Eduardo Sapene: «Uno no puede rendirse»

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Por Katty Salerno

Eduardo Sapene (Caracas, 1951) celebró este domingo el Día del Padre. Aunque Michelle ya no está, él sigue siendo su padre y ella su hija porque «el amor nunca muere», escribió en su cuenta en Instagram el conocido periodista y exvicepresidente de Información y Opinión de Radio Caracas Televisión (RCTV).

Han transcurrido tres meses desde la muerte de Michelle, a consecuencia de complicaciones por la esclerosis múltiple que le fue diagnosticada hace algunos años. El duelo, vivo aún, se suma a otros que ha tenido que enfrentar Eduardo Sapene en su vida: el cierre de RCTV, que lo dejó sin empleo a él y a cinco mil trabajadores; y el tener vender todo lo que tenía para emigrar y poder empezar una nueva vida en Estados Unidos, cuando era más bien momento de jubilarse.

“Recuperarnos nos va a llevar un buen tiempo, pero hay que seguir adelante. Uno no puede rendirse. No somos gente de rendición”, nos dijo, sobre la partida de su hija, en esta entrevista exclusiva con Curadas.com en la que también nos contó anécdotas de momentos significativos de su vida y de sus raíces francesas, de donde, probablemente, le viene el amor por las bellas artes.

Una fortaleza no solo en lo personal sino también en lo profesional y que reconoce en las nuevas generaciones de periodistas de Venezuela, al que espera regresar algún día. “Hay gente muy valiosa que asume todos los días un gran riesgo al ejercer esta profesión, al salir a la calle, y al cuestionar las ideas que quieren sembrarnos por la fuerza. A todos mis colegas, mi admiración y mi profundo respeto”, dijo a propósito de conmemorarse este 27 de junio el Día del Periodista.

¿De dónde es su apellido?

Es francés. Dos hermanos franceses, Enrique y Francisco, llegaron como migrantes a Venezuela en la segunda mitad del 1800. Aquí se quedaron y se casaron. De ahí viene la historia de la familia.

¿Y por qué Venezuela?

Eran hombres jóvenes en busca de oportunidades, en primer lugar. Habían oído hablar de América y lo intentaron en Nueva York, pero el inglés limitó sus planes. Les hablaron de Venezuela y entonces se vinieron. Aquí encontraron una maravilla de país y un mundo de oportunidades. Ellos decían que con cinco bolívares en el bolsillo podían vivir. 

Enrique, mi abuelo, era armero de profesión y montó una armería en el centro de Caracas, muy cerca de lo que es hoy la avenida Baralt. Cuando se construyó la Baralt, la casa donde estaba la armería, que era también la residencia de mi abuelo, fue demolida. Con el boom petrolero, montó estaciones de gasolina. Se dedicó al comercio en general, al igual que mi tío abuelo Francisco, que tenía un negocio que se llamaba «El almacén Sapene». Importaban y exportaban desde queso y vino hasta motocicletas. Las primeras motocicletas Indian que llegaron a Venezuela (una de las dos marcas emblemáticas de motocicletas de Estados Unidos, junto con la Harley-Davidson) eran licencia de mi tío abuelo Francisco.

Mi padre también se dedicó al comercio toda su vida. Inicialmente atendía los negocios de la familia, que habían crecido. La estación de servicio de gasolina quedaba en lo que es hoy la entrada del Hospital Militar, en San Martín. Tenían dos cines, el Ritz, en la misma avenida San Martín, y el Granada, en La Pastora.  También se dedicó en una época al negocio de la construcción. Hizo varias obras, entre ellas la casa sindical de El Paraíso y la casa sindical de Maracay.

Ya veo que en su familia no hay antecedentes en el periodismo…

No, no lo había, pero yo desde pequeño siempre tuve inclinación por escribir, me gustaba mucho ese mundo. De hecho, como a los 8 o 9 años fundé un periódico en el edificio donde vivíamos, en la avenida La Paz, en El Paraíso. Ese periódico lo vendía en medio (0,25 céntimos de bolívar) y tenía el patrocinio de varios negocios que estaban en la zona. Allí incluía noticias de compra y venta de apartamentos, de mascotas extraviadas… de cosas así, de interés para la comunidad. Yo tenía una pequeña imprenta que me había regalado mi papá y con ella imprimía las cuartillas y las pegaba con una grapa. Ese era el periódico.

