Javier Vidal: “No quiero borrar mi pasado para poner otra cosa”

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Por Katty Salerno

Javier Vidal (Barcelona, Cataluña, 1953) estaba trabajando en el personaje de su opera 31 cuando lo llamamos para esta entrevista, tal como habíamos acordado. Se trata de Influencers, Sofia and Isaac, cuyo estreno está previsto para el 6 de noviembre en el teatro del Trasnocho Cultural. Ese día se cumplen 10 años de la muerte de Isaac Chocrón, figura fundamental del teatro en Venezuela.

También de gran influencia en la obra que como dramaturgo ha desarrollado Vidal en casi 50 años de vida profesional. Una vida que ha estado vinculada al teatro en casi todos los ámbitos, hasta en el personal, pues además de actor, director, productor y profesor de teatro, radio y televisión está casado con Julie Restifo, actriz de teatro y televisión, directora y productora. Padres de Jan y Josette, también actores profesionales, conforman una de las parejas más estables que hayamos conocido en el mundo de la cultura y del entretenimiento en Venezuela.

“No quiero borrar mi pasado para poner otra cosa”, respondió Vidal, de 68 años, cuando le preguntamos si está feliz con la vida que le ha tocado. Con más de un centenar de obras de teatro en las que ha actuado, más 15 películas y entre 50 y 60 telenovelas, todavía se emociona al actuar, como cuando debutó profesionalmente con la pieza Los peces del acuario, en 1974. Cuando esa emoción desaparezca, dice, “estará desapareciendo tu carrera”.

Con Influencers, Sofia and Isaac, Vidal regresa a las tablas como actor, interpretando a Isaac Chocrón. En el papel de Sofía Imber, la conocida periodista y promotora cultural, estará Julie Restifo. La dirección corresponde al hijo de ambos actores, Jan Vidal.  Y paralelamente a esta obra, está dirigiendo el espectáculo Descubre lo inesperado, un texto de Nacho Palacios para los 225 años de Hacienda Santa Teresa que se estrenará este fin de semana, el 13 y 14 de octubre.

¿De qué se trata tu nueva obra?

Un día estaba Julie en la peluquería y de pronto me llama y me dice: “Javier, ya tengo la obra que tienes que escribir para nosotros dos. Es un encuentro entre Sofía Imber e Isaac Chocrón”. Se me ocurrió entonces escribir una historia que parte de una entrevista que Sofía Imber le hizo a Isaac Chocrón cuando ella tenía un programa en CMT. Eran unas entrevistas semanales que ella hacía para ese canal. El hecho es que ocurre un incidente entre ellos unos momentos antes de empezar a grabar el programa. Por ese desencuentro que tienen, Isaac se molesta con Sofía y ella, para paliar la situación, lo invita a su casa. Y comienzan a hablar…

Tú conociste en la vida real a los dos personajes de esta obra…

Primero conocí a Isaac. Después fue que nos hicimos muy amigos, ya de mayores, tanto él como yo. Con Sofía trabajé y de allí surgió luego la amistad entre nosotros. Cuando me gradué de comunicador social en la UCAB inmediatamente entré a trabajar en las páginas culturales de El Universal, que ella manejaba. Ella fue mi maestra. Lo digo con toda honestidad y veracidad. Una cosa es lo que uno aprende en la universidad y otra cuando uno se estrella con la calle. Era muy exigente, por una parte, pero por otra también tenía una muy buena mano izquierda.

Con Issac fuimos muy cercanos, tanto así que hoy por hoy yo soy el presidente de la Fundación Isaac Chocrón. Cuando él murió dejó en su testamento que un grupo de personas nos encargáramos de la Fundación para contribuir con su legado y para contribuir también en el desarrollo de la dramaturgia nacional.           

Te conocemos fundamentalmente como hombre de teatro. ¿Por qué estudiaste periodismo si ya desde niño te gustaba el teatro?

