Eyla Adrián: «Soy introvertida, aunque es difícil que me lo crean»

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Eyla Adrián (San Cristóbal) tiene una sonrisa que desborda las cámaras. Es una sonrisa sincera, lo que no significa que no haya pasado por momentos difíciles, como los ataques de pánico que sufrió tras el cierre de RCTV, el canal donde se dio a conocer como conductora del programa De boca en boca y como ancla de la sección de Arte y Espectáculos de El Observador.

La bella jovencita que debutó como modelo a los 17 años y a la que vimos en comerciales como aquel muy famoso de una marca de cigarrillos que tenía el pegajoso estribillo “tucutucu tucutúúú”, o de productos como Mi Vaca Descremada, chicles Clorets o Stayfree, creció. Hoy es una bella madre y experimentada profesional de la radio y la televisión. Actualmente conduce su espacio Mundo Eyla en la emisora 88.1 FM; es coanimadora del programa Mundo de mujeres, que sale al aire por IVC; y en enero volvió como presentadora del sorteo del Triple Gordo, del cual fue su primera ancla en 1998, junto a Nelson Bustamante.

Con su esposo, Andres Amelinckx, ingeniero civil, Eyla Adrián ha formado un bellísimo hogar con cuatro hijos, mejor dicho, cinco, si incluimos a Tanque Ignacio, el bulldog inglés mascota de la familia.

De su vida personal y profesional y de cómo la casualidad la marcó para bien nos habló, con la manera fresca y espontánea que siempre la ha caracterizado, en esta entrevista exclusiva con Curadas.com.

Naciste en San Cristóbal, ¿también te criaste allí? ¿Tus padres son andinos?

Mi familia materna es andina, tachirense, de San Cristóbal; la otra mitad es oriental, tengo una mezcla bien peculiar. Mi papi, Enrique Adrián, era oriental, de un campo petrolero de la Creole. De hecho, aprendió a hablar inglés antes que español. Falleció el 17 de septiembre de 2021 a causa de la covid. Tenía 80 años.  Mi mamá, Lourdes Colmenares, vive aún. Ambos arquitectos, graduados de la UCV.

Pero he vivido toda mi vida en Caracas, así que me siento más caraqueña que otra cosa. Iba con frecuencia a San Cristóbal, pero ya no, porque casi toda mi familia, lamentablemente, ha ido muriendo. Mi familia es muy longeva, muchas tías abuelas y pocos sobrinos. Y, además, casi todos se han ido del país, somos muy pocos los que quedamos en Venezuela.  

Tengo entendido que son tres hermanas.

Sí, yo soy la menor de las tres. Mi hermana mayor se llama Tahiana y vive en México. La del medio se llama Gydris y vive en Alemania. Ellas ya eran adolescentes cuando yo nací. Recuerdo que las amigas de mi hermana mayor me cargaban mucho y las amigas de Gydris jugaban Barbie conmigo. Para mí, ellas son como mis mamás, porque mi mamá era una mujer muy moderna, lo sigue siendo. Trabajaba en el Metro de Caracas (fue gerente de Construcción), con una vida profesional muy dinámica, entonces quienes me respondían todas mis preguntas en casa eran mis hermanas. Soy muy afortunada de tener unas hermanas extraordinarias y una mamá ejemplar.

¿De dónde viene tu nombre? He escuchado Keyla y Leyla, pero Eyla, nunca.

Mi nombre es la unión de las iniciales de Enrique y Lourdes Adrián. En aquella época mis padres como que tenían un gen maracucho atravesado y nos inventaron los nombres a mis hermanas y a mí (risas). Y debido a que fui farandulera por mucho tiempo en RCTV, ahora tengo la bendición de tener muchísimas tocayas. Me lleno de emoción cada vez que alguien me escribe y me cuenta que su mamá o su papá me admiran mucho “y por eso me pusieron tu nombre”. ¡Hay muchas Eylas y hasta Eylas Adrianas! Y eso que Adrián es mi apellido, no es nombre. Por tener ese apellido me han pasado cosas curiosas. 

