Wizzmer: «Mi historia con la música se parece a la de la película ‘Coco’»

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Por Katty Salerno

Wizzmer es el alter ego de Wismer Jiménez, un muchacho de Puerto Ayacucho que, al igual que el personaje de Demian, obra del célebre escritor alemán Hermann Hesse, Premio Nobel de Literatura 1946, un día entendió que «Quien quiere nacer, tiene que destruir un mundo». Tal como hacen los pollitos, que deben romper el cascarón para salir a la vida.

A él le tocó romperle el corazón a su madre, que soñaba con verlo convertido en ingeniero eléctrico y lejos de la música, para no repetir historias familiares. Pero tuvo que hacerlo para que pudiera nacer Wizzmer, el músico, cuatrista, compositor, manager y líder de la banda Los Wizzards que hoy triunfa en Estados Unidos.

«Mi historia con la música se parece un poco a la de la película Coco», dijo Wizzmer a Curadas.com en entrevista exclusiva desde Miami, adonde emigró hace siete años con 200 dólares en el bolsillo, su cuatro eléctrico y un montón de sueños en su equipaje. Para quienes no la han visto, esta cinta de Disney cuenta la historia de Miguel, un niño de doce años que debe vencer el veto a la música que se impuso en su familia luego de que su tatarabuela, Imelda, se sintiera abandonada por su esposo cuando este se dedicó a su carrera como músico. En estas circunstancias, a Miguel no le quedó otra opción que aprender a tocar su guitarra en secreto.

Pero todo el esfuerzo que ha realizado Wizzmer para conectarse con la música ha valido la pena. Por lo pronto, ya experimentó la emoción de desfilar por una alfombra roja. Fue el año pasado, como productor artístico de Alemor, cantante y compositora colombiana y también su esposa, cuyo disco Alemorologia fue nominado a los Premios Grammy Latino en la categoría mejor álbum cantautor del año.

La fábrica de sueños está marchando a todo dar. En la actualidad, Wizzmer está trabajando en su primer disco como solista. Será un tributo a The Beatles que llevará por título The fabs four —que en español se puede entender como El cuatro fabuloso o Los cuatro fabulosos, como también llamaban a los “cuatro” de Liverpool—. También está trabajando en dos nuevos discos para Alemor —su primer disco en inglés y otro en colaboración con artistas— y en el segundo álbum de Los Wizzards. Eso sin contar las presentaciones que hace el grupo por su cuenta o como banda oficial del Miami Heat, el equipo de baloncesto profesional de la capital de Florida.

«Todo eso lleva amor, tiempo, atención, como si fuesen hijos», dijo Wizzmer con satisfacción.

Sueles repetir frases muy inspiradoras, como “Soy el autor de mi vida” o “Tengo la vida de mis sueños”. ¿Cómo soñaste esa vida y, sobre todo, cómo la construiste?

Ese sueño comienza por cuestionar ciertas creencias o dichos populares. Yo soy de Puerto Ayacucho, Amazonas, y en una oportunidad que fui de vacaciones, porque estaba estudiando Ingeniería Electrónica en la Universidad Yacambú, en Barquisimeto, me reuní con amigos del colegio y nos pusimos a ver fotos y alguien dijo «éramos felices y no lo sabíamos». ¿Cómo es eso de ser feliz y no saber uno que es feliz? Esa fue una de las cosas que cuestioné. Yo quiero ser feliz en mi presente. El cuestionamiento de frases como esas, de situaciones como esas, me hizo tomar acciones para estar presente, para estar consciente, para ser feliz.

Eso pasa, obviamente, por todo un planteamiento filosófico acerca de qué es la felicidad, que también es un concepto construido. Para mí, la felicidad es un todo. Es como el clima. Puede que hoy esté lloviendo y que eso me ponga triste, pero sigo siendo feliz  pesar de la lluvia. Ese estado permanente de felicidad me permite atravesar la tristeza sin que se convierta en depresión.

Hay que entender y comprender internamente que la vida tiene cambios, que hay cosas que ocurren y que lo único que yo puedo hacer es controlar mi reacción, la forma en que actúo frente a esos cambios. Si está lloviendo y mi plan para hoy es ir a tocar, lo único que puedo controlar es la forma en la que reacciono y actúo frente a la lluvia. A partir de allí acciono en función de lo que yo quiero hacer. Así he construido mi sueño primordial, que es ser feliz. Yo soy el ser humano más feliz que conozco. Y me siento muy orgulloso de haber construido una vida a mi medida, a mi manera de pensar.

