Citomegalovirus: qué es, cómo se contagia y cuáles son sus síntomas

Aunque el citomegalovirus no es altamente contagioso, puede transmitirse entre personas a través del contacto directo

El citomegalovirus (CMV) es un virus que pertenece a la familia de los herpes (Herpesviridae), de la que también forma parte el herpes labial. Una vez que infecta a una persona, permanece de forma latente en su organismo durante toda la vida y puede reactivarse. Es muy común, pero la mayoría de las personas infectadas son asintomáticas o padecen una enfermedad leve.

Puede causar problemas graves en algunos colectivos especialmente vulnerables: recién nacidos que se han infectado durante el embarazo (infección congénita, que puede causar sordera y secuelas neurológicas) y pacientes con una disminución de las defensas del sistema inmunológico (inmunodeprimidos). Es un virus que tiene mucha importancia en los trasplantados, en los que puede producir síntomas graves y favorecer el rechazo del órgano injertado, así como en los bebés prematuros, ya que su sistema inmunológico aún no ha madurado lo suficiente.

Prevalencia

La infección por CMV tiene una altísima prevalencia en todo el mundo: en torno al 90% de la población en los países en vías de desarrollo y el 60% en los desarrollados. “En España, un poco más de la mitad de la población ha pasado la infección en algún momento de su vida”, según expone Ana Alarcón, pediatra neonatóloga del Hospital San Juan de Dios, de Barcelona.

Es la infección congénita más frecuente en España y otros países. Fernando Baquero, coordinador de la Unidad de Enfermedades Infecciosas Pediátricas del Hospital Universitario La Paz, de Madrid, indica que, según diversos estudios, “uno de cada 200 niños nace infectado por este virus, lo que puede tener consecuencias relevantes, entre ellas distintos grados de afectación neurológica”. No obstante, cada vez es mayor el margen de maniobra para prevenir la infección del feto y tratar sus consecuencias cuando se produce.

Causas

El citomegalovirus se transmite por la saliva, leche materna, secreciones vaginales, orina, semen, heces, sangre y otros fluidos corporales. Asimismo, la infección se puede contraer a través de trasplantes de tejidos o de órganos. También se transmite de la madre al feto (transmisión vertical) a través de la placenta.

No es un virus muy contagioso y su diseminación requiere un contacto muy estrecho o íntimo. “No es un virus respiratorio”, aclara Alarcón. “Se transmite por el contacto con líquidos biológicos de un paciente que tiene la infección o que la ha tenido y todavía lo elimina, ya que es un patógeno que se excreta durante bastante tiempo”. El contagio suele producirse al tocarse los ojos, el interior de la nariz o la boca tras tener contacto con los fluidos corporales de un individuo infectado.

Síntomas

Los síntomas y secuelas de la infección por citomegalovirus varían en función del colectivo afectado.

Personas sanas (inmunocompetentes)

En niños y adultos sanos generalmente es una infección asintomática o con síntomas leves. “Puede producir un cuadro catarral, faringitis o, como mucho, un síndrome mononucleósico parecido al causado por el virus Epstein Barr”, señala Baquero.

Infección congénita

Las mujeres embarazadas están expuestas a múltiples virus, bacterias y otros patógenos, pero solo algunos de ellos representan una amenaza para el futuro bebé. El citomegalovirus es uno de ellos y la infección es especialmente peligrosa durante el primer trimestre de la gestación. “Puede producir distintos grados de afectación neurológica”, recalca Baquero. En los casos más graves “desemboca en retraso mental o psicomotor a largo plazo”. También puede causar sordera y, con menor frecuencia, afectar a la visión.

En todo caso, los pediatras aclaran que no todas las embarazadas infectadas transmiten el virus al feto, no todos los niños con infección congénita desarrollan síntomas y solo un pequeño porcentaje de estos son graves. Se calcula que el riesgo de transmisión al feto durante la gestación es de un 40% y que, de los niños con infección congénita, aproximadamente el 85% van a nacer sin síntomas, aunque un 10% de esos niños asintomáticos pueden desarrollar problemas de audición al cabo de un tiempo. El restante 15% de bebés presentan síntomas, cuya gravedad dependerá, sobre todo, del momento del embarazo en el que se produjo la infección. El primer trimestre es el más crítico para el desarrollo de secuelas neurológicas y auditivas; si la infección se produce en las últimas semanas de la gestación la afectación del recién nacido suele ser más leve.

Infección posnatal

Los recién nacidos se pueden infectar en sus primeros seis meses de vida y la principal vía de contagio es la leche materna. En estos casos, los síntomas no suelen revestir gravedad, excepto si se trata de bebés prematuros, cuyo sistema de defensa aún no está totalmente desarrollado y no se ha producido la transferencia de anticuerpos maternos, que suele tener lugar en las últimas semanas de embarazo.

Personas inmunodeprimidas

La infección por citomegalovirus puede causar neumonía, hepatitis, encefalitis, inflamación de la retina (retinitis), síndromes febriles y patología gastrointestinal en personas con un sistema inmunológico debilitado, como los trasplantados o quienes no tienen bien controlada la infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) con tratamiento antirretroviral.

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