ELBA ESCOBAR

Elba Escobar: “No me arrepiento de nada”

53 minutos de lectura

Por Katty Salerno


Elba Escobar, nacida Elba Rodríguez Escobar (Caracas, 1954) es una mujer seductora. Seduce con su belleza y su voz; con sus gestos y su mirada. Seduce con su inteligencia, porque al hablar sabe ir de lo profundo a lo divertido sin perder la coherencia ni la chispa. Eso y sus dotes naturales para la actuación, que perfeccionó con figuras como la notable actriz argentina Norma Aleandro y el destacado dramaturgo venezolano José Ignacio Cabrujas, le han permitido mantenerse presente en el gusto de millones de venezolanos que la han seguido en sus más de 40 años de carrera en el teatro, la televisión, el cine y la radio. Un camino que ha compartido con la literatura – ha publicado tres libros – y la espiritualidad, pues también es maestra reverenda del Movimiento del Sendero Interno del Alma (MSIA), nacido en la década de los 70 en Estados Unidos.

Pero, sin lugar a dudas, su mayor encanto radica en su forma de ser tan auténtica, tan ella, una cualidad por la que ha pagado un costo muy alto, especialmente en el amor. Aun así “no me arrepiento de nada”, aseguró en esta entrevista exclusiva con Curadas.com desde Miami, Estados Unidos, donde está radicada desde 2014. Esto fue lo que nos dijo de su vida, sus inicios, su familia, sus amores y sus aprendizajes, que aún continúan.

Lettering digital y animación por Art Tucci

¿Qué estás haciendo en este momento?

La verdad es que ando haciendo lo que se va presentando. Como sabes, en este año de pandemia el sector que ha sido más afectado es el del espectáculo, en especial los teatros, que tuvieron que cerrar. En mi caso, mis espectáculos, shows, presentaciones, incluso los seminarios y talleres y coach que yo hago también tenían que ver con espacios, con escenarios y gente y todo eso se cerró. Apenas ahora está comenzando a sentirse que está reactivándose la industria del entretenimiento. 

Durante la pandemia tuve la bendición, hasta febrero de este año, de estar en el programa de televisión Entre cuatro, transmitido por TVV, que en Estados Unidos se puede ver a través de Directv. He hecho varios cortometrajes con gente que está haciendo películas de diferentes géneros. Han sido trabajos pequeños, pero es trabajo. También estoy dando servicios de coach personal en línea para personas que tienen algún tipo de dificultad o limitación a superar para hacer una presentación o para hablar en público. Estoy dictando seminarios de PTS, Peace Teologic Seminars (seminarios teológicos de paz), pero esto es gratuito, es parte del servicio.

Me han invitado a dirigir dos montajes, ninguno de los dos ha comenzado, están pendientes. Uno con Daniel Ferrer y otro de Enrique Salas en la reapertura del Paseo de las Artes aquí en Doral, Miami. Esto, a grandes rasgos. No es mucho, pero estoy reactivándome en la matadera de tigres (risas).                

En una oportunidad dijiste que nunca te irías, pero te tocó hacerlo, como a millones de venezolanos. ¿No te dio miedo irte del país, donde ya tenías una carrera, un nombre? ¿Cómo te las arreglaste en Miami en esos primeros meses?

Yo dije que no haría muchas cosas que terminé haciendo. Recuerdo que mi mamá me decía “no escupas para arriba, hija”. Siempre dije que nunca me iría del país, que nunca viviría en Miami, que nunca me pondría a hacer castings… Y me fui de Venezuela, estoy viviendo en Miami y he hecho muuuchos castings … Me vine en 2014, que fue un año superdificil en Venezuela. Fue el año de las guarimbas, las protestas, la persecución. Yo vivía en Los Palos Grandes y hasta mi casa llegaban los gases lacrimógenos. Ya mi hijo estaba aquí en Estados Unidos, estudiando en Los Ángeles, y me presionaba mucho para que me viniera porque no quería que estuviera sola en Venezuela con todo lo que estaba pasando.

