Vinicius el salvavidas del Madrid

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Fue una locura de partido y en ese ambiente nadie es mejor que Vinicius, que ya no resulta un extremo travieso sino posiblemente la mejor solución del Madrid. En media hora sacó dos veces al equipo del pozo con dos goles sensacionales, especialmente el segundo, y provocó la expulsión de Aitor. Por aquel huracán no ganó el Levante, que también fue un equipo de sube y baja. Ese relámpago sin gol se fue a la cama como pichichi jugando a ratitos.

La cosa anda en que Mbappé no estropee nada antes de que venga a arreglarlo todo. De ahí que Ancelotti muletee el asunto hasta sacarlo del vestuario. Y sabe que si el asunto no cuaja tendrá que tirar, con esa mano blanda que le ha dado tres Champions, de lo que hay, un equipo casi invencible si vuelve a ser lo que fue, pero no lo parece. Léase: si Hazard, en una acrobacia anatómica, se saca el tobillo de la cabeza y aún no lo ha hecho; si Bale mete al Madrid por delante de Gales y el golf, por ese orden; si Valverde vuelve donde lo dejó hace año y medio; si Benzema pasa a ser un delantero y no una delantera; si Pintus acaba con la pandemia muscular; y si Isco da con el duende. Ancelotti ve al malagueño más recuperable que Zidane y le ofrece un tren que quizá ya no esperaba. Esta vez su misión fue, por las bajas, de mediocentro, papel que permite fantasear poco, pero dejó claro que es otro. Se fue creciendo hasta hacerse la máxima autoridad del partido.

La zurda de Bale

El Levante es un buen ejemplo de falsa modestia. No le esperen en su área presumiendo de resistente. Ahí no tiene escapatoria. Su fútbol es presionante, vertical, con dos extremos supersónicos, De Frutos y Morales; un ariete astuto, Roger Martí, y un centrocampista muy absorbente, Campaña. Jugadores todos que han estado en el filo de los grandes.

Sin Modric ni Kroos, al Madrid le costó salir de la altísima presión granota, pero en la primera ruptura tomó ventaja. Alaba lanzó a Benzema, que desde la izquierda ganó la espalda a Vezo; el césped le frenó la pelota y cambió el paso de la jugada. Esperó, recortó y buscó la izquierda de Bale. El remate del galés fue inapelable. La espada siemper fue su fuerte. Un buen gol, el primero que hace con el Madrid en 19 meses, sin la justificación del juego, que lo había puesto el Levante.

Cambio de viento

En realidad tuvo más alboroto que sustancia el equipo de Paco López en su salida. Abrió bien a las bandas, recuperó pronto, tuvo cierta alegría, pero no dejó huella en el área. Y aquello animó al Madrid, que rozó el segundo gol en un remate pifiado por Bale. El pase fue de Valverde, con Isco y Alaba, el mejor sostén blanco. A la media hora lo probó de lejos el austriaco, al que la banda le parece poca cosa. Espérenle en cualquier zona y con soluciones para todo. Un fichaje de lujo. Al otro lado quedó Hazard, otra vez insignificante en un equipo que se fue al descanso en versión vendaval. El Levante llegó al ecuador pidiendo la hora.

Y sin embargo, de regreso, se encontró con el empate, en un despiste de Lucas Vázquez que habilitó a Roger en el pase de Melero. Courtois no desvió lo suficiente el remate del ariete. Y entonces el vendaval fue el Levante, que pasó de asediado a asaltante. Y le dio la vuelta al partido con una tremenda volea de Campaña. Un remontada relámpago de un equipo con constantes cambios de humor.

Ancelotti pegó entonces el volantazo con Carvajal, Asensio, Rodrygo y VInicius, ya con el tiempo soplando de cara. Todos los que entraron hacen fortuna al espacio, lo único que ya no concedía un Levante encerradísimo. Aún así, Vinicius, que merece otro trato, llegó al empate al sprint. Pero atrás el Madrid se volvió un coladero y pagó caro otro error. Pier adelantó de nuevo al Levante hasta que Vinicius hizo de socorrista una vez más con un gol de arte mayor, en toque sutil sin ángulo que tocó en el palo, y tuvo tiempo hasta de provocar la expulsión de Aitor. Vezo acabó de portero suplicando que esa centella brasileña no se lo llevara por delante. Su suplencia no aguanta ya los galones de Hazard ni de nadie.

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