Valerio Gonzalez

Valerio González: “Cada vez que me siento en la batería, siento que es la primera vez que estoy tocando”

36 minutos de lectura
Por Katty Salerno

Valerio González supo, desde niño, que quería ser baterista. Se la pasaba tamborileando sobre cualquier superficie y tal vez por eso el Niño Jesús le trajo su primera batería cuando tenía seis años. Hoy tiene 64 – los cumple este 3 de diciembre – dos hijos – María Fernanda (28) y Valerio (27), ambos comunicadores sociales y también baterista el varón, y es abogado y locutor. Aunque esta vida de por sí le es suficiente para sentirse plenamente feliz, se siente aun más afortunado porque la comparte con su pasión por la música, algo con lo que nació y que lo llevó a formar parte de una de las más conocidas bandas de pop-rock del país, Aditus, de la cual es su actual director musical. Esta es su trayectoria, tal como nos la contó en esta conversación con Curadas.

“En mi familia no hay otros músicos. Creo que todo comenzó con una carta al Niño Jesús en la que le pedí una batería. Tenía como 6 años y como me había portado bien, pues el Niño Jesús me la trajo. Yo creo que tenía locos a todos en la casa porque me la pasaba tocando sobre cualquier cosa y por eso me complacieron (risas).

Yo diría que allí comenzó mi pasión por el instrumento y por la música, porque al año siguiente pedí otra y a los 12 me compré mi primera batería profesional, pidiendo facilidades de crédito. Fue algo que supe instintivamente y además tuve la suerte y he tenido siempre la suerte de estar permanentemente acompañado por músicos, es decir, amigos que también son músicos. Eso se mantuvo durante los 13 años de primaria y secundaria, que los hice en el Don Bosco de Altamira.

Mis padres tuvieron una tolerancia extrema conmigo. Nuestra casa, que quedaba en La Castellana, era de una sola planta. Estaba el porche, luego la sala y al lado había un espacio donde estaba la batería y lo que yo hacía era que cerraba la puerta de vidrio que comunicaba con el salón donde veíamos la televisión. ¡Pero nunca nunca me pidieron que tocara más bajo o que no tocara! Practicaba un promedio de una hora diaria, esa era mi necesidad. Yo llegaba del colegio directo a eso. Incluso, en circunstancias no muy felices, como cuando falleció mi abuela, le dije a mi mamá que yo no podía dejar de tocar. Entonces trasladé la batería al jardín de atrás de la casa para poder practicar mientras la gente le daba el pésame a mi mamá. Para mí, tocar batería se convirtió en una necesidad muy bonita.  

Recibí clases en la casa con un profesor que encontramos en las páginas de avisos clasificados de El Universal. Por casualidades de la vida, ese profesor resultó ser el hijo del profesor de música que teníamos en el colegio. En ese momento, cuarto, quinto año de bachillerato, yo tenía un grupo que se llamaba Síntesis que tocaba en la mayoría de las fiestas que se hacían en los clubes de Caracas y La Guaira. Ese profesor se hizo tan amigo que se integró al grupo y empezó a tocar con nosotros. Fue una relación muy bonita. Él vive en España y todavía es el director de la banda que acompañaba a Camilo Sesto.

El grupo lo tuvimos que disolver porque, con excepción de mí y de otro, a los demás los estaban raspando en los estudios porque no parábamos de tocar. Éramos unos chamos y tocar en una fiesta de 15 años o en el club Los Cortijos, al lado de alguna gran orquesta, era lo máximo para nosotros. Lo disfrutábamos enormemente.

Luego, por un programa de intercambios, me fui un año a Estados Unidos, donde terminé el bachillerato. Yo estaba indeciso entre si continuar los estudios en derecho o en música. Eso fue en 1974 y aún mantengo amistad con la maravillosa familia que me acogió allá, a la que visito de vez en cuando. Yo no hablaba nada de inglés y me había llevado solo dos fotos: una de mi familia y una de mi batería.

En la primera semana de clases allá, el director de la orquesta del colegio me llevó a una tienda para que escogiera la batería que yo quisiera. La puso en un cuarto, me dio la llave y me dijo: «solo la vas a tocar tú». Con esa orquesta, que tenía como 60 miembros, participamos en concursos entre colegios en varios estados y tuvimos premiaciones. Fue una experiencia buenísima. Y tuve la suerte de que al director de la orquesta también le gustaba el jazz y el rock, igual que a mí.