Sí, me dio miedo irme del país. Sobre todo el primer año fue de mucho miedo. Yo tenía alguna expectativa de que podría hacer castings para las telenovelas que producían aquí Univisión, Telemundo o Venevisión Plus. Pero Venevisión Plus no produjo más telenovelas y Univisión dejó de hacerlas en Estados Unidos. La única que sigue produciendo aquí es Telemundo y por lo general son telenovelas inspiradas en historias mexicanas. Cuando uno va a un casting para un personaje de una mexicana y te encuentras con 15 actrices mexicanas haciendo lo mismo, es obvio el resultado. Pero uno va y lo hace, aunque sea por disciplina, aunque uno sepa que no le van a dar el papel. También he hecho muchos castings en publicidad y tampoco he quedado nunca en nada (risas).

Cuando yo estaba chiquita y empecé a actuar, un día llegué a la casa con un drama porque dizque me habían quitado un personaje.  Mi abuela se molestó y dijo que cómo era posible que me hubieran quitado un personaje, que nadie me podía quitar algo que era mío. Y yo le dije, bueno, no, abuela, todavía no era mío, aún no me lo habían dado. “¿Ah, no era suyo? ¡Entonces no se lo quitaron! Lo que es suyo, nadie se lo va a quitar. A usted nadie le quitó nada, eso no era pa usted” (risas).

Ese fue un aprendizaje maravilloso que me dejó mi abuela, porque ahora yo, cuando hago casting para un personaje, sé que si no me lo dan es porque no era para mí. ¡Y eso es verdad! Llega un momento en que no se trata de qué tan bien o no hagas el casting, sino de que cuando lo ven resulta que tú no eres lo que ellos están esperando. Entonces ahora pienso que algún día en algún momento va a aparecer un personaje que les va a parecer que yo soy la indicada, la apropiada, por mi físico, por mi manera de hablar, por mi edad… Pero todavía no ha aparecido.

Entonces, sí tuve mucho miedo cuando me vine de Venezuela porque no conseguía trabajo, pero me salvó el teatro: en 2015 comenzó a funcionar el Paseo de las Artes, cuando ya se me estaban acabando los ahorros. Había matado unos tigritos, había hecho algunos shows. Había hecho el montaje de Relatos borrachos, de Enrique Salas, una obra que tuvo mucho éxito en Venezuela. Aquí la hicimos con Alba Roversi y Daniel Sarcos, un buen elenco, y tuvimos mucho éxito con eso, gracias a Dios. A casi todos los que estamos aquí nos salvó el teatro. El Paseo de las Artes fue para nosotros muy importante. Después se convirtió en el Paseo Wynwood y hemos trabajado mucho mucho, por no mucho dinero, pero nos ha permitido pagar las cuentas.           

¿Tu hijo se fue contigo? ¿Qué está haciendo él?

Él se vino primero. Se graduó en el Instituto de Diseño de Caracas y consiguió un cupo en el Otis College of Art and Design, en Los Ángeles, California, para completar sus estudios. De hecho, le reconocieron los estudios hechos en Venezuela porque ese instituto goza o gozaba, no sé ahora, de prestigio en muchas universidades estadounidenses. Los dos últimos años de la carrera los hizo en publicidad y desde que se graduó siempre ha estado trabajando. Estuvo en una agencia de publicidad hasta hace poco y ahora empezó con otro grupo. Está bien, gracias a Dios. Todavía sigue viviendo en California.

Estamos pensando en un plan para vivir no juntos, porque él ya tiene su vida y yo la mía, pero sí más cerca, porque entre Los Ángeles y Miami son seis horas en avión. Irme yo a Los Ángeles o él venirse para acá o mudarnos ambos a algún otro sitio. Como él está trabajando desde su casa, como lo está haciendo ahora casi todo el mundo, hay esa posibilidad. Simón es un tipazo, es un tipo bien chévere, cae bien.

¿Hay antecedentes de histrionismo en tu familia? ¿De dónde te viene tu vocación por la actuación?

Yo era prima hermana de Oscar Martínez. Tal vez la gente joven no sabe quién es él. Oscar Martínez fue un actor importantísimo en Venezuela. Actor, cantante, animador e intérprete de cuatro. Él tenía un programa de competencias intercolegiales en Radio Caracas que se llamaba Aquí Oscar es competencia de juventud. Una de las telenovelas más famosas que él protagonizó fue Renzo el gitano. Era un hombre bello, muy guapo y con mucho talento.

