Erika Paz: “Sigo enamorada del periodismo”

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Erika Paz ha tenido decepciones amorosas, pero por fortuna no en el periodismo, profesión por la que sintió amor a primera vista que aún late fuerte en su corazón.

Ese amor por su oficio y por el país es el motor que la impulsa a seguir recorriéndolo para ofrecernos Los cuentos de mi tierra, un sueño que acarició desde niña. Por aquello de que no hay mal que por bien no venga su proyecto se afianzó luego de quedar desempleada debido al cierre de RCTV, canal en el que trabajó durante once años.

Hoy, cuenta sus cuentos a través de sus redes sociales y maneja Sarrapia Producciones, una pequeña agencia productora y de comunicaciones, junto a su actual pareja, Raymar Velásquez —a la cuarta va la vencida—, quien se ha convertido en el verdadero padre de sus tres maravillosos hijos. Una vida agitadísima, con millones de cosas que hacer cada día, pero que disfruta un montón, como lo contó a Curadas.com en esta entrevista que quedamos en realizar vía Zoom un miércoles a las 4 de la tarde y que ella terminó respondiendo a las 10 y tantas de la noche mediante mensajes de voz porque el día no le dio para más.

Cuéntanos el cuento de tu vida.

Nací en Cúcuta, Colombia, pero siendo muy pequeña mi papá nos trajo a vivir a Venezuela porque quería que sus hijos se criaran en otro ambiente, lejos de la violencia y del narcotráfico que azotaban a ese país en ese entonces. Él trabajaba como vendedor, por eso viajaba mucho. Decía que Venezuela era un paraíso. Llegamos a vivir a Valera y allí estuve hasta los 15 años, casi por cumplir los 16, cuando me fui a estudiar a la Universidad del Zulia.

¿Por qué te hiciste periodista?

Mi intención no era ser periodista. Quería estudiar teatro, actuación. Mi mamá era supernovelera, veíamos juntas todas las telenovelas en la televisión. Yo creo que por ahí empezó la cosa. Mi papá, que sí fue actor de teatro, contradictoriamente me dijo que en esa casa no iba a haber titiriteros, que yo tenía que sacar una carrera y que después ya podría ver qué hacía con mi vida. Él hizo teatro en Colombia, pero luego se graduó de profesor de idiomas y ejerció como docente de Castellano y Frances durante bastante tiempo. Yo era muy rebelde, pero rebelde en tonterías. Que si subirme a un árbol o sacar malas notas en el colegio porque no me daba la gana estudiar. Porque era superfiestera. Pero a la hora de la verdad nunca me atreví a contradecir a mi mamá o a mi papá.

Me fui por Comunicación Social porque sentí que eso se parecía a lo que yo quería estudiar. Y segundo, porque tenía notas muy bajas. Bueno, ni tan bajas -mi promedio era de 15, que era bajo en comparación con los de mis compañeros- pero no me ayudaban para entrar a otra carrera como Medicina, por ejemplo.

Desde la primera semana de la carrera me enamoré tanto del periodismo, que sentí que por fin había llegado a lo mío, porque en el colegio sacaba malas notas en todas las materias menos en Castellano. Mis profesores me decían que cómo era posible que sacara 20 en Castellano y tuviera tan bajas notas en las demás materias, en especial las que tenían que ver con números. Me gustó tanto que hice la carrera en cuatro años y medio, aunque igualito tuve que esperar a que saliera mi promoción porque no iban a habilitar una graduación solo para mí.

¡Me enamoré del periodismo y sigo enamorada, hasta el sol de hoy!               

¿Por qué te gusta contar cuentos, de quién lo aprendiste?

Me imagino que lo aprendí de mi papá. Mi papá escribe poemas. Toda la vida fue bohemio e izquierdoso, una persona muy culta. Los colombianos son así, muy de cuentos, de historias, muy del relato de vidas visto desde sus ojos, quizá a veces hasta magnificadas. Por ejemplo, yo siempre cuento la historia de cómo comía morcillas cuando estaba chiquita y hasta el sol de hoy me gustan. Y mi mama, que siempre fue como una Lady Di de barrio, decía que yo era una ordinaria, que era igualita a mi papá porque me gustaba la morcilla.

Cuando íbamos de vacaciones a Colombia me sentaba en la acera de la casa de mi abuela a esperar que pasara la señora con su olla en la cabeza donde traía morcillas con papa o con yuca para vender y mi papa me daba cinco pesos para que yo le comprara. Y mi mamá “Andrea, por favor entre, no sea ordinaria”. Pero igualito yo me la comía. Para el colombiano todo es así, todo es como un cuento magnífico.      

