Pandemia psicológica: los estragos en la salud mental por el covid 19

Pandemia psicológica: los estragos en la salud mental por el covid 19

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Avanzado el plan de vacunación frente a la COVID-19, los expertos advierten que una nueva pandemia se avecina: la pandemia “psicológica”; derivada de los estragos que ha causado, en la salud mental de la población, esta emergencia sanitaria mundial sin precedentes

Pandemia psicológica. Las vidas pandémicas son vidas en estado de alarma permanente. Eso repercute en nuestro nivel de ansiedad y angustia. A veces, nos paraliza. Otras, nos aboca a un activismo para encontrar –en ese hacer– alguna certeza que nos alivie.

Algunos estudios publicados confirman la existencia de una ola o curva epidémica de malestar emocional; que anuncia una alta probabilidad de que la carga de problemas de salud mental aumente en la era pospandémica (Ransing 2020; Ren, 2020; Vadivel, 2021).

En relación con las anteriores experiencias de grandes emergencias de salud pública, los estudios han demostrado que más de la mitad de la población afectada desarrolló problemas de salud mental; y requirió una intervención (Ren y Guo, 2020; Taylor y Asmundson, 2020).

Actualmente, con la reciente epidemia de COVID-19, sabemos ya con certeza que ha aumentado considerablemente la prevalencia de problemas de ansiedad, depresión, trastorno por estrés postraumático y malestar psicológico en la población general llamada pandemia psicológica(Jia et al., 2020; Moreno et al., 2020, Pierce et al., 2020; Xiong et al., 2020).

Según los últimos datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), los niveles de depresión y ansiedad se han duplicado en algunos países; como Bélgica, Francia, Reino Unido o los Estados Unidos; a consecuencia de la COVID-19 con respecto a años anteriores.

Aunque en dicho informe no se dispone de los casos de ansiedad o depresión “pre-COVID”, en España, para poder comparar las diferencias, registró en el año 2020, con el inicio de la pandemia, unas prevalencias nada desdeñables del 21.6% de problemas de ansiedad; y del 18.7% de depresión.

Los episodios repetidos de confinamiento, los periodos de autoaislamiento tras el contacto con personas con COVID-19, el distanciamiento social y el miedo a contraer la enfermedad, junto con la crisis económica asociada, son fuentes de estrés que han afectado a personas de todas las edades

Otros de factores de riesgo han sido también identificados; tales como convivir con niños pequeños, presentar una enfermedad crónica o mental preexistente o la exposición frecuente a noticias sobre la COVID-19.

Precisamente la magnitud del impacto de la sobreabundancia de información y de la exposición a noticias contradictorias y bulos está generando un desconcierto, una frustración y un malestar tan intenso entre la población que ha sido considerado un factor de riesgo crítico añadido a este contexto de emergencia.

Este fenómeno, calificado como “infodemia”, propicia el aumento del estigma, el odio y la violencia entre los miembros de la comunidad; así como acrecienta el estrés, la desconfianza social hacia las autoridades y responsables políticos y el rechazo a la adopción de las medidas de salud pública; como la vacunación, lo que tiene un impacto negativo en la salud física y mental de la población.

Entre los grupos más afectados por el impacto psicológico de la pandemia, se encuentran

  • Los jóvenes: que han tenido que sobrellevar el aislamiento durante un periodo vital; en el que las relaciones sociales y el grupo de pares ocupan un lugar esencial para el desarrollo de su identidad personal.
  • Las mujeres (más expuestas a situaciones de violencia)
  • Y los profesionales sanitarios, los técnicos, los miembros de las fuerzas de seguridad y los trabajadores de los servicios esenciales; que han estado ofreciendo una primera línea de respuesta con altos niveles de estrés, sobrecarga laboral y de amenaza para su integridad física.

A estos grupos, se suman ahora los nuevos pacientes con “COVID persistente” (“long COVID”); un síndrome que se caracteriza por la presencia de síntomas persistentes semanas o meses después de la infección inicial; o por la aparición recurrente de síntomas después de un tiempo sin ellos; y que se estima que está presente en una de cada 10 personas a las 12 semanas tras la infección.

Estos pacientes se quejan de que la presencia recurrente de síntomas asociados a la COVID (muchos de ellos de tipo psicológico o neurológico; tales como cansancio, malestar general, “niebla mental”, dificultad para concentrarse, alteraciones del estado de ánimo y un largo etcétera) les genera un miedo intenso y una gran incertidumbre y desesperación; por lo que reclaman que el tratamiento en salud mental se considere como un aspecto clave para su recuperación.

Más allá, durante los próximos meses, los nuevos casos positivos de COVID y las personas ingresadas en las unidades de cuidados intensivos y sus familiares, seguirán expuestas a un alto nivel de preocupación e incertidumbre, y sometidas a un enorme sufrimiento psicológico; que también requerirá una respuesta por parte del sistema sanitario.

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