RJ León

Cuentos de terror de R. J. León: Las ánimas benditas del purgatorio

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R. J. León presenta sus cuentos de terror, comenzando con esta la serie dedicada a las ánimas benditas del purgatorio.

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Serie: «Mis cuentos de terror» por RJ León

Las ánimas benditas del purgatorio

¿Sabes algo de las ánimas benditas del purgatorio? Mi mamá tiene por costumbre mencionarlas cada vez que me echa la bendición.

Me di cuenta de que mi abuela materna lo hace también, entonces concluí que podía no tratarse de una práctica de devoción o creencia auténtica.

Podía ser tan solo una costumbre heredada. Recuerdo haber escuchado un cuento relacionado con ese tema, el de una amiga de mi mamá.

Ella nos contó que cuando tenía diez u once años de edad, vivía en una casa en el campo, que tenía un patio trasero muy grande, y al fondo de aquel patio había una pequeña capilla, donde principalmente las mujeres de la familia, se reunían a rezar juntas.

Una noche escuchó al fondo del patio un grupo de personas murmurando, pero no lograba identificar de qué se trataba, al caminar hacia la pequeña capilla, la cual mantenía sus puertas cerradas, pudo escuchar más claramente y pudo identificar un rezo al unísono de varias personas.

Colocó su oído contra la puerta y no cabía duda de que había varias personas dentro de la capilla rezando. De inmediato, se arrojó al piso y colocó su cara en él, de manera que pudiera ver por debajo de las puertas.

No había luz dentro del recinto. Entonces, pensó que era muy extraño que unas personas estuvieran allí rezando a oscuras. Se paró de inmediato y corriendo entró a la casa a contarle a su mamá lo que ocurría.

Lamentablemente, su madre no le prestó atención al cuento de la niña, y se sumergió nuevamente en una conversación que mantenía en la cocina, con la abuela y la señora de servicio.

La niña volvió a las puertas de la capilla y allí se mantenían los rezos, las voces, y la oscuridad. Se llenó de valor para tomar las agarraderas de ambas puertas y halarlas con toda su fuerza, en el mismo instante que abrió las puertas, sintió que una estampida de personas, a quienes no veía, la empujó hasta hacerla caer de espalda y pasarle por encima.

Yo viví, dos fenómenos relacionados con las ánimas. El primero ocurrió cuando me mudé a vivir con mi padre después del divorcio. Hasta ese día, mamá siempre me despertó en las mañanas a la hora de ir al colegio.

En aquella circunstancia, tan complicada para un adolescente, me refiero al divorcio, había un detalle que no podía pasar por alto.

¿Quién iba a despertarme en las mañanas?

Ya era de noche y no me daba tiempo de ir a comprar un despertador, no quería perder la costumbre de ser despertado por mi mamá. La llamé, para saber si tenía alguna sugerencia, y proponerle, que me despertara con una llamada telefónica, cual servicio de despertador de hotel.

Ella se encontraba en un proceso de adaptación y se negó a hacerlo, con la intención, de que yo mismo tomara las riendas de varios aspectos de mi vida, de ese modo, me sugirió que le pidiera a las ánimas benditas que me despertaran.

En algún momento yo había escuchado ya de aquel inusual recurso, sin embargo, bajo aquellas circunstancias que vivíamos, preferí conocer los detalles, y no estar iniciando una discusión estéril, acerca de mis responsabilidades.

Me senté a escucharla tratando de no perder un solo detalle, de sus instrucciones.

Lo primero que debes hacer, es tener fe – me dijo – tienes que tener la certeza de que lo que vas a hacer, de que lo que vas a solicitar, va a ocurrir, sin dudarlo un solo segundo.

Es sumamente importante que recuerdes decirles que no te asusten. Te acuestas a dormir, cuando estés cómodo en la cama, debes hacer tu solicitud, si quieres anota lo que debes decir: “Ánimas Benditas del Purgatorio mañana quiero que me despierten a las 6:00 am, y por favor, no me asusten”.

Luego, rezas un Padrenuestro y al finalizarlo dices de nuevo: “No me asusten”.

¿Eso es todo? – pregunté.

Sí, eso es todo, ya verás lo increíble que es – respondió.

De ese modo, me acosté, recién salido de la ducha, fresco, con la cabeza llena de pensamientos, pero dispuesto a dormir.

Ánimas Benditas del Purgatorio, mañana quiero que me despierten a las 6:00 am, y por favor, no me asusten. Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre… terminé todo mi Padrenuestro, Amén. ¡Ah! y por favor, no me asusten – repetí.

No sé en cuanto tiempo estuve dormido, no recuerdo si soñé algo durante la noche, lo único que nunca olvidaré, es que abrí los ojos y algo de luz, ya se colaba por la ventana de la habitación.

Brinqué de la cama a buscar mi reloj de pulsera, y quedé estupefacto al ver la hora. Eran las 6:00 de la mañana. Ni un minuto más, ni uno menos. Las 6:00 am.

Otra cosa sorprendente es que no tenía sueño, es decir, me sentía completamente descansado, sin la pesadumbre matutina, que nos roba los primeros minutos de la mañana hasta que nos resignamos a la idea de tener que arrancar el día.

Me dio tiempo de prepararme, con toda la calma, para salir al colegio, además de muy buen ánimo, y llegué, muy, muy temprano a clases.

Continuara…

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