Grecia Marquís: «Proteger a los animales y su medio es mi misión de vida»

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Por Katty Salerno

Grecia Marquís supo desde niña que sería veterinaria. Una convicción que fue alimentada por su padre, quien, aunque dedicado al negocio del corretaje de seguros, solía llevarla de excursión y enseñarle acerca del valor de la vida, hasta la del más pequeño insecto.

En ese entonces, nunca imaginó que ella misma tendría que pasar por pruebas muy duras que le han permitido valorar más hasta su propia vida. Se ha valido de su carácter rebelde e inquieto, como se define, para enfrentar y superar la adversidad y también para hacer realidad la que considera su razón de existir. “Siento que esta es la misión de mi vida, más allá de todas las demás actividades que amo y que disfruto hacer: conservar los animales y las aves en libertad y proteger su medioambiente”, dijo en esta entrevista exclusiva con Curadas.com la creadora de la Fundación Plumas y Colas en Libertad.   

Para conversar con Grecia tuvimos que esperar a que se recuperara de un nuevo percance de salud que la obligó a internarse dos veces en menos de quince días en una clínica.

“Llevaba un tiempo sintiéndome muy cansada al hacer mis actividades normales. Más que como veterinaria, la actividad que realizo en la fundación es muy demandante, tengo que subir y bajar cerros persiguiendo aves que se escapan o tengo que correr con animales para rehabilitarlos. Es una actividad muy dinámica desde el punto de vista físico, aunque me sentía preparada para eso porque he sido atleta toda mi vida, desde muy pequeña practico natación. Sin embargo, hace unos tres meses comencé a sentirme cansada, agotada.

Al principio creí que se debía a un problema respiratorio que ya había enfrentado. Pero un día me atacó un fuerte dolor en el pecho. Me sentí muy mal y me asusté, por lo que decidí ir a una clínica para que me evaluaran y estando allí me dio una cosa muy severa, no podía respirar. Me diagnosticaron angina de pecho de origen cardiaco y me practicaron un cateterismo. Estuve hospitalizada una semana, pero como a los diez días de haber sido dada de alta me tuvieron que hospitalizar de nuevo, esta vez por una infección pulmonar. Aún no sé si fue esto lo que me estaba afectando desde el principio y no se diagnosticó correctamente; o fue que apareció después o si la contraje en la misma clínica, eso no está claro. Lo cierto fue que tuve que hospitalizarme de nuevo y me hicieron una broncoscopia. 

He vivido unos meses muy duros, muy traumáticos, tanto física como emocionalmente, porque a menos de dos semanas del cateterismo me hicieron una broncoscopia, que duele mucho. La hacen bajo sedación, pero sientes el malestar de todo ese trauma. Gracias a Dios me he ido recuperando, me empecé a sentir mejor, tuve que seguir un tratamiento con antibióticos y otros medicamentos y ya hoy me siento bastante mejor. No estoy perfecta aún, pero sí bastante mejor. Todo esto, como supondrás, también ha afectado mucho mi trabajo en la fundación. Aunque tengo un equipo maravilloso de voluntarias, la labor que hacemos depende fundamentalmente de mí, pues soy la que recibe a los animales, la que planifica y dirige todo lo que hay que hacer para atenderlos y recuperarlos.

¿Has pensado hacer algún cambio en tus actividades, replantear tu vida?

Esta vez fue muy fuerte. Y digo esta vez porque en mi vida he tenido muchas llamadas de atención y muy fuertes sobre mi salud. A mí no me da covid, como al resto de los mortales del planeta. ¡A mí me dan cosas fortísimas! Yo soy trasplantada de riñón desde hace quince años. He tenido eventos de salud muy fuertes, muy radicales.

Pero esta vez sí me he puesto a pensar en que he estado dedicando mucho a los demás. La fundación siempre ha estado primero. Es como un hijo, es mi tesoro. La fundé hace dieciséis años desde el punto de vista legal, pero desde antes de eso ya hacíamos las mismas actividades sin que tuviera la figura legal de ONG. Me di cuenta de que había dejado de lado mis actividades que siempre había hecho, como la natación, ir a un gimnasio, seguir con mi vida social, dedicarme más a mí como ser humano, como ser espiritual, como persona. Todo eso lo había dejado a un lado por muchos años.