Entonces me ofrecieron una beca para quedarme allá cinco años estudiando música y tuve que tomar una decisión. Yo ya tenía el cupo reservado en la UCAB. Me daba cuenta de que me gustaba la música y también las leyes. Pero me decidí por el derecho y regresé a Venezuela.     

La música comenzó siendo un hobby para mí, pero después me di cuenta de que no es así. La música me ha acompañado toda la vida, mucho antes de que yo empezara a estudiar derecho. Por eso hoy digo que es mi pasión. La música es mi proyecto de vida, porque no lo busqué. Comenzó todo de manera ingenua cuando le pedí al Niño Jesús que me regalara una batería.

Un día, con ese grupo Síntesis, hicimos un concierto en el colegio María Auxiliadora y vi en el público, en primera fila, a unos señores que me pareció que se habían equivocado de concierto porque eran unos pelúos. Después me enteré de que eran del grupo Aditus y que habían ido a verme porque estaban buscando un baterista. Al día siguiente me llama a mi casa Álvaro Falcón, que es quien me invita a formar parte de la banda. Le dije que a mí la música del grupo me gustaba, pero no tanto como para integrarme. Entonces él me dijo que habían hecho una reorganización y que quería que yo escuchara lo que estaban haciendo. ¡Tanto me gustó eso que estaban haciendo que me senté y no me he parado en casi 45 años!

Cuando Aditus asume la imagen de músicos con corbata y lentes oscuros, fue por mí. Al salir de tribunales no me daba tiempo de ir a mi casa a cambiarme y vestirme de roquero para un concierto. Entonces a los otros músicos les gustó la idea y decidimos uniformarnos todos.

En esa época tocábamos dos noches a la semana en el centro comercial Mata de Coco y al día siguiente yo estaba a las 7 de la mañana en mi oficina en el centro de Caracas comiéndome una arepa y leyendo el periódico para ver qué habían escrito del concierto y saber si a la gente le había gustado o no. Mi papá me decía entonces que yo no descansaba, y así era. Pero es que la adrenalina de cada concierto me duraba mucho. El recordar las vivencias, los momentos increíbles de la actuación, me inyectaba energías. Ese grupo que yo tuve antes de Aditus me dio mucha escuela, lo que yo llamo el baremo de las emociones de la gente durante los conciertos. Me enseño cuándo tocar qué y de qué manera. 

El Aditus que yo conocí cuando iba a sus conciertos en el Santa Rosa de Lima, en sus inicios, ni siquiera tenía repertorio y por eso tocaba canciones de grupos de rock de la época. Cuando grabamos el primer disco juntos, «A través de la ventana», en 1977, para ese momento ya teníamos una capacidad de memoria RAM enorme, porque eran canciones que duraban 8, 10 minutos, y los ensayos duraban casi 12 horas. Hoy en día los ensayos no duran más de dos horas. El avance tecnológico en materia musical es otra de las cosas que hay que reconocer. Pero yo, en lo personal, me quedo con sonidos análogos, me gusta ese dialogo que se da entre los músicos, porque de ahí surgen las grandes ideas. Por lo menos en el caso de Aditus ha sido así, un constante intercambio de experiencias.

Yo creo que el secreto por el cual la banda se ha mantenido en el tiempo ha sido no solamente por nuestra decisión de insistir, sino por permitir el desarrollo de la pasión por la música que todos tenemos. Es natural que surjan cambios en las bandas, pero en Aditus siempre han estado presentes las ganas de hacer música y disfrutarla y compartirla, porque el guitarrista puede ser el compositor de una canción, pero el que la canta es el tecladista. En el caso de Aditus ha sido el poeta Sandro (Liberatoscioli) el que ha escrito el 80 o 90 por ciento de las canciones. Aun sin estar en la banda, todavía escribe letras para Aditus porque eso es lo que a él le gusta, más que tocar. Y es maravilloso que nos apoye en eso.

También nos ha acompañado la suerte. El solo hecho de estar vivos ya es una suerte. Desde el inicio y por más de 45 años hemos estado allí, trabajando con la música, y siempre pensando en el futuro, pero más bien como si el futuro no existiera. Pensamos en un futuro viviéndolo plenamente sin que eso esté sujeto a si el futuro va a llegar, porque le damos muchísima importancia a lo que nos gusta y que nos sintamos felices haciendo lo que hacemos en el presente. Que estemos satisfechos nos ha ayudado mucho y con el tiempo eso se ha convertido en un asunto de responsabilidad. Hemos tenido la suerte de que la gente nos ha acompañado, que canta nuestras canciones, va a los conciertos y espera que la banda toque las canciones que quieren escuchar, eso es un factor suerte.