En mi familia todos eran histriónicos, lo que pasa es que no eran profesionales. Mi mamá cantaba muy lindo. Mi familia es de ese tipo de familias venezolanas que cuando había una fiesta se ponía el “picó” (risas) para bailar, pero llegaba un momento en que se apagaba la música y empezaban a aparecer instrumentos musicales y todo el mundo se ponía a cantar. Es una familia donde siempre ha habido bastante música y arte.

Yo aprendí a cantar boleros porque mi papá le regalaba a mi mamá discos de boleros. Ella cantaba todo el día mientras hacía oficio y yo iba detrás, por eso me aprendí todas esas canciones.    

Cuéntame un poco de tu familia. ¿A qué se dedicaban tus padres?

Mi familia era humilde. Mi padre era interventor de aduanas y después tuvo su propia compañía. Hacía trámites de importación y exportación con una honestidad supina. Él decía que nunca iba a permitir que le engrasaran la mano para hacer trampa, que nunca iba a hacer algo que pusiera en entredicho a su familia. Un hombre impecable, de esos que ya no existen. En una Venezuela donde todo el mundo hacía trampa para ganar dinero, él nunca lo hizo. Siempre mantuvo su integridad.

Y mi mamá era modista, modista de las de antes, de las que tomaba las medidas y sacaba el patrón para confeccionar a sus clientas el modelo que querían. Y con la costura ayudaba con la economía familiar. Mi casa era una casa de hilos de colores y de telas y de vecinas midiéndose ropa. Eso fue así hasta que me despidieron de RCTV. Con la liquidación compramos un apartamentico en San Antonio de los Altos y me los llevé a vivir conmigo, porque a ellos también les afectó el Viernes Negro, y en la planta baja de ese mismo edificio compramos un pequeño local donde mi mamá montó su taller de costura.  Siempre estuvo cociendo, muy simpática y echadora de chistes, hasta que fue perdiendo la memoria y la habilidad.

¿Cuántos hermanos tienes?

Somos dos hembras y dos varones. Los dos varones están en los extremos, el mayor y el menor. Mi hermana y yo, que nos llevamos un año de diferencia nada más, somos las del centro. Yo soy la tercera.

¿Qué recuerdos guardas del Prado de María?

Yo tengo muchos recuerdos del Prado de María porque me bautizaron, confirmaron e hice mi primera comunión en la iglesia de La Milagrosa, en el Prado de María. El primer novio que tuve fue un novio del Prado de María. Mi vida estudiantil de bachillerato, que es una vida tan deliciosa, transcurrió en el liceo Santiago Key Ayala, en el Prado de María. Nosotros vivíamos en Los Rosales y me iba caminando hasta el liceo. Pasaba por la escuela Gran Colombia y entraba al Prado de María por el callejón… ¡Son muchos los recuerdos de esa época!

¿Cuándo te independizaste de tu familia?

Me independicé cuando me casé. Me casé muy jovencita, con Francisco Olivares, el periodista. Es mi ex querido del alma y mi compadre, porque después de que nos separamos él tuvo un varoncito, Rafael, con Josefina, y yo soy la madrina. No habría podido ser de otra manera. Mis padres eran cheverísimos y nunca fueron de esos padres controladores, sino que confiaban mucho en uno, muchísimo. Mi papá tenía una confianza absoluta en mí, algo que le agradecí mucho, siempre… Nunca tuve problemas con ellos, así que nunca tuve necesidad de irme de la casa ni nada de eso. Por eso le dije a Francisco que nos casáramos, para no angustiar a los viejitos. Si no hay ningún problema en vivir sin casarse, tampoco debe haber problema casándonos. ¡Y nos casamos!  Ahí comenzó mi independencia. 

En tu libro Reconciliándome con mi Afrodita cuentas que en una época de tu vida hiciste terapia para tratar tu imposibilidad de concretar una relación de pareja. ¿Resolviste ese conflicto? ¿Encontraste, finalmente, el gran amor de tu vida o lo sigues buscando?

No, no tengo pareja en este momento, pero eso ya no es un conflicto. Hubo una época en mi vida en que pensé que yo tenía un conflicto con eso, hasta que descubrí que no, que eso no era verdad, que no había tal conflicto. Precisamente por eso el libro se llama Reconciliándome con mi Afrodita. Uno tiene muchos arquetipos y hay uno que en ciertos momentos prevalece. En esa época de mi vida prevalecía el de Afrodita, que es la eterna amante, amiga de sus examantes, además. Eso yo lo trabajé con la terapia y con el mismo libro y fue muy hermoso.

