 6 años, respectivamente. Como padre maduro soy muy cariñoso. Me esmero y me preocupo por decirles cuánto los quiero y los amo. También soy muy afectuoso en lo físico. En estas edades tempranas uno lo que más quiere es que estén bien alimentados en lo físico y también en lo espiritual y en lo emocional. Procuro también fortalecer siempre la figura de su madre como la figura de las normas en la cotidianeidad; que también vean cómo se tratan su mamá y su papá en el día a día. Creo que eso es bastante mágico. Aprendiendo día a día a ser papá. ¡Es un título tan importante que a uno lo llamen papá! Es un aprendizaje mutuo, de todos los días y lo disfruto plenamente.

¿Quién manda en su casa, usted o su esposa?

Honestamente, creo que mi esposa y yo hacemos un bonito trabajo en equipo. Nos establecemos metas familiares en conjunto y tenemos también una buena compartimentación de las distintas responsabilidades. A eso es a lo que llamo un bonito trabajo en equipo. Sin embargo, debo reconocer que cuando se trata de temas del hogar, de la propia infraestructura de nuestra vivienda y también de las decisiones cotidianas en cuanto al desenvolvimiento de los niños, ella es la que manda. El criterio de ella, que es la que lleva el día a día, es fundamental y muy importante para mí. Creo que esta dinámica nos ha funcionado, nuestra manera de habernos conducido como matrimonio y ahora también como padres ha ido bastante bien. Nuestro sistema ha funcionado y uno ruega y le pide a Dios que así continúe.

¿Cuál es la herencia más valiosa que le han dejado sus padres? Y no me refiero a bienes materiales…

Es una herencia combinada. De mi padre debo de abrigar primero el honor a la amistad. Mi padre fue un protector de la verdadera amistad y de cómo eso hay que cuidarlo, procurarlo, propiciarlo y defenderlo. Número dos, la palabra. El valor de la palabra, el valor de compromiso, eso también es un postulado importante. Tercero, el preocuparse por el amor propio, porque el que no se ama a sí mismo no puede amar a los demás. Y la necesidad de manifestar los sentimientos bonitos hacia los demás. El profesar a las personas respeto, sin importar quién sea en su estatus socioeconómico o en su estatus intelectual, porque la manera como tratamos a los demás es la manera como vamos a quedar definidos con nosotros mismos, que es lo más importante.

De mi madre, la bandera de la superación personal. La de investigar, la de estudiar, que nunca es suficiente. Tercero, la necesidad de formar bien a los niños y a los adolescentes. Que la tarea inicial de esos primeros tal vez 15, 16, 18 años es fundamental y que si se hace un buen arado de ese terreno, una buena siembra, el fruto será extraordinario. Serían los principales legados que puedo recoger de mis padres.    

Imagino que su decisión de estudiar Derecho estuvo influenciada por sus padres. Pero, más allá de esto, ¿hay algo en particular que le llamara la atención de esta carrera como para seguirla?

Sí, creo que es inevitable que cuando los hogares están perfectamente constituidos y el ejemplo de padre y madre es un ejemplo presente, hay una influencia inevitable. Imagínese estar en el hogar de un hombre que lucha contra el crimen y la violencia como investigador criminal y con altas posiciones en la policía científica y en la policía de seguridad del Estado; pero por otro lado a una abogada penalista que también hizo carrera judicial y fue jueza.

Entonces, hay una influencia allí. Desde ver libros de investigación criminal o de derecho penal, pero también los temas de conversación en el comedor. O cuando se leían los periódicos o se veía algún programa de televisión, lo que se podía conversar sobre la crónica policial, sobre los procesos judiciales. También la influencia de los libros de mi padre. Con toda esa influencia, no hizo falta que al terminar el bachillerato a uno le dijeran que había que estudiar Derecho. Nunca mi padre o mi madre me dijeron a mí qué estudiar. Yo le atribuiría a ese día a día, a esa siembra, a algo casi natural lo que aconteció allí».

Fermín Mármol García ingresó en octubre de 1989, con 16 años, a la Facultad de Derecho de la Universidad Santa María y se graduó en septiembre de 1994, con apenas 21 años. Fue vicepresidente del primer Centro de Estudiantes elegido de forma directa por el estudiantado. Al año siguiente fue representante estudiantil ante el Consejo Universitario, también por elección directa del estudiantado. Logró los votos en Derecho, en Ciencias Económicas y Sociales y en Farmacia y perdió en Ingeniería, pero la cantidad de votos en las primeras tres facultades fue tal que lo hicieron acreedor de la representación estudiantil. “Ya en el último año fui el presidente del Comité de Prograduación y tuve el honor de ser elegido por mis compañeros para dar el discurso de graduación. Eso me llenó muchísimo, me complació muchísimo y cerró un círculo muy hermoso de mis estudios en la Santa María”, contó.

