Nicolás Maquiavelo

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«El Príncipe» es una de las principales obras que se han escrito en la historia, un tratado cómo la formada en que, según Maquiavelo, deben pensar y actuar los gobernantes.

La reputación de Maquiavelo: Mal calificado por la historia

El nombre de Nicolás Maquiavelo suele ser utilizado como sinónimo de maldad.

Desde hace siglos suena en las aulas de las escuelas de derecho y filosofía de las universidades del mundo.

Maquiavelo es el padre de unas las citas más famosas: «El fin justifica los medios».

Es para muchos el pensador político más influyente del Renacimiento y «El Príncipe», de 1532, sin duda, su obra maestra.

Pero, ¿quién era este florentino cuyo fama sigue intacta 500 años después de su muerte?

¿Cuántas cosas sabemos de él más allá de sus famosas frases?

¿Acaso albergamos el espíritu maquiavélico de aquel diplomático y escritor italiano?

Revisemos algunas de sus más interesantes facetas.

La reputación de Maquiavelo: Lo torturaron los Médici

Nacido en la ciudad italiana de Florencia en mayo de 1469, Nicolás Maquiavelo siempre destacó por la sagacidad de sus asuntos políticos y de Estado.

Con 29 años ya había asumido la jefatura de la segunda cancillería, puesto que le puso al frente de los asuntos exteriores de la urbe y desde allí se preocupó por mantener alejada a la familia Médici.

Esta había sido expulsada de Florencia en 1494.

Cuando en 1512 los Médici tomaron nuevamente la ciudad lo despidieron y por gusto lo torturaron.

La reputación de Maquiavelo: «El Príncipe», un referente político

Maquiavelo fue un hombre inteligente.

Como diplomático en una época siempre convulsiva supo observar y aprender las reglas del juego más cambiante de todos: el de la política.

Tras ser despedido de su puesto como diplomático y superar sus horas en prisión, se sumergió en la erudición estudiando textos latinos de políticos y filósofos romanos.

La reputación de Maquiavelo:

Con ellos ganó la inspiración necesaria para completar en 1513 la primera versión de un manual político determinante: su gran obra, «El Príncipe».

El libro era un joya pedagógica con consejos a los políticos en ascenso sobre cómo alcanzar el poder, y a los príncipes de la época sobre cómo mantenerlo.

Se sabe que Maquiavelo llegó a dedicar «El Príncipe» a los Médici pero no está claro si estos pudieron leerlo.

La reputación de Maquiavelo: Maquiavelo no vio publicada su obra

Pese a escribir el tratado político más polémico en de todos los tiempos, Nicolás Maquiavelo no llegó a ver su obra publicada pues estuvo en las manos de los lectores italianos en 1532, cinco años después de su muerte.

En la obra asentó que cualquier gobernante debería ser manipulador y con derecho a usar todos los medios para justificar sus fines.

La reputación de Maquiavelo: «Sembrar amor e inspirar miedo»

«El Príncipe» dejo muchas lecciones, algunas más conocidas que otras, pero todas de valor incestionable.

Una de las principales es aquella en la que insta a los príncipes a alcanzar un equilibrio entre el amor de sus insubordinados y al mismo tiempo inspirar miedo.

Para el escritor florentino un líder muy blando o bondadoso podría sufrir el rechazo de su pueblo, mientras que con un trato demasiado cruel provocar una rebelión.

Al respecto dijo: «si debemos elegir entre ellos es mucho más seguro ser temido que amado».

La reputación de Maquiavelo:

Su obra fue defendida y apedreada

Con «El Príncipe» Maquiavelo se dedicó a ayudar a los gobernantes a alcanzar cualquier cosa que quisieran al precio que fuera.

De allí aquella famosa frase «el fin justifica los medios» que trascendió a la política, pues también se utiliza en los negocios y en las cuestiones éticas.

Aquella frialdad para gobernar consternó a otros pensadores políticos de ese tiempo que pese a reconocer la brillantez de la obra no disimularon su discrepancia.

Por ejemplo, el ensayista francés Denis Diderot resumió la obra maestra de Maquiavelo como el «arte de la tiranía».

Pero no todos los comentarios fueron piedras.

El filósofo británico del siglo XX Bertrand Russell llegó a proferir que aquel hombre solo estaba siendo honesto sobre asuntos que la mayoría prefería encubrir.

Al respecto dijo: «gran parte de la deshonra convencional que se adhiere a su nombre se debe a la indignación de los hipócritas que odian la confesión franca de hacer el mal».