¡Pero me rayé con los hombres en Venezuela! (risas). Más nunca ningún hombre me tomó en serio, porque, imagínate, qué hombre va a tomarse en serio una relación con una mujer que escribe un libro sobre los hombres que ha amado. Aunque es un libro romántico, un libro sobre el amor, la mayoría de los hombres no lo leyó. Fue un libro que leyeron las mujeres. Incluso, muchas muchachas se lo regalaron a sus mamás porque desde que estas se habían separado de sus esposos nunca más se habían permitido volver a amar.

La premisa del libro, un poco, es que por el hecho de ser mujer no tienes por qué negarte el amor, ni tienes que andar engañando a los hombres haciéndoles creer que él ha sido el primero en sus vidas. Las mujeres de mi generación siempre tuvimos muchos novios hasta dar con el indicado. ¡Ah, pero nadie lo escribió! Salí yo de bolsa y escribí ese libro (risas). Así que no, aún no se me ha dado lo de la pareja. A lo mejor se me da aquí con un gringuito que no haya leído el libro (risas).

¿Te arrepientes de haberlo escrito?

¡No! Yo no me arrepiento de nada. El consejo más importante que me dio mi papá en mi vida fue que no hiciera nada de lo que me tuviera que arrepentir. Él me dejó con ese consejo dos alternativas. Si pienso que me voy a arrepentir, no lo hago. Pero si lo hago, aunque sea una experiencia desafiante, pues no me arrepiento sino que la tomo como un aprendizaje. El arrepentimiento es algo que no me ocupa.    

¿Cómo logras ser amiga de tus exparejas?

La fórmula por la que he logrado ser amiga de mis exparejas es terminar con ellos antes de odiarlos. Cuando me doy cuenta de que la relación ya no está funcionando, se lo digo, y le digo cuánto lo valoro y lo quiero, pero chao. Soy como medio novia fugitiva. Cuando hice Mi marido es un cornudo, un monólogo sobre la infidelidad femenina escrito por Elizabeth Fuentes, al final le contaba al público que yo nunca había montado cacho y la gente se reía de mí y no me creía. Y no lo hice por la sencilla razón de que a mí ningún hombre me ha durado más de tres años, por lo que no me da tiempo de aburrirme de ellos. Creo que como he tenido parejas de corta duración no ha habido tiempo para aburrirme de ellos ni odiarlos. Por eso todas mis exparejas son amigos míos.

Al terminar su bachillerato en el Santiago Key Ayala, Elba Escobar comenzó a estudiar Matemática y Física en el Pedagógico de Caracas. Pero abandonó la carrera cuando le faltaba poco más de un semestre para graduarse. La invitaron a hacer un casting para El jardín de los cerezos, obra del dramaturgo ruso Antón Chéjov adaptada por Isaac Chocron para el Nuevo Grupo. Eso fue en 1977 y desde entonces no ha dejado de hacer teatro.  Mientras estaba en cartelera con una obra ya estaba ensayando la siguiente y apenas bajaba de cartelera la obra que estaba presentando, subía la que estaba ensayando y empezaba a ensayar la próxima. “¡No he parado hasta el sol de hoy, gracias a Dios!” 

¿Y cómo llegaste al cine? ¿Cómo hiciste para formar parte del elenco de tres películas estrenadas todas en 1984?

¡Esa fue una experiencia gloriosa! La primera película que filmé en mi vida fue La casa de agua, de Jacobo Penso, en paz descanse. Fue una película de época inspirada en la vida del poeta sucrense Cruz Salmerón Acosta, interpretado por Franklin Virgüez. En esa película en particular me ocurrió algo maravilloso: trabajé con la actriz más importante del cine venezolano, Hilda Vera; y con la actriz más importante de la televisión venezolana, Doris Wells. Fue maravilloso para mí compartir con ese par de reinas. Hilda, una maestra en eso de hacer cine.