Usted se ha especializado en brindar asesorías en riesgos especiales. ¿Qué lo llevó a esta especialización?

Yo hice la especialización y la maestría en Criminalística en el Instituto Universitario de Policía Científica. También hice una especialización en Docencia Universitaria. Desde 1996 hasta hoy he sido docente de pregrado en la Facultad de Derecho de mi alma mater. Mi ejercicio profesional está íntimamente ligado al área jurídico-penal y en el ejercicio del Derecho en este campo he tenido, por un lado, la representación legal de personas naturales y jurídicas ante los órganos de justicia penal; pero también nos introdujimos, por la influencia de mi padre, en el área de seguridad integral.

A partir de 2004/2005 el crimen y la violencia se incrementaron en el país y trajo fenómenos criminales a zonas urbanas, como el secuestro. Empezó a materializarse el secuestro prolongado en zonas urbanas y no solamente en zonas fronterizas, que era lo clásico. Esto introdujo la modalidad del secuestro breve, denominado secuestro exprés. Entonces empezamos a formarnos con mi padre, con varios compañeros de actividades de mi padre, en el área de riesgos especiales. Dentro de estos está el secuestro, la extorsión y las grandes defraudaciones o estafas.

En ese ámbito de riesgos especiales nos formamos con mi padre en la práctica. Pero también nos documentamos con literatura de Colombia y México que tenían y tienen mucha experiencia en el tema de secuestros y de extorsiones. Se abrió entonces una unidad especial, en la firma de mi padre, de consultoría y asesoría en temas de secuestros y extorsiones. La integramos mi hermano menor, Mario, que también es abogado, mi padre, otros compañeros y yo. Eso fue un área realmente muy satisfactoria, de mucho crecimiento. Y de resultados tangibles positivos altísimos en más del 98 % de los casos.

Usted ha contado que duerme con su teléfono encendido, por si lo llaman por alguna situación que requiera de sus servicios. ¿Cómo pudo adaptar su vida y la de su familia a esta rutina?

Lo más importante en la vida familiar, en la vida en pareja, es la plena comunicación; el tener plena convicción de que ambos saben a qué se dedica el otro. Parte de mi actividad es rutinaria, como lo es impartir clases en la universidad, asesorar a personas y empresas, hacer análisis de riesgos integrales. Pero también hay las circunstancias extraordinarias que provienen de los riesgos especiales. Eso puede traer como consecuencia que un día feriado o un fin de semana o en horas de la noche o la madrugada se produzca una llamada telefónica pidiendo una asesoría en tiempo real por una extorsión. O, lamentablemente, que se trate de un secuestro.

En estos más de 20 años hubo, en algún momento, una especie de sarampión de esta modalidad delictiva por parte de diversas organizaciones criminales, profesionales algunas, otras incipientes. Las realidades socioeconómicas del país han cambiado, han mermado, ha habido mutaciones a otras actividades criminales. Pero hubo una etapa muy compleja, diría que de 2009 a 2016, unas curvas bastante preocupantes con el tema del secuestro que sí interrumpieron el descanso y la tranquilidad en días no laborables. Pero esos son gajes del oficio.

¿Cuál cree que es su mayor éxito personal o profesional alcanzado hasta este momento en su vida?

Mi mayor éxito personal, en este momento en que tengo 47 años, es ser padre. Para mí es el título más importante que se puede tener en el ámbito personal. Ser papá de una niña y de un niño ha sido mágico, fabuloso, hasta el día de hoy. Le pido a Dios que sea así a lo largo de mi vida y que el manto de nuestra Virgen me cubra y cubra a mi familia para disfrutarnos unos de los otros. Ese es el éxito personal más destacable que me atrevería a citar.

En el campo profesional diría que he tenido la suerte, la fortuna de ser un profesional en el libre ejercicio durante una década y llevar hoy día casi una década y media en una relación de dependencia, también en el ámbito privado. Entonces, es muy mágico, profesionalmente, haber visto tanto el mundo de la independencia profesional, en donde uno es su propio jefe y lo que tiene son clientes; y ahora también una etapa donde uno pertenece a una corporación y debe rendir cuentas, manejar presupuestos, manejar personal. Creo que haber estado en las dos vertientes del ámbito privado me complementa mucho. Siento que eso me fortalece y me permite ser muy competitivo desde el punto de vista profesional.

