Laureano Márquez: “El humor me ha salvado de ser una mala persona”

32 minutos de lectura
Por Katty Salerno

Laureano Márquez nació en Tenerife, islas Canarias, el 4 de julio de 1963. Por apenas unas horas de diferencia no nació el 5 de julio, la fecha en que se celebra el nacimiento de Venezuela como república. De haber nacido este día seguramente se sentiría más venezolano de lo que es. La suya es, sin duda, una venezolanidad a toda prueba, como dejó claro en esta conversación con Curadas.com.

Aunque se quejó de la entrevista porque le pareció “la más larga en la historia universal del hombre”, no tuvo reparo al hablar de las razones por las que se siente tan venezolano o al enumerar los platillos que más le gustan de la gastronomía de Venezuela, ni de los recuerdos que guarda del día en que llegó al puerto de La Guaira cuando tenía 7 años. Se confesó ante nosotros como un hombre sencillo, católico, de tradiciones, muy familiar – como todo canceriano – y, sobre todo, agradecido.

Laureano Márquez es politólogo graduado por la Universidad Central de Venezuela (UCV) y cursó una maestría en filosofía, que no completó. Como en ese entonces no encontró empleo en su área de formación hizo carrera como humorista, actividad con la que debutó en el legendario programa de televisión Radio Rochela. Es en este campo donde ha hecho praxis de su amplio bagaje cultural para ayudarnos a entender a los venezolanos, con humor, lo que ha ocurrido en nuestro país en los últimos 20 años. Tan venezolano es, que también se vale del humor para sobrellevar su vida cotidiana. “Yo, como venezolano, si no tuviese el don del humor, me habría vuelto loco, estaría encerrado en un manicomio o me habría dedicado al terrorismo. Entonces, el humor me ha salvado de ser una mala persona”.

Estas fueron las repuestas que Laureano Márquez nos dio, vía WhatsApp, desde Tenerife, la capital canaria, donde ahora se dedica a la agricultura, el mismo oficio que tenían sus padres antes de migrar a nuestro país.

¿Es posible hablar en serio contigo?

Absolutamente. De hecho, yo casi nunca hablo de otra manera que no sea en serio y eso incluye mi trabajo humorístico.

¿Dices mentiras?

Sí, digo mentiras. Aquí, hasta el momento, no he dicho ninguna. Pero seguramente en el transcurso de la entrevista diré alguna para salir del paso a preguntas que me resulten incómodas. Por ejemplo, si me preguntas cosas como que si soy afortunado con las mujeres, te diré que sí, que por supuesto, que he tenido miles de novias. Lo diré para quedar muy bien, pero eso sería una mentira porque yo, prácticamente, estuve a punto de morir virgen y mártir; pero, bueno, eso no lo voy a decir.   

¿Cuál es el rasgo distintivo de tu carácter o personalidad?

No sabría decir cuál es un rasgo distintivo… Yo creo que la humildad y la sencillez… podría decir que ese es el rasgo distintivo. A veces se me pasa la mano por el lado de lo sencillo y lo humilde.

¿Eres supersticioso?

Creo que todos los que trabajamos en escenarios con público, en teatros, en esos lugares mágicos y misteriosos, tenemos algo de superstición. Eso es algo del oficio del que actúa frente a la gente.  

¿Le temes a algo en particular?

Le temo a muchas cosas, en particular y en general. Le temo mucho a los gobiernos que destruyen países porque te cambian tu vida, tu rumbo y tu destino. Le temo a la corrupción. Le temo a la intolerancia, le temo a la maldad, le temo a la tortura, le temo a la guerra, le temo al hambre. Es más, yo no me imaginaba que le temía a tantas cosas. Ahora es que me doy cuenta de que soy más temeroso que el carrizo.    

Entiendo que estás viviendo fuera de Venezuela…

¡¡¡Entiendes muy bien!!! Llevo más de dos años viviendo en Tenerife, Canarias. Me fui de Venezuela como se están yendo todos los venezolanos, movidos por una angustia particular; pero también por razones personales de otra índole que tienen que ver con situaciones familiares, con la educación de mi hija, con un montón de cosas que me han motivado, además de los riesgos que corremos en Venezuela todos los que hemos decidido elevar nuestra voz crítica frente a lo que está sucediendo en el país.