Conocer la diferencia del cine con respecto a otras disciplinas, entender que la cámara del cine se mete en tus poros y no puedes actuar porque se nota que estas actuando, sino que tienes que ser el personaje. Lo sutil de la expresión del arte dramático en el cine, que es prácticamente un estado de posesión en el que permites que el personaje se exprese a través de uno con el más alto nivel de verdad porque si no, se nota. Cuando se proyecta la película en esas pantallas enormes, se nota si estas actuando. Por eso hay que ser el personaje, no actuarlo.

Eso nos lo enseñó Hilda Vera y lo digo en plural porque para Doris también era su primera película. Entonces fue muy lindo compartir esa angustia, yo como actriz de teatro y ella como actriz de televisión, de hacer cine por primera vez. Incluso compartimos la habitación en el hotel de Araya donde nos hospedaron, porque esa película se filmó en Araya. Fue hermoso haber tenido la oportunidad de hacerme amiga de Doris.      

Después de eso mi amigo Alfredo Anzola me invitó a ser uno de los personajes de esas películas corales donde ocurren varias cosas al mismo tiempo. Fue una de esas películas con títulos largos: Coctel de camarones en el Día de la Secretaria, pero la gente la llamaba simplemente Coctel de camarones. Luego, César Bolívar me invitó a trabajar en Homicidio culposo. La protagonista principal de esa película era Alicia Plaza, el personaje fue escrito para ella. Pero a Alicia le afectó la historia y no pudo hacer la película. Yo representaría a la amiga de ella en la cinta. Faltaban pocos días para comenzar el rodaje y cuando César supo que Alicia no haría la película, comenzó a desesperarse por tener que encontrar en tan poco tiempo a otra actriz para el papel principal.

Entonces yo me ofrecí a interpretarlo. Él me dijo que estaba gordita y le prometí que adelgazaría. Prácticamente no comí nada en los siguientes días (risas). Adelgacé e hice el personaje y con esa película también me gané un montón de premios. Es una película muy importante en la historia del cine venezolano.

Da la casualidad que, aunque esas tres películas las filmé en diferentes momentos, incluso en diferentes años, por esos problemas de falta de presupuesto y el tiempo que se tardan en la postproducción, terminaron estrenándose todas en el mismo año. Y ocurrió esa belleza de milagro de resultar premiada por las tres películas, con tres personajes completamente distintos. En La casa de agua hacía de una poetisa revolucionaria que recitaba a Rufino Blanco Fombona en la época de la lucha contra Juan Vicente Gómez. En Coctel de camarones interpreté a una secretaria empatada con Claudio Nazoa. Y en Homicidio culposo protagonicé a una joven actriz que va detenida porque accidentalmente hiere de muerte a un compañero durante la representación de una obra de teatro. Fue un momento muy importante para mí, profesionalmente hablando.

Pero muy pronto le tocó a Elba Escobar sufrir su primer traspiés en su larga carrera como actriz. En 1984 se sintieron con fuerza los efectos del Viernes Negro, el fatídico viernes 18 de febrero de 1983 en que el gobierno del presidente Luis Herrera Campíns anunció el fin de la libre convertibilidad del bolívar, el final de la Venezuela con un dólar a 4.30 bolívares.

“A raíz del Viernes Negro me despidieron de RCTV. Fue la primera vez que me entregaron el sobre amarillo. Bueno, a mí y a muchísima gente, porque con la depresión económica que se presentó en el país los actores dejamos de ser empleados fijos de los canales de televisión y pasamos a ser contratados solo por proyectos. La verdad es que ese Viernes Negro hoy en día parece un chiste en comparación con lo que está pasando actualmente en Venezuela.

Entonces, en ese momento en que un gran número de actores y actrices nos vimos desempleados, nos dimos cuenta de que yo cantaba, Alicia Plaza cantaba, Manolo Manolo cantaba, mi primo Eduardo Valls era músico y armó una banda, Pilar Romero también llegó a estar con nosotros una temporada, y decidimos ponernos a cantar boleros, porque es un género muy rico, muy romántico. Yo más que cantante soy una actriz que puede interpretar. Así nació el famoso Show del Bolero. Pilar estaba de novia en ese momento con el dueño del restaurante El Parque, en Parque Central, y allí empezamos a cantar. Eso se convirtió en un gran éxito, al punto de que terminamos haciendo giras por toda Venezuela porque teníamos shows todos los fines de semana.

