Por Marc Tecnólogo
Steven Spielberg vuelve a mirar al cielo. Con guion de David Koepp y música de John Williams, Disclosure Day es la sexta película del director sobre contacto extraterrestre, y la primera en casi dos décadas. El propio Williams lo resumió así: esta vez la banda sonora no lidera la película, la acompaña. La referencia que ambos citaron fue Encuentros Cercanos del Tercer Tipo. No es casualidad.
La humanidad lleva siglos preguntándose si es la única especie inteligente del universo. Cada vez estoy más convencido de que no. Y no hace falta mirar al espacio para sospecharlo: basta con mirar hacia atrás. Las pirámides de Guiza, por ejemplo. ¿De verdad movimos bloques de granito de varias toneladas, kilómetros enteros, sobre troncos de madera? No lo creo. Tampoco puedo probar que fuera de otra forma. Pero la sola idea de que civilizaciones antiguas alcanzaran una precisión que hoy nos cuesta replicar con maquinaria moderna debería, como mínimo, incomodarnos.
Asumir que somos los únicos es una postura cómoda. Egocéntrica. Muy humana. Y cada año que pasa crece la sospecha de que varios gobiernos manejan información que no comparten. Si como sociedad todavía no logramos ponernos de acuerdo sobre algo tan básico como educar a nuestros hijos, ¿cómo reaccionaríamos ante la confirmación de que nunca estuvimos solos?
De qué trata realmente la película
Disclosure Day no empieza en el espacio. Empieza en Kansas City, con una meteoróloga (Emily Blunt) que durante una transmisión en vivo se topa con fenómenos que no puede explicar. Desde ahí, la trama se ramifica hacia Daniel Kellner, un especialista en ciberseguridad que roba de Wardex Corporation —una división encubierta del gobierno estadounidense— tecnología extraterrestre y archivos que documentan contactos humano-alienígenas desde Roswell, en 1947. Casi ocho décadas de secreto.
El telón de fondo no es menor: el mundo está al borde de una tercera guerra mundial, con un conflicto que escala en Corea. La película sugiere que la filtración de esta verdad —y no la diplomacia— es lo que termina evitando el desastre.
Ahí está el verdadero planteamiento de Spielberg: no se trata de si los alienígenas son buenos o malos, sino de qué hacemos con la verdad cuando por fin la tenemos encima. El director lo dijo sin rodeos: la moraleja no es sobre ellos, es sobre nosotros. Dejar de pelearnos entre nosotros podría ser la única forma de sobrevivir a lo que sea que venga después.
Lo que la película sugiere, sin decirlo
Aquí conecto con algo personal: si ese contacto ocurrió, ¿cuánto de nuestro salto tecnológico de los últimos cincuenta años le debe algo a eso? Pasamos de necesitar una habitación entera para almacenar unos pocos megabytes a llevar dos terabytes en una tarjeta del tamaño de un botón. La curva es demasiado abrupta para explicarla solo con evolución orgánica del conocimiento humano. Disclosure Day no lo afirma directamente, pero deja la puerta abierta a esa lectura.
Lo que la película no hace
Disclosure Day nos entrega ese día. El momento exacto de la revelación. Pero no se queda a ver qué pasa después. No explora las repercusiones a largo plazo, ni cómo se reorganiza el mundo una semana, un mes, un año más tarde. Eso no es un defecto: es una decisión narrativa. Spielberg prefiere que cada espectador complete esa parte por su cuenta.
Y ahí está su mayor logro. No es una película sobre extraterrestres. Es un espejo que te obliga a preguntarte cómo reaccionarías tú, específicamente tú, el día que el secreto mejor guardado de la historia deje de serlo.
Es difícil imaginar una reacción colectiva coherente. Pero si algo tiene Disclosure Day, es que no se siente como ciencia ficción lejana. Se siente como un aperitivo de algo que podría estar más cerca de lo que creemos.
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