¿Qué estás haciendo en Tenerife?

Me estoy dedicando a la agricultura, sembrando hortalizas. Ahorita sembré cebollas y papas. Me he dedicado a restaurar una casita de mis abuelos que me tocó en herencia y que estaba abandonada. Es una casa muy antigua y muy humilde pero que no quería yo que se cayera. Estoy haciendo algunos trabajos relativos al humor de manera virtual y escribiendo, como siempre, mis columnas de opinión.   

En tu biografía en tu página web dices que en tu infancia “no había agua, ni luz, ni teléfono”. Supongo que por esas razones, buscando una mejor vida, tu familia emigró a Venezuela. ¿Y ahora, te fuiste del país por esas mismas razones por las que llegaste?

No, no me fui por el tema del agua ni de la luz. Me fui más por el tema de la seguridad, lo que abarca dos aspectos: la inseguridad que vivimos todos los venezolanos producto del crimen organizado que se ha enseñoreado en el país; y la inseguridad particular que vivimos los que somos disidentes, los que criticamos, los que escribimos, los que hablamos en contra del régimen político venezolano.  

¿A qué edad llegaste a Venezuela? ¿Hay algo que recuerdes de ese día?

Llegué a Venezuela a los 7 años, ya tenía uso de razón. Estaba muy ansioso de llegar porque desde que había aprendido a pensar, Venezuela estaba en mi mente porque mi papá ya estaba allá, ya había migrado. Lo primero que recuerdo es el barco atracando en el puerto de La Guaira. Recuerdo un comentario que hizo madre, porque en aquella época ya había mucha pobreza en los cerros de La Guaira. Mi mamá dijo, y no se me olvidó la frase: “¡Esto es Venezuela?”, como preguntándose cómo este país, que tiene fama en el mundo de ser un país tan rico, puede tener la pobreza que estaba viendo. A ella le impresionó mucho esa primera imagen de Venezuela.

Nos fuimos a vivir a Maracay, de manera que yo pasé de una vida absolutamente rural a una vida urbana. Mi papá tenía un mayor de víveres, junto con su hermano y su cuñado, que se llamaba Frigorífico San Juan SRL. Estaba ubicado en la calle Páez este N.º 37, Maracay, y el teléfono era 25321. Recuerdo que un día fui al negocio dizque a trabajar y cuando terminé me llevé a la casa una lata de Toddy de 2 kilos y mi mamá me mandó a devolverla (risas). En fin, cosas de niño.       

¿Es cierto que tú conociste a tu papá cuando ya estabas grande?

Sí, lo conocí cuando tenía 7 años porque él estaba en Venezuela. Un día regresó en un barco que atracó en el puerto de Santa Cruz de Tenerife. Mi mamá, mi hermano mayor y yo, que estábamos acá, lo fuimos a recibir. Cuando llegamos al puerto, mi mamá, señalándolo a la distancia, me dijo: “Aquel señor de sombrero que está allá, es tu papá”. Cuando él bajó del barco abrazó a mi mamá y yo quedé en el medio del abrazo entre ellos dos. Eso es lo que recuerdo de ese encuentro. Y también que al día siguiente le hice una broma y descubrí, simultáneamente, el poder y la represión que el humor acarrea por parte del poder (risas). 

Háblame un poco de tu familia, por favor.

Mis padres eran campesinos aquí en Canarias. La situación era muy difícil en la época de la postguerra y por eso se fueron a Venezuela. Mis padres ya no están, hace tiempo que se fueron a la casa del otro padre, el padre de arriba. Tengo un hermano mayor que se llama Valerio y una hermana menor que se llama Yamilet. Y también tienen mucho sentido del humor. Mi hermana se está destacando muchísimo en el TikTok. Soy muy unido con mis hermanos, nos llevamos muy bien, no discutimos por nada, no nos separa nada, y eso es muy muy bonito. Tengo muchos recuerdos gratos. Mi familia se regresó toda a España hace muchos años y yo me quedé solito en Venezuela, entonces fue un grato momento cuando pude volver a reunirme con ellos y estar juntos, comer juntos. Fue muy bonito.    