Ahí comenzó mi carrera como cabaretera (risas). Estando en el Show del Bolero quedé embarazada de Simón. Nos contrató Armando Biart, en paz descanse, el papá de Simón, porque él gerenciaba algunos locales nocturnos. Y estando en eso me coqueteó, me conquistó, me embarazó y tuve a Simón. Recuerdo que el último show que hice como cabaretera embarazada, porque como era el único trabajo que tenía no lo podía dejar, fue el 12 de enero en el CCCT. Estábamos recaudando fondos para comprar el jacuzzi para partos en agua para Buen Nacer, donde yo iba a dar a luz. Simón iba a ser el primer bebé en nacer en parto en agua en Buen Nacer.

Pero el 18 de enero se me presentó el parto y aunque recaudamos el dinero no dio tiempo a comprar el jacuzzi y Simón nació en parto en agua pero en una piscinita de esas inflables y con agua hervida en ollas (risas). ¡Eso fue un parto absolutamente orgánico, bellísimo!

¿Por qué no seguiste cantando? ¿Grabaste algún disco?

Nunca grabé ningún disco. De hecho, no me gusta mi voz grabada. El espectáculo en vivo es como una performance para mí. Es como un personaje, el de la cabaretera, que interpreto y que canta y cuenta la historia de las canciones. Después de que dejamos de hacer el Show del Bolero yo seguí presentándome un buen tiempo bajo la producción de Anayansi Carrasquel, quien fue mi productora y manager durante muchos años en Venezuela, y con mi banda de músicos de siempre. ¡Tan bellos mis músicos, fabulosos y queridos!

Yo convertí ese asunto de cantar en una especie de performance, de interpretación, más que de canto. Hago el show de la cabaretera que interpreta y conmueve con las canciones. Es como otra onda. Yo no me considero cantante. Es decir, yo canto, soy afinada, tengo una voz pequeña pero que uso bien, pero no soy cantante. Por eso nunca he grabado y no creo que vaya a grabar nunca y a estas alturas menos.            

¿Hubo en tu vida algún hecho trascendental que te hiciera ir hacia la espiritualidad, un camino que has recorrido en paralelo a tu carrera de actriz?

Yo creo que nací con eso, porque recuerdo que cuando era chiquita me encantaba todo lo que estuviera relacionado con la religión, con la vida monástica, era algo que se me daba naturalmente. Yo decía que quería ser monja.

A los 11 años, cuando estaba terminando la primaria, iba a clases en el Instituto Superior de Música. El profesor Vicente Emilio Sojo fue quien me hizo la prueba para entrar a ese instituto, que quedaba por Santa Capilla. Por ahí había un grupo que hacía meditación y yoga que se llamaba Gran Fraternidad Universal, y me inscribí. Me llamaba mucho la atención todo eso de la meditación. Después, como todo venezolano que es curioso del mundo de la espiritualidad, llegaron a mis manos los libros de Conny Méndez y, a partir de ese momento, cuanto gurú, brujo, avatar, conferencista o coach llegaba a Caracas a dar algún taller, me inscribía.

Hasta que llegué a los Seminarios Insight, que más que espirituales son seminarios educativos de toma de conciencia. Entendí cuán ligado estaba la necesidad de estar consciente con tener una vida espiritual. Allí comenzaron mis estudios. Descubrí que el creador de estos seminarios fue un educador llamado John Roger, de California, que también tenía un movimiento espiritual, donde comencé a estudiar hace ya 27 años, que se llama Movimiento del Sendero Interno del Alma (MSIA). Allí me hice facilitadora de los seminarios teológicos paz, hice el ministerio, la maestría, y ahora estoy en el segundo año del doctorado en ciencias espirituales. El doctorado son tres años de estudio y luego viene la tesis, que ellos llaman el estudio individual.  Yo estoy preparando para mi estudio individual un libro de poesía mística.  

¿Y alguna vez intentaste ser monja?

No, fue solo eso, una idea de niña. Pensaba que era lindo eso de tener una vida monástica. Aunque de cierta manera la estoy viviendo, ¿sabes? Esto de ser ministra de un movimiento espiritual es como llevar una vida monástica, es un ministerio. Yo puedo celebrar y oficiar matrimonios y bendiciones para los niños. También me ha tocado hacer oración en comunión para pedir por personas que están cerca del momento de partir. Soy una oficiante, pues. Soy la maestra reverenda Elba Escobar, mejor dicho, Elba Rodríguez Escobar. Ese es mi título.