¿Diría que su vida ha sido fácil o, por el contrario, que ha estado llena de retos a superar?

Es interesante esta pregunta, pero no la formularía en esos términos, no quisiera estar en esas bandas de evaluación personal. Pienso que ha sido una vida plena y bonita, que he sido un afortunado de la vida. Que he sido realmente alguien que ha contado con la gracia bendita y lo digo sin exageración alguna. Algunas cosas las hemos tratado aquí, como el tener un papá y una mamá que me acompañaron de forma conjunta y feliz toda mi niñez, mi adolescencia y toda mi adultez temprana y aún conservo a mi madre en esta adultez madura. Tener una gran esposa y dos hijos buenos y sanos; una muy buena relación con mis familiares y haber estudiado lo que quería y haber trabajado donde uno quiere, es muy afortunado.

El que uno sea comparado con su señor padre y que se espere mucho de uno y que se le exija mucho por quienes son nuestros padres, me parece también algo muy feliz y nada incómodo, para ser honesto. Yo creo que he sido un afortunado y solo puedo darle gracias a Dios, gracias a mis padres, gracias a la vida.

Pero también hay un profundo compromiso. Muchos ojos te están viendo, muchos oídos te están escuchando y se espera mucho de uno, y está bien que sea así. Por supuesto que eso, tal vez en la adolescencia, en la adultez temprana, era un peso importante, era una responsabilidad adicional y en algunos momentos era muy exigente. Pero creo que todo eso ha sido para bien».

Fermín Mármol García también lleva lo de escritor en su ADN. Hace tres meses lanzó al mercado su primer libro, Revolución de la muerte: 20 años de crimen, violencia e impunidad en Venezuela (Editorial Dahbar / Cyngular Asesoría 357, C.A., 2020) escrito junto al también abogado Luis Izquiel. Y, pandemia mediante, espera presentar su más reciente obra, Lo que no se aprende desde el pupitre, escrita junto a su hermano Mario Mármol García.

Cuénteme de su faceta como escritor. ¿Qué lo motiva?

Lo primero que quisiera indicar es que no me siento escritor, sino un aprendiz de escritor. Estoy muy contento de haber iniciado este camino y espero que sea un camino largo. Tengo ganas de escribir.

Con el primer libro nos propusimos tres objetivos. El primero, hacer una radiografía perfecta del crimen y la violencia, la impunidad vivida en Venezuela desde 1999 hasta 2019. Y con esa radiografía técnica, científica, bien documentada, ayudar a desmontar mentiras, medias verdades, a dar transparencia y luz donde hay opacidad. El segundo, presentar al país los tipos de estructuras criminales que existen, los tipos delictivos que materializan estas estructuras criminales, sus modus operandi. Que eso sirviera, por un lado, para que la ciudadanía pudiera propiciar sus niveles preventivos, elevar sus niveles defensivos; y por otro lado, cuestionar los programas de políticas públicas que se aplicaron o que se anunciaron en estos 20 años. Cuáles fueron equívocos, cuáles se anunciaron y nunca se aplicaron y poder comprender por qué habíamos llegado a los niveles que llegó Venezuela en temas de crimen y violencia.

El tercer objetivo es proponer políticas públicas, presentar nuestras interpretaciones acerca de qué es lo que se debe hacer para construir una política criminal coherente de Estado, más allá de los gobiernos, que permita lograr el desarrollo, la prosperidad, la tranquilidad de los venezolanos y extranjeros que viven en nuestro país. Este libro recoge lo que Luis y yo hemos dicho cada uno en las aulas de clases, en foros, conversatorios, congresos y los medios de comunicación. Si teníamos años estudiando, dando nuestras opiniones y ayudando al Poder Legislativo y en las campañas electorales presidenciales de la alternativa democrática, por qué no plasmar en un libro todo cuanto hemos estudiado, pensado y sobre lo cual tenemos una firme convicción. Estoy muy contento de haber dejado esa constancia histórica, esa fotografía, esa radiografía de lo que ha ocurrido en 20 años con esta autodenominada revolución socialista del siglo XXI.