Cuéntame una de esas cosas curiosas…

La más curiosa me ocurrió cuando fui a buscar mi fe de bautismo para casarme. Yo no aparecía en el libro de registros de la parroquia. En esa época se usaba un libro diferente para los niños que presentaban sin el apellido del padre. Resulta que a mí me registraron con mi apellido materno, que es Colmenares, porque creían que Adrián era mi segundo nombre, no mi primer apellido.

¿Por qué te hiciste modelo? Es decir, eres una mujer bella y con una figura estupenda, pero no por ello necesariamente tenías que ser modelo. Hay mujeres bellas y con cuerpos envidiables que no siguen este camino. ¿Qué te animó a ti?

El modelaje, como casi todas las cosas de mi vida, llegó por casualidad. Un día alguien me preguntó si quería hacer un casting y yo le pregunté que qué era eso. Me dijeron párate frente a la cámara y haz lo que te vayan diciendo. Pon la cara así, por la cara asado y yo, que toda la vida he sido una payasa y muy desinhibida, lo hice. Una cámara era algo muy normal para mí porque mi papá fue toda su vida fotógrafo aficionado, aunque ganó muchos premios. Esa primera vez que audicioné fue un escenario común: fui a acompañar a una amiga a hacer una prueba y me preguntaron si yo también la quería hacer, y la hice. Mi amiga no quedó seleccionada, sino yo. A partir de ahí empezó todo…

Trabajé en el modelaje por muchos años. Hice cualquier cantidad de catálogos, fotografías, vallas publicitarias, comerciales para cine y televisión. Como modelo viajé muchísimo a Colombia, Ecuador, Puerto Rico, Panamá, México, Chile. En esa época, además, en Venezuela se hacían muchísimos comerciales para otros países, entre ellos varios europeos. De verdad que fue una experiencia muy bonita.

Un día hicieron un episodio sobre el tema del modelaje en el programa A puerta cerrada, que conducía Marietta Santana, al que invitaron a todas las modelos top de la época. Yo fui la más desenvuelta, lo digo con humildad, pero así fue, y por eso los ejecutivos de RCTV se fijaron en mí. Eso también fue por casualidad.

Fueron 11 años maravillosos trabajando en RCTV, donde aprendí muchísimo. Gracias a que me dieron muchas licencias creativas, soy lo que soy hoy en día. Con mucha humildad digo también que los presentadores que vinieron después de mí empezaron como a romper esa pantalla que supone la televisión y de verdad que me siento muy contenta con lo logrado. Ya son muchos años de separación, casi 15 años sin estar al aire en una televisora nacional, y la gente como que le pierde a uno la pista, pero me alegra haber sido innovadora en mi momento.      

¿Te graduaste en Publicidad y Mercadeo o en Comunicación Social mención Publicidad y Mercadeo?

Soy graduada en Publicidad y Mercadeo. Cuando estaba estudiando modelaje mi esposo, que en aquel momento era mi novio, me comentó que por qué no estudiaba algo relacionado con el modelaje y me fui por allí. También trabajé en producción, cargué cables y serví bandejas de agua (risas). Y no me importó hacerlo, porque quería realmente ser una productora integral.   

Cuando aceptaste ir a ese programa de A puerta cerrada ni siquiera intuías que ese día cambiaría tu vida…

¡Nunca me lo imaginé, de verdad! Ni cuando fui a acompañar a mi amiga al casting ni cuando fui al programa de Marietta Santana imaginé que esos hechos iban a cambiar mi vida. ¡Para nada! En ese momento no le vi el alcance. Más bien creo que esa ignorancia, en el buen sentido de la palabra, o el no saber que iba a llegar a millones de personas más bien me favoreció, porque yo hice todas mis cosas con tranquilidad, como si fuera lo más normal del mundo, como si estuviésemos solo tres personas conversando, sin darme cuenta de que en realidad estábamos llegando a tantas personas, a tantos hogares, a tantas familias.

Después fue que me di cuenta de que ese día había empezado mi carrera profesional. Y no quise ser actriz de telenovelas, como me lo propusieron inicialmente, porque yo ya estaba casada y no me quería besar con nadie más. Para mí un beso va mucho más allá del solo hecho de juntar unos labios, por eso no quise hacerlo.   