Lea también: El piloto venezolano Jimmy Marull y su proeza de atravesar el Autana en un ultraliviano

Después tuve la idea de ser maestra, porque me gustaba la educación. Eso fue por un profesor de Matemáticas que tuve en el liceo y que me inspiró. Él daba clases y nadie le entendía. Cuando él preguntaba si alguien había entendido, la única que levantaba la mano era yo, y entonces me pedía que pasara al pizarrón y le explicara a los demás, y a mí sí me entendían. Entonces él me dijo que debía estudiar para ser profesora.

De hecho, cuando yo me gradué de bachiller él empezó a estudiar Derecho y me regaló todas sus obras de Matemáticas para que yo fuera su suplente en las horas en que coincidían sus clases en la universidad con las que debía dar en el liceo. Entonces fue muy lindo porque comencé a ser profesora en el mismo liceo donde me acababa de graduar de bachiller. Y sigo siendo profesora, solo que ahora doy otro tipo de enseñanzas. O sea que sí se han ido cumpliendo mis sueños de alguna manera.            

¿Has tenido alguna experiencia mística o alguna epifanía?

Sí, he tenido varias experiencias místicas y epifanías. Creo que la epifanía más importante que he tenido es que es inútil posponer el espíritu. Eso no tiene ningún sentido, porque el espíritu está ahí, es accesible y está disponible para todos.  Puede ser que en esta vida decidas no acceder a eso, que te hagas el loco, pero cuando vuelves, tarde o temprano te tocará hacerlo. La vida espiritual es una vida de experiencias místicas en las que tú entiendes que tu alma está buscando la unidad con Dios y eso no hay maneras de explicarlo con palabras, es una experiencia. Es decir, Dios deja de ser un señor con barba para convertirse en una experiencia, en algo que tú experimentas en ese lugar indescriptible, intangible, que es el lugar del alma.

Podría decirse que es algo así que podrías relacionar con el infinito, el infinito como experiencia, no como concepto, porque como concepto es una abstracción, pero si accedes a esa sensación de infinitud, de multidimensionalidad, estás teniendo una experiencia mística. No sé cómo explicarlo de una mejor manera.     

¿Te sientes una mujer afortunada?

Sí, me siento afortunada. Tuve unos padres deliciosos, maravillosos. Mis hermanos y yo somos una unidad de amor en la que reconocemos y honramos profundamente a nuestros viejitos, con todos sus errores, sus fallas, sus loqueras, que hoy más bien nos causan risa en nuestros encuentros. Con la edad uno empieza a comprenderlos, y cuando uno tiene sus propios hijos se da cuenta de que los padres siempre hacen lo mejor que ellos pueden con lo que tienen. Pero ellos fueron maravillosos, con muchos valores. Entonces, en ese sentido soy muy afortunada.

Y en lo profesional también, porque he tenido una profesión muy linda, de mucho reconocimiento, donde se me han dado muchas oportunidades que me permitieron expandirme, o sea, no me quedé siendo solamente actriz de teatro. Pude hacer cine y televisión, canté, fui animadora de televisión con aquel programa Qué mujeres. Luego fui conductora por diez años de un programa de radio en Onda La Superestación. Sigo estudiando, me metí en el mundo de la espiritualidad, soy facilitadora de talleres, hago coach espiritual y profesional también. Tengo un hijo maravilloso que es un maestro y es simpático y es adorable. Y tengo una familia linda, buenos amigos.

Además, tengo un país que nos parió a todos nosotros, a todos esos venezolanos que andan por el mundo haciendo lo propio, dejándose conocer. Cuatro o cinco que se portan mal no son nada en comparación con el porcentaje enorme de venezolanos de bien que están poblando el mundo. Veo las bendiciones ocultas aún en los momentos más desafiantes y eso es una fortuna.          

Siempre andas con una sonrisa, como si siempre estuvieras de buen humor. ¿Es así o hay algo que te saque de tus casillas?