¿Cómo nació Los cuentos de mi tierra?

Siempre me gustó la parte audiovisual, que fue la rama que escogí dentro del periodismo. Estando en la universidad, uno de mis proyectos para televisión fue un programa que se llamaba Tierra de futuro, cuyo tema eran los viajes. Lo escribí, lo produje, busqué las locaciones… Hice todo y cuando fuimos a grabarlo escogieron de presentadora a una muchacha muy bonita del grupo, que de paso ya trabajaba en televisión.

Después entré a trabajar a RCTV, donde permanecí 11 años. Empecé como reportera y corresponsal de ese canal en Lara, Portuguesa, Yaracuy y Trujillo. Después de cinco años tuve la oportunidad de venir a Caracas. Fue en aquel momento en que Hugo Chávez dijo que en la televisión venezolana no había negros y el canal cayó en cuenta de que sí tenía una negra en Barquisimeto. Ya me habían hecho unas pruebas anteriormente, cuando Andrés Izarra era gerente de producción del canal. Las pruebas gustaron, pero no pasó nada.

Cuando Luisana Ríos salió de permiso natal, me preguntaron si me animaba a hacerle la suplencia, porque ella hacia la emisión matutina de El Observador junto a Freddy Oldenburg. En ese momento yo me estaba divorciando de mi primer esposo, quien me había dejado sola con dos hijos y con todas las deudas, y me decidí a poner tierra de por medio. Acepté, aunque solo se trataba de una suplencia, no era nada fijo. Me vine a Caracas en 2003.

Me entrenaron, me cortaron el cabello, que lo tenía larguísimo. Luego se dieron cuenta de que el cabello corto me quedaba horrible. Me vestían de una manera que no me gustaba, yo quería usar blusas y no me dejaban porque tenía que usar era tailleur. Me acuerdo que me senté en el set del noticiero y Larisa Patiño, que era la gerente, me dijo que me quitara todos los cueritos que llevaba puestos o me los cortaría. Y, efectivamente, me los cortó. Yo lloraba todos los días porque, como te dije, era rebelde, era muy hippie, siempre he sido muy hippie. Aun así, fue una etapa muy bonita.

La máxima aspiración de todo periodista que entraba al canal era ser ancla del noticiero. Pero cuando ya tenía como dos meses me di cuenta de que el ancla llegaba, leía las noticias y después se sentaba a jugar solitario en una computadora. No, esa no era yo, yo quería hacer algo más, necesitaba hacer algo más. Y me puse bien fastidiosa, pobrecita mi jefa, Adriana Carrillo, porque empecé yo quiero hacer algo, yo quiero hacer algo, yo quiero hacer algo…

Yo, que andaba para todas partes con mi proyectico debajo del brazo, les dije que quería hacer un programa sobre turismo. Por supuesto, me bajaron de la nube. Me dijeron que antes de volar tenía que aprender a caminar. Y que además el canal ya tenía un programa de turismo, el que hacía Valentina Quintero. Entonces les propuse hacer micros sobre turismo y me aceptaron la idea. El espacio se llamaba Pueblo adentro, nombre que propuso el Dr. Eladio Lárez. El primer micro que hicimos fue en Barbacoa, el pueblo donde nació Simón Díaz.

Ahí empecé a darle forma a mi idea, porque no quería limitarme a hablar solamente de posadas y sitios turísticos. No. Yo quería que fuera un espacio que también relatara cultura, que relatara la gastronomía del lugar, porque en aquel momento de lo único que se hablaba era del pabellón criollo y de las arepas como platos tradicionales, más nada.

¿Cuándo empezaste a recorrer el país?

A partir de ese momento. Así empecé a conocer a todas las personas que trabajan en la industria del turismo en este país y que hasta el sol de hoy son mis amigos. Así empecé a encontrar mi mundo.

En 2007 viene el cierre del canal, que pasa a ser RCTV Internacional, y me dicen que ya no pueden pagar los costos de la producción de los micros. Como yo ya tenía tiempo viajando y me había ganado la confianza de la gente del sector, diseñé un plan de trabajo con alianzas. Yo hacía los programas y ellos nos daban alojamiento y comida, a fin de que el programa saliera al más bajo costo posible.

Esto lo hice a la par con el noticiero durante un tiempo, pero llegó un momento en que los jefes se dieron cuenta de que yo no podía narrar las noticias de lunes a viernes y salir los fines de semana a grabar para estar fresca otra vez el lunes frente a las cámaras.