Así empezó la afición. Pero mi verdadera vocación fue por la televisión. Siempre me atrajo el mundo audiovisual. En una oportunidad, con un compañerito del colegio, fuimos a Radio Caracas Televisión a ver el Show de Renny, que en esa época se transmitía a las ocho de la noche. Cuando entré al canal y vi los estudios de televisión, dije: “Esto es lo que me gusta, yo quiero trabajar es en esto”.

Tiempo después, mi padre, que era amigo del conocido animador, le preguntó dónde podía yo estudiar televisión y Renny le dijo que la mejor recomendación que me podía hacer era la Universidad de Michigan, si iba a estudiar en el exterior; o la Católica Andrés Bello, si lo hacía en Venezuela, que él garantizaba que había una muy buena formación profesional ahí. Así fue como entré en 1968 en la Escuela de Comunicación Social de la UCAB.

Y como profesional, ¿dónde comenzó a ejercer?

En Radio Caracas Radio, en la División Informativa, como se llamaba en aquél entonces y que dirigía Rafael Poleo. Redactaba los noticieros de la emisora y los boletines de El repórter Eso, porque la operación periodística se concentraba en la sede de Bárcenas a Río y se mandaba por línea muerta a la emisora en El Paraíso. Ahí empezamos varios, entre ellos Julio César Camacho y Reyes Álamo. Éramos redactores y reporteros, toderos de la noticia, pero con muchas ganas de aprender.

Eso fue durante mis años universitarios, pero en Radio Caracas Televisión (RCTV) hice la mayor parte de mi carrera, a pesar de que por un tiempo me fui al canal ocho, cuando era un canal privado, Cadena Venezolana de Televisión (CVTV). Allí pasé diez años, después volví a RCTV, donde estuve otros diez años. Luego me independicé, incursioné en el área de producción de programas, y volví por tercera vez a RCTV hasta su cierre. En total fueron 23 años al servicio del canal dos.

Usted llegó a ser vicepresidente de Información y Opinión de RCTV. En esta profesión existe la creencia de que cuanto más alto se llega en un cargo, más se aleja el periodista de la calle, que es donde está la noticia. Usted que tuvo esa experiencia, ¿qué dice?

El secreto es no dejar de ser periodista nunca y tener clara la realidad que estás viviendo. El proceso de gerenciar un noticiero no te aleja de la actividad, eso es falso. Yo participaba en todas las reuniones de pauta, en todas las mesas de asignaciones; de hecho, discutíamos los temas con los reporteros, ellos planteaban sus inquietudes, que eran recibidas con mucho gusto, porque nadie mejor que el que maneja la fuente para saber hacia dónde van las tendencias noticiosas e informativas. Era muy apasionante ver los resultados de una sinergia de profesionales.

Una de mis mayores ilusiones es haber logrado lo que yo llamé la profesionalización de la profesión, es decir, que todos los periodistas que trabajaban en ese momento en la Vicepresidencia de Información y Opinión eran egresados de una universidad. Hasta el mismo personal técnico tenía capacitación en el área periodística. Yo llegué a manejar un equipo de 360 personas, que se dice fácil, pero no lo es; nueve corresponsalías regionales y las alianzas internacionales. Llegamos a tener catorce alianzas internacionales, entre ellas las cadenas Caracol y Telemundo, que le daban mucha fortaleza al noticiero.

Nada de eso me alejó jamás del periodismo. Yo más bien me sentía parte activa de eso. Además, tenía la posibilidad de hacer programas de opinión, lo que me obligaba a estar muy enterado de lo que ocurría en el país y en el mundo.

¿Un mito, entonces?

¡Es un mito, claro!  Es más, me imagino que la gente que opina así es porque jamás ha estado en posiciones gerenciales informativas. Una cosa que sí era muy criticada es que los servicios de noticias fueran manejados por un profesional de otra área, un economista, por ejemplo. Eso sí era cuestionable porque, aunque fuera un profesional, no tenía la formación académica ni la trayectoria periodística. Pero el haber ido escalando todas las posiciones te daba un respaldo enorme.

