Casi todas las mujeres sufren sofocos durante la menopausia. Los investigadores han descubierto por fin qué los desencadena, lo que abre el camino a la primera nueva clase de tratamientos desde 1941
La mayoría de las mujeres menopáusicas están familiarizadas con los sofocos (la aparición repentina de calor que aumenta rápidamente, a menudo acompañada de sudoración, palpitaciones, mareos, fatiga y/o ansiedad), que son mucho más debilitantes de lo que su nombre sugiere.
Hasta el 80% de las mujeres sufren estos sofocos durante la menopausia, una época en la que los niveles fluctuantes y finalmente descendentes de la hormona estrógeno provocan el cese permanente de la menstruación y la fertilidad natural. Según Naomi Rance, profesora jubilada de neuropatología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Arizona (Estados Unidos) y pionera en la investigación de los sofocos, los sofocos imitan el modo en que el cuerpo se enfría cuando se sobrecalienta, pero se trata de una «activación inadecuada», ya que la temperatura corporal se mantiene dentro de los límites normales.

Los científicos han estado desconcertados durante mucho tiempo acerca de este síntoma de la menopausia (también conocido como sofocos y síntomas vasomotores) porque no entendían exactamente qué hacía que una mujer sintiera calor de repente. Pero recientemente los investigadores han identificado un grupo de neuronas en el hipotálamo del cerebro responsables de desencadenar estos sofocos.
«Siempre hemos dicho que los sofocos se producen porque el hipotálamo funciona mal, lo cual es cierto. Pero ahora estamos entendiendo los detalles de por qué es así», dice Nanette Santoro, catedrática de obstetricia y ginecología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Colorado (Estados Unidos) e investigadora de la menopausia desde hace mucho tiempo.
La Administración de Alimentos y Medicamentos de EE.UU. está estudiando un fármaco que bloquea los efectos de estas neuronas y, si se aprueba, podría ofrecer una opción de tratamiento no hormonal ya en 2023. En la actualidad, el tratamiento principal es la terapia hormonal menopáusica para restaurar parte del estrógeno, pero no todas las mujeres pueden tomar estos fármacos con seguridad.
El nuevo medicamento «sería la primera nueva clase de fármacos específicos para los sofocos» desde la aparición en 1941 del tratamiento basado en estrógenos Premarin, afirma Stephanie Faubion, directora del Centro para la Salud de la Mujer de Mayo Clinic y directora médica de la Sociedad Norteamericana de Menopausia (NAMS).
Más que una molestia
Las mujeres con sofocos de moderados a intensos los padecen una media de cuatro años, y un tercio los sufre durante una década. Estas cifras son especialmente pronunciadas en el caso de la población negra y los nativos americanos. «Las mujeres de color suelen tener un inicio más temprano, una duración más larga y los sofocos más frecuentes, por lo que la carga es mucho mayor», afirma Genevieve Neal-Perry, catedrática de obstetricia y ginecología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Carolina del Norte (Estados Unidos), que investiga el nuevo medicamento. Las mujeres obesas de cualquier etnia también son más propensas.
Una vez que pasa la crisis (la mayoría duran entre 30 segundos y 5 minutos y se producen varias veces al día), las dificultades persisten. «Se puede tener la sensación de estar un poco agotada», dice Santoro. Los sofocos nocturnos son especialmente problemáticos porque interrumpen el sueño.
Las mujeres suelen entrar en la menopausia en los mejores años de su carrera, lo que convierte a este síntoma en un lastre profesional, afirma Faubion. En una encuesta británica, casi dos tercios de las mujeres trabajadoras de entre 45 y 55 años afirmaron que los síntomas de la menopausia les restaban capacidad de concentración, y más de la mitad dijeron perder la paciencia con colegas y clientes. «Las mujeres faltan al trabajo, cambian de empleo y rechazan oportunidades de ascenso debido a estos síntomas», afirma Faubion.
Los sofocos persistentes y frecuentes también pueden ser un presagio de mala salud, ya que algunas investigaciones sugieren que estos síntomas están relacionados con un mayor riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares, como infarto de miocardio, ictus o insuficiencia cardiaca.
Neuronas anormales
La búsqueda de Rance para entender los sofocos comenzó hace tres décadas, cuando examinaba microsecciones de cerebros de mujeres premenopáusicas y posmenopáusicas en busca de cambios en el hipotálamo, que, junto con la hipófisis, promueve la ovulación y la liberación de hormonas sexuales que controlan la reproducción. Observó un grupo de neuronas hinchadas en las mujeres posmenopáusicas. «No tenía ni idea de lo que eran ni de por qué aumentaban de tamaño», recuerda.
Pronto localizó receptores de estrógenos en las neuronas, lo que le llevó a plantear la hipótesis de que la ausencia de la hormona podía haber influido en el aumento de tamaño y el cambio de nivel de actividad tras la menopausia. Finalmente, su laboratorio identificó tres proteínas de señalización producidas por estas neuronas: dos de ellas, la kisspeptina y la neuroquinina B, desempeñan un papel importante en la fertilidad; la tercera es la dinorfina. El trío recibió el sobrenombre de neuronas KNDy, que se pronuncia «candy», caramelo en inglés, un juego de palabras con sus letras iniciales y un guiño a los expertos de Penn State en Hershey (Pensilvania) que identificaron por primera vez la kisspeptina.
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