El segundo libro ya está impreso y totalmente listo para ser distribuido cuando la pandemia así lo permita. También fue escrito al alimón, en esta oportunidad con mi hermano menor, Mario, quien también es abogado, criminalista con postgrado en Derecho Penal. Este libro, del cual estoy enamorado, trata acerca de las vivencias de dos hermanos que estudiaron lo mismo, que trabajaron en áreas muy similares y que han tenido experiencias distintas de lo que es la vida. Es un libro muy emocional sobre hechos de la vida, la infidelidad laboral y sentimental, la muerte, la enfermedad, los éxitos y fracasos profesionales, las enseñanzas del hogar, los temas familiares. Un libro que habla acerca de distintos escenarios de la vida y de las enseñanzas que pudiéramos construir a la luz de esas vivencias.

Es un libro cuyas páginas prometen mucho. Mi hermano y yo lo sometimos a la lectura de varias personas a las que no conocíamos, para que no hubiese influencia. Y la evaluación que pudimos recoger de ellas es que el libro les generó el sentimiento que nosotros estamos persiguiendo. Por lo tanto, pienso que estamos iniciando un camino con la escritura, aprendiendo a escribir, aprendiendo a expresar nuestros sentimientos o nuestros conocimientos, de acuerdo a la temática de los libros. Solo pido a la vida que me dé la oportunidad de desarrollar esa vena. Estoy seguro de que hay una influencia colateral de mi padre y de mi madre, ya que ambos han escrito libros que nos influyeron y nos hacen sentir orgullosos. Es una influencia psicoemocional que no podemos ocultar y que nos genera muchísima satisfacción.

¿Tiene alguna idea o sueño recurrente? ¿O acaso alguna pesadilla recurrente?

Pesadillas recurrentes, gracias a Dios y a la Virgen, no tengo. Honestamente, no abrigo sed de venganza alguna a pesar de que hay personas que me han hecho daño de manera directa o indirecta, a mí o a mis afectos. No guardo sed de venganza alguna. En el caso más extremo, la normal sed de justicia, tanto terrenal como divina. Por lo tanto, no abrigo odios.

Sobre el tema de la enemistad, no me considero enemigo declarado de nadie. Aunque, como es humano y lógico, no soy amigo de personas que tal vez han violado principios éticos, morales, jurídicos. Es lógico entonces bajar la santamaría y estar muy lejos de esa persona y sobre todo de aquellas que hayan podido traicionar la amistad, el compañerismo. Por lo tanto, pesadillas no tengo y mucho menos recurrentes.

Pero del lado contrario, sueños recurrentes, sí, y van muy ligados con el entorno familiar. Sueño con compartir con todos mis hermanos, con los hijos de todos mis hermanos, con los cuñados, y pasar juntos unas vacaciones, por ejemplo. Ese es un sueño recurrente despierto.

Otra idea recurrente es la de prestarle servicios al país. Tengo 26 años de ejercicio profesional y nunca he sido funcionario. Hay un sueño despierto: servirle a mi país. Dar algunos años de mi vida a la reconstrucción de la república, el restablecimiento de la división de los poderes públicos, el rescate de la democracia como sistema. La siembra de valores, de buenas costumbres, de convivencia ciudadana, el respeto a la ley. La refundación del Estado de derecho en Venezuela, pasando por órganos de seguridad ciudadana, por la administración de justicia, sobre todo de ámbito penal, y culminando con el sistema penitenciario venezolano.

Sí hay un sueño recurrente en contribuir, en ser parte de un equipo de hombres y mujeres que por concurso de credenciales puedan servir al país. Y una vez que esté en el servicio a la nación, ser evaluado bajo indicadores de gestión transparente y auditables por las ONG, por las universidades, por los gremios, por los medios de comunicación social, por la ciudadanía. Sí, ese es un sueño que me persigue. Y se dará no solamente si a uno le piden acompañar en un proyecto, sino cuando de ese ofrecimiento uno observe quiénes van a constituir ese equipo, cuáles son los objetivos que persigue ese equipo. Entonces uno decidirá si se suma o no a ese peligroso honor del servicio público.

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¿Cuál es su ideal de justicia?

La justicia es uno de los fines del derecho. Es darle a cada quien lo que le corresponde derivado de una controversia. Es el mecanismo sublime de reparar a la víctima los daños que se le han infringido. Para ello la justicia debe provenir de aquellos hombres y mujeres que por concurso de credenciales ejercen la actividad juzgadora pero que a su vez simbolizan a esa dama ciega que en una mano tiene una balanza y en otra una espada y sus ojos están vendados. Es ese tratamiento de iguales ante la ley en donde no puede haber poderes que corrompan más a la justicia, ningún poder de aquellos que mi padre trató en Cuatro crímenes, cuatro poderes y otros tantos más.