¿Usted puede decir que hizo el periodismo que soñaba? 

Sí, lo digo. Nunca tienes la libertad absoluta, sobre todo en el aspecto político. Ser un medio independiente —a mí me gusta llamarlo independiente, no “privado”, porque creo que este término es elitista— te generaba un gran reto. Cuando un candidato está en campaña, te busca, te seduce, te enamora y te ofrece villas y castillos. Pero cuando llega al poder y empieza la crítica, que es la lógica del periodismo, porque el periodismo es contraste, porque en el periodismo no hay que ser complaciente, porque si no eres un propagandista, entonces empezaban las presiones y las relaciones ya no fluían como uno quería.

Pero, evidentemente, durante esos cuarenta años de democracia hubo muchísima más libertad que lo que sentimos después con la llegada de Hugo Chávez y lo que ha seguido después de Hugo Chávez. En algunos casos éramos llamados a Miraflores y conversábamos con los ministros de Información o hasta con los mismos presidentes de turno. Si había algún tipo de queja, había la posibilidad de que uno conversara y siempre se conseguía un entendimiento, un encuentro. Ese entendimiento no se logró más nunca con la llegada del socialismo del siglo XXI.

¿Qué impacto tuvo en usted, en lo personal y en lo profesional, el cierre de RCTV?

Fue un proceso muy duro y muy difícil, como para todos. Casi un cuarto de siglo dedicado a una empresa que se convierte en tu casa, donde tus compañeros de trabajo son tus amigos, la gente con la que te relacionas, con la que practicas deportes, a la que conoces a sus familias. Cuando se produce el cierre, ese mundo se te acaba, prácticamente.

Después del cierre, ese nefasto 27 de mayo de 2007, nosotros seguimos a través de las cableras y tuvimos tres años más en los que fuimos creciendo, hasta que Chávez se dio cuenta de que nos habíamos convertido nuevamente en un canal de muchísima aceptación. Entonces vino el segundo cierre, cuando se obligó a las cableras a que nos sacaran de su programación.

¡Por supuesto que se te viene el mundo encima!  Yo ya estaba en planes de retiro, de jubilación, porque era lo que me tocaba, pero este hecho me adelantó todo el proceso y de la noche a la mañana te ves prácticamente en la calle. Por eso no me quedó otra cosa que emigrar, buscar aquí, en Estados Unidos, la posibilidad de seguir viviendo. Es muy dramático y sí, te marca mucho en lo personal, en lo sentimental, porque el hombre es un animal de costumbre y si estás habituado a una vida y de la noche a la mañana te cierran esa posibilidad, en la práctica acaban terminándote esa vida. No ha sido un proceso fácil para ninguna de las cinco mil personas que trabajábamos allí, para ninguna de esas cinco mil familias.

Los psicólogos dicen que es una experiencia similar a la del dolor que se siente cuando se pierde a un ser querido…

Sí, así es, la sensación es muy parecida. Yo ahora estoy viviendo un duelo por la muerte de mi hija, Michelle, que murió hace tres meses, y, claro, salvando las distancias, es una pérdida que también te afecta mucho.

La enfermad y posterior agravamiento de Michelle obligaron a que usted y su esposa hicieran una campaña pública para recaudar fondos para cubrir los gastos médicos. ¿Cómo vivió usted ese proceso?

¡Me estás haciendo revivir unos meses muy duros, muy tristes, muy difíciles! Unos momentos de mucha angustia porque no tienes nunca previsto una cosa así en tu vida, sobre todo de una persona joven, que tiene toda la posibilidad de vivir más tiempo que tú. Lo que espera uno, por ley de vida, es que los hijos entierren a los padres y no los padres a los hijos. Pero, evidentemente, tienes que amarrarte el cinturón y seguir adelante.

