MIAMI / WASHINGTON – En lo que analistas internacionales califican como el momento más crítico para el sistema político cubano desde 1959, el presidente Donald Trump ha intensificado su retórica sobre un inminente «cambio de era» en la isla.
Tras semanas de un severo bloqueo energético que ha sumergido a Cuba en apagones totales y protestas sociales, la Casa Blanca sugiere que un acuerdo para poner fin al modelo revolucionario podría estar más cerca que nunca.
El factor «Asfixia»: Sin petróleo ni aliados
La estrategia de la administración Trump ha sido contundente. Tras la caída de los suministros de petróleo venezolano —consecuencia de la salida de Nicolás Maduro del poder a inicios de 2026— y la imposición de sanciones a buques de terceros países, la economía cubana se encuentra paralizada.
«Cuba no tiene dinero, no tiene petróleo y no tiene comida. Están en una situación desesperada y quieren hacer un trato», declaró Trump recientemente en una entrevista con CNN. El mandatario ha encargado al secretario de Estado, Marco Rubio, liderar estas conversaciones, calificando el proceso como una «toma amistosa» (friendly takeover) o una liberación definitiva de la isla.
El reconocimiento de La Habana
Por primera vez en décadas, el gobierno cubano ha admitido públicamente la existencia de contactos de alto nivel. El presidente Miguel Díaz-Canel confirmó que su administración busca «soluciones por la vía del diálogo» ante la gravedad de la crisis.
Incluso figuras del ala económica del régimen, como el viceprimer ministro Oscar Pérez-Oliva Fraga, han sugerido una apertura inédita: permitir que cubanos en el exterior inviertan en el sector privado y se asocien con empresas estatales, una medida que Washington considera «insuficiente» si no va acompañada de una transición política real.
Las claves del posible acuerdo
Según los análisis de expertos y los reportes de fuentes diplomáticas, los puntos neurálgicos de esta negociación incluyen:
- Salida del poder del Partido Comunista: EE. UU. exige un calendario para elecciones libres y el fin del monopolio político.
- Liberación de prisioneros políticos: Una condición sine qua non impuesta por Marco Rubio para cualquier relajamiento de las sanciones.
- Compensación a exiliados: El equipo de Trump ha enfatizado la necesidad de atender las demandas de los cubanos cuyas propiedades fueron confiscadas.
- Inyección masiva de capital: A cambio, EE. UU. ofrecería un paquete de ayuda económica y la restauración inmediata de la red eléctrica bajo supervisión internacional.
Un escenario de incertidumbre
A pesar del optimismo en Washington, la situación en las calles de Cuba es tensa. Los frecuentes «cacerolazos» y actos de vandalismo contra sedes del Partido Comunista reflejan un hartazgo social que podría desbordar la capacidad de control del Estado antes de que se firme cualquier acuerdo.
Mientras Trump asegura que tendrá el «honor de liberar a Cuba», los historiadores advierten que este ciclo de promesas ha ocurrido antes. Sin embargo, la ausencia de un benefactor externo (como lo fueron la URSS o Venezuela) sugiere que, esta vez, el régimen de La Habana tiene pocas cartas para jugar.
Nota: Esta noticia es una síntesis basada en reportes y análisis de marzo de 2026 sobre la política exterior de EE. UU. hacia Cuba.
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