(Continuación)
En los últimos cinco artículos presentados por el suscrito, se había ahondado sobre diferentes acontecimientos manejados detrás del telón sobre el proceso de entendimiento que llevó adelante Venezuela con Gran Bretaña ante la formalización del reclamo sobre el espacio geográfico integral del Esequibo expuesto a la Organización de las Naciones Unidas, tomando en consideración la solicitud de descolonización e independencia presentada ante el Comité Especial para tal fin, por quienes tenían dicha aspiración en la Guyana Británica para conformar posteriormente la República Cooperativa de Guyana, hecho que fue aceptado por Venezuela con las reservas respectivas, por las razones que fueron señaladas y explicadas detalladamente; adicionalmente, los procesos manejados entre ambos Gobiernos desembocaron a petición de Venezuela y aceptación de Gran Bretaña, en la firma del Acuerdo de Ginebra de 1966, en el que se involucró con carácter obligante para llegar a dicho entendimiento a la República Cooperativa de Guyana.
Cincuenta y cinco (55) años después, el Gobierno de Guyana decidió actuar contrario a lo establecido en el Acuerdo de Ginebra, introduciendo desde el año 2018 una demanda ante la Corte Internacional de Justicia, sobre la validez jurídica de la Sentencia derivada del Laudo Arbitral de París de 1899, hecho que fue aceptado por el Organismo judicial internacional, manifestando que tenía la competencia sobre la solicitud realizada por el Gobierno guyanés; sin embargo, los hechos que contienen a la demanda presentada por Guyana, constituyen un gravamen al omitirse deliberadamente las múltiples acciones que Venezuela ha generado desde el inicio del proceso de entendimiento a favor del vecino país ante la Organización de las Naciones Unidas, y posteriormente en el marco de la integración bilateral para la conformación de un clima propicio al entendimiento entre dos países que habían mantenido unas relaciones si se quiere, un tanto satisfactorias.
El Estado venezolano en el marco del Acuerdo de Ginebra de 1966, intentó establecer políticas tendientes a la no obstaculización para la ejecución de distintos proyectos de desarrollo en el espacio geográfico ubicado al oeste del Territorio, sin embargo, a cambio de las acciones generadas en cuanto a la política venezolana, desde la firma del Acuerdo de Ginebra en 1966, han ocurrido eventos que permiten constatar el recurrente recurso de Guyana a las acusaciones ante el Consejo de Seguridad y otros foros internacionales, sobre las supuestas amenazas y agresiones de Venezuela, eludiendo el cumplimiento de sus obligaciones conforme al Acuerdo de Ginebra y victimizándose como país maltratado e irrumpido por la nación imperialista venezolana. Y ello se inició desde el primer Gobierno de ese país, liderado por su Primer Ministro Forbes Burnham.
Esta política, que se acentuó sensiblemente cuando Venezuela decidió no renovar el Protocolo de Puerto España en 1982, luego de doce años de no abordarse el tema de la reclamación, sumó mayores distanciamientos, a la vez que el Gobierno venezolano decidió contener los proyectos inconsultos que Guyana deseaba llevar a cabo en el Esequibo, como lo fue la construcción de la central hidroeléctrica del Alto Mazaruni; pero esta sumatoria de tensiones se agudizó con mayor ahínco con el descubrimiento de petróleo en el subsuelo correspondiente a los espacios acuáticos del Esequibo en el Océano Atlántico, desde que asumió la presidencia de Guyana en el 2015, el Sr. David Granger.
Y es aquí donde se requiere escuchar los diferentes discursos obstinados que vociferó el Sr. Granger tanto en el debate general de la Asamblea General de las Naciones Unidas, como en los foros regionales y subregionales, en el que ha continuado presentando erróneamente a Venezuela como país agresor en contra de una nación pobre. Esto es lo que ha venido realizando Guyana en el tiempo, al generar un falso positivo, mediante la distorsión deliberada de una realidad para manipular ate la comunidad internacional distintas creencias y emociones ajenas a la verdad; y hay países aliados a Guyana que se han prestado y aun lo hacen, para exacerbar este falso positivo en aras de consolidar la victimización guyanesa. El poder y el interés de la mano como parte ineludible de la miseria en la naturaleza humana.