¿Cómo fue que te hiciste tan venezolano? Siendo tus padres españoles uno supone que las costumbres, la idiosincrasia, la comida… la vida toda en tu casa debió ser muy española. Sin embargo, tú eres muy venezolano…

Sí, yo soy muy venezolano. De hecho, lo que yo no soy es español, aunque nací en España. Mi vida, mi cultura, mi manera de ser se formó en Venezuela. Efectivamente, los inmigrantes conservan muchas tradiciones y costumbres. Mi vínculo a Canarias se da a través de mi mamá, y sobre todo a través de la cocina. Los sabores me hacen recordar mi origen canario. Pero toda mi estructura de pensamiento, todo lo que soy, todas las cosas que estudié y que aprendí, salvo leer y escribir, que aprendí a hacerlo en Tenerife, las aprendí en Venezuela. Entonces yo me formé muy venezolano, muy inquieto por la situación de Venezuela, muy interesado en los temas políticos venezolanos.

Para mí, el tema ciudadanía fue importantísimo y, además, bregué mucho para obtener mi nacionalidad porque mis padres nunca se hicieron venezolanos y a mí me costó mucho nacionalizarme venezolano, solo lo pude hacer a la mayoría de edad. Recuerdo que apenas cumplí los 18 años ya estaba haciendo ese trámite porque anhelaba ser venezolano. Siempre me he sentido así y creo que me sentiré así hasta el día de mi muerte.   

¿Qué es lo que más te gusta de Venezuela?

Lo que más me gusta de Venezuela es su gente, nuestra gente. La amabilidad, la entrega, el compromiso. Esa dulzura en la manera de hablar, esa bondad que muchas veces uno ve en el trato, más allá de las cosas malas y malandras y criminales que uno conoce. Más allá de todo eso, la imagen que yo tengo de nuestra gente es la de una gente buena y de una gente capaz, de una gente inteligente, de una gente que se prepara, que se supera. Yo tengo mucha esperanza en nuestro país por su gente. Me parece que nuestra gente es maravillosa. ¡Es lo que más me gusta!     

¿Te gusta la comida venezolana, hay algún plato en particular que te encante?

¡Me gusta muchísimo la comida venezolana! Lo que no me gustan son los quesos, ni los venezolanos ni los de ninguna parte del planeta Tierra. Pero me gusta mucho el asado negro, las empanadas de cazón; me gusta muchísimo la hallaca, el pabellón criollo. Me gusta la cachapa pero sin queso, me gusta con cochino. Por supuesto, me gusta la arepa en todas sus formas salvo que esté rellena con queso. El sancocho criollo y la chicha. Me gustan nuestras carnes, la carne en vara, que es típica también de Venezuela. Me gustan las cervezas nuestras y los guarapos de tamarindo y de papelón. Me gusta todo, todo me gusta.    

¿Eres un hombre de tradiciones?

Sí, me gusta que la tradición se mantenga viva. Uno tiene muchas tradiciones, algunas de ellas son las tradiciones religiosas. Otra tradición son las comidas en familia, las reuniones con motivo de la Navidad o del Año Nuevo. Me gustan esas tradiciones. Me gusta la tradición de la Divina Pastora. Las tradiciones nuestras como la de los Diablos Danzantes, la de los tambores de la costa. Me gustan mucho las tradiciones, me gustan mucho, sí, sí.   

Has contado que de niño se te daba muy bien la religión. ¿Eres católico, apostólico y romano, de los que van a misa los domingos y confiesan y comulgan? ¿O solo te identificas con la doctrina social de la Iglesia católica?

Soy más identificado con la doctrina social de la Iglesia que un ferviente católico. Pero, sí, soy católico, apostólico y romano y voy a misa cada vez que puedo. También confieso y comulgo, aunque en este momento tengo tiempo que no lo hago. Debo reconocer que desde que estoy fuera de Venezuela voy con menos rigor a la misa. No me gusta mucho como se hacen las misas acá, me parecen muy frías y muy distantes.

