El piloto venezolano Jimmy Marull y su proeza de atravesar el Autana en un ultraliviano

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31 minutos de lectura
Por Pedro Beomon

Existe una frase de superación personal que reza «el cielo es el límite». En el caso de Jimmy Marull más que una frase metafórica tal aserto refleja su vida. Piloto aeronáutico, con especial dedicación a los ultralivianos y globos aerostáticos, cineasta, fotógrafo, coach motivacional y en sus ratos libres, para más señas, componedor de relojes. Es decir, se trata de una personalidad sumamente versátil. De un moderno Leonardo Da Vinci, por citar una figura que admira.

-Si tuve nueve años de expediciones en globo por Venezuela y logré cosas increíbles eso es una etapa, si logré atravesar una montaña en un avión después de dos años de preparación es otra etapa, si logré ser instructor de vuelo y enseñar a volar a 400 personas es otra etapa. Entonces, mi vida, se va dividiendo en etapas y yo estoy preparándome para la próxima etapa. Yo voy a la universidad Simón Bolívar, enfrento a 200 muchachos que están completamente perdidos, no tienen idea del mundo que van a enfrentar. ¿Tú sabes por qué? Porque nadie les habló. Si tú crees que graduarte de ingeniero, de arquitecto, de lo que te dé la gana, ya estás listo para la vida olvídalo: eso es solamente un escalón. Tienes que añadirle dos idiomas, una habilidad, un oficio y un hobby, si no tú no tienes nada.

Y es que a Marull le gusta «enfrentar audiencias» a quienes enseña una visión positiva de la vida.

-¿Quieres algo positivo de esta pandemia? Se limpió el aire, se limpiaron los ríos, toda la naturaleza nos agradece. Siempre enfrento una audiencia con un mensaje positivo y le doy 22 minutos de guerra, esto es lo que ustedes deben hacer, esto lo que yo he hecho, es lo que se puede hacer. Y después los escucho, tengo que enfrentar dos horas de comentarios de todo tipo, tamaño y color. Cada una de esas personas sale con una idea distinta de la que tenía cuando entró.

Mis pequeños triunfos son personales, aventuras que me regaló la vida y que salieron bien, pero también son cosas que se planificaron y que se prepararon durante un tiempo. Nunca te lances a una aventura sin prepararte, por lo menos informarte de qué vas a hacer cómo, cuándo y dónde. Nosotros tenemos seis millones de venezolanos que abandonaron el país por la desesperación de la situación que estamos viviendo Si se hubiesen quedado a luchar por este país ya no estaríamos en esto. Pero esos seis millones de personas prefirieron abandonar porque no conocen Venezuela, les da igual, ninguno de ellos se molestó en entender a esta tierra de gracia. Este es un país lleno de oportunidades, de recursos. ¿Recuperar Venezuela? Dos, tres años, pero con orden, con respeto.

El amor por su patria es inconmensurable.

– Yo voy al llano venezolano, la música, la comida, la magia de los cuentos, las leyendas, los fantasmas, la Sayona, lo que tú quieras te llena de tanta energía que tú dices ‘ yo no me voy de aquí’, voy a luchar y yo estoy luchando por esto desde mi trinchera. Seis millones de personas abandonan Venezuela, 400 mil eran profesionales de alto nivel y ya están instalados y no volverán. Esos 400 mil son una pérdida para Venezuela que no tiene nombre, no tiene perdón de Dios, y los otros 5 millones y pico van a terminar regresando y Venezuela los va a recibir.

Con respecto a su pasión por el vuelo quiso el destino que desde muy pequeño ya no se le pudiera mantener atado a tierra.

-A los 3 años mi padre me montó en un avión y me llevó a volar, eso quedó grabado en mi ADN, y ya a los 14-15 años de edad comencé a buscar cómo volar. Me lancé en paracaídas a los 16 años porque era lo que había en ese momento, en los 70, y no me gustó: eso de abandonar un avión que estaba perfecto, el motor está funcionando, y caer como una piedra no era lo mío, pero me llevo a volar. De ahí pasé a los ícaros. Yo vi nacer todas las actividades de aviación deportiva. Y eso que montar en ícaro es una tortura de aluminio, y cuando vuelas todo tiene que salir perfecto para que no te rompas algo, te lo digo yo que me rompí todos los huesos que se puedan fracturar en esa época maravillosa de mi vida. Yo tenía un objetivo y yo sabía que ese aprendizaje, esas fracturas eran parte del precio que había que pagar.