¿Cómo y cuándo se conocieron tú y tu esposo?

Nos conocimos en Margarita, en la Navidad de 1989. Estábamos en El Mosquito (una famosa discoteca en ese entonces) y él me invitó a bailar. No nos acordamos bien cuándo fue que nos hicimos novios, pero sí del día en que nos conocimos porque desde entonces hemos estado juntos. Estuvimos un montón de años de novios, hasta que nos casamos el 3 de marzo de 1995. Ya tenemos 27 años de matrimonio y cuatro hijos preciosos y con salud, gracias a Dios.

¿Qué edad tienen tus hijos y qué estudian?

Victoria Federica tiene 22 años. Está estudiando Psicología y Educación Preescolar al mismo tiempo en la UCAB. Carlota Margarita, 20, es modelo profesional y está estudiando en la Universidad Santa María. Matthias, 16, está en tercer año de bachillerato y finalmente Alan Pascal, 13, está en primer año de bachillerato.

Siendo modelo, ¿nunca se te presentó un conflicto con la maternidad?  Asumo que no, porque eres madre de cuatro hijos, pero me gustaría que me contaras como fue, en tu caso, tomar esta decisión.

Mi proyecto familiar siempre ha sido la prioridad en mi vida. Ninguno de mis hijos ha sido un pelón. Cuatro muchachos buscados, deseados y muy queridos por nosotros como pareja, algo que para nosotros era sumamente importante. Tengo la gran fortuna de tener un esposo que es un superpadre, que participa activamente, que está muy pendiente de sus muchachos. No hay uno que haya intervenido más que el otro en la crianza de nuestros hijos, no. Los dos hemos sido equipo, de verdad, y eso creo que es una gran bendición. Hay que ser realmente muy hombre para ser buen padre y mi esposo creo que es el mejor.  

¿Es fácil ser modelo y madre? ¿No te tientan las chucherías, las pizzas, las cosas que normalmente comen los adolescentes?

Para nadie es un secreto que yo soy una mujer profundamente golosa, sumamente comelona y además muy inteligente porque le regalé a mi esposo un curso de cocinero y ahora cocina como los dioses (risas).

¿Tienes que hacer grandes esfuerzos para mantener tu figura?

Bueno, sí, toda la vida he tenido que luchar con el peso. Entre la época como modelo más la de RCTV estuve casi 25 años haciendo dieta porque de verdad un kilo de más era algo que se notaba. Me decían “mosca, que te estás engordando”, y no es que fuera algo limitante, pero es cierto que la pantalla agranda y uno debe de tratar de mantener la mejor imagen posible. Esa fue la escuela que yo tuve, la que a mí me enseñaron, y lo valoro como profesional.

Eso sí, nunca estuve mal alimentada ni hice dietas locas como otras que se comían dos torontos y ya no comían más durante ese día. ¡Muchas protagonistas de telenovelas hacían cosas así! Yo jamás tomé medicamentos ni me inyecté cosas raras, nada que ver. Sí he pasado por el quirófano y no tengo problema en decirlo. Hace poco me hice una liposucción con el Dr. Omar Orsini y eso me tiene profundamente satisfecha. Las que han pasado por el quirófano saben que esto no es jugar carrito.

Ustedes son todos muy bellos, hasta Tanque Ignacio, y eso que esa raza de perros no es muy bonita que digamos… ja, ja, ja. Hay gente que considera que estar pendiente de la belleza física es algo superficial, pero lo cierto es que siempre ha sido un tema importante para el ser humano, desde el hombre de Neanderthal. El concepto puede variar de una cultura a otra, de una sociedad a otra, pero cada una tiene sus cánones acerca de la belleza. ¿Qué tan importante es la belleza, la apariencia para ti?

