La burbuja del tulipán: primera gran crisis financiera

La burbuja del tulipán: primera gran crisis financiera

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La primera crisis financiera estuvo relacionada con los tulipanes holandeses. Los bulbos del tulipán se convirtieron en un valor especulativo en los que todos querían invertir

En la secuela de la película «Wall Street» que se estrenó en 2010, el personaje del inescrupuloso financista Gordon Gekko -famosamente interpretado por Michael Douglas- advierte sobre los peligros de la especulación financiera, usando como ejemplo «la peor burbuja de todos los tiempos».

La primera burbuja económica de la historia, conocida como tulipomanía, se produjo en la economía más potente de la Europa del siglo XVII, los Países Bajos. Hoy, Holanda es un país reconocido por ser el máximo productor de tulipanes del mundo. Dicha flor es, sin duda, imagen del propio país. Pero lo que hoy es un símbolo, un día fue una pesadilla que arruinó su economía por completo.

El tulipán llegó a Europa a mediados del siglo XVI, desde Turquía. En aquel tiempo, la alta burguesía centroeuropea acostumbraba a adornar sus jardines con flores de las variedades más exóticas a su alcance. Entonces, el Embajador austriaco en Turquía no dudó en hacerle llegar al Emperador Rodolfo II de Austria algunos bulbos para sus Jardines Imperiales en Viena y Praga.

“En los años 1600 los holandeses tuvieron fiebre especulativa hasta el punto de que se podía comprar una hermosa casa en el canal de Amsterdam por el precio de un bulbo. Lo llamaron tulipomanía. Luego colapsó. La gente fue aniquilada”.

Gordon Gekko (interpretado por Michael Douglas) en la película Wall Street 2, el dinero nunca duerme.

Países Bajos, siglo XVII

Hoy vamos a recordar la considerada como la primera crisis financiera de la historia moderna.

Para ello nos vamos a la Amsterdam del siglo XVII para encontrarnos una próspera ciudad, con mucho capital circulando, y numerosas familias que componían una burguesía que, a base del comercio alrededor del globo a través de la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales, habían cultivado grandes fortunas. Tampoco olvidemos que una de las primeras bolsas modernas ve la luz precisamente aquí, en Amsterdam.

Y, por otro lado, tenemos una flor muy bella y exótica que se convierte en el objeto de deseo de toda esta nueva clase social: El tulipán.

El tulipán es una flor de la familia de las liliáceas procedente de Asia Central que irrumpe en Europa (aunque hay constancia de su presencia en Al-Andalus siglos antes) gracias a unos bulbos que le regaló el embajador austriaco en Turquía al emperador Rodolfo II de Austria para que los plantase en sus Jardines Imperiales de Praga y Viena. Estamos a mediados del siglo XVI.

Pronto, poseer un tulipán fue el principal anhelo de las clases más altas de toda Europa con el objeto de adornar sus hogares y jardines. Resultado: se disparó su demanda.

Pero, ¿por qué la tulipomanía se desató en Holanda y no en cualquier otro país europeo?

Pues por varios factores…

Primero

A causa del famoso botánico Charles de l’Écluse, que abandonó su empleo en los Jardines Imperiales para ejercer como profesor en Leiden, llevándose consigo una colección de bulbos de tulipanes que, una vez cultivados, fascinaron a los holandeses.

Segundo

Debido a que los Países Bajos, gracias a su emporio marítimo y comercial a nivel global, era la nación más próspera del momento, y había la suficiente cantidad de personas de alto poder adquisitivo que pudiesen pagar un producto de lujo.

Tercero

Por las características climatológicas y geológicas de su suelo, Holanda fue el único sitio donde se pudo cultivar con éxito en Europa.

Cabe añadir a lo anterior que, sin que nadie supiera dar una explicación al fenómeno en aquel momento, empezaron a nacer tulipanes en suelo holandés con extrañas mutaciones respecto a su pariente asiático, que hacían que fueran de intensos, arrebatadores y diferentes colores.

Ante esta explosión de belleza, las clases más pudientes se daban de codazos para tener un efímero tulipán decorando su hogar. Y ya tenemos la demanda disparada al alza.

El producto con el que se comerciaba era el bulbo de la planta, y los precios empiezan a subir alcanzando cantidades desorbitadas por los que los ricos pagaban gustosamente. Pero llegó un momento que no sólo compraban los bulbos las personas pudientes por una cuestión decorativa y estética; especuladores de todo pelaje se sumaron a la puja viendo una oportunidad para comprar y vender un bulbo que en breve espacio de tiempo multiplicaba su valor.

La burbuja empieza a inflarse

Para ordenar cronológicamente todo este asunto, podemos localizar en los primeros treinta años del siglo XVII un aumento suave pero constante de la demanda de bulbos de tulipán en Holanda, acompañado por un aumento de su precio igualmente persistente. Hasta aquí todo normal teniendo en cuenta que se trataba de un bien exótico, escaso y con alta demanda.

Pero a partir de la década de 1630, las clases menos pudientes, cegadas por la promesa de dinero fácil y rápido, se daban cita en tabernas y otros antros que se convertían en mercados improvisados de compra-venta de los ansiados bulbos.

Amsterdam, siglo XVII (Fuente: Holanda.com)

Fuentes de esa época dejan constancia del extraordinario valor que podía llegar a alcanzar un bulbo de tulipán: el equivalente a 250 toneladas de trigo, el de un barco mercante incluida su tripulación, o una casa en un barrio adinerado de Amsterdam. Un bulbo de tulipán podía venderse fácilmente por 1000 florines, mientras que el sueldo medio anual de un artesano era de 150 florines. En pocas palabras, un holandés medianamente cualificado debía trabajar durante siete años para comprar un solo bulbo de tulipán.

Bulbos virtuales y contratos de futuros en el siglo XVII

Y siguió subiendo el precio hasta otoño de 1636, momento en que a alguien se le ocurrió el primer mercado de valores futuros: un papel que respaldaba a un bulbo de la siguiente cosecha. Un bulbo virtual.

Un contrato de futuros es un convenio entre dos partes que se comprometen a, en una fecha futura determinada y a un precio establecido, intercambiar un producto concreto.

Suena a locura pero no sólo siguió subiendo el precio, sino que un simple papel con la promesa de un bulbo de la siguiente cosecha ergo aire, nada tangible, humo en definitiva, podía llegar a cambiar de manos hasta diez veces el mismo día generando beneficios en cada una de las operaciones.

El resultado de esta nueva modalidad de economía especulativa fue, por un lado, que al poder ganar dinero rápidamente, muchas personas, fuera cual fuera su origen social, llegaron a hipotecar sus bienes, pedir préstamos o vender sus propiedades para obtener dinero con el que adquirir uno de esos papeles que te garantizaban un bulbo de la próxima cosecha para vender a su vez, y a ser posible el mismo día, el papelito y sacar un considerable beneficio en muy corto espacio de tiempo.

En pocas semanas el valor subió entre un 500 y un 2.000 %. Y a poco que repasemos otros casos similares en la historia no es muy difícil intuir que va a pasar algo malo, tirando a catastrófico.

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