Alergias – por Rodolfo Izaguirre

Los países también sufren alergias, según Rodolfo Izaguirre.

Y para él, la de Venezuela vino con el mal militar que trajo el socialismo del siglo 21.

«Descubrió que más que una manía se trataba de una alergia al país»

Alergias – por Rodolfo Izaguirre

Todos arrastramos alguna manía, somos víctimas de ceremoniales neuróticos, estremecimientos, tics nerviosos, rascarnos partes del cuerpo, erupciones en la piel, parpadeos inútiles.

El caso de Adriano González León resultaba más que evidente: tosía y se rascaba una nalga. Pero el tiempo que pasó como agregado cultural en la embajada de Venezuela en Buenos Aires, dijo Mary Ferrero, su mujer argentina de Bahía Blanca, nunca se le vio toser.

Sin embargo, en el avión que lo trajo de regreso al no más entrar en aires territoriales venezolanos, comenzó a toser y a rascarse allí abajo.

Descubrió que más que una manía, se trataba de una alergia al país.

Al entrar nuevamente a Venezuela, en los años sesenta, se le alborotó la alergia que lo hacía toser y rascarse las partes.

Pero la mediocridad del chavismo, años más tarde, terminó ahogándolo en su propia tos. Y se le escuchó decir que jamás se le vería sucumbir ante ningún gesto dictatorial.

Por eso lo quise tanto: por su reciedumbre intelectual, por su talento y supremo olfato literario y junto a Salvador Garmendia y Guillermo Sucre, por enseñarme los tres a escribir.

Conocí en París a un muchacho cinéfilo que le daba alergia Charles Laughton. Verlo, lo enfermaba; mencionarlo, escuchar su nombre le producía sarpullido. Pero se consolaba pensando en el espanto que podría causarle su mujer, Elsa Lanchester, convertida en la novia del monstruo de Frankestein que se horrorizó al verla más monstruo que el propio monstruo que él era.

También los países sufren alergias.

El venezolano comenzó a sentir la suya apenas entró en escena el oscuro paracaidista y mal militar que instauró el flagelo del soclalismo del siglo 21.

Es posible que el país, antes de que apareciera Chávez decapitando con el sonído de un pito nuestra jerarquía cultural, no tosiera como Adriano, pero tengo la certeza de que tampoco se rascaba ninguna de sus partes.

Los venezolanos de los últimos años, a medida que creemos avanzar buscando la modernidad, hemos padecido una débil e incierta democracia que poco alteraba la caprichosa vida que nos tocaba vivir, pero con el socialismo bolivariano y el negocio de las drogas al amparo del poder político, la alergia que provocó en todos nosotros se convirtió en hambre, codicia, torturas y maduras humillaciones.

Es de desear que el interinato por el que atravesamos a causa de la espectacular ausencia de Nicolás Maduro y su mujer, no se eternice y nos reduzca a un Estado Asociado obligado a obedecer los caprichos de Donald Trump y a seguir sucumbiendo los desplantes del socialismo bolivariano.

Lo que queremos los venezolanos es evitar toses nerviosas, liberarnos de las alergias que pudieran provocarnos el propio país y disfrutar de nuestro mayor anhelo: ver regresar siempre triunfante a una mujer histórica llamada Mil Novecientos.

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