Son herramientas que me permiten reaccionar, de forma adecuada para mí, a las adversidades de la vida. Yo acciono constantemente en pro de la felicidad. Hago lo que me hace feliz, tomo decisiones que traen alegría a mi vida porque siento que la vida ya se encarga por sí sola de traerte las tristezas. Un día mi mamá se va a morir, o un amigo se va a morir, o tal vez me choquen el carro o llegue un momento económico no tan favorable. La vida trae esas cosas. Entonces yo me encargo de lo bueno.

Todo lo que ocurre en mi vida por decisión mía trato de hacerlo consciente y con amor. Si me comprometo a tener esta entrevista contigo, lo hago, y eso va a traer alegría a mi vida, porque me encanta la idea de contar a otros esta historia, contarles quien soy y ayudar a otros contándoles lo que yo he hecho. No lo hago pensando «ay, qué fastidio, tengo esta entrevista, para qué me comprometí con esta señora». No, nada de eso.

Incluso, si en algún momento me doy cuenta de que me trae más alegría cancelar la entrevista, pues la cancelo. Prefiero quedar mal con otro que quedar mal conmigo. Te lo diría, que cambié de parecer y que la entrevista ya no va. Entonces, el sueño macro es construir la felicidad, cuidar esa felicidad. En ese orden. Las decisiones las sigo tomando justamente para conservar este espacio de alegría y felicidad.

Abandonaste la carrera de Ingeniería Eléctrica cuando ya habías terminado el octavo semestre. ¿Por qué a esa altura, si estabas a punto de graduarte?

Es lo que te he estado tratando de decir: decidí dejar de posponer la alegría en mi vida. Yo no soy ingeniero, yo lo que soy es músico. Por un momento fui preso de las expectativas de mi mamá. De nuevo, el cuestionamiento a las frases hechas. «Saco mi título y se lo entrego a mi mamá para que ella lo cuelgue en la pared y luego me voy a ser feliz». No. Sin importar a quien le gusta y a quien no. Cuando me di cuenta de que no quería ser ingeniero, le dije a mi mamá: «Mami, lo siento mucho, pero yo soy músico. Te amo, pero bye».

No te voy a mentir, fue difícil y en algún momento dudé, porque mi mamá me cortó el cordón umbilical. Me dijo que si yo iba a hacer lo que yo quisiera, entonces chao. Yo entendí que tampoco era fácil para ella. Afronté el reto, me fui con todas y me dediqué completamente a mi música. Pero ella me dejó también una gran enseñanza. Me hizo entender que lo que yo hiciera debía ser valioso para que pudiera venderse y así generar ingresos y ser productivo en mi vida. Entonces, poquito a poco fui desarrollando ese balance entre el amor al arte y el tener la estructura, que trae finalmente prosperidad económica y que me permite hoy navegar en ambos mundos.

Comenzaste con la música un poco tarde.

Mi historia con la música se parece un poco a la de la película Coco. Yo vengo de una familia muy musical. Recuerdo los encuentros en mi familia cuando yo era niño. Mis tíos se sentaban a cantar y a mí me encantaba escucharlos. Las reuniones familiares siempre terminaban con un cuatro cantando canciones de todo tipo: desde música llanera hasta boleros y canciones románticas.

Mi papá es un reconocido arpista y cantante venezolano llamado José Antonio Jiménez. Es un tipo que amaba la música y que cantaba y que viajaba… y tenía mujeres. Somos catorce hermanos por parte de padre. Era otra época y otra forma y mi mamá no quería eso para mi hermano ni para mí, y yo la entiendo.

Por eso mi encuentro con el cuatro se da es a los 17 años. Cuando empiezo a tocarlo, a darme cuenta de que se me hacía fácil, que lo disfrutaba, me fui enamorando. Todo eso me generó un gran dilema. Ahí empezó todo ese cuestionamiento del que te he estado hablando. Me di cuenta de que yo quería ser músico, pero no quería repetir la historia de mi papá. Yo amo la música, amo el cuatro, pero también me di cuenta de que si seguía ese camino debía ser productivo, debía lograr que me generara ingresos. A partir de ahí fui encontrando mi camino poquito a poco.

A los 18, 19 años comienzo a estudiar más formalmente. Pero no fue sino a los veintitantos que me di cuenta de que amaba hacer esto y de que era esto lo que quería hacer. Fue algo progresivo. Incluso, empecé a estudiar en la Universidad Yacambú becado por la música. Me dieron la oportunidad de cantar en el orfeón universitario. Luego empecé a acompañar el coro con el cuatro.

