Hormigas cosechadoras: las coleccionistas de fósiles más pequeñas

Hormigas cosechadoras: las coleccionistas de fósiles más pequeñas del mundo

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Paleontólogos acaban de descubrir 10 nuevas especies de mamíferos antiguos gracias a la dedicación de estas hormigas cosechadoras en la construcción de montículos

En todo el oeste de Estados Unidos, las laboriosas hormigas cosechadoras suelen ser consideradas como plagas. Estos insectos recogen semillas y viven en grandes montículos de sedimentos, y pueden provocar desagradables picaduras a las criaturas que perciben como amenazas. Un montículo puede durar décadas y, para disgusto de los propietarios, el terreno se limpia de vegetación como forma de protección.

Pero mientras estas hormigas construyen estas especies de colinas, hacen algo extraordinario: actúan como los coleccionistas de fósiles más pequeños del mundo.

Hormigas cosechadoras
Al construir sus montículos de arena y grava, las hormigas cosechadoras suelen encontrar y acumular fósiles de apenas unos milímetros, lo que significa una gran ayuda para los paleontólogos.
Fotografía de Michael Forsberg Nat Geo Image Collection

Las colonias revisten sus montículos con una capa de poco más de un centímetro de espesor de pequeñas rocas del tamaño de una perla, para proteger las estructuras de la erosión del viento y el agua. Para encontrar material para este revestimiento, las hormigas se aventuran a más de 30 metros del montículo. Además de trozos de grava, recogen los pequeños fósiles y objetos arqueológicos que encuentran.

El botín científico que pueden acumular estas hormigas es asombroso. Al examinar 19 hormigueros cosechadores en una propiedad de Nebraska (Estados Unidos) los investigadores encontraron más de 6000 microfósiles (cada uno de ellos de no más de unos pocos milímetros de ancho) de antiguos mamíferos. Los especímenes incluyen pequeños dientes y fragmentos de mandíbula de nuevas especies de roedores y de una desconocida especie de animal insectívoro parecido a la musaraña.

Estos diminutos dientes (de apenas un milímetro de ancho) pertenecen a la nueva especie de fósil de mamífero llamada científicamente Oligoryctes tenutalonidus, la cual se alimenta de insectos y tiene aspecto de musaraña.
Fotografía de Clint A. Boyd

Los fósiles hallados, descritos en la revista científica Paludicola, incluyen también dientes de primates, antiguos primos de los conejos y una especie no identificada de murciélago. Por muy pequeños que sean estos dientes, sus formas proporcionan una gran cantidad de información, incluida la ubicación de los dientes en el árbol genealógico de los mamíferos.

«El hallazgo es una fuente concentrada de fósiles que, de otro modo, implicaría un esfuerzo extra al tener que excavar en la roca… o simplemente años y años de tener que arrastrarnos con la esperanza de encontrar algo aislado», explica el coautor del estudio Clint Boyd, paleontólogo del Servicio Geológico de Dakota del Norte en Bismarck.

Y gracias al trabajo de las hormigas, los investigadores pueden utilizar estos fósiles para comprender mejor lo que ocurría en Norteamérica hace unos 34 millones de años, un período evolutivamente importante que marcó el final de la época del Eoceno y el comienzo del Oligoceno. Durante esta época, el planeta entró en un prolongado periodo de enfriamiento, lo que provocó la extinción de algunas especies y la reorganización de los ecosistemas en la antigua Tierra.

«Los montículos de recolección son como los mejores amigos de los arqueólogos y los paleontólogos», afirma el explorador de National Geographic Benjamin Schoville, arqueólogo de la Universidad de Queensland, en Australia, quien no participó en el estudio.

Pequeños cazadores de fósiles

Los científicos conocen desde hace más de un siglo la capacidad de las hormigas para buscar fósiles. En una publicación de 1896 sobre yacimientos de fósiles en el oeste de EE.UU., el paleontólogo John Bell Hatcher aconsejaba a los coleccionistas frecuentar los hormigueros locales, «ya que casi siempre aportan un buen número de dientes de mamíferos».

El método preferido por Hatcher para recoger los dientes (sacando el sedimento con un tamiz de harina) parece haber funcionado bien. Se jactaba de haber encontrado regularmente entre 200 y 300 piezas dentales individuales y fragmentos de mandíbula en una sola colina.

Aunque el comportamiento de las hormigas está bien documentado, genera la impresión de ser un conocimiento popular, ampliamente entendido pero no estudiado sistemáticamente. Sin embargo, los pocos análisis realizados hasta ahora han demostrado que las hormigas cosechadoras pueden recoger algunos especímenes notables.

En 2009, un equipo dirigido por Schoville publicó los resultados de las observaciones realizadas en 812 hormigueros de Nebraska. De ellos, casi una quinta parte tenía pequeñas escamas desprendidas de piedras, quizá restos dejados por los nativos americanos que afilaban piedras para convertirlas en herramientas o puntas de proyectil. «Algunos restos de la ocupación humana sólo están representados por esos pequeños objetos», afirma.

En los hormigueros de Nebraska también se encontró un fragmento de mandíbula parcial y un diente de murciélago, pero el fósil es demasiado fragmentario para asignarlo a una especie concreta.
Fotografía de Clint A. Boyd

El estudio también demostró lo lejos que viajan las hormigas. En un experimento, el equipo de Schoville dispuso las perlas en anillos concéntricos alrededor de varios montículos. El más lejano de estos anillos se encontraba a 48 metros de las cimas. Para sorpresa de Schoville, las hormigas de uno de los montículos trajeron perlas desde esa lejana distancia, lo que equivale a que un humano busque comida a 11 kilómetros de su casa.

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Tomado de NATIONAL GEOGRAPHIC

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