Ese es mi ideal de justicia, esa justicia expedita, imparcial, de hombres y mujeres que en documentos llamados sentencias irradien lo más bonito de nuestra ciencia del derecho. Yo sueño con eso, que los mecanismos alternativos de resolución de conflictos ilícitos como son el linchamiento, el sicariato, esa ley del talión, esa ley del ojo por ojo y diente por diente, no hagan falta porque los niveles de impunidad están bien reducidos, que ese 92 % en que se encuentran logremos llevarlo a un dígito.

Mi ideal de justicia es que la gente mayoritariamente denuncie lo malo, porque es víctima directa, porque es testigo de un delito, y que el órgano receptor de la denuncia trate bien al denunciante y de manera expedita sustancie un expediente y logre dar con los responsables, si los hubiere, y que esos responsables tengan un debido proceso garantizado. Y en caso de ser hallados responsables, sean sometidos a una consecuencia jurídica que emana de una sentencia condenatoria.

Ese es el ideal de justicia que uno persigue, no aquella «justicia» que emana de jueces temerosos, que les temen a los fiscales del Ministerio Público, a la Fuerza Armada Nacional o al partido político de gobierno. Jueces que temen no hacer las cosas que les ordenan. Cuando un juez teme, la justicia sale espantada por la ventana y eso es lo que debemos evitar, debemos modificar en nuestra Venezuela. Insisto: si no logramos un robusto Estado de derecho en Venezuela, no vamos a ser un gran país. Ese es un objetivo del resurgimiento de la república.

Si usted tuviera el poder de resolver aunque sea un aspecto del grave problema de inseguridad que sufre la sociedad venezolana, ¿por dónde empezaría?

Esta pregunta tiene dos posibles respuestas. De un modo altruista, utópico, soñaría con que en mi país ningún niño sufra de hambre, de enfermedad, de maltrato psicológico o físico. Soñaría con que tuviéramos una sociedad tan avanzada que los niños fueran cuidados como el gran tesoro del país. Que tuviesen buena educación, buena alimentación, buena salud y hogares directos o sustitutos donde haya al menos respeto y mucho mejor si hay amor. Y que en esa misma vertiente fuesen tratadas nuestras personas de la tercera edad. Que fuéramos una sociedad donde la cultura y la educación fuese tan profunda que supiéramos que las personas de la tercera edad también son sagradas y que debemos de cuidarlas. Que fueran tratadas como la reserva moral de un país.

Estos son fines utópicos que vamos a lograr cuando rescatemos el concepto de familia, cuando profundicemos el tema cultural, el tema educativo del país. Cuando logremos que en el país no lluevan más balas sino que lluevan libros, instrumentos musicales, balones deportivos y llenemos al país de plazas públicas, parques y bibliotecas. Sueño con eso.

En el campo práctico y más ligado a mi ámbito profesional, lograr que en el país no haya más intocables. Ni los que andan con fusiles en zonas urbanas ni los que andan con fusiles en zonas rurales, sean venezolanos, colombianos o brasileños. Que no haya intocables en camionetotas con escoltas, con corbatas o chaquetas de cuero y llenos de dólares y euros en maletines. Que seamos una sociedad donde cualquiera que viole la ley sea procesado y reciba una consecuencia jurídica derivada de sus actos. Poder demostrar que sin importar quién cometió una infracción al pasarse una luz roja del semáforo, será detenido por una patrulla que lo multará así sea el dueño de un banco, el artista más importante que tenga el país, el deportista más afamado o sencillamente un obrero. Así deben ser tratadas las infracciones y mucho más los delitos mayores.

Yo sueño con un país donde el imperio sea la ley. Una ley construida por unos legisladores que procuran determinar cuáles son las conductas dañinas, olvidándonos por supuesto de leyes penales persecutorias de la disidencia, del gobierno de turno o del partido político gobernante. Me refiero al imperio de leyes hechas por los mejores profesionales asesorando a nuestros legisladores. Eso nos hará un gran país, sin duda alguna.

Usted sostiene que el origen de la delincuencia en Venezuela está vinculado, en parte, al problema del embarazo precoz. Según Cecodap, otra arista de este problema es que cada vez hay más viudas jóvenes, es decir, madres muy jóvenes que también son viudas porque sus parejas mueren por estar metidos en el mundo delictivo. En este contexto, ¿qué sociedad estamos construyendo?

