El gran flatulista … / Un cuento de Pedrito López

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Un tópico que siempre ha salido en innumerables conversaciones entre músicos es que, a pesar de que existen muchísimas anécdotas, jamás se ha hecho una recopilación escrita. Solo han sido compartidas oralmente, con el riesgo de que se vayan olvidando. En Curadas dejaremos un registro para el disfrute de todos.

Hoy te traemos una nueva anécdota de músicos…

Los antropólogos, musicólogos y arqueólogos coinciden en que desde tiempos inmemoriales los seres humanos hemos hecho música, y que el primer instrumento musical fue nuestro propio cuerpo, ya sea por medio del canto, el silbido o por percusión corporal, lo que ahora llaman “body percussion”. Lo que no sabían estos sesudos estudiosos es que a sus respectivas disciplinas escolásticas, se les añadirían las opiniones de los proctólogos en el caso que a continuación les relataré.

Se trata de un personaje quien se convirtió en el “artista” mejor pagado de la escena parisina de finales del siglo XIX, me refiero a Joseph Pujol. Pongo entrecomillado el adjetivo de artista por las razones que ustedes leerán a continuación.

El señor Pujol, nacido en Marsella pero de ascendencia catalana, cuando era un niño descubrió que tenía un extraordinario talento como FLATULISTA (por favor no confundir esta profesión con FLAUTISTA, por el bien de los intérpretes de ese bello instrumento musical). Pujol –sin tener que pujar mucho, je, je, je – expelía a voluntad ventosidades de manera afinada, de manera que podía interpretar “hermosas melodías” que deleitaban a sus oyentes. Su carrera musical le impulsó a dejar su oficio de panadero, y debutó en los escenarios marselleses en 1887, convirtiéndose de la noche a la mañana en una “estrella”, algo ventosa pero estrella al fin. Su nombre artístico en francés fue “Le Pétomane”, una combinación del verbo “péter” (pedorrear) y el sufijo “mane” (maníaco)

Una de las particularidades del virtuosismo de Pujol era el hecho de que, a diferencia de todos los demás seres vivos, el origen de su particular “voz” no era  producto de los normales procesos gástricos. Pujol tenía el “talento” de absorber aire por el esfínter -casi como si fuese una inhalación anal- mantener ese aire dentro de su intestino y luego expulsarlo en forma de notas musicales. Debido a esta extraña “virtud”, Pujol tenía una ilimitada cantidad de gases para administrarlos a voluntad, y de ñapa eran (según los relatos de testigos) absolutamente inodoros.

Debido a su éxito en las tablas de su ciudad natal, decidió irse a Paris para no privar a la ciudad luz de su “musicalidad tan interior” (je, je, je). El famosísimo cabaret Moulin Rouge lo contrata como su artista principal por cuatro años. Las audiencias colmaron la sala, y hubo distinguidos visitantes que aplaudieron su acto, tales como el príncipe Eduardo de Gales, el Rey Leopoldo II de Bégica y Sigmund Freud. Las multitudes quedaban tan impresionadas que hubo que tener “de guardia” a enfermeras para que atendieran a los que se vieran demasiado afectados por los ataques de risa, los cuales dicen los periódicos de la época que hasta hubo una víctima mortal en un espectador quien sufrió un infarto. Durante su estadía en el Moulin Rouge, Pujol llegó a ser en ese entonces el “artista” mejor pagado del mundo, un Michael Jackson cualquiera, pues. Llegó a cobrar tanto dinero (20.000 Francos por función) que la famosa actriz Sarah Bernhardt se quejó a la gerencia del Moulin Rouge por ese exorbitante monto, por cierto sin éxito en su reclamo.

Previamente a su entrada al escenario y luego de autosuministrarse un enema, Pujol en su camerino se insertaba un tubo flexible en su ano, cuyo otro extremo saldría discretamente de un orificio en sus pantalones, manteniendo así la moral y las buenas costumbres. Una vez en escena y vestido de estricta etiqueta, Pujol por medio de ese tubo “cantaba” melodías como “O sole mio” y “La Marseillaise con “voces” de soprano, contralto, barítono y bajo, imitaba truenos y cañones, imitaba sonidos de animales, imitaba personajes famosos de la Francia de entonces, fumaba cigarrillos simultáneamente con la boca y con el que te conté, apagaba velas, y terminaba su espectáculo en un “tour de forcé” apagando una a una todas las luminarias del escenario. Su show duraba hasta 90 minutos.

Todo iba “viento en popa” (je, je,je) hasta que un día Pujol decidió salir de gira por el mundo, presentándose en diversos escenarios euroPEOS (otra vez je, je, je). Sin embargo, esto le trajo problemas legales ya que la gerencia del Moulin Rouge lo demandó por incumplimiento de contrato. En el proceso judicial, su abogado defensor usó literalmente los siguientes argumentos que pasaron a los ANALES (je, je ,je) de la justicia francesa “Ustedes (refiriéndose a la gerencia del Moulin Rouge) no son dueños del viento…les vamos a cortar el gas”…Genial defensa, pero no sirvió de nada porque Pujol perdió la demanda y tuvo que pagar los daños judiciales del caso.

A pesar de este traspié, Pujol tuvo una satisfacción personal de manera posterior (je, je, je, esto no lo puedo evitar,,,). Resulta que el Moulin Rouge puso en escena una competencia desleal al acto de Pujol. Lanzaron a Mademoiselle Thiebau “La Femme Pétomane”, quien aparentemente repetía el fenómeno de Pujol, y el público comenzó a llenar las funciones, hasta que se descubrió que era una impostora que utilizaba un pequeño fuelle oculto entre sus ropas. El fraude hizo que los “followers” de Pujol boicotearan a la Femme Pétomane, y su carrera fue truncada y virtualmente se fue por la puerta de atrás (je, je, je).

Pujol continuó con su “carrera artística” hasta que se cansó de echar tanto aire, y en 1914 cerró su…profesión, volviendo a su Marsella natal, adonde tuvo varios comercios. Falleció a los 88 años. Su familia rehusó permitir a que se le hiciera una autopsia para descubrir el posible secreto del “talento” de Pujol. Su hijo mayor Louis, al negar el permiso dijo las siguientes palabras que quedaron para la historia: “Hay ciertas cosas en la vida que deben ser tratadas con reverencia”.

La vida y obra (je, je,je) de Pujol ha quedado para la historia,  y ha inspirado varias obras teatrales, incluyendo una que apropiadamente se llama en inglés “The Fartiste” (mezcla de las palabras peo y artista, bueno es más o menos lo mismo), y otra llamada “A passing wind” (Un viento que pasa), así como en 1967 se editó una biografía de Le Pétomane. Menos más que alguien se tomó el trabajo de escribir su historia, porque lamentablemente las palabras se las lleva el viento…(je, je, je).

Curadas Pedrito López

Pedrito López empezó desde muy pequeño en la música y no se ha detenido por más de cuatro décadas. Ha desarrollado una dilatada carrera como pianista, orquestador, productor y director. Sus arreglos musicales han sido interpretados por la orquestas nacionales e internacionales y siendo acompañante de decenas de artistas de gran renombre mundial.

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