Sin darme cuenta me he involucrado en un espacio que es maravilloso, que es el de la fundación, que me absorbe muchísimo porque es demasiado bello, porque me siento muy feliz en ese mundo, en esa montaña, con los animales, pero inevitablemente te olvidas de ti porque, aunque te guste mucho lo que haces, estás dedicada a otra cosa que es externa a ti, te descuidas tú.

¿Eres de las que dice que prefieres a los animales antes que a la gente?

¡A veces provoca! (Risas). La verdad es que yo me siento en perfecta armonía con los animales, pero cuando llegan sus dueños las cosas pueden cambiar (risas). Pero, bueno, definitivamente los seres humanos somos seres sociales y también nos hacen falta la familia, los amigos, un novio o esposo o compañero…

¿Qué te atrajo de ser veterinaria?

Desde niña siempre me gustaron los animales y la vida silvestre, algo que también fue impulsado por mi papá, que me llevaba a hacer excursiones y me enseñó que había que respetar la vida de los animalitos, así fuera una lagartija o una arañita. Entonces siempre tuve esa sensibilidad por la vida y sin darme cuenta también por la libertad de los animales silvestres. Siempre supe que quería ser veterinaria, eso nunca lo tuve en duda. Y así lo hice. Aunque soy de Caracas, tuve que irme a estudiar a la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado. Mi época de estudiante fue muy bella, como la de casi todo el mundo, creo.

Pero no te conformaste con tener una clínica veterinaria y ya, como suelen hacer los médicos veterinarios…

¡Es que siempre me gustó la fauna silvestre! Recuerdo que cuando estaba en la universidad, solo un compañero y yo, en toda la escuela, nos preocupábamos por la fauna silvestre. Los demás se querían dedicar a lo usual, a atender perros o gatos o ganado o caballos. En la universidad ni siquiera se veía la fauna silvestre como materia. Ya desde esa época me gustaban los animales silvestres, exóticos. Iba a los zoológicos a visitarlos y una de las pasantías que hice, fue en esa área. Y a medida que fui evolucionando espiritualmente, fui cambiando, porque yo también me sentí tentada a comprar guacamayas en la carretera. Cuando iba de Caracas a Barquisimeto, o al regreso, veía a los tipos vendiendo aves en las carreteras y me provocaba comprar una. 

Pero luego, cuando me gradué y empecé a atender en la consulta privada a tantos animales silvestres que son cazados para luego ser vendidos en una carretera, tomé conciencia. Mucha gente llega a la consulta con esos animalitos porque ya no los quieren, porque se dan cuenta de que pueden ser agresivos, como los monos, o que pueden transmitir alguna enfermedad. Entonces, cuando empecé a ver esos casos, comencé a hablar con mis clientes, a convencerlos de que no compraran animales silvestres. Pero también comencé a llenarme de impotencia y de mucha rabia al ver que los animales estaban sufriendo y que a veces hasta eran abandonados por culpa de gente inescrupulosa que los caza para venderlos.

Entonces decidí dejar la queja, porque soy así en todos los aspectos de mi vida, me gusta la acción. No me gusta quedarme en la queja y me molesta la gente que solo se queja sin pasar a un segundo nivel. Si a ti te molesta algo el primer impulso es la queja, eso está bien, porque primero que todo tienes que rechazar lo que te está pasando. Pero luego tiene que haber una actitud y una acción de tu parte para mejorar o solucionar eso que te molesta. Así pienso.

Por eso me decidí a hacer algo para detener esa situación, algo que de verdad tuviera fuerza en la gente y que fuera más allá de lo que podía hacer yo en la consulta como veterinaria. Así fue como nació la idea de crear la Fundación Plumas y Colas para la Libertad, para darle más forma y más peso a esa meta que quería alcanzar, que es principalmente la educación, hacer que la gente tome conciencia sobre el problema del tráfico y comercio de fauna silvestre en nuestro país.

En Venezuela no hay centros para rehabilitar a estos animales ni refugios para mantenerlos. Cuando la Guardia Nacional y demás autoridades competentes en la materia decomisan animales salvajes, no tienen a donde llevarlos. En Colombia, Brasil o Perú, por ejemplo, hay centros que reciben a esos animales y los rehabilitan y luego los liberan en sus hábitats o los llevan a un santuario, donde podrán tener una mejor vida que la que llevaban en cautiverio. Esa es la segunda razón por la cual me decidí a crear la fundación.