No es exactamante así, que siempre ande de muy buen humor, porque a veces no lo estoy. Tiene que ver más bien con que he aprendido a ver la gracia en muchas cosas y por eso me rio. Sí hay algunas cosas que me sacan de las casillas, pero las estoy trabajando. Bueno, tiene que ver con lo humano, ¿no? Soy humana y probablemente llegaré a viejita chuchumeca estudiando todavía más cosas espirituales y todavía trabajándome las cosas que me sacan de mis casillas. 

¿Has tenido que renunciar a muchas cosas en tu vida personal para lograr el éxito en lo profesional?

Sí, porque he trabajado mucho. Una de las cosas a las que he renunciado, no por voluntad propia, pero uno termina renunciando sin darse cuenta, es a tener una pareja estable. La dedicación al ciento por ciento a esta profesión hace que tú no tengas tiempo para atender una pareja. Bueno, ahora sí tengo tiempo, por eso te digo que me voy a conseguir mi gringuito, ya vas a ver…

¿Cuál ha sido la experiencia o la lección más profunda que has aprendido en tu vida?

Podría decir que he tenido varias experiencias profundas que me han hecho aprender. Creo que la más dura fue en un momento en que tuve miedo de perder a mi hijo porque se me estaba ahogando en una piscina. Ahí me di cuenta de la poca importancia que tiene todo en la vida cuando se trata de la sobrevivencia de tu cachorro. En ese momento fui animal, básica. Nada más importó: ni los hombres, ni la pasión, ni la profesión, ni nada de todo aquello que yo creía que para mí era importante. Mentira. ¡Los hijos son tu vida!

Las más grandes lecciones que yo he aprendido en mi vida me las ha dado Simón y el hecho de que sea varón. Es como una comprensión absoluta de lo masculino a través de él. Todo lo que yo criticaba de un hombre lo entendí gracias a Simón. Entendí la naturaleza de lo masculino. Algo que yo no le enseñé a él, nació así, nació varón. Fue un proceso muy lindo de reconciliación con lo masculino.

¿Y la cosa más loca o divertida que te ha pasado?

¡Todo! ¿Tú te puedes imaginar la vida mía? Haciendo telenovelas, teatro, televisión, radio, haciendo giras, viajando por Latinoamérica, Europa, y ahora por Estados Unidos, conociendo gente, criando un hijo, con tantos amigos poetas, escritores, periodistas, pintores, artistas plásticos, actrices y actores. Una vida linda, excepcional, hermosa, loca, con algunos momentos tocando el borde, pero te das cuenta de que tienes a Dios para salvarte, cuidando de ti. Porque sí, en la juventud uno llega incluso a poner su vida en peligro sin darse cuenta, pero ahí está tu ángel de la guarda echándole pichón. 

Lettering digital por Art Tucci

¿Qué es lo peor que han dicho de ti?

Llamarme traidora, cuando creyeron que yo me había metido a chavista. Eso fue en 2013. Participé en un acto, supuestamente de reconciliación, al que me invitaron para que leyera un poema y apareció (Nicolás) Maduro. Ya yo estaba montada en la tarima, así que dije que recitaría el poema y luego me iría y pedí que no me acercaran a ese señor porque no quería conocerlo, ni saludarlo, ni que me diera la mano y mucho menos que me tomaran fotos con él. Así que me paré en el escenario, leí el poema y me fui. Pero lo que no sabía era que ese acto lo estaban transmitiendo en vivo por el canal 8. ¡Eso fue horrible!

Llevo años de mi vida sanando esa herida tan grande que me produjo el odio que recibí en esa época. ¡Fue tan doloroso, tan doloroso! Gracias a Dios lo he ido sanando. Yo envié un comunicado a la prensa explicando a la opinión pública lo que había pasado, pero mucha gente no lo leyó. Eso me costó que se me acusara de chavista durante muchos años. Todavía hay gente que, cuando hago eventos, me dicen “esa chavista”. Se quedaron pegados en esa nota, nunca leyeron ni se dieron cuenta de que eso es falso.

Síguenos en redes sociales

Más de Personalidades

Deja un comentario

Your email address will not be published.

Nota Anterior

Trump volverá a las redes sociales con su propia plataforma

Nota Próxima

Cicpc rescató en Delta Amacuro a una adolescente que iba a ser llevada a Trinidad y Tobago

Recientes de Blog