Pero un buen día desperté y me dije: «Ya estás listo. Te gradúas, después te casas y tienes hijos».

—¡Nooo, yo quiero viajar por el mundo!, me respondí.

¿Por qué no hiciste estudios formales de música, si era ese el camino que querías seguir?

La música que yo hago con el cuatro es muy popular. He hecho estudios musicales, pero han sido muy específicos. Yo me reuní con el pianista César Orozco para una clase. Me reuní un día con el cuatrista Jorge Glem para una clase.  Fueron clases que me ayudaron en necesidades específicas. Aprender a leer un acorde, por ejemplo. Entonces este pianista se sentó, me explicó y yo me fui a mi casa a estudiar y más nunca lo vi. No fui nunca a una academia. Estuve un tiempo haciendo estudios de orquesta en Barquisimeto, pero no fue algo muy profundo porque después el mismo profesor de Teoría Musical me llevó al coro y ahí fui aprendiendo.

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Todo ha sido muy instintivo y muy informal. Le preguntaba a uno, le preguntaba a otro y lo que no me respondían lo conseguía en Google y en YouTube. Lo que he aprendido no ha sido en una academia ni en un solo lugar, sino a partir de lo que fui indagando. He ido buscando lo que mi instinto me ha dicho.   

¿Cómo te conectas con tu intuición?

¡Vivo conectado con mi intuición, vivo reaccionando! Yo soy ariano, soy fuego y cuando siento una corazonada me voy por allí y me ha salido bien hasta ahora, me ha resultado. Sigo mi olfato. A veces el olfato falla, no digo que siempre sea acertado. Yo le decía a alguien en estos días que yo no sé cómo se hacen las cosas, pero lo que hago genera resultados. Y esa validación de la vida me ha dado cada vez más seguridad, cada vez más confianza en mí mismo y en mis corazonadas. 

Conectarme con la intuición es natural. Vivo conectado con ella y afortunadamente esa confianza se va transmitiendo al equipo. Yo no soy solo, tengo un equipo increíble. Ellos confían en mí y cada vez más cuando se dan cuenta de los resultados. Este equipo, esta familia que me acompaña y que me apaña y que cree en mí me ha permitido llevar a cabo mis ideas y mis proyectos, empezando por mi esposa, que es mi principal socia, y la gente de mi banda, Los Wizzards. Toda esta gente que me rodea es lo que me tiene donde estoy».

Gracias a la música y a su cuatro, Wizzmer comenzó a conocer el mundo. Viajaba con frecuencia a Uruguay, Brasil y Argentina a hacer presentaciones en las que interpretaba música típica de esos países con el tradicional instrumento folclórico venezolano que, en su caso, es eléctrico, lo que le permite sacarle un sonido especial, renovado. “Tocaba candomble uruguayo, chorinho brasileño, samba y chacarera argentina con mi cuatro. También llevaba mi música venezolana, pero me interesó mucho hablar esos idiomas musicales.

Viajaba con la intención de ganar unos ingresos que me permitieran organizarme para hacer lo que yo quería, como grabar un disco. Aunque en Venezuela las cosas no iban muy bien, logré desarrollar un negocio, una fábrica de artículos de plástico, asociado con mi mamá, bastante exitoso. En ese tiempo colgué el cuatro para dedicarme al negocio y nos fue tan bien que hasta dudé en retomar el instrumento. Llegué a pensar en quedarme con el negocio y tocar solo en mi tiempo libre. Pero cuando alcé la vista y miré hacia los lados me di cuenta de que las cosas en Venezuela económicamente no conducirían a ningún lugar.

Entonces compré un pasaje para Panamá. Panamá me permitió respirar. Cuando pude caminar por las calles con el teléfono en la mano, me di cuenta del caos en que vivíamos en Venezuela.  Somos animales de costumbre. Las cosas se van deteriorando poco a poco y uno termina acostumbrándose. Era normal que no hubiese luz, que no hubiese agua. Era normal que te robaran en la calle. A mí me robaron un montón de veces. En Panamá pude ver con un poco más de claridad. Pero también pude ver que, aunque es un país muy bonito, no me iba a permitir desarrollar lo que yo quería.