El tercer objetivo de la fundación es crear conciencia sobre la necesidad de preservar el medioambiente; velar por la reforestación, la atención a la flora, los árboles, la fauna, los suelos, de todo el ecosistema.

Estos tres objetivos están vinculados. Tú puedes rehabilitar animales silvestres que llegan porque fueron decomisados o porque están enfermos o heridos, pero si hay una fuga, es decir, si la salida es mayor a lo que puedes sanar, a lo que puedes reparar de alguna manera, entonces hay un desbalance, porque es mayor la cantidad de animales cazados que lo que puedes reintroducir. Por eso es fundamental la educación, para crear conciencia sobre la necesidad de detener el tráfico de fauna salvaje y mantener su medioambiente.

Y a propósito de ese tema, ¿qué opinas de la tala indiscriminada de árboles que estamos viendo en Caracas?

¡Que es terrible! Desde mi humilde posición, he manifestado mi protesta y rechazo a esas talas bárbaras e indiscriminadas, sin ningún tipo de justificación. Habrá casos muy puntuales que ameriten una tala, no podemos ser radicales. Pero eso siempre debe tener un informe técnico que justifique esa medida, como se hacía antes.

Yo tengo muchos años trabajando en esto. Recuerdo que antes las direcciones responsables de las áreas verdes de las alcaldías hacían informes cuando había que talar un árbol. Antes, la gente también llamaba, igual que lo hace ahora, cuando querían que cortaran un árbol porque las hojas le molestaban. El personal de las alcaldías evaluaba el caso; pero si no representaba ningún peligro, no lo cortaban y le decían a los vecinos que no.

Ahora no. Ahora llaman a Fospuca o hasta a particulares y cortan los árboles sin permiso de nadie. Hay una anarquía, una falta de control legal sobre la protección de los árboles. Hay una terrible falta de sensibilidad que todos debemos contribuir a rescatar. Nos vamos a quedar sin árboles, con todo lo que eso significa para el clima de la ciudad, para la vida de los animales. Es lamentable, pero la ignorancia es lo que está prevaleciendo. La ignorancia, porque más allá de que una alcaldía sea de un partido u otro, deben tener personal técnico preparado en la materia para tomar las decisiones, para restringir acciones que perjudiquen el medioambiente.

Quisiera hacer un llamado a que hagamos un esfuerzo por conservar nuestro medioambiente. El llamado es a todos, pero especialmente a los habitantes de Caracas y a sus autoridades, porque es aquí donde hago mi esfuerzo. Quiero sensibilizar a la gente para que seamos una comunidad cada vez más fuerte la que proteja nuestro medioambiente. Siento que esta es la misión de mi vida, más allá de todas las demás actividades que amo y que disfruto hacer: conservar a los animales y las aves en libertad y proteger su medioambiente.   

Y hablando de tus otras actividades, quisiera que nos contaras de tu faceta como pintora. ¿Cuándo empezaste a hacerlo?

Cuando me trasplantaron el riñón. Yo siempre he sido muy activa. Toda mi vida siempre he sido deportista, siempre he tenido mucha actividad. Cuando me trasplantaron el riñón tuve que confinarme, porque a uno lo aíslan, prácticamente, porque las defensas están muy bajas. No podía salir ni nadie me podía visitar. Entonces le pedí a mi mamá que me buscara unos lienzos para distraerme, para hacer algo mientras estaba confinada. Siempre me gustó pintar, pero nunca lo había hecho. Así descubrí ese talento para la pintura y así empecé.

También me gusta mucho la escultura, pero el taller que tenía en mi casa lo perdí porque me tuve que mudar. Estudie algo de escultura en la Escuela de Arte Cristóbal Rojas, pero en la pintura soy completamente autodidacta. Lo he hecho por instinto, por algo que Dios me ha permitido hacer. He vendido piezas a través de galerías de arte y con eso pude financiar por un tiempo la fundación. Pero desde hace como tres años, desde poco antes de la pandemia, las ventas bajaron mucho y me di cuenta de que nos hacía falta ayuda, apoyo, para seguir adelante. Fue entonces cuando empezamos a pedir donaciones y colaboraciones de gente y de instituciones porque yo sola ya no podía con todos los gastos.

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Tienes muchos talentos, porque también eres life coaching.

Yo siempre he sido muy inquieta. Cuando estaba pequeña y ya de grande había personas, incluso mi mamá, que me decían que debía dedicarme a una sola cosa.