Tuvo una empresa de publicidad en ultraliviano, la única en Venezuela, a la cual se dedicó seriamente. Dice que fue mágico pues era el único que se dedicaba a esa tarea.

-Yo fundé una familia de ultralivianos que después se multiplicó y comenzaron a competir y ya eso me aburre porque no era el único, me encanta tener un nicho en el mercado que no sea de nadie más, porque es lo que me motiva a hacerlo mejor. Yo fui camarógrafo aéreo colgando de un helicóptero de un arnés para filmar una escena en Barbados porque no existían los drones, yo era un dron. Hice 60 comerciales colgando de helicóptero, hice tres largometrajes y como veinte documentales – muchos para la BBC de Londres, National Geographic y Discovery Channel -. Y no los hice por dinero sino por el placer de hacerlo.

Afirma que de ahí evolucionó al globo aerostático y hoy en día al globo aerostático con publicidad y al globo aerostático con propósito.

-Por ejemplo, el 2 de abril, Día del Autismo, vamos a hacer un evento en la plaza Alfredo Sadel, de Las Mercedes, para todas las familias que tienen un miembro con esa condición. Ahí vamos a poner el globo y va a ser fantástico. Ya lo hicimos hace dos años. Entonces, esas oportunidades que te da la vida de hacer algo original algo distinto no las pierdas. Tú estás dando y recibiendo.

Considera que la innovación asusta, que todos tenemos miedos.

-Tú tienes miedo de perder lo que tienes, miedo de no poderte parar si te caes. Algunas personas viven en el miedo. Hay que saberlos manejar. Yo tengo una conferencia que se llama «Miedo, ¿para qué?». Si tú tienes miedo de perder tu pareja la vas a perder, si tú tienes miedo de perder tu empresa la vas a terminar perdiendo. El miedo delante de ti te paraliza, tú te paras; el miedo detrás de ti es mortal porque tú no lo ves, sigues adelante y te llevas el cartel que dice cuidado con el perro’; pero el miedo sentadito al lado, que tú le dices ‘mira, ¿tú crees…le damos?’ Si logras un control racional de tus miedos, tú puedes crecer como ser humano. Desde niño tú vives con miedos porque desde pequeño te enseñaron la peor palabra, ‘no’, no toques, no hagas, no digas. Yo me fui de casa de mis padres con 16 años y los quise mucho, pero yo me di cuenta que era indispensable para mi crecimiento no seguir entre almohadas, con las tres comidas y muy cómodo. Vamos a incomodarnos, al incomodarme creé seguridad, puedo sobrevivir en cualquier lugar y situación del mundo pero elegí Venezuela.

-Ud. opina que la vida se rige por tres leyes: la ley del accidente, la de causa y efecto y la de la atracción.

-La ley del accidente dice que todo pasa por accidente: la mujer de tu vida tú no la ibas a conocer hasta que fuiste a un restaurante y se sentó a tu lado, el trabajo de tu vida te lo va a dar el primo del amigo, del amigo. Pero si te sientas a esperar el accidente no va a llegar nunca. La ley de atracción es despiadada, nosotros atraemos lo que queremos, atraemos lo que no queremos, somos unos imanes. Si tú estacionas el carro y dices ‘aquí me pueden romper un vidrio’, anótalo porque va a ocurrir, tu lo sabías y lo atrajiste a la realidad porque el universo te escucha todo el tiempo, ‘este tipo quiere que lo roben, yo no entiendo pero vamos a darle’. Nos queda la ley de causa y efecto que es la más importante y la más universal: si a ti no te gusta el trabajo en el que estás ese es el efecto, la causa eres tú, todo tiene causa y efecto. Por ejemplo, la única fuente de ingreso que tenía Venezuela ya no existe -el petróleo -. ¿Murió Venezuela? No, simplemente cambió. Ahora, tienes que cambiar tu manera de pensar porque cambió la causa.