Venezuela sufre de una delincuencia violenta que mayoritariamente está conformada por personas jóvenes del sexo masculino y de la clase social pobre. Es muy triste que el destino de esa población masculina sea la cárcel, el cementerio o la diáspora buscando mejores destinos. Es la demostración de que el Estado ha fallado en su papel y que este proyecto político agravó todas estas circunstancias sociales. Esto genera un camino muy tortuoso porque detrás del embarazo precoz hay una paternidad irresponsable. Vienen entonces los padrastros de turno, maltratadores. Se va sembrando un odio en el espíritu y en la mente de ese niño que ve el maltrato, que ve el abuso sexual, inclusive, contra sus hermanitas. Eso genera la deserción escolar y detrás de esto viene la ausencia de cultura y de valores religiosos.

Entonces imagínese un ser humano sin hogar, que se siente abandonado por un padre que no conoció, que fue maltratado desde muy pequeño, que vivió perversidades y aparte no tiene los salvavidas que dan la educación formal, la cultura. Definitivamente, su destino está inclinado a hacer parte de una manada llamada banda criminal. Ese es el círculo vicioso que hay que fracturar, que hay que romper en la nueva Venezuela. Hay que inundar al país de cultura, de educación, de debido ejemplo, de buenas costumbres, de pleno empleo, de empresas, industrias y comercios, por un lado. Y por el otro, utilizar todas las herramientas, incluyendo los medios de comunicación, para inundar al país con campañas sostenidas por las buenas costumbres, por la convivencia y por el respeto a la ley. 

Pero no solo hay una delincuencia que proviene de ese estrato social, de esa realidad social muy presente en Latinoamérica y que se ha acelerado en nuestro país. También hay una delincuencia de cuello blanco que se alimenta de la impunidad. Aquello que dijo Eduardo Galeano y me permito parafrasear: «La impunidad le hace propaganda al crimen y publicidad al delincuente”. El mayor incentivo para las personas que sí han tenido herramientas como la educación y la cultura y transitan el camino de la corrupción o el camino de delitos no violentos como las estafas, apropiaciones indebidas, entre otros, es la impunidad. Aquello que se afirmó en algún momento: no hay motivos para no delinquir. Entonces el trabajo tiene que ser también por ese rescate del Estado de derecho, de la justicia.

Los problemas sociales son muy agudos y muy profundos en Venezuela y eso genera un tipo de caldo de cultivo ideal para determinados tipos delictuales. Pero por otro lado está también el debilitamiento de las instituciones. La ruptura de la meritocracia, del concurso de credenciales. La pérdida de transparencia del ejercicio público. El premiar la lealtad sobre cualquier otra cosa. El desmontaje de una república para ser más un Estado comunal genera otro tipo de perversidades como las que ya hemos mencionado, entre ellas la pérdida de confianza de la ciudadanía en las instituciones que están para resolver problemas y no para creárselos, como hoy día ocurre.

Evidentemente, el futuro no es promisorio si continuamos el camino que hemos llevado a lo largo de estos 21 años. El deterioro es profundo en todos los niveles del poder público y en todos los espacios de la vida pública. Mientras más tiempo tardemos en salir de este camino político que estamos transitando, más tiempo nos tomará levantarnos y andar en senderos de mayor promesa social.

Los países no se desintegran, no desaparecen, en principio, y siempre tienen la posibilidad de apelar a su reserva moral y reconstruirse. La historia está plagada de ejemplos positivos, incluyendo el hemisferio americano, llenos de ejemplos de reconstrucción y de mejoras. Yo creo que en Venezuela, más allá de lo que muchos piensan, puede haber éxitos tempranos en poco tiempo. La destrucción es tan profunda que las cosas pequeñas pero asertivas que se hagan a corto tiempo van a generar éxitos temprano. Yo creo que bien vale la pena intentarlo. Bien vale la pena que apelemos a los hijos buenos del país, a los hijos buenos de Venezuela para reconstruirnos. Existe mucho talento, mucha reserva moral y también el conocimiento pleno de lo que se debe hacer para una reconstrucción rápida.

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4 respuestas a «Fermín Mármol García: “Mi mayor éxito personal es ser padre”»

Tengo el alto honor de Conocer al Dr Fermín Mármol.Un extraordinario Ser humano, muy circunspecto y sobre todo inevaluable ciudadano.»Respetuoso,Cortés,Humilde,Sincero,caballeroso y Amigo».

Mis respetos al Dr Mármol, por esta entrevista y sus palabras, honorable caballero,Dios lo bendiga siempre junto a la familia. Hombres como Ud., no existen o son escasos, nuevamente mi admiración….

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