Pero yo no soy la única que es así. Hay muchísima gente que tiene muchos talentos, pero la sociedad y hasta tu misma familia quieren como que limitarte o etiquetarte. Si eres abogado y de repente descubres que te gusta el arte, ¿por qué no puedes hacer las dos cosas? Hay una resistencia social y la mayoría de las personas se deja vencer por ella. Entonces uno tiene que ser rebelde y seguir lo que uno quiere, sin dejarse llevar por lo que diga la sociedad y hasta la gente que más te quiere, porque, bueno, esa gente también forma parte de esa sociedad y sigue las creencias, eso lo entiendo. Pero yo creo eso, que mucha gente tiene muchos talentos y no los desarrolla por esas presiones de la sociedad. 

¿Y por qué te hiciste life coaching? Algo que, ciertamente, no se relaciona para nada con la medicina veterinaria.

Las enfermedades te pueden conducir a algo bueno si te sientas a ver qué puedes aprender de esas situaciones. Yo he tenido problemas de salud desde que estaba en la universidad, pero como siempre he sido muy rebelde me negaba a aceptar que estaba enferma. Tampoco escuchaba a la gente que me decía que me retirara de la universidad y me regresara para Caracas. Lo que hice fue buscar herramientas para mí, para entender lo que me estaba pasando, para el control emocional, para ver qué podía hacer yo desde mi propia mano para ayudarme. Por eso empecé a estudiar psiconeuroinmunología.

¿Estudiaste con la Dra. Marianella Castés?

No, lo hice mucho antes de que la Dra. Castés tuviera el impacto que tiene ahorita, que es maravilloso. Cuando yo empecé con esto la palabra psiconeuroinmunología ni siquiera existía como tal. Lo que hice fue que me puse a buscar libros sobre visualización creativa, que era el nombre que se le daba a eso que hoy conocemos como psiconeuroinmunología. Con esta técnica, visualizas el órgano o el área de tu cuerpo que tengas enferma y empiezas a visualizarlo sano.

Lo hice y me curé de los problemas que me aquejaban entonces. Tanto, que mis médicos, cuando vieron el resultado, me pidieron que visitara a otros pacientes y les enseñara esta técnica. Jovencita como era entonces me iba para las clínicas y los hospitales a ayudar a pacientes, la gente empezó a llamarme y a pedirme que ayudara a familiares enfermos.

Después apareció la figura del coaching, que es vieja pero que no tenía el renombre que tiene ahora y tampoco estaba rayada, porque ahora cualquiera hace un curso de tres meses y ya dice que es coaching. Empecé a estudiarlo formalmente en 2014. Primero hice una certificación y luego hice una maestría en la Universidad Latinoamericana del Caribe, en Curazao. Mi tesis la hice justamente sobre cómo el coaching a través de la psiconeuroinmunología puede ayudar a sanar. La decisión de hacer esos estudios de una manera formal la tomé por mi propia salud, para ayudarme a mí, pero también me ha permitido ayudar a personas con problemas de salud. He trabajado bastante con adolescentes, porque me encanta trabajar con gente joven.

La enfermedad se ha convertido en una maestra en mi vida, aunque a veces me digo que ya no quisiera aprender más, como esta última vez, que me enfermé tan fuerte y que me llevó a preguntarme qué estoy haciendo para enfermarme. Yo no estoy de acuerdo con esa tendencia que existe ahora que te hace creer que eres responsable de todo lo que te ocurre. Creo que no es del todo así. Eres responsable de muchas cosas, por supuesto, porque tus decisiones tienen consecuencias, pero no todo lo que te pasa es por tu responsabilidad.

Es injusto decirle a un niño de diez o doce años, por ejemplo, y que está padeciendo de una enfermedad grave, que es responsable de eso que le está pasando, que algo hizo él y por lo cual le está pasando eso. No. Las enfermedades existen, la genética existe, las debilidades físicas, corporales, existen. No todo lo que a uno le ocurre, al menos en lo que tiene que ver con salud, es por su responsabilidad. Y también hay casos en los que los médicos te dicen que tienes una enfermedad y que la vas a padecer de por vida, y luego te curas. En primer lugar, porque todo está en manos de Dios. Yo tengo mucha fe en Dios. Y, en segundo lugar, porque también está en tus manos el poder para sanar tus células.

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