-Yo veo todo lo que hay que ver, he viajado y comparado, hace muchos años compré una camioneta, le monté un ícaro en el techo, y arranqué para la Patagonia y me pasé cinco meses en el continente americano. A mí nadie me puede echar cuentos, que si los demás países son mejores que el nuestro. Lo que estamos atravesando además de ser una tremenda lección de vida era lo que tenía que pasar para entender que solo se puede vivir del trabajo honesto, del trabajo bien aprendido, del trabajo bien enseñado. Poner orden en Venezuela implica una lección de amor por el país, como lo vio Rómulo Gallegos, como lo vio Renny Ottolina. Tenemos un millón de oportunidades.

Jimmy tiene un lema predilecto: «haz lo que sea, pero hazlo bien».

-Si voy a ser mesonero voy a ser el mesonero más popular, más divertido de la historia contándole anécdotas a mi clientes que se van a convertir en mis amigos. No soy perfeccionista, he cometido cualquier cantidad de errores, unos muy graves que han sido los accidentes y otros leves que han sido los divorcios. Yo nunca quise ser empleado de nadie y lo logré, no tengo seguro social, no tengo pensión.  Es también una búsqueda de ser capaz, ¿ Por qué permitimos que nos atropelle la situación? Porque somos nosotros los que estamos dejando de luchar, bajando la guardia. Para hacer un emprendimiento tienes que investigar la situación. Hay que capacitarse. Tú nunca sabes cuando una habilidad se va a convertir en una fortaleza.

Está convencido de que cuando se da se recibe.

-Tú no das para recibir, tú das por el privilegio de poder dar, de poder compartir. Acabo de terminar un libro que tengo que agradecérselo a la pandemia, un trabajo de investigación sobre un aviador que tiene mi nombre – el estadounidense Jimmy Angel -. Son kilos de entrevistas.

El 3 de diciembre de 1987 fue una fecha cumbre en su vida y un momento inolvidable para el gentilicio venezolano: Jimmy Marull atravesó en ultraliviano la cueva del Autana, en el estado Amazonas lo cual le deparó un récord mundial Guinness.

-Yo me preparé por dos años para eso. Yo había visto la cueva, el tepuy y conocía la leyenda indígena de que ese lugar era el tronco de la vida, no existe en el mundo otra montaña atravesada por una cueva. Está a 1200 metros de altura sobre la selva en un tepuy de paredes verticales que no se puede escalar. Solo podíamos aterrizar en helicóptero y bajar en rapel. Y yo dije ‘oye, aquí hay un reto’. Y simplemente asumí ese reto. Una locura total. Ahora, ¿qué se necesitaba? Un patrocinante, un seguro de vida y un avión nuevo. No tenía ninguna de las tres cosas. Yo tenía un ultraliviano viejo, al cual tuve que cortarle las alas un metro en cada lado porque no cabía por la abertura. Ahora, el avión entraba pero y cómo hacía para llegar al Autana. Me sumé a la expedición de mi amigo Jorge Délano.

Sin embargo, las dificultades continuaron presentándose en el camino de Marull.

-Los expedicionarios estaban en contra del vuelo, ellos estaban protegiéndome de un accidente mortal. Yo tenía un setenta por ciento de posibilidades de matarme y un treinta por ciento de salir vivo. Logré convencer a Jorge que me dejara intentar la proeza. Luego se nubló y decidieron suspender el vuelo. Pero yo sentencié ‘si la montaña no me detiene una nube no lo va a hacer’. Lo simpático es que entré con el avión recortado, salí por el otro lado y me perdí. El piloto de helicóptero llamaba por radio a la cueva y decía ‘mira, ¿qué pasó? No lo veo’, y Jorge que estaba adentro le dice ‘no, aquí no está’. Fue un momento mágico, hace 33 años, 10 y 50 de la mañana. Hasta hoy nadie ha vuelto a realizar algo similar: es el único vuelo subterráneo que existe, por eso estoy en el Guinness. Aunque yo no hice el vuelo por el Guinness sino porque sentí que esa proeza le correspondía a un venezolano. Los dioses del Autana sellaron tres años la cueva después, al producirse el deslizamiento de una roca. Los retos son así, se abren una sola vez y a veces tú no los ves.