Con esta actuación, la victimización ha sido una de las políticas recurrentes del Gobierno de Guyana, tratando de actuar escabrosamente en aras de desprestigiar a Venezuela con falsas imputaciones, buscando con ello obtener la solidaridad internacional bajo la acusación sobre la pretensión venezolana, en conformar un obstáculo abrumador y hasta titánico para evitar el derecho al desarrollo de la nación vecina. Ahora bien, esta tendencia ofensiva de Guyana, es contraria a las políticas de solidaridad e integración alentadas y ejecutadas con sus fallas y aciertos por el Estado venezolano; recordando la solicitud efectuada por el Gobierno de Guyana en la primera década del siglo XXI, de agregarse al Acuerdo Energético de Caracas para la adquisición respectiva a precios por debajo del mercado, y Venezuela lo aceptó sin condicionamiento alguno.
En este contexto, está más que claro que el Estado venezolano ha contribuido en lo que se puede, al desarrollo de la economía guyanesa y en general al de la Caricom, promoviendo un mensaje de hermandad latinoamericana y caribeña y de respaldo a su integración. Una actuación como esta merece de alguna manera muestra de gratitud y sobre todo de reciprocidad por la cooperación puesta de manifiesto. Y yo le pregunto a todos los venezolanos, ¿conocemos de algún acto recíproco o de agradecimiento de Guyana hacia Venezuela que no sea el de los discursos ofensivos, la manipulación en el ámbito internacional y las estocadas que le ha dado al país en los últimos años, además de aprovecharse de todos los recursos que nos pertenecen y que se ha servido de ellos a expensas del apoyo internacional y de la mentira, mientras se explotan dichos recursos de manera ilícita solo para su beneficio? ¿Y a todas estas, que ha pasado con la comunidad internacional que aguarda en un silencio absurdo?
Los supuestos hechos ilícitos que se le atribuyen a Venezuela mediante las denuncias realizadas por el Gobierno de la República Cooperativa de Guyana, demuestran la poca seriedad y el irrespeto manifestado a nuestro gentilicio mediante la sobreactuación guyanesa ante el mundo, al sustentarse ese Gobierno en discursos sobre sucesos que han buscado desviar la atención e inclinar la balanza a su favor, pero con una carencia indiscutible de objetividad y de realidad que les permita sustentar las acusaciones de las que se ha querido valer, para afianzar una supuesta soberanía cuya integridad territorial no la llevan los guyaneses en sus entrañas ni en su sangre, porque simplemente no tienen historia ni la han peleado, porque en esencia, nunca les ha pertenecido ese territorio, sino que el mismo fue tomado forzosamente apenas en un espacio territorial muy bien definido.
Y pese a que hoy en día es discutida y evaluada en la Corte Internacional de Justicia -al haber admitido esta su competencia-, la validez o no del Laudo Arbitral de París de 1899, se reflejan incidentes de poca importancia en las relaciones de vecindad de facto a lo largo de todos estos años. Una realidad totalmente antagónica a lo que ha querido significar Guyana, pero es muy cierto que “la mentira tiene patas cortas”, y más temprano que tarde la verdad saldrá a la luz pública, a menos que todo sea parte de una componenda estratégica, escenario que no es descartable, y que debemos estar preparados para atender a una segunda estocada como la que le tocó vivir a nuestros compatriotas a principios del siglo XX, pero con una gran diferencia,…, somos un país con un gentilicio muy distinto y de condiciones diferentes a la de aquel entonces.
Por: CA (r) Dr. José Chachati Ata
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