Por más duro y difícil que resulte, te das cuenta de que se te está acabando lo poco que te queda de patrimonio. En este país la medicina es sumamente costosa y a pesar de que uno tiene pólizas médicas, hay cosas que los seguros no cubren, sobre todo en un proceso tan largo como cinco meses de hospitalización, que es una eternidad en un caso así. Hubo muchísima generosidad, gente que aportó cinco o diez dólares y otra que donó cantidades más altas, y gracias a eso hemos podido paliar de alguna manera la situación. Pero la angustia no ha cesado. Recuperarnos nos va a llevar un buen tiempo, pero hay que seguir adelante. Uno no puede rendirse. No somos gente de rendición.

Usted es muy religioso. ¿Lo es por formación familiar o hubo algún hecho especial que lo vinculara con su fe?

Somos una familia católica. Mi educación, de hecho, fue en el San Agustín, de El Paraíso, un colegio de sacerdotes agustinos españoles, y después en la UCAB, con sacerdotes jesuitas. Yo no diría que somos eso que llaman beatos, no somos de los que estamos metidos todos los días en una iglesia, pero sí tenemos nuestras creencias bien arraigadas. Hemos cumplido con todos los sacramentos: bautizo, confirmación, comunión y matrimonio. Hemos vivido en un mundo de católicos creyentes, como es o era el promedio de las familias venezolanas.

Creer en Dios te da una fortaleza espiritual ante unos vacíos muy difíciles. Es como si te hubieras lanzado de un avión y no tienes sino las nubes para agarrarte y tienes que buscar asirte de algo. Y en esas situaciones, de donde te puedes agarrar es de la fe y de creer en Dios.

¿Ha encontrado alivio en su fe?

No voy a negar que en algún momento estuve muy disgustado con Dios porque uno siempre esperó el milagro de la recuperación de Michelle. Pero después vas entendiendo que hay cosas que son inevitables, aunque no te las puedas explicar. A Michelle le tocó partir antes que a nosotros y fue decisión de alguien y para nosotros ese alguien es Dios. Ahora, tienes la posibilidad de renegar contra todo lo que tú crees o de buscar piso en lo que tú crees. Nosotros hemos optado por encontrar piso en nuestras creencias.

¿A quién se parecía más Michelle?

Bueno, ella fue un buen producto híbrido. Por supuesto, era la mejor amiga, la compañera, la otra mitad de mi esposa; pero, en la parte profesional, en la parte de sus inquietudes, era más parecida a mí. En lo físico, mucha gente decía que se parecía más a su mamá que a mí, y otra decía que era lo contrario, que se parecía más a mí. Pero yo creo que ella tuvo esa posibilidad de lograr parecerse un poco a cada uno de nosotros.

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¿Qué influyó en la decisión de Michelle de ser periodista?

Esa es una buena historia. Como muchos jóvenes, ella también pasó una etapa de búsqueda de su camino. Inicialmente, quería ser odontóloga. Empezó a evaluar la carrera y cuando supo que debía tener un cráneo en la casa para hacer estudios, no le gustó el asunto. Después se entusiasmó con la veterinaria. Vivíamos en Oripoto, en El Hatillo, y el veterinario de esa zona era muy amigo nuestro. Cuando le hablamos de las intenciones de Michelle de ser veterinaria, él le propuso que hiciera una pasantía en su clínica a ver si le gustaba. Cuando estaba haciendo la pasantía, un día llegó el caso de un perro dóberman al que debían operar de las orejas y cuando el veterinario le puso las orejas en las manos, ¡Michelle se desmayó! (Risas).

Desde muy niña ella me acompañaba al canal. Se iba conmigo y correteaba por todos esos pasillos. Un día, después de haber evaluado las posibilidades de ser odontóloga o veterinaria, se dio cuenta de que el periodismo era lo que realmente le gustaba. Uno de mis grandes orgullos es que yo tuve el privilegio, el honor, por una gentileza de Levy Benshimol, de ser quien le impusiera su medalla de graduación. En lo que me queda de vida, eso lo tendré como un gran orgullo, el poder haberle entregado el testigo a mi hija. Cuando se tiene a un padre periodista, para el hijo resulta un hándicap, una desventaja. Pero Michelle asumió eso con muchísimo compromiso. 

Claro, ella debía demostrar, más que los demás, que tenía méritos propios para ser periodista de RCTV, que no estaba allí solo porque era su hija.   