¡Qué íbamos a imaginar nosotros cuando comenzamos a grabar los primeros discos que esas canciones nos iban a acompañar de por vida! ¡Nunca! No teníamos una bola de cristal que nos dijera que el tema Victoria iba a ser un éxito total. ¡Nada que ver! La canción Tiempo la descartamos al inicio porque no sabíamos cómo entrarle, hasta que por fin se le hizo un arreglo y se convirtió en una balada.  Ese trabajo de laboratorio durante los ensayos ha sido una de las claves más importantes en el caso de Aditus, ese compartir entre músicos y amigos.

Y hay otra cosa que es interesante. En Aditus, con todos los cambios que ha habido en sus filas, por lo general sus integrantes han sido músicos que también han sido fanáticos de la banda. Cuando tú no eres protagonista, cuando tú no grabaste Es algo eléctrico, ¿cómo vas a sentir como tuya esa canción?  Si tu no viviste esa época no es fácil que sientas eso como tuyo. Pero la buena disposición de unos excelentes músicos te hace sentir como si fueras uno de los protagonistas.

Eso es importantísimo en Aditus: canciones melódicas y ganas de tocar y de disfrutar.  Nosotros nos sentimos comprometidos con el máximo disfrute de la música. Yo creo que esa es una de las razones, que disfrutamos mucho lo que hacemos. Desearía que el tiempo de aquí en adelante pasara más lento ¡Me cuesta creer que ya llevo 45 años en Aditus!. Ya llevamos más de 700 conciertos y más de 10 discos y cuando reviso las grabaciones me digo «no puede ser». El tiempo ha pasado, pero lo bonito es que ha sido un constante aprendizaje, porque yo creo que cualquier momento es perfecto para aprender algo nuevo. Y nosotros siempre estamos en eso, aprendiendo cosas nuevas.

Creo que no hay momento perfecto para comenzar algo que quieras en la vida. La vida se trata de eso, de buscar la felicidad en función de las metas. En la medida en que tú te traces metas, que no limites tu pasión, estarás en un constante aprendizaje y desarrollo y eso, creo, al menos en mi caso, me ha ayudado mucho. La música me ha acompañado toda la vida. ¡Qué afortunado he sido de ser músico! Yo veo que la gente va a nuestros conciertos y los disfrutan enormemente, pero no sé quién disfruta más, si el público escuchando o nosotros tocando.

Hay una frase que puede sonar un tanto ingenua, pero yo creo que es verdad: cada vez que me siento en la batería, siento que es la primera vez que estoy tocando. Porque a mí me gusta inventar y crear. A veces los demás músicos me preguntan que para qué vamos a ensayar si yo en definitiva voy a hacer algo distinto. Pero yo respeto la esencia, y sobre eso invento. A mí me gusta sorprenderme de lo que hago con el instrumento. Eso no me cuesta nada, porque a mí no me cuesta nada tocar batería.

Ahorita tengo ocho baterías. Unas son enormes y otras más pequeñas. La más pequeña la compré en Nueva York hace dos años. Como es chiquitica parece de juguete, pero es tremenda batería y la he utilizado en conciertos acústicos. Con la batería pasa como con los carros, que uno quisiera tener uno de cada color y modelo.  Hay firmas fabricantes de baterías que me han ofrecido patrocinarme, pero yo, como buen sagitariano, no quiero tener limitaciones. Yo sueño con un redoblante de tal marca y con un tambor de otra marca. ¡Soy el perfecto comprador de cualquier cosa nueva que salga en el mercado! (Risas) Entonces, al no tener compromisos con ninguna firma, estoy en absoluta libertad y me siento muy cómodo con eso. No me gustaría que alguien me dijera que no puedo hacer esto o lo otro.

Yo creo que en la música, si hay algo que no puede existir, son límites. La música es una creación tan especial que no la puedes someter a un marco. Un artista que pinta un cuadro obtiene un producto final, que queda en ese marco. La ventaja con la música es que puedes crearla y después recrearla e interpretarla de distintas maneras, la puedes ejecutar de diferentes formas. Eso es algo muy bonito de la música, que te da cualquier cantidad de rutas para tú poder transmitir el mensaje.  En el caso de la música no es tan riguroso como en el caso de una pintura. Tu grabas hoy una canción y después puedes hacerle otro arreglo y volver a grabarla, la puedes tocar con distintos ritmos. Pero un cuadro es una obra que tuvo un comienzo y un final y así quedó para siempre.

