La dactiloscopia: principal técnica en el mundo de la identificación personal

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¿Qué viene a tu mente cuando hablamos de dactiloscopia? Hoy queremos hablarte sobre esta ciencia, de la que poca gente conoce todos los detalles

Hasta no hace mucho, los delincuentes actuaban con total impunidad, a sabiendas de que sus huellas no eran rastreadas por la policía. Pero gracias a una ciencia llamada dactiloscopia, sabemos que ninguna huella dactilar humana es idéntica a otra; lo que ha supuesto un gran avance para la identificación de personas y, sobre todo, para la criminología.

Desde que el ser humano abandonó el nomadismo para convertirse en sedentario y establecerse en asentamientos permanentes, ha desarrollado diversos sistemas de identificación que permiten la diferenciación entre individuos. Se han hallado huellas de dedos impresas en arcilla en la antigua Persia, y también en documentos procedentes de la antigua China y Japón. Asimismo muchas culturas han querido establecer diferencias marcando sus cuerpos con distintas señales, desde las realizadas con hierros candentes hasta tatuajes muy elaborados. Pero no ha sido hasta tiempos recientes cuando la ciencia ha podido desentrañar el misterio químico, genético y fisiológico que se esconde tras nuestras huellas dactilares, unas señales únicas y distintas en cada uno de nosotros.

La dactiloscopia
Caricatura de Juan Vucetich. José María Cao Luaces, 1971. Foto: PD

El estudio de estas señas de identidad individuales ha sido de gran ayuda a la hora de identificar personas; y ha servido también para que ciencias como la moderna criminología den un auténtico salto adelante. Averigüemos quién fue el descubridor de un método que se ha revelado vital para el trabajo de las policías de todo el mundo.

Los inicios de la dactiloscopia

La palabra dactiloscopia deriva de los vocablos griegos daktylos (dedo), y skopein (examen o estudio); y la ciencia a que se refiere ha acabado convirtiéndose en uno de los elementos más fiables con los que se cuenta en la actualidad, para poder identificar a cualquier persona, además de ser un elemento absolutamente indispensable en la esfera policial para poder atrapar a los criminales.

En el año 1823, un anatomista de origen checo, llamado Jan Evangelista Purkyne, publicó su obra Commentatio de Examine Physiologico Organi Visus et Systematis Cutanei (Comentario del examen fisiológico del órgano de la vista y del sistema cutáneo) en la cual describía los grandes surcos que recorren las manos humanas. Los clasificó en nueve categorías: curva transversal, estría longitudinal central, línea oblicua, presilla oblicua, verticilo en forma de almendra, verticilo espiral, elipse, círculo y doble verticilo.

A pesar de lo revolucionario que podía resultar aquel estudio -a la hora de trazar diferencias entre estas líneas para poder identificar individuos- el que ha sido considerado como primer sistema dactiloscópico de la historia, en realidad pasó sin pena ni gloria

La dactiloscopia
Datos biométricos fisiológicos para antecedentes penales por huella digital.
Foto: iStock

Unas décadas más tarde, en 1850, William James Herschel, un oficial británico que estaba destinado en el distrito bengalí de Hooghly, en la India británica, tuvo la idea de aplicar el conocimiento de las huellas dactilares en el campo de la criminalística. Así, siguiendo las costumbres orientales, hizo estampar la yema de los dedos en todo documento oficial y contrato que se firmara en aquel recóndito lugar.

De este modo, y gracias a la extensa colección de impresiones que acabó recopilando, Herschel pudo observar que ninguna de las huellas impresas eran iguales y que a pesar del paso del tiempo estas permanecían inalterables.

En 1877, Herschel propuso aplicar este método para identificar a los reclusos de los centros penitenciarios; aunque en ese momento, su idea tuvo poca aceptación y pasó bastante desapercibida; incluso después de que en 1880 publicase un estudio en el que ponía de manifiesto el valor de las huellas dactilares como método de identificación.

Únicas e irremplazables

Otro pionero de la dactiloscopia fue Henry Faulds; médico y científico escocés, que ejerció como misionero en un hospital y un centro de enseñanza para estudiantes de medicina en Japón. Allí empezó a coleccionar las huellas dactilares tanto de seres humanos como de algunos simios, e intentó que Scotland Yard empleara la dactiloscopia para la identificación y arresto de criminales, pero sus esfuerzos fueron en vano.

Juego de huellas dactilares.
Foto: iStock

En 1880, absolutamente convencido de la idoneidad de su método, envió una carta a Charles Darwin. En la misma sugería que las huellas dactilares eran únicas y permanentes, aunque el naturalista no le hizo mucho caso.

Una ocasión, Faulds pudo poner en práctica su método. En el hospital donde trabajaba hubo un robo, y uno de los asaltantes fue arrestado y acusado de haber perpetrado el hurto. Convencido de su inocencia, Faulds pidió comparar las huellas obtenidas en el escenario del delito con las del detenido; y al comprobar que estas no coincidían, el hombre fue puesto en libertad.

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