Porque no existía escuela de arte, ni escuela de teatro, ni instituto universitario de teatro ni universidad de las artes. Pero en la Escuela de Comunicación Social de la UCAB se veía Teatro como una materia y eso me llamó la atención. Y por eso me metí ahí. Por supuesto, después la carrera me fue entusiasmando y me terminó gustando el periodismo. Aunque en el último año de la carrera yo ya estaba haciendo teatro, el teatro no daba para vivir. En cambio, trabajando como periodista no es que te ibas a hacer millonario tampoco, pero te daba una entrada, te sentías un profesional trabajando diariamente.

Mi especialidad en el periodismo fue siempre la fuente cultural. Nunca fui de los periodistas que entran y empiezan a rotar, a trabajar en todas las fuentes, lo que es muy bueno. Empiezan con Farándula, después los pasan a Cultura, luego a Sociales, a Economía hasta terminar obteniendo la corona, que es la fuente Política, que es la más importante junto con Economía. Como yo estaba era en Cultura, y esa sección la manejaba Sofía Imber desde el Museo de Arte Contemporáneo, fui un periodista privilegiado pero limitado. Privilegiado, pero en sus privilegios tenía limitaciones.

¿Cuáles limitaciones?

Bueno, que nunca podría ser periodista de Deportes, por ejemplo, porque no sé nada de eso (risas). Sé un poquito de tenis y un poquito de futbol. Pero si me meten, en béisbol, ¡nada!

También he hecho radio. Durante los 25 años que di clases en la UCAB, dicté Radio, junto con clases de Teatro y de Televisión. Además, desde hace 22 años Julie y yo tenemos un programa semanal en La Romántica, que se llama Julie y Javier, donde por dos horas hablamos de lo que más sabemos ella y yo, que es de cultura en general y de teatro en particular.

¿Ya no sigues dando clases?

De la UCAB me retiré a finales de siglo, aunque doy clases de postgrado allí y en la Central, porque después hice mi magister en Teatro Latinoamericano en la UCV. A veces dicto clases magistrales o una catedra abierta. La Fundación Isaac Chocrón tiene la Cátedra Abierta de Dramaturgia Isaac Chocrón, que manejamos Martín Hahn y yo junto con Xiomara Moreno, con la alianza que tenemos con el diplomado en la Central, y en el Centro Venezolano Americano con Julie Restifo. Ahí continúo dando clases, pero de manera más reducida y sin el corsé que impone lo académico en cuanto a horarios y cosas así.   

¿Qué formación tuviste como actor? ¿Estudiante en alguna institución, con algún profesor?

No. Nada. Ninguna.

¡Eres autodidacta!

¡Como Luis Piñerúa Ordaz! Él decía que era autodidacta. Bueno, como él. (Risas).

Creo que una de las mejores maneras que he tenido para mi formación ha sido ver mucho teatro. Yo he visto mucho teatro. Y aun sigo haciéndolo. Si tú me preguntas cuál fue la última película que vi, no lo recordaría. Hace años que no voy al cine. En cambio, al teatro fui la semana pasada. Fui al estreno de La golondrina, con Carlota Sosa, quien está estupenda, maravillosa, espectacular, al lado de Julián Izquierdo.

Ahora que estamos celebrando los 20 años del teatro Trasnocho vino una profesora de la Actors Studio Drama School, Lisa Formosa, y dictó un taller de actuación de una semana, y me metí a hacerlo. Pero ya llevo 48 años en esto.

¿Hay algún actor o dramaturgo que te haya influenciado de alguna manera?

Sí, claro. En primer lugar, Isaac Chocrón en lo que tiene que ver con la dramaturgia. Mi dramaturgia tiene cosas de Chocron. En dirección, está el maestro Ugo Ulive, uno de los primeros con quien trabajé. Y otra persona que quizá no fuimos maestro uno del otro, ni discípulo uno del otro, es José Simón Escalona. Tenemos casi la misma edad y los dos nos fuimos formando de una manera, alimentándonos uno al otro, trabajando juntos. Yo dirigiendo sus obras, o actuando en sus obras; él dirigiéndome a mí. José Simón Escalona, si no tiene la cualidad de maestro, sí la tiene de compañero de camino, de compañero de viaje. Aún continuamos juntos en este camino.   