Lo importante es disfrutarlo y por eso es que siento que el tiempo ha pasado tan rápido; no te das cuenta del paso del tiempo porque lo estás gozando. Yo a veces hago ejercicios de memoria y echo para atrás y recreo cómo fue cuando tocamos con Phil Collins, la tarde que compartimos con él, los dos meses que estuvimos preparándonos, la encuesta que se hizo donde la gente pidió que fuera Aditus el que lo acompañara. Y cuando llegamos al escenario y Phill Collins se me acerca, con una gorrita negra, y con humildad y respeto me pregunta si podía quedarse al lado de la batería porque quería ver cómo tocábamos nosotros.

Cuando juego tenis, algo que empecé a hacer cuando tenía 12 años, generalmente me gusta hacerlo en dobles porque, además de la relación de amistad, también se da una relación de estrategia entre seres humanos. Igual a lo que me ocurre con la música, porque la batería es un instrumento de acompañamiento, y como tal necesitas aliados. ¿Quiénes son esos aliados? Los músicos compañeros. Nunca veras a un baterista tocando de solista. Podría darse, pero no es lo usual. Eso es porque la batería es un instrumento de acompañamiento.

Por cierto, uno de los bateristas venezolanos que yo más he admirado es el Pavo Frank, de onda nueva. Yo no me pelaba un festival de onda nueva en el teatro Municipal de Caracas. Lo bonito de la música es eso, que puedes desarrollar tantas cosas, lo único que necesitas es tiempo. Por eso te decía que deseo vivir a plenitud los tiempos que vienen, buscando la felicidad gracias a las metas que uno se trace. Y la música me da esa posibilidad.

Yo a veces me he preguntado qué habría sido de mí si no hubiera sido músico. Creo que habría sido entonces un supermelómano, porque de alguna manera me habría vinculado a la música (risas). Cada vez que me voy de viaje busco cuál artista se va a presentar en ese país o ciudad a donde voy para comprar la entrada para ese concierto. Eso no lo pelo. Yo me he vuelto fanático del festival de jazz de Curazao, ya tengo como cinco años asistiendo, porque ahí he podido disfrutar no solamente de buen jazz, sino que también he visto a Lionel Richie, Rod Stewart, Cristina Aguilera, Maná, Juanes, Oscar D´Leon… Y todo eso lo disfruto a plenitud. Me siento afortunado de que, en mi vida, la pasión haya coincidido con mis gustos.

Lea también Blanca Santos: “Si uno no disfruta lo que hace, será difícil alcanzar el éxito”

A mí me gusta tocar todo tipo de música donde yo sienta que puedo ser valioso, que puedo aportar algo, que puedo crear. Pienso que lo más bonito de la música es que no hay nada establecido, sino que uno está en una permanente y constante creación. Yo soy muy alérgico a la rutina, a hacer las cosas siempre de la misma manera. Aunque el derecho también me satisface plenamente. Quizá puedo ser más riguroso en el ámbito del derecho que en el de la música, porque en el derecho hay normas que hay que seguir. Gracias a la interpretación de las normas, de las leyes, puedes relajar un poco la salida a una situación legal, pero en la música tienes creatividad ilimitada.

Ahorita, por ejemplo, estoy en un proyecto de música navideña que es una belleza. Es un poco lo que hace la banda Chicago con su disco navideño, The Christmas Album, que son versiones de temas navideños tradicionales, en una onda pop y rock. Eso es lo que me gusta hacer. En este proyecto del que te hablo hay aguinaldos y gaitas pero también temas como Blanca Navidad y El Tamborilero. Daremos un concierto virtual el 19 de diciembre y haremos algunas presentaciones en Caracas. Estamos participando cinco músicos amigos que desde hace tiempo queríamos hacer este proyecto. 

Me gusta vivir a plenitud todas las épocas. Algo que me gusta mucho y que disfruto con Aditus es que en diciembre incluimos una o dos canciones navideñas en nuestros conciertos. Eso para mí es el delirio y siempre me ha motivado mucho buscar invitados especiales que no tengan nada que ver con lo que nosotros hacemos, pero que se sienten perfectamente a gusto y tocan con nosotros. Una vez la Orquesta Sinfónica Juvenil de Chacao, bajo la dirección de Florentino Mendoza, me invitó a acompañarlos en una gira que hicieron por todos los llanos venezolanos con un concierto que ofrecieron en siete catedrales. Allí también estuvieron Miguel Siso y Jorge Glem, con sus cuatros, y Eduardo Betancourt en el arpa. Fue algo bellísimo, una de las cosas más bonitas que he hecho como músico.