Durante los siguientes tres años, hasta 2010, cuando definitivamente cerraron el canal, hice Pueblo adentro. Recorrí todo el país, así como lo soñé alguna vez de niña cuando veía los folletos del Ministerio de Turismo que llevaba mi papá a la casa y que encontraba en sus viajes.  Yo recuerdo que los agarraba y marcaba los lugares que quería conocer.

Me imagino que eso tiene que ver un poco con eso de visualizar las cosas que uno quiere. En aquel tiempo no se hablaba de eso, ni yo sabía que estaba visualizando mi futuro, simplemente estaba soñando. Soñaba con recorrer todo el país porque mi papá decía que este país era tan bonito. Y fíjate, lo logré. Conocí todo el país. Obviamente no conozco todos los municipios de cada estado, pero sí conozco buena parte de cada uno de los estados.

Luché mucho para que el programa fuera cultural. Por ejemplo, llegar a Canoabo y contar la historia de los Diablos Danzantes de Canoabo. Nunca olvidaré que en el canal me decía que eso “no sube cerro”. Y yo les decía que sí podía hacer que eso fuera interesante, les prometí que escribiría para que la gente lo quisiera ver.

Yo quería que mis hijos pudieran ver eso en televisión, que supieran que en este país hay muchísimas más cosas que el baile de La Burriquita. Que las vieran, las vivieran y las sintieran y que se dieran cuenta de que todo eso forma parte de nuestra cultura y de lo que somos.  El problema con nosotros es que en este país tenemos una memoria muy corta, que sabemos muy poco de nosotros. Y por eso es que nos ha pasado lo que nos pasó y por lo que nos ha costado tanto salir de lo que no hemos salido.

Cuando cerraron definitivamente RCTV me fui al Canal i con la ilusión de hacer mi programa, aunque debía cambiarle el nombre porque el de Pueblo adentro lo había registrado RCTV. Entonces le puse Tierra de futuro, el mismo que tenía mi proyecto en la universidad. Craso error, porque la gente del Canal i lo registró y perdí el nombre. Finalmente salí de allí. Me quedé sin trabajo, con una mano adelante y otra atrás. También estaba saliendo de mi tercera relación. ¡He tenido más maridos que Rosario Prieto!

¿Cómo te hiciste independiente?

Quien es hoy en día mi pareja, Raymar Velásquez, que ha sido mi mejor amigo durante muchos años, desde RCTV, porque trabajamos juntos allí, me venía insistiendo en que trabajara de manera independiente para que no me siguieran quitando mis ideas. Me animó a que le echara pichón y le dije que estaba dispuesta a hacerlo solo si él le echaba pichón conmigo.     

Yo había hecho un programa en Aruba para el Canal i. Un día me llamó la directora de turismo de la isla y me dijo que mucha gente había hecho programas sobre Aruba, pero que tenía tiempo que no encontraba a alguien que escribiera tan bonito. Me comentó que quería llevar adelante otro proyecto y me preguntó si yo estaba interesada en hacerlo. Me preguntó si tenía una productora y le dije que sí. ¡Mentira, yo no tenía nada! Mi último marido también me había dejado en la calle. Hasta el carro me lo quitó.

Pedimos una cámara prestada y nos fuimos Raymar y yo para Aruba e hicimos el trabajo. Con lo que nos iban pagando, porque trabajamos casi un año en ese proyecto, yendo y viniendo, nos fuimos equipando y luego subcontratamos a unos muchachos. En ese año aprendí muchísimo de turismo. Así fue naciendo el amor y naciendo Sarrapia Producciones, que es nuestra pequeña productora y agencia de comunicaciones.

A Adriana Carrillo, la que fue mi jefa en RCTV, la contrataron como gerente de producción en Globovisión. Me llamó y me preguntó si quería seguir haciendo mi programa y le dije que claro que sí. “Ese sueño lo tengo aquí latente”, le dije. Ella misma nos dio la oportunidad de hacerlo bajo la figura de productora independiente. Y ahí lo bauticé como Los cuentos de mi tierra. ¡Al fin tuvimos un nombre que era de nosotros! Así me hice independiente.

La experiencia en Globovisión me hizo crecer mucho, porque aprendí a contratar gente, a manejar personal, y seguía haciendo lo que siempre he hecho. Yo escribo el programa, lo produzco y lo musicalizo. Raymar lo edita y hace las fotos. Entre los dos hacemos todo. A veces contratamos a personas que nos ayudan con cosas puntuales, pero las dirigimos nosotros.