«Los hombres generalmente juzgan más con los ojos que con la mano porque todos pueden ver y pocos pueden sentir. Todos ven lo que aparentas ser, pocos saben lo que realmente eres», decía Maquiavelo.

Shakespeare llamó «maquiavelo» a los villanos

La popularidad de Maquiavelo se ensanchó rápidamente por Europa en el siglo XVI gracias a William Shakespeare, entre otros dramaturgos.

En el teatro isabelino llegó a resaltar un tipo dramático, un intrigante incorregible impulsado por la codicia y la ambición desenfrenada.

En el prólogo de «El judío de Malta», el escritor inglés Christopher Marlowe presenta su villano como «Machiavel», haciendo referencia al pensador italiano.

Incluso, Shakespeare usó el término como una taquigrafía despectiva.

«Soy político, soy sutil, soy un Machiavelo», pregunta retóricamente un personaje de «las alegres comadres de Windsor», antes de agregar un indignado «no».

Pablo IV prohibió «El Príncipe»

El papa Pablo IV incluyó la obra maestra de Maquiavelo en el primer índice de libros prohibidos de Roma en 1557, por su promulgación de deshonestidad y política sucia.

Aquella era una lista de publicaciones considerada por la sagrada congregación del índice como amenazas a la moral o de carácter herético, por lo que los católicos tenían prohibida leerlas sin permiso.

El objetivo de la lista era proteger a los miembros de la Iglesia de la lectura de libros disruptivos teológica, cultural o políticamente.

En esta lista acompañaban a la de Maquiavelo textos de prominentes hombres como Johannes Kepler o Immanuel Kant, más traducciones de la Biblia no aprobadas por el catolicismo.

Maquiavelo fue influenciado por Leonardo da Vinci

Con base en una biografía de Leonardo da Vinci de 1939, Maquiavelo y el afamado pintor se habrían vuelto amigos al conocerse en Florencia.

Maquiavelo llegó a usar su poder para procurar encargos para Leonardo, incluso nombrándolo ingeniero militar de la ciudad entre 1502 y 1503.

Esperaba aprovechar el ingenio del artista para poder capturar Pisa, una ciudad-estado en ciernes que los líderes florentinos habían estado ansiosos por someter durante décadas.

Da Vinci ideo un sistema de presas que bloquearían las principales vías fluviales de Pisa, lo que pudo haberla llevado al borde de una sequía y otorgarle a Maquiavelo toda la influencia que quería.

Sin embargo, el plan fracasó. El sistema de represas irrumpió la propia agricultura de Florencia por lo que el gobierno terminó el proyecto.

Tras ocho meses da Vinci dejaría el puesto. Sin embargo, se cree que aquella amistad dejó en Maquiavelo una profunda huella en su pensamiento político.

Señalan su énfasis en el poder de la innovación tecnológica para decidir una guerra, una idea que se piensa da Vinci había inspirado.

La reputación de Maquiavelo:

Maquiavelo creía en el respeto a la política

Pese a su reputación Nicolás Maquiavelo no era amoral, según algunos estudiosos.

Si bien es cierto que «El Príncipe» alentaba sin disimulo a los políticos a aceptar y ofrecer sobornos, amenazar, engañar y, de ser necesario, matar, el florentino sabía que incluso los gobernantes tenían que obedecer algún sentido de la justicia.

La filósofa inglesa Erica Benner ve a Maquiavelo como un republicano de toda la vida que luchó duramente contra la tiranía y la corrupción.

Cree que ello lo convirtió en un alborotador a los ojos de príncipes y papas.

«El Príncipe» está basada en el hijo de Alejandro VI

El nombre Borgia es sinónimo de crueldad, traición y decadencia, ejemplificado principalmente por el atrevido y sanguinario César Borgia, hijo ilegítimo del papa Alejandro VI, quien inspiró a «El Príncipe».

Borgia trabajó para forjar lo que esperaba que sería un reino que rivalizaría con Venecia y Nápoles.

Sus ambiciones y acciones atrajeron la atención de Maquiavelo que, mientras pasaba tiempo como emisario en su corte, escribiría largos informes sobre él.

Se cree que Maquiavelo admiraba la osadía, la traición y la eficacia de Borgia, en contraste con la frustrantemente lenta y prudente república florentina.

«Nunca intentes ganar por la fuerza lo que puede ser ganado por la mentira», escribió Nicolás Maqueiavelo.

Tomado de Historia Incomprendida.

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