De ahí me vine a Miami. Sentí que era el movimiento correcto y lo hice aun sin plata. Me vine con 200 dólares en el bolsillo. ¡Pero hoy le debo tanto a esta ciudad, a este país! Aquí he podido construir la vida de mis sueños, de lo contrario no habría sido posible. Creo que no lo habría logrado en Suramérica, en Venezuela principalmente. Sobre todo, por el gusto musical. A mí me encanta tocar folk, rock, jazz, ritmos que son más estadounidenses, más globales, y en Venezuela no había tanto espacio, tanto mercado para eso. Cuando yo tocaba canciones de Michael Jackson con el cuatro era chévere, pero también era como muy raro. En cambio, aquí es el lenguaje de ellos. Aquí pude construir un concepto musical que se adapta muy bien a la ciudad de Miami y tener la vida de mis sueños.

De eso hace ya siete años. En todo este tiempo no he vuelto a ver a mi familia. Mi mamá no tiene visa, mi hermano tampoco, y yo estoy esperando mi residencia aquí Estados Unidos. Pero esta situación me ha ayudado a darme cuenta de que yo tengo una relación con el apego muy interesante. Más bien es como un desapego a las personas, a las cosas, que me permite ver sin drama el tema de la distancia con mi familia.

Hablo con ellos constantemente, tomo café con mi mamá por Facetank. Todo el tiempo estamos en contacto, en comunicación, con mucho amor, pero sin dramas, sin tristezas. Yo no he llorado la primera vez en todos estos años. Estamos muy presentes. Cuando yo estuve haciendo el Jam por YouTube, mi familia se sentaba todos los miércoles a verlo. Era como si estuvieran sentados en el público. Eso fue muy bonito. La tecnología permite hoy día hacer esas cosas.

¿Cómo sobreviviste los primeros momentos en Miami?

Con apoyo de amigos. Alguien me prestó un sofá, alguien me prestó plata… Tocaba con mi cuatro en las calles y la gente me dejaba dinero. Fue muy lindo, porque tocaba la música que yo quería y además me permitió conocer gente. Mucha gente que se acercaba a escucharme me dejaba sus tarjetas para que los llamara cuando quisiera grabar. Así empecé a construir toda esta red de contactos que hoy forma parte de mi comunidad.

¿Y el amor lo buscaste o te llegó por casualidad?

Más bien por causalidad. Conocí a Alejandra cantando en un lugar aquí en Miami en un momento en que yo había salido de una relación muy tóxica. No quiero en mi vida nada que me detenga, que me frene y generalmente las relaciones inmaduras lo que hacen es exigirte tiempo, exigirte energía. Exigirte, exigirte y exigirte. Yo dije que no necesitaba eso en mi vida y me enfoqué en hacer mi música.

Recuerdo que cuando invité a Ale a colaborar, a hacer un video juntos, que fue el primer encuentro formal entre ella y yo, me aseguré de que supiera que yo no tenía dobles intenciones. Le expliqué que eso lo hacía con mucha frecuencia, invitar a otros artistas a colaborar, a hacer cosas juntos. Yo estaba en un espacio de asexualidad.

Pero ella me impresionó. Me impresionó la conversación. Mi relación con ella, te lo digo con toda honestidad, no fue de esas como las que cuentan por ahí de que «la vi y me pareció tan bella que me enamoré».

Pero es realmente muy bella…

¡¡¡Es espectacular!!! Pero lo que a mí me impactó fue su conversación. Conocer a ese ser humano tan hermoso que es, su talento, su forma de pensar, su actitud ante la vida.  Todo lo que ella es, lo que contiene como ser. Y luego, mirando las cosas con un poco de frialdad, me di cuenta de lo que ella aportaba a mi vida y de lo que yo aporto a la de ella. Como te he dicho, yo soy puro fuego. Soy creativo, me vienen las ideas y hago y hago y hago, pero soy malísimo con el calendario. Soy terrible con la planificación y la organización. Y ella, además de ser muy creativa también, es perfecta en todo eso de la planificación y la organización. Entonces, ha sido un complemento maravilloso para el uno y el otro. Somos un muy buen equipo y muy buenos socios.

Nuestro amor está acompañado de la admiración mutua, de no tomarnos las cosas de manera personal y de entender que hay varios sombreros dentro de la relación. Hay momentos en los que ella es mi productora, hay momentos en que es mi asistente, hay momentos en los que yo soy su manager y en otros soy su asistente. Hay momentos en los que los dos somos artistas. Ale, como Alemor, la que fue nominada a los Premios Grammy Latino, es capaz de quitarse su gorro de artista y tirarse en el suelo a pegar los cables para un toque de Los Wizzards.

Esa capacidad, ese desprendimiento de ego es poderosísimo porque te permite crear, te permite trascender, te permite llevar al siguiente nivel cualquier proyecto y cualquier relación.

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