En ausencia de su predecesor Jair Bolsonaro en el traspaso de mando, el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, recibió este domingo la banda presidencial de manos de un grupo de ciudadanos, entre ellos el cacique indígena Raoni Metuktire.
En un quiebre del protocolo, Lula subió la rampa del palacio presidencial de Planalto escoltado por un niño negro, un obrero metalúrgico, una cocinera, un artesano, un profesor y un joven con discapacidad, entre otros representantes del pueblo brasileño.
El cacique Raoni Metuktire, emblemático defensor de la Amazonía, estaba entre ellos, usando su característico disco labial y tocado de plumas amarillas.
En uno de los momentos más esperados de la toma de posesión, en lo alto de la rampa, la recolectora de residuos negra Aline Sousa, de 33 años, le colocó a Lula la banda una cinta de seda verde y amarilla bordada en oro y diamantes.
Entre lágrimas, Lula abrazó a cada uno del grupo y saludó a las decenas de miles de personas que acompañaban la ceremonia desde la Plaza de los Tres Poderes, igualmente embargados por la emoción.
«Asumimos el compromiso de combatir todas las formas de desigualdad (…) Es inaceptable que sigamos conviviendo con prejuicios, discriminación y racismo. Somos un pueblo de muchos colores y todos tienen que tener los mismos derechos y oportunidades», dijo Lula dirigiéndose al público.
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El mismo teatro comunista puesta en acción, ese pueblo desposeído, los indígenas utilizados, los obreros siempre carne de la demagogia y hasta los discapacitados digno necesitados de la benevolencia de un estado, serán sus primeras víctimas, pero eso serán siempre estos pueblos y este tipo de líderes carroñeros, receptores y sembradores de eternas esperanzas efímeras. Esperemos se cumpla la voluntad de Dios.