Con la situación de la pandemia tuvimos que frenar los conciertos que veníamos dando todos los fines de semana. Entonces hemos tenido que reflexionar y buscar opciones acerca de qué hacer durante este tiempo. Cuando empezó la cuarentena ya teníamos un nuevo tema listo, Te volví a encontrar; teníamos hasta el videoclip, que lo dirigió Luis Carlos Hueck, el director de la película Papita, maní, tostón, y en un principio no sabíamos si sacarla o no. Luego decidimos hacerlo y la lanzamos en mayo.

Cualquier ser humano en situaciones como esta tiene que sobrevivir, no te diría que de la manera más inteligente, sino buscando la mejor respuesta frente al cambio. ¿En qué sentido? Bueno, por ejemplo, en lo personal yo siempre he utilizado Instagram para publicar fotos o videos de conciertos y resulta que, en vista de que la gente siempre pregunta acerca de historias sobre la música de Aditus, comencé a desarrollar una cosa que se llama Contando historias donde cuento historias y anécdotas acerca de los discos y los conciertos de la banda. ¡No tienes idea de cómo me distraigo con eso y de la satisfacción increíble que me produce hacerlo!

El trabajo de Aditus, al ser banda, es un poco cuesta arriba con las redes sociales. Un concierto virtual no es igual a un concierto en vivo. Tienes que darle muchas vueltas para que luzca algo natural y que uno mismo se sienta satisfecho y cómodo con lo que está haciendo. Con la cuestión de la virtualidad tienes que grabar, te tienes que imaginar los aplausos porque esa convivencia, esa comunión con el público, no la tienes ahí. Para un solista es más sencillo, porque el solista, como lo dice la misma palabra, toca solo. Pero con una banda la cuestión tecnológica es bien complicada cuando se trata de un concierto virtual.

Afortunadamente en la vida no hay nada eterno, y menos las cosas malas. Pienso que esto se superará y echaremos para adelante. Las ganas están ahí. Y ganas represadas, así que te podrás imaginar lo que significa un roquero con ganas represadas (risas). Yo creo que siempre hay que buscar la luz. Creo, como decía Platón, el filósofo griego, que, cuando es de noche, es especialmente hermoso creer en la luz. Creo que es fundamental buscar siempre la parte buena, buscar siempre lo positivo, eso es la luz. De otra manera te vas a encasillar y así ni te cuento. Para el que siempre quiere hacer cosas, como yo, el que esa luz te acompañe te va a dar la energía y la motivación para que la música no pare, por hablar de mi caso, pero esto vale para cualquier ámbito de la vida.

Lo que está pasando en el mundo con la cuestión política es que tristemente las nuevas generaciones no han vivido ciertas cosas o no recuerdan lo que le pudieron haber contado sus padres o sus abuelos. O a veces, como adolescentes que son, les parece que las cosas hay que crearlas de nuevo a pesar de que ya las pasamos y que sabemos que no funcionaron. Ese es el problema de la historia, que se repite. Ese es uno de los grandes errores de la historia.  Y los adolescentes, que son rebeldes por naturaleza, solo creen en todo aquello que es lo contrario del deber ser.

La verdad no la tiene nadie, uno no sabe hacia dónde van las cosas. Nosotros ya llevamos dos generaciones viviendo algo que no ha sido fácil, y en un momento que podría haber sido el más productivo de tu vida. Pero nos tocó. Hay que hacer, simplemente. Yo estoy siempre a favor de hacer cosas. Aparte de que te distraes, te sientes satisfecho. Creo que eso es lo más importante en la vida, buscar la satisfacción a plenitud y la felicidad, por supuesto.

Me siento muy muy agradecido de lo que Dios quiso para mí en mi vida, de ser músico y abogado. La satisfacción de la compañía en ambas disciplinas en mi caso ha sido fabulosa. Me han dado mucha satisfacción, mucha felicidad, y lo otro, me han mantenido ocupado de manera permanente. Si hay algo que me chocaría es preguntarme qué voy a hacer mañana. Yo siempre tengo algo para hacer mañana”.

Síguenos en redes sociales

Más de Personalidades

1 Comment

  1. Que belleza de entrevista o monólogo? de Valerio González Aveledo, baterista de Aditus. La disfrute un montón. Gracias

Deja un comentario

Your email address will not be published.

Nota Anterior

Guaidó condenó a Cabello: Para el régimen la alimentación es un arma de control social

Nota Próxima

Sida, un día mundial bajo la sombra oscura de la COVID

Recientes de Blog