Para mí la belleza no es algo que se ve, sino algo que se siente. La belleza viene de adentro, es algo que se emana. La apariencia, el estuche, en mi caso particular, es una herramienta de trabajo y trato de cuidarla lo mejor posible porque, como dije antes, siento que la audiencia merece la mejor versión de uno, merece que lo que vayan a ver en televisión sea bonito, sea agradable, complazca la vista y trato de hacerlo. Ojo, no puedo competir con muchachitas que tienen 18 y 20 años, que tienen las carnitas firmes, pero sí trato de dar la mejor versión de la mujer que soy, a la que conocieron jovencita y que ahora es una señora.  

¿La belleza es un valor determinante al momento de juzgar a una persona? ¿Qué les has enseñado a tus hijos al respecto?

¡Para nada! No soy de las que juzga el libro por la cubierta, primero hay que conocer el contenido. Ha sido un concepto que he manejado con mis hijos en cuanto a que con mucha frecuencia les digo que son preciosos, que son una cosita linda, que son unas princesas, como les digo a las niñitas. Todas las madres tenemos los hijos más bellos del mundo y eso nadie nos lo va a discutir nunca (risas). Pero fuera de eso, los valores que les inculcamos son otros, como la generosidad, la inteligencia, la capacidad, el esfuerzo, la constancia. Estos son valores que apoyamos mucho más y en los que, en mi opinión, radica la verdadera belleza.

¿Qué cosas disfrutas hacer?

Apreciar las cosas diarias de la vida es algo que disfruto muchísimo. Lo lindo que puede estar el día, una flor que nació en una grieta… Le presto mucha atención a esas cosas, me llenan mucho.

Te confieso que también tengo una pasión profunda por todo lo relacionado con la moda. Lo disfruto mucho. Me encanta un desfile, estar al tanto de las tendencias. Ahora es muy normal que la gente se pinte las uñas de colores, pero para mí era un punto clave el tener unas uñas que pararan el tráfico (risas). Eso me mataba, pero ahora no. Ahora soy más discretica, pero siempre coqueta.  Siempre he sido amante de una buena mesa, creo que el valor de mi familia es la hospitalidad. Nos gusta mucho recibir gente en casa, ofrecerles una buena comida, con una mesa bonita y bien servida. Mi esposo es el que cocina y a mí me encanta poner la mesa. ¡Lo que no me gusta es lavar los platos! (Risas).

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Otro aspecto que llama la atención de tu personalidad es que siempre estás sonriendo, y además es una sonrisa sincera, no una pose. ¿Siempre eres así? ¿Cómo manejas los momentos difíciles o los no tan alegres en tu vida? Aunque parece que la vida ha sido buena contigo: tienes una familia bellísima, has triunfado en lo profesional y tienes un público que te sigue y te quiere. ¡Se puede pedir más?

La sonrisa siempre ha sido algo muy natural en mí y ha sido mi recurso de salvación. Una de mis fortalezas es el sentido del humor. Esa ha sido la herramienta que me ha ayudado a salir adelante en los momentos menos felices de mi vida. Trato de buscar siempre el lado positivo de las cosas, y eso sin haber hecho cursos de coaching ni nada de eso, porque eso no existía cuando yo estaba pequeña. La valoración de los milagros cotidianos, eso sí me lo enseñaron en la Iglesia, soy profundamente católica. Apreciar y ver a Dios en todas las cosas y poder sonreír, significa mucho para mí. Eso de sonreírle a alguien y que esa persona que tú ni conoces te devuelva la sonrisa es como un milagro para mí y toda la vida me ha dado mucha satisfacción.

Luego hice un diplomado en Psicología Positiva —que le recomiendo a todo el mundo que lo haga— y allí le pude poner nombre a muchas cosas que yo sabía y practicaba empíricamente y que sin duda alguna forman parte de mi personalidad. A mí me gusta compartir la felicidad que tengo en mi vida y que sin duda alguna agradezco en todo momento, porque no se puede pedir más, como bien dices. La felicidad se comparte, lo bueno se comparte. Compartir es lo mejor, eso es algo que le digo siempre a mis hijos. Sin duda alguna Papá Dios ha sido especialmente bueno con nosotros y eso lo agradezco infinitamente. 

Pero creo que la sonrisa tiene que ser sincera, si no, no tiene sentido. Por ello, si no quiero sonreír, no sonrío. Si no quiero hablar, no hablo.  

