Quiero ser como ellos – por Rodolfo Izaguirre

Tengo años siendo buena persona, pero ahora quiero ser como esos muchachos que vi en la Universidad Central agrupando y organizando donaciones humanitarias, acopio de anónimas y generosas ayudas a las desafortunadas víctimas de la espantosa tragedia ocurrida en el Día del Ejército que para mí, y muchos como yo, es el Día que conmemora la Batalla de  Carabobo, es decir, el Día de nuestra Independencia y no del Ejército porque el Ejército lo creó Juan Vicente Gómez, largos, inciertos y deplorables años más tarde. 

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Un ser privilegiado – por Rodolfo Izaguirre

En un país que hace esfuerzos por no ser huraño y sonríe en cambio a la adversidad y espera pacientemente que una mujer histórica retorne con los siete millones de votos que le robaron; debería conocerme más a mí mismo. Estoy cansado de ser buena persona y a mi avanzada edad lo que quiero es ser mas humano.

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Una revelación infernal – por Rodolfo Izaguirre

Tuve un sueño que puede considerarse mas bien, si se quiere, como una pesadilla insólita e infernal. Estaban en la puerta del cielo San Pero y Dios con sus barbas blancas a imagen y semejanza nuestra como nos enseñó la Santa Iglesia discutiendo qué iban a hacer conmigo porque ninguno de los dos me aceptaba en el cielo porque confundían mi nombre con algún chavista impresentable o por temor a mis críticas; y habían recibido la notificación de que en el Infierno tampoco estaban dispuestos a recibirme lo que explica por qué sigo viviendo en Caracas con 95 años encima.

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Invente mi silencio – por Rodolfo Izaguirre

Cuando Belén dejó para siempre la quinta Nancy y los empleados de la funeraria bajaron por las escaleras su cuerpo aniquilado por la enfermedad creí haber quedado despiadadamente solo, pero no fue así porque tuve el acertado impulso de cambiarle el nombre y en lugar de llamarla Belén o Cuevita como era el nombre amoroso que le otorgué en vida, comencé a llamarla Soledad y desde entonces me acompaña día y noche: sigue siendo mi sombra y no me desampara porque nunca estoy solo.

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Hacerme mas humano – por Rodolfo Izaguirre

Miraba siendo niño las hojas del árbol y me agradaba verlas dar vueltas al caer venciendo al aire incapaz de sostenerlas, precipitándolas más bien en su caída libre sin oponer resistencia alguna, y sin darme cuenta, sin sentir frío o calor dentro de mí, me complacía aquel movimiento de hojas muertas desprendidas de las ramas.

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¡No sabemos leer! – por Rodolfo Izaguirre

Hoy, las exclamaciones españolas de tiempos pasados me hacen reír y hago esfuerzos por imaginar los comportamientos de quienes las pronunciaban: Cáspita, Pardiez, Demóntres, Voto a sanes y situaciones rigurosamente absurdas como ésta: «¿Qué hora es? ¡Las doce! ¡Feliz vos que sabéis la hora en que vais a morir! ¡Defendeos!» Y sacaban las espadas sin saber quiénes eran ninguno de los dos. 

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