¿Recuerdas cuándo debutaste en el teatro y con qué obra?

La primera cosa profesional que hice como actor, con temporada y todo, fue en 1974 con Los peces del acuario, de José Gabriel Núñez, dirigida por Ibrahim Guerra. Un año antes había comenzado a dirigir. Pero lo que me marca como profesional es esa obra.

¿Te sigue emocionando la actuación? Uno puede suponer que alguien con tu trayectoria y experiencia cuando sube a un escenario dirá para sus adentros “esto es pan comido”.

No, no. En el arte no hay “pan comido”. Y en la actuación menos.  Tal vez en la dirección o en la dramaturgia, como uno lo suelta después, las emociones son diferentes. Pero como actor, cuando abren los telones y tienes que entrar, esa emoción aún está. Y es una emoción que está entre el terror y la alegría, el éxtasis y la agonía. En el momento que eso desaparezca, estará desapareciendo tu carrera.   

¿Alguna vez te pasó que se te olvidara un parlamento en una escena?

Sí, sí, me ha sucedido. Eso forma parte de las anécdotas de nuestras carreras. Una que recuerdo muy bien fue con La maleta. Hubo una escena en que me quedé en blanco. Además, fue una cosa rarísima porque me quedé en blanco en el mismo sitio las tres veces. Nos presentábamos viernes, sábado y domingo. El primer día me quedo en blanco. Menos mal que estaba trabajando con Julie. Ella se dio cuenta y me dio otro pie y seguimos.

Al día siguiente, cuando sabía que venía el momento, me quedé en blanco de nuevo. Ahí fui yo el que se dio cuenta y arranqué en la escena siguiente. Y al tercer día, otra vez. Entonces revisé el texto, lo volví a leer para ver si lograba saber por qué me estaba quedando en blanco, porque eso se puede convertir en un bloqueo. Ese fue fuerte y me asustó un poco.

¿Llegaste a saber por qué te quedaste en blanco en esa misma parte?

No, la verdad, no. Mi director me dijo que tenía que ir a un psiquiatra y le dije “no, gracias. No voy a ponerme yo con psicoanalistas a estas alturas de mi vida” (risas). Además, eso fue hace unos años y después no paso más.

¿Qué ha sido para ti lo más difícil de ser actor?

Creo que lo más difícil es todo el proceso de creación del personaje. Esto incluye el aprenderse de memoria un texto y luego asimilar esa memoria, porque no es solamente aprenderse un texto de memoria. Si no, cualquier loro podría ser actor. Hablo del proceso de entenderlo, asumirlo y transmitirlo, de que uno se olvide de que aprendió un texto de memoria, porque si estás pendiente de que ese texto está en la memoria nunca vas a entrar en el personaje. Eso es lo más difícil del proceso.

Hay personajes que han salido más rápido que otros. Y hay personajes que la gente cree que son muy fáciles de lograr. Uno de los más difíciles fue en una obra con Antonio Deli que se llama Monogamia. En Monogamia yo tenía 500 líneas y él otras 500, porque era un diálogo. Y 500 líneas son 500 entradas. Eso es pam, pam; pam, pam; pam, pam. Esa era una pieza muy difícil.

Otra es Actos indecentes, sobre los tres juicios a Oscar Wilde. Ese personaje a mí se me dio muy fácil, a pesar de que era una obra de dos horas y pico en la que yo cargaba todo el peso. Yo me dedique en ese momento única y exclusivamente a estudiar ese personaje. No podía hacer otra cosa.          

¿Extrañas hacer televisión?