Creo que ya no podría volver a trabajar en una empresa. Ojalá no me toque nunca, porque nosotros nos procuramos nuestro sustento a través de los que hacemos. Manejamos marcas, hacemos videos, hacemos fotografías y seguimos haciendo Los cuentos de mi tierra y Raymar sigue con su proyecto personal, que es @menúcallejero, porque él es bloguero gastronómico y cocinero.     

¿Qué tal te va con Raymar?

Raymar es mi cuarto marido. Ya tenemos casi once años juntos. Yo me casé solo una vez, muy joven, porque quedé embarazada de mi hija mayor. Mis hijos lo ven como su papá, porque prácticamente ha sido quien los ha criado. Él les prepara la comida, los lleva al colegio, lleva a Carlos al aikido y a Paola al tenis. Enseñó el oficio de la fotografía a Jessica, la mayor, porque él es fotógrafo también, y mi hija hoy en día vive, entre otras cosas, de la fotografía.

Creo que al final del camino la vida me premió con este hombre que era mi mejor amigo y sigue siendo mi mejor amigo. Tenemos una familia. Él dice que yo soy su esposa y eso es mentira porque no nos hemos casado, aunque siempre decimos que lo vamos a hacer. Le dije que aún me quedan cinco años para verme decente en un traje de novia. Vamos a ver si lo cumple.

¿Y de tus hijos, qué me cuentas?

Tengo tres hijos. Dos del matrimonio, Jessica -mi princesa Mayonesa- y Carlos Alberto -mi príncipe Mostaza, y Paola -mi princesa Mantequilla- que nació de otra relación. Es descendiente de alemán. Una belleza trigueña de ojos verdes y pelo marrón. Jessica y Carlos se parecen a las urracas parlanchinas, las de la caricatura. Yo los llamo así, Tico y Tuco. Jessica tiene 22 años y Carlos 21. Ella estudia Comunicación Social, como yo. Es probablemente una de las chamas más inteligentes que puedas ver. Tiene la inteligencia de su padre, quien es un tipo brillante de mente, pero no de corazón. Bueno, los tres son muy inteligentes. Yo nunca les he revisado las tareas porque ellos lo hacen todo bien, y se preocupan y son alumnos de 20 puntos, a diferencia de su mamá.  

Jessica es totalmente hippie, peleo con ella todo el tiempo por la ropa, porque no se peina, por los zapatos, etcétera.  Carlos Alberto es un niño superbrillante, inclinado hacia las artes, dibuja hermoso, con una condición que me enseñó muchísimo de la vida, de la gente, del respeto y del amor. Carlos Alberto es asperger. Es una de las personas más maravillosas, nobles, íntegras e ingenuas que conozco. Solo verlo da ternura.

Paola es la fashionista de la casa. También es superbrillante y quiere hacer de todo. Es como la Barbie. Quiere sacar 20 en el colegio, quiere jugar tenis, quiere ser médico, pero también quiere ser repostera. De hecho, su página de Instagram es muy seguida, al menos para la edad que ella tiene. Le gusta la cocina, eso también se lo enseñó Raymar, entonces hace postres y los muestra a través de sus redes sociales. Es la más elocuente de los tres, totalmente diferente a Jessica. Está estudiando cuarto año. Va a cumplir 15 años el mes que viene.

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¿Cómo resolviste el asunto de estar siempre viajando y atender a la familia?

Nooo, ese asunto todavía no lo he resuelto. ¡Pobrecitos mis hijos! Ellos tuvieron que aprender a cocinar, a atenderse solos y a andar con nosotros para arriba y para abajo. Ahora me sacan las nalgas cuando les digo que vengan con nosotros a algún viaje. Ya se quedan solos. Tratamos de dejarles comida hecha de manera que solo tengan que calentar y comer, pero a veces no podemos hacerlo y a ellos les toca cocinar. Por eso te digo que, resuelto, lo que se dice resuelto, no está ese asunto. Yo soy un fastidio con el orden y quisiera que mi casa estuviera como una tacita de plata, pero no lo logro. ¡Hoy barrí la casa a las 9 de la noche, cuando llegué! 

¿Cómo haces para lucir bella e impecable si te la pasas metida en la selva, en una playa o en un río?

¡Esta pregunta sí que es una mentira bien grande! ¡Yo nunca luzco bella! ¡No, no, no! Además, yo tengo el pelo chicha. Bueno, después de tantos desrices y cirugías capilares y otras cosas que me he hecho en esta vida el pelo me ha agarrado forma. Últimamente ya he dejado de darme mala vida. Si me meto a un río y me lo mojo, pues que me vean así, tal como soy. El año pasado por primera vez me puse botox y ya no quiero vivir sin él porque me di cuenta de la diferencia que hace en el rostro.