Así es. Siempre hay esa suspicacia, de que llegó porque es la hijita de papá y como tal tiene todos los privilegios. Por eso ella no entró directamente en el área de Información y Opinión, esa fue una solicitud mía, sino que entró en el área de entretenimiento y por eso estuvo en programas como Loco video loco, Ají picante y De boca en boca. A ella le gustó el área de entretenimiento y calificó para estar con Patricia Fuenmayor, que en ese momento conducía la sección de Espectáculos de El Observador. Ella demostró que no era la hijita de papá, el canal estaba satisfecho con su trabajo. Su interés real era el diarismo, a eso era a lo que ella quería llegar, pero no se pudo concretar por el cierre de RCTV.

Ella tenía una chispa divertida, graciosa…

Siempre fue muy alegre, muy creativa. Ese ha sido uno de sus grandes legados, la alegría, la felicidad. Era muy difícil ver a Michelle brava. Ella le contagiaba a uno su alegría.

Hace poco tuvimos la visita de Luis Olavarrieta y fue muy grato para nosotros porque Luis y Michelle fueron compañeros en Ají picante. Además, él tuvo la gentileza de invitarnos a mi esposa y a mí a cenar junto con su mamá… Fue nuestra primera salida después de lo de Michelle…

Ver cómo ha crecido Luis profesionalmente, las entrevistas que está haciendo, el aporte que está dando, me hace sentir muy orgulloso de estas nuevas generaciones de periodistas. Él es un símbolo de esta nueva generación de periodistas, arriesgada, valiente, comprometida. Es muy hermoso, de verdad. Eso lo llena a uno de muchas esperanzas.    

Siempre tengo en mi corazón la esperanza de volver a mi país. Pero, por ahora, quiero aprovechar este Día del Periodista para enviar mis felicitaciones a estas nuevas generaciones de periodistas. Entiendo y comparto completamente las dificultades de hacer su trabajo día a día en un país con tantas limitaciones y tantas restricciones como es ahora Venezuela. Eso me enorgullece mucho porque quiere decir que las generaciones anteriores no hemos arado en el mar, sino que hay, justamente, una continuación de ese deseo de que Venezuela vuelva a ser el país libre, el país grande y generoso, el país abierto al mundo que fuimos, en el que nos dio mucho orgullo vivir.

Realmente hay gente muy valiosa que asume todos los días un gran riesgo al ejercer esta profesión, al salir a la calle, y al cuestionar las ideas que quieren sembrarnos por la fuerza.  A todos mis colegas, mi admiración y mi profundo respeto.

¿A qué se está dedicando en este momento?

Me estoy dedicando a apoyar el turismo. La familia de mi esposa, que siempre ha estado en este sector, tiene una agencia de viajes bastante grande que nació en Venezuela y que ahora opera en Miami y Canadá. Estamos iniciando una serie de proyectos muy importantes y los estoy apoyando en la parte comunicacional.

Pero, por supuesto, si tengo la posibilidad de ejercer en lo mío, lo hago, me encanta hacerlo. Ya yo estoy en una etapa de la vida en la que, digamos, si puedo colaborar con base en mi experiencia y mis conocimientos, lo hago encantado porque, además, siento que de alguna manera estoy ejerciendo la docencia.

Y fuera del periodismo, ¿qué le gusta hacer?

Yo he practicado deportes acuáticos toda la vida. Eso me gusta mucho. Soy submarinista clase A. Mi deporte favorito en la infancia era la natación. Jugué mucho fútbol y poco béisbol por haber estudiado en un colegio de curas españoles. Me encanta la música, me encanta leer, me distraigo mucho leyendo. Las artes en general las admiro mucho. El teatro, la ópera… todo lo que sea manifestación de lo bello y lo hermoso que tiene la vida. Yo siento que soy un buen acuariano y como tal tengo mucha sensibilidad para las artes.

Y son brillantes. No he conocido un acuariano que no sea inteligente.

¡Bueno, espero no haberte defraudado! (Risas)

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1 Comment

  1. Claro ése «entendimiento» con el Gobierno era pautas publicitarias para no ser «incómodos» en sus programas de noticias y opinión. Y el que no se doblega se le ataca a inmisericordemente.

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