¡Claro! Yo dejé de hacer televisión no porque quise o porque me retiré, sino porque la industria de las telenovelas desapareció. Últimamente tuve oportunidad de ser director de series. La última fue Almas en pena, en el 19. Pero en el 20, cuando ya íbamos a arrancar con otros proyectos con RCTV Internacional, llegó el golpe de la pandemia, que fue fatal. Vamos a ver si hay posibilidad de levantarse. Tú sabes lo que se dice, que la esperanza es lo último que se dobla en la caja de Pandora, hablando de las Pandoras de ahora…    

Sí, hablando de temas actuales. Los resultados de la encuesta Encovi, dados a conocer hace pocos días, muestran que la pobreza total ya alcanzó al 94,5 % de los venezolanos. ¿Cuál es la función del teatro en un país pobre, como lo es Venezuela hoy?

Es una función continua sobre la lucha contra eso. Porque cuando hablamos de pobreza estamos hablando de barbarie. Cuando la gente tiene tiempo y espacio para ir al teatro, ese es un tiempo y un espacio que la civilización le gana a la barbarie. Por supuesto, nosotros estamos en uno de los últimos vagones. Ahorita venía de donde yo hago natación y me he dado cuenta de que los muchachos que cuidan las instalaciones cada vez están más delgados.  Hay una clase social que la está pasando realmente muy mal. Venezuela tenía todas las posibilidades, y creo que aún las tiene, de desarrollo y de producción y hoy estamos viviendo uno de los perores momentos de la república.

Yo como artista tengo que cubrir el espacio que tengo que cubrir. Ese no es el problema. Esa es la solución que estoy ofreciendo yo como artista. El asunto está en los que no están ocupando los espacios que deben ocupar. Es como si a un artista le preguntaran cuál era su papel en la Guerra Federal o cuál era su papel mientras Simón Bolívar estaba librando la independencia. Pues, claro, en esos campos de guerra y de destrucción nuestro papel está muy minimizado. Pero no podemos dejar de hacerlo. Y dichosos los artistas venezolanos que aún estamos en Venezuela y ocupando el lugar que debemos ocupar, porque si no lo ocupáramos estaríamos traicionando el equilibrio universal.    

O sea que no has pensado en emigrar… Uno supone que para alguien como tú sería menos complicado emigrar, siendo hijo de inmigrantes y siendo tú mismo un inmigrante, porque llegaste a Venezuela a los veinte meses de nacido. Me imagino que también tienes la nacionalidad española, lo que te facilitaría las cosas…

Sí, la tengo, porque nací en Barcelona, España. Pero nunca he pensado en emigrar. La gente a veces hasta me lo reclama y me recuerda que tengo raíces españolas. ¡Yo qué coño tengo que hacer en España! En España ya están hechas las cosas. Mi raíz ya no florece allá.

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Mis hijos sí lo intentaron. Jan estuvo en Alemania y luego en España y regresó. Josette sí tuvo mayor suerte, ha desarrollado una carrera internacional. Ahora mismo, por cierto, está en Miami, contratada por Telemundo. Pero de todas maneras ella dice que quiere estar es aquí, en Venezuela, dice que este es su cuartel general. Si tiene oportunidad, sale a trabajar afuera en televisión o cine, pero ella quiere es estar en Venezuela. Y cuando está en Venezuela, está haciendo cosas.

Pero nunca lo pensé y además es aquí donde tengo cosas que hacer y que, como te decía antes, para mí son muy importantes. ¡Para mí!  

¿A qué se dedicaron tus padres cuando llegaron a Venezuela?

Papa era peón, así que aquí comenzó como obrero. Después se dedicó a un oficio que ha desaparecido: era cobrador. Cobrador motorizado. Mamá sí había estudiado para costurera en una academia. Y aquí trabajó como costurera. Es decir, ellos me levantaron a mí a punta de eso, porque no fueron de los grandes comerciantes catalanes, ni de los grandes constructores italianos. Vivieron una vida muy modesta, pero me dieron a mí la oportunidad.