Las misas a las que yo iba en Venezuela eran misas que se parecían mucho a la imagen que yo tengo de una iglesia en armonía. Mi iglesia siempre estaba llena, a veces uno tenía que permanecer de pie porque estaban llenos todos los horarios de las misas. Yo he ido a la iglesia de aquí y hay cuatro señoras de 82 años y yo. La gente aquí ha abandonado la religión. Nuestra iglesia latinoamericana es una iglesia cercana, es una iglesia en la que prácticamente uno vive la eglesia, de ahí viene el nombre original. Eso lo extraño mucho.         

Quisiera que me confirmaras o desmintieras, pues no sé si se trata de una leyenda urbana, que cuando terminaste tus estudios de ciencias políticas buscaste empleo como chofer del Metro de Caracas.

Eso es verdad. En la desesperación porque no conseguía trabajo metí mis papeles pero no para chofer del metro, sino de metrobús. Yo estaba desesperado, estaba buscando trabajo y vi un aviso que decía que estaban buscando choferes para el servicio del metrobús y me postulé. De hecho, me llamaron para hacer el entrenamiento, pero justo en el momento en que me llamaron obtuve una beca para hacer un curso de postgrado en el Iveplan (Instituto Venezolano de Planificación) y entonces me fui a hacerlo. Llamé a la Compañía Anónima Nacional Metro de Caracas y les dije que no iba a hacer el entrenamiento. Entonces tacharon mi apellido, Márquez, y llamaron al que estaba antes de mí en la letra M. Ese fue el origen de todo este desastre en el país.       

Uno supone que el trabajo de los politólogos debe haber aumentado mucho en Venezuela en los últimos 20 años. ¿Cómo es que no conseguiste empleo en tu campo?

El trabajo de la politología, afortunadamente, ha ido aumentando en los últimos tiempos. El valor del analista político, del que recomienda al político, del que imparte opinión política especializada. Todo eso ha tenido mucho auge en los últimos 20 años. Pero cuando yo me gradué, la carrera de politología no estaba tan en boga como hoy, no era fácil entonces conseguir empleo. Si tú, además, no eras militante de un partido político, como era mi caso, más difícil se hacía conseguir empleo.

Recuerdo que una vez estaban buscando politólogos en la Dirección de Inteligencia Militar (DIM, hoy Dgcim) y fui a una entrevista con un militar de la que salí espeluznado. El militar me preguntó si yo había tenido militancia de izquierda, porque eso sería un obstáculo, y yo sí había tenido militancia de izquierda. Entonces me dijo que no me preocupara, que igual me iban a investigar pero que no me alarmara por eso. Me dijo que pasara por el primer piso a entregar mi curriculum vitae. Pero no lo hice, salí corriendo de ese lugar ´apretando ese currículo´ entre mis manos.

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Yo vi La reconstituyente tres veces, en distintas ocasiones, porque la obra se iba actualizando. Si mal no recuerdo, fue tu primer gran éxito después de retirarte de Radio Rochela. Estuvo mucho tiempo en cartelera, siempre a sala llena. ¿Se puede vivir del humorismo en Venezuela?

A nosotros nos fue bien con La reconstituyente desde el punto de vista profesional, se presentó a sala llena, como dices. La obra tuvo mucho impacto. Era una obra contra el régimen de Hugo Chávez, contra lo que significaba Hugo Chávez y muy explícita en poner en evidencia la amenaza que significaba el régimen de Hugo Chávez en Venezuela. Lamentablemente, las profecías que nosotros hicimos en La reconstituyente se han cumplido. Lo lamento mucho, pero nosotros los humoristas lo dijimos desde el primer día, y no solamente desde el primer día del Gobierno de Chávez, sino desde mucho antes de que Chávez subiera al poder.

Sí, si se puede vivir del humorismo en Venezuela. De hecho, durante mucho tiempo he vivido de mi trabajo en el humorismo. Los humoristas venezolanos no nos vamos a hacer ricos, no somos millonarios, especialmente los humoristas más antiguos, los tradicionales; los que hemos tenido una carrera que nos ha tomado décadas consolidar, porque hoy día existen humoristas venezolanos, sobre todo en el exterior, cuyas carreras son mucho más efervescentes con las redes sociales y logran muchísimo dinero en muy corto tiempo. No es el caso de nosotros, los emblemáticos de Venezuela. Puedo dar fe de Emilio Lovera, Claudio Nazoa, yo o gente como Cayito Aponte. Ninguno es millonario.