En todas sus experiencias con las formaciones orográficas nuestro personaje siente la presencia de las deidades de la naturaleza.

-He estado 19 veces en el Salto Ángel, en el Auyantepui y siempre pido permiso. Por ejemplo, el vuelo en globo en el Salto Ángel fue una de las primeras expediciones en las cuales estuve y otra vez nadie ha regresado al sitio en globo.

-¿Y cuáles son las experiencias catastróficas si es que le ha tocado enfrentar alguna?

-Yo vendí los ultralivianos y compré un avión acrobático. Me lo puse de sombrero: me estrellé contra el planeta Tierra, perdí como seis o siete meses de mi vida y todos los huesos de la cara. Me tuvieron que reconstruir y eso fue 3 años después del Autana. Después de que hice el Autana me dije que yo era inmortal, que no me podía pasar nada. Cuando me estrellé lo único que podía hacer era recuperarme porque ni cara tenía. Perdí el avión que más amaba, mi capital, mi cara. Hasta ese día yo era impecable, no había tenido un solo accidente. Pero yo solo aprendí una lección: estoy vivo y aunque mi cara no se parece a la que tenía antes, eso es parte de la evolución.

-¿Cuál modalidad prefieres?

-No se pueden comparar, es como si me preguntaras si me gusta más el sushi o el filet mignon. Yo amo el ultraliviano porque es la forma más maravillosa de libertad. El ícaro también. Pero yo sigo volando todas esas máquinas, primero para no perder la práctica y segundo porque estoy enseñando a gente a volar y es importante que lo hagan bien. Yo aprendí a volar aviones en Estados Unidos y los instructores que tuve fueron muy generosos. El instructor criollo se guarda cuatro o cinco cosas y son conocimientos que pudieran salvarle la vida a alguien. Cuando estaba enseñando a un empresario a volar le apagaba el motor para que supiera cómo reaccionar. Y tiempo después él tuvo un percance sobre una urbanización y logró aterrizar. El tipo me comentaba que mientras bajaba me sentía al lado gritándole. Tú tienes que dar todo cuando enseñas.

Película de Disney Pixar ¨Up, una aventura de altura¨
La casita de la película ¨UP, una aventura de altura¨ posada en el tepuy del Salto Ángel

-¿Cuál es su relación con la película de los estudios Disney-Pixar «Up una Aventura de Altura»?

-Fue un accidente. Yo estaba en el helipuerto Ávila, y llegaron unos norteamericanos con unas modernas cámaras estereoscópicas. Les pregunté qué iban a hacer y me contaron que iban al Salto Ángel a tomar unas fotos. ‘¿Puedo ir con Uds.?’ Y me dijeron que sí. Nos fuimos, entonces, en helicóptero. Eran John Lasseter – fundador y productor ejecutivo de Pixar – y su equipo de trabajo. En el vuelo les conté que justamente yo había aterrizado en el tepuy del Salto Ángel con mi globo aereostático y me comentaron que ellos estaban construyendo el guion de la película Up y decidieron ubicar la ‘casita’ en el mismo sitio donde yo había aterrizado.

Aterrizaje de Jimmy Marull en su globo aerostático en el tepuy del Salto Ángel.

Siempre que viene un grupo fílmico de esos los espero en Maiquetía, los voy a buscar con mi camioneta, me encargo de la aduana, de sacar las cosas, las cámaras, las luces, todo aquello porque una producción es algo muy compacto: si se pierde una sola maleta de equipo causa un descalabro tremendo a la producción.

-¿Le queda a Jimmy Marull algún reto por alcanzar?