Soy introvertida, aunque sé que resulta difícil que me lo crean porque soy muy conversadora. Pero en realidad no soy una persona bonchona ni la más amiguera, pero sí soy de las que besa y abraza a todo el mundo, o por lo menos lo hacía antes de la pandemia. Sin embargo, en mi vida personal soy bastante reservada y de eso puede dar fe mi comae Ana Virginia Escobar, que es la madrina de mi hijo Matthias y yo voy a ser la de confirmación de su hija Eugenia. La amistad con ella es el mayor regalo que tengo de RCTV.

¿Qué impacto tuvo en tu vida tu paso por RCTV?

Creo que el mayor impacto fue en lo que supuso para mí descubrir que eso era lo que yo quería hacer en mi vida. Darme cuenta de que tenía un olfato natural, pero también mucho que aprender de televisión, conocimiento que fui adquiriendo porque le puse mucho empeño y porque aparte de eso siempre estuve rodeada de un equipazo: Rita Núñez, Luis Alberto Gómez, Teo Castro, Marisabel Arriaga, Soraya Castellanos, todos mis compañeros en El Observador. Todos aprendíamos de todos, y para mí eso fue algo muy nutritivo y muy agradable. De alguna u otra manera empezamos a crear un formato con el que hoy en día se hace televisión en Venezuela.

Luego del cierre de RCTV me retiré de la televisión porque empecé a sufrir ataques de pánico y la salud está por encima de todo.  Cuando ya había logrado progresos con mi tratamiento empecé a buscar trabajo, pero me decían que no alegando que yo tenía el RCTV tatuado en la frente.

Así fue hasta 2019, cuando empecé a trabajar en IVC, donde conduzco el programa Mundo de mujeres junto a Alba Cecilia Mujica, con quien casualmente empecé mi carrera en El Observador, y con Gizel Mobayed, quien también es ancla en el noticiero de Televen. La verdad es que hemos tenido una química fascinante, estoy muy contenta de trabajar con ellas. Para mí es la primera vez que trabajo en grupo porque siempre había sido yo la única presentadora en todos mis espacios y este nuevo reto, este nuevo desafío ha sido sumamente satisfactorio para mí.       

El 25 de enero de 1998 animaste el primer sorteo del Triple Gordo y ahora que lo han relanzado vuelves a ser la presentadora, esta vez al lado de Luis Olavarrieta. ¿Cómo se dio este hecho?

Pues para mí ha sido una gran sorpresa. Yo salí del sorteo cuando Nelson Bustamante se fue a vivir a Estados Unidos. Luego vinieron otros animadores hasta que el sorteo desapareció. Y ahora que volvió, como parte de una estrategia para generar credibilidad, para demostrar que es el mismo Triple Gordo de siempre, vuelvo yo porque junto a Nelson somos de las anclas más recordadas del producto. Yo puedo dar fe y respaldo de que este es un producto serio, con el cual trabajé durante once años. Sin duda alguna puedo decir que es una gente seria y que además ayuda a muchísimas personas a través de la junta de beneficencia de la Lotería de Oriente.

Luis y yo fuimos compañeros en RCTV; nos veíamos siempre, pero nunca habíamos trabajado juntos. La verdad es que la experiencia ha sido genial. Él es un tipo inteligentísimo, muy nutritivo, tiene mucho para aportar. Me ha sorprendido muy gratamente tenerlo de compañero.      

Además del programa de radio, del programa en IVC y del sorteo, ¿qué más estás haciendo?

¡Nooo, no tengo tiempo para más nada! (Risas). En la radio estoy de lunes a viernes de 9 a 11 de la mañana. Las grabaciones para el programa de IVC son todas las tardes, hasta la noche. Y los sorteos los días 1 y 16 de cada mes, así que me queda muy poquito tiempo para hacer mis cosas personales y atender a mi familia. Afortunadamente mis hijos ya están grandes y ya no me requieren tanto, entonces ese poquito de tiempo libre lo comparto entre llevarlos y traerlos a donde haga falta y en hacer mis cosas. Sobre todo, compartir con mi esposo, que es mi novio eterno.

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