¿En qué parte de Caracas vivías?

Mis recuerdos de infancia son en La Carlota. Después la adolescencia y primera juventud fueron en La California Norte. Y cuando me independicé tuve mi primer apartamento en La Candelaria. Cuando Julie y yo nos casamos seguimos por un tiempo más ahí en La Candelaria. Después hicimos lo que yo llamo el periplo por Baruta: Santa Fe, San Román, La Trinidad y ahora en Prados del Este.  

¿Y cómo se conocieron Julie y tú?

En la Católica. Ella fue alumna mía. Pero que conste que no fui profesor abusador ni nada de eso (risas). Ella comenzó en el grupo de teatro. Luego, para su tesis, me pidió como tutor. Ahí ya estábamos de novios, pero también ella ya estaba saliendo de la universidad. Después continuamos juntos en teatro y decidimos unir esos lazos que comenzaron como discípula, amigos, novios.

Ya llevan casi 40 años de casados…

Casi. Este año son 38. Nos casamos en 1983.

Dicen que el mundo del cine y la televisión es muy demandante, exige mucho en lo personal, y tal vez por esa razón las parejas en este ámbito no logran tener relaciones duraderas. Sin embargo, Julie y tú parecen una pareja muy unida y muy estable. Yo los veo como la de Joanne Woodward y Paul Newman. ¿El ser ambos actores les ha hecho más difícil mantener la relación o los altibajos son los mismos de cualquier pareja?

La relación matrimonial no es fácil. Hay momentos de crisis, hay momentos de reflexión, hay momentos en que se debe ir al diálogo. Porque tenemos que comprender que uno va cambiando y a veces no estamos preparados para esos cambios. Hay que saber asimilarlos. Eso lo hemos construido entre los dos. Construimos un nido, construimos una familia. Nuestra carrera también nos une. Trabajamos mucho juntos.    

¿Cómo es la vida de una familia donde todos son actores?

Muy poco estable en el sentido de que no todos los días son iguales por más que queramos. A veces establecemos algunas rutinas, como ir por las mañanas a hacer yoga o a hacer natación. Pero las cosas son siempre cambiantes. Por ejemplo, en esta etapa de pandemia yo pedí que me dejaran hacer los almuerzos. Yo era el que preparaba el almuerzo y eso me distraía un poco, sobre todo el año 20, que no nos dejaban ni siquiera salir a la calle. Esa fue una rutina que más o menos se cumplió. Pero la verdad es que las rutinas familiares se rompen bastante por la profesión misma, porque cuando tenemos que abocarnos al trabajo…

Cuando Julie y yo hacíamos televisión teníamos que recurrir a mi hermana Silvia, cuando vivía acá. Ella fue un poco la protectora de los muchachos, la que los llevaba al inglés, al kárate, a natación. Ella nos ayudó mucho durante esos años porque nosotros estábamos muy activos en televisión. Pero es difícil mantener una rutina en un matrimonio entre artistas.      

Por todo lo que me cuentas pareces ser un hombre muy de familia…

Sí, totalmente. Y Julie también. Creo que esa es otra cosa que nos ha unido mucho. Julie viene de una familia preponderantemente siciliana. Aunque ella nació en Nueva York, como su madre, se asimilaron a las familias sicilianas. Y las familias sicilianas como las familias catalanas como que tenemos eso en común, que las familias nos absorben. Sí, la familia es importante.   

¿Estás feliz con tu vida?

Sí, aunque tampoco conozco otra (risas). Pero no me amarga en absoluto. A veces veo otras familias que viven diferente y me parece bien que la vivan así. No me tocó a mí. Pero no hay pentimento. No hay arrepentimiento. No quiero borrar mi pasado para poner otra cosa.

Yo ya no tengo más preguntas. ¿Hay algo que quieras agregar?

Nooo. Yo creo que ya te he contado toda mi vida… (Risas)

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