-Los retos se van construyendo. Por ejemplo, lo del Autana fue un flash y dije ‘yo tengo una oportunidad que me regaló Venezuela y la vida’. Hay muchas personas que tuvieron una oportunidad de inmortalidad y la perdieron, yo no lo perdí, yo la tomé, pero eso me obliga a mantenerme vigente. Y eso significa también seguir aprendiendo. Entonces los retos están planteados desde todo punto de vista. Imagínate que yo lograse llegar a todas las universidades de Venezuela, a todos los estudiantes que están en un período de dos años, abiertos a aprender a querer a Venezuela. Yo mismo soy. Para mí sería un reto fantástico porque las veces que he tenido la suerte de estar delante de un grupo de estudiantes universitarios que van a entrar al mundo real y no tienen idea hacia dónde van, han sido muchas. Y eso me preocupa porque a la primera decepción tú abandonas. Entonces, tú tienes a arquitectos manejando taxis, tú tienes a diseñadores gráficos vendiendo cosas en la calle. Porque entraron a una carrera ciegamente y no entendieron nada de lo que realmente necesitaba la sociedad y lo que ellos podían ser y hacer. Es muy importante para esos muchachos que ya están formados darles la curiosidad. Para mí en este momento mi misión fundamental es enseñar. Yo ya aprendí todo lo que tenía que aprender, algunas cosas a golpes, otras por la vía normal, pero tengo mucho que dar.

-En una ocasión reuní a sesenta personas en la hacienda La Vega, les pasé por videobeam una conferencia motivacional en la cual mostré muchas fotos de vuelos en globo, las vieron y comentaron ‘muy bonito, pero cuándo vamos a tener eso aquí’. Al terminar la charla, no se imaginaban que allí estaría el globo, eso no se les olvidará nunca en su vida. Ahora dicen -‘el tipo nos mostró y luego nos subió al globo para tomar las fotos, y subió y bajó’. Resumiendo: la idea es que quede algo. Cuando sales a la calle recibes mil mensajes publicitarios diariamente. En la barra del estacionamiento, en las vallas de la autopista. A ti todo eso se te olvida. Pero si tú le pones la publicidad a un globo, eso no se olvida.

-¿Algún mensaje, sobre todo a la población de mediana edad?

-El mensaje más importante de todos es una pregunta: ¿qué estás haciendo? No te rindas porque la edad es un número. Y lo único que uno tiene en esta vida es experiencia. Las personas que tienen mayor experiencia son las más valiosas y si no han sido tomadas en cuenta es porque no se saben dar su valor, si tú no te sabes dar valor nadie te lo va a dar.

-¿Qué sientes por Venezuela?

-Mi amiga Elizabeth Kline, que recorrió dos millones de kilómetros en Venezuela en su carrito, para evaluar la infraestructura turística y elaborar su famosa guía, me dijo ‘Jimmy, yo quiero a Venezuela como un padre ama a su hijo, lo quiero y lo tengo que ayudar’. Venezuela es un gran país pero no tiene conciencia, y no tiene conciencia porque no tiene sentido de pertenencia. Hay que inculcarle a la gente orgullo de lo que tenemos, hay que crear la marca Venezuela y hacer que el ministerio de Turismo sea el más importante junto con el de Educación. En los países más exitosos del mundo los educadores ganan más que otros profesionales porque ellos son quienes los forman. Ellos tienen una responsabilidad por encima del que se educó y salió a buscar trabajo.

La destrucción de un país comienza con la destrucción de su educación, de los servicios médicos, de la infraestructura, de la administración. Lo importante es que este país tiene cura, tiene futuro. Si yo pertenezco a esta tierra yo la voy a defender porque esta tierra me pertenece.

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6 Comments

  1. Excelente entrevista, nunca había oído de Jimmy . Que historias tan excelentes dignas de hacer una película!! Gracias!!

  2. En lo que respecta a la persona que atravesó las Cuevas del Autana, mis parabienes porque es una persona de valor integral y su gestión como educador es formidable. Para el tengo un regalo a su orden consistente en un documental elaborado por la BBC de Londres sobre las Cuevas del Autana y donde tuve la suerte de participar arriesgando mi vida en ese monumental Tepuy de preciosas leyendas, abrazos fraternos de un Parachute

  3. Bien por Yimmy!
    Un enamorado de Venezuela incurable y con los pues bien puestos… en el aire! Donde pertenece.

  4. Excelente artículo Jimmy! Me recuerda la primera vez que te conocí en la gira que compartimos con nuestro mutuo amigo Jorge Delano con el globo sobre el Auyan Tepuy en 1982. Que suerte la nuestra de haber conocido toda Venezuela desde el aire. Una verdadera tierra de gracia y para nosotros un regalo de Dios. Fuerte abrazo

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