Los chavistas que me critican me dicen que qué voy a hablar yo desde mi “mansión en el Country Club”. Yo nunca los desmiento porque es muy bueno que la gente crea que uno es un millonario y no que sepa que uno es un pelabolas. Pero la verdad es que no somos millonarios y en esto tampoco estoy mintiendo.

Tampoco tengo nada contra los millonarios, ojo. Me da rabia no serlo. ¡Lamento no ser un millonario! Quisiera serlo y quisiera además tener una mansión o un castillo en el lago de Como con vista al lago de Como donde pasar los veranos navegando y encontrarme con George Clooney y decirle: “Hey, George, wanna have a coffee with me? Come on, baby!  Let´s drink a coffee!  I would like to be your friend! ¡Me gustaría, pero no es así, lamentablemente!        

¿Estas contento con tu vida o tienes algún ideal en tus sueños?

Estoy contentísimo con mi vida. Cada mañana no hago otra cosa que agradecer a Dios por estar en la vida, por estar en el planeta Tierra, por no tener enfermedades que me agobien, por agradecerle a él mismo, a la divinidad, la existencia. Le agradezco por mi historia personal, por mi vida. Agradezco por las sonrisas que he podido sacar en algunos rostros, agradezco por las vidas que me han tocado y que me han marcado y que me han conducido por el camino de la bondad, de la justicia. Agradezco a mis maestros, agradezco al hermano Isidro, agradezco a la señora Inés, agradezco al profesor Pedro Martínez, agradezco a la gente que me ha ayudado, a los curas que me han confesado.

Agradezco todo todo. Es demasiado. Yo siento como ser humano que estoy abrumado por los dones que recibo cada día… No puedo pedir más… Estoy compungido… No puedo hablar… (Lágrimas, pero en echadera de broma)    

¿Te ha servido el humor en tu vida personal, en momentos de conflictos personales?

Sí, gracias al humor mantengo mi salud mental.  Yo, como venezolano, si no tuviese el don del humor, me habría vuelto loco, estaría encerrado en un manicomio o me habría dedicado al terrorismo. Entonces, el humor me ha salvado de ser una mala persona.

Yo me apoyo en el humor en mi vida cotidiana. Y a la prueba me remito: estoy respondiendo esta entrevista y he tratado de darle un toque de humor para alegrarla porque este es el interrogatorio más largo del planeta y de la historia universal del hombre. ¡Que también tengo mis momentos de amargado, eh! Y cuando me amargo, meaaamaaargo. (Risas).

Pero mis momentos son básicamente de alegría y de esperanza. La única cosa que me ensombrece la vida es lo que está sucediendo en mi patria, Venezuela. El destino de nuestra gente, que es el propio de uno. Eso me duele profundamente y también de ello me defiendo con humor.   

¿Cómo está tu corazón en este momento? ¿Tienes pareja?

Yo suelo hablar poco de mi vida personal porque la vida personal es personal, pero creo que puedo responder esta pregunta. Mi corazón está bien. Tengo una pareja que me quiere y a la que quiero profundamente y con la que nos hemos comprometido, ambos, a vivir felicidad, a agradecer el estar juntos, a apoyarnos y cuidarnos mutuamente en la salud y en la enfermedad, en la abundancia y en la escasez, en la cercanía y en la distancia hasta que la muerte nos separe. Y estoy muy feliz, de verdad. Estoy muy agradecido también por eso. Yo tengo una vida muy sencilla, no es tan complicada como la gente piensa, pero estoy infinitamente agradecido por todo. Como diría un colombiano, estoy supremamente agradecido, supremamente agradecido. Y con esto concluyo la entrevista del milenio…     

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3 Comments

  1. Gracias por esta entrevista a Laureano Márquez. Dios bendiga su vida, porque yo me anoto en la lista de los que nos hemos reído de sus ocurrencias.

  2. Laureano, si tú supieras lo que te admiro!!!! Tanto como persona y cómo lo profesional que eres, un abrazo!!! Dios te llene de bendiciones!!! Voy pronto a Tenerife como desearía verte para darte tremendo abrazo!!

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