Pero obviamente los años van pasando y yo ya tengo mi barriguita, los senos caídos, ya no me puedo mostrar en trajes de baño como otras influencers chamitas que andan por allí de viaje. Entonces, bella nada. Trato de verme bien. Eso lo aprendí en RCTV, a saber qué me queda bien, a potenciar mis lados positivos. ¡Pero bella, nada!     

¿Te has encontrado con muchos cuentos de camino?

¡Ufff, muchísimos! Pero, la verdad, son más las cosas bonitas que me he encontrado a lo largo de estos 15 años que llevo viajando. Este país es muy noble y su gente es muy bella. Y esa es la historia que más me gusta contar, la de la gente.

¿Eso de andar recorriendo el país es así de placentero como lo vemos en tus redes sociales? ¿Es como estar siempre de vacaciones o tiene su lado rudo?

Esa pregunta te la pueden contestar mejor mis hijos. Yo me la gozo mucho, pero no es tan placentero como se ve en las redes sociales. Raymar dice que si yo paso mucho tiempo en Caracas me pongo de mal humor. Ahorita, por ejemplo, viene una temporada muy fuerte, en marzo, y por eso estoy tan ocupada, porque estoy planificando todo para poder irme casi todo el mes. Pero no te puedes imaginar la cara de felicidad que tengo, así me canse. Obviamente los años van pasando y uno se va cansando más (risas). Ya no soy la niña de veintipico. Ahora soy de cuarentaitantos.

Yo me lo gozo mucho. Pero cuando mis chamos estaban pequeños muchas veces me los tenía que llevar conmigo porque no tenía con quien dejarlos. Llegábamos a una playa espectacular y ellos se babeaban con el lugar pero no podían bañarse porque teníamos que grabar y apenas terminábamos teníamos que irnos porque debíamos trabajar en otro lugar. ¡Y ellos no metían ni un pie en esa playa!

Entonces sí, lo disfruto mucho. Son mis vacaciones permanentes, aunque a veces tenga que trabajar desde las 6 de la mañana y sean las 11 de la noche y todavía estemos grabando o buscando algo.

Quiero seguir haciendo esto hasta que pueda. No sé si el cuerpo me dé para tanto, porque uno se da cuenta de que se va cansando, pero sí me gustaría poder seguir haciendo esto por muchísimo tiempo más. Probablemente más adelante me gustaría poder seguir haciéndolo sin tener que contarlo, simplemente por el gusto de viajar y de disfrutar el camino, sin tener que estar pensando en que tengo que subir un video o postear un texto, si grabé o no grabé. Probablemente eso me gustaría más adelante, seguir viajando, pero hacerlo solo para mí.  

¿Es posible hacer turismo en la Venezuela actual?

¡Claro que es posible hacer turismo! ¿Qué es difícil? Sí, lo es. ¿Pero sabes quiénes son arrechos? Los venezolanos. Porque en este país si no tienen agua, hacen un pozo; si no tienen electricidad, compran una planta. No hay gasolina, la consiguen. Sí cuesta, cuesta mucho, pero lo hacen. La gente tiene tantas ganas de mostrar el país que sigue luchando por eso. Eso es lo más importante y lo más bonito que yo he podido ver en los viajes que he hecho en estos últimos años. La gente no se rinde. Hay quien tira la toalla. Yo misma he querido tirar la toalla en alguna ocasión. Pero al otro día digo que no y sigo. Y eso pasa con mucha gente en el área del turismo. 

Y no es hacer turismo solo por hacer turismo. Es por un reconocimiento del país. Turismo no es ir Canaima o a Los Roques. Claro que es sabroso ir a esos lugares. Pero tienes que empezar por conocer tu propio entorno para que cuando llegue la gente a Caracas no le salgas con que aquí no hay nada que hacer.  Sí hay cosas para hacer y hay que promoverlo.

Si nosotros sabemos que podemos llevar a un turista a El Ávila, que podemos llevarlo a caminar por el centro de Caracas, que el casco histórico de Petare es hermoso, que tenemos restaurantes y cafés espectaculares, vamos a ser los mejores anfitriones del mundo. Yo siempre digo que tú no puedes querer lo que no conoces. Entonces si lo conocemos, vamos a querer tanto al país que lo vamos a empezar a cuidar. Si nos reconocemos en él, en cada espacio, vamos a empezar a querer al país en serio.  

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