El ministro de Energía y Minas de Cuba, Vicente de la O Levy, confirmó en televisión nacional que las reservas de diésel y gasolina del país se han agotado por completo, una carencia absoluta de combustible que ha agravado los apagones, provocando ya protestas ciudadanas en La Habana, donde los cortes de luz superan las 20 y 22 horas diarias.
Ante el colapso, el ministro declaró que el país está dispuesto a comprar combustible a cualquier proveedor, evidenciando la desesperación de un régimen que se ha quedado sin margen de maniobra mientras la población sobrevive en condiciones extremas.
La actual parálisis responde en gran medida al bloqueo petrolero implementado por la Casa Blanca desde finales de enero, Washington ha frenado el suministro exterior mediante amenazas de sanciones y aranceles a terceros países, lo que cortó el flujo de crudo desde Venezuela y México, los principales proveedores de la isla.
El último gran respiro de Cuba ocurrió a finales de marzo con la llegada de un buque ruso cargado con 100.000 toneladas de crudo, pero ese cargamento ya se ha consumido en su totalidad.
La falta de energía no solo mantiene a oscuras a la isla, sino que está paralizando servicios públicos vitales como el transporte y el sistema hospitalario.
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Una red precaria y dependiente
El mix energético cubano es altamente vulnerable:
Dependencia externa: Dos terceras partes de la energía del país dependían de carburantes importados.
Infraestructura obsoleta: El 80% de la generación se apoya en 16 termoeléctricas y motores diésel dispersos que ahora no tienen cómo operar.
El factor renovable: Actualmente, el sistema subsiste a duras penas gracias al gas natural, al escaso crudo nacional y a la energía solar. Aunque empresas chinas instalaron 1.300 megavatios de capacidad solar en los últimos dos años, la inestabilidad de la red impide almacenar esta energía en baterías, provocando que se pierda gran parte de ella.
La estrategia estadounidense: presión y diplomacia
El recrudecimiento de la crisis coincide con una agresiva estrategia por parte del gobierno de Donald Trump, quien ha endurecido las sanciones comerciales (especialmente en los sectores de energía, finanzas y defensa) hacia cualquier entidad internacional que negocie con Cuba.
Sin embargo, la Casa Blanca mantiene activa una política de «el palo y la zanahoria»:
Vía diplomática: Trump sugirió una apertura al diálogo antes de su viaje a Pekín (aliado histórico de La Habana), publicando en sus redes: «¡Cuba está pidiendo ayuda, y vamos a hablar!».
Oferta: El Departamento de Estado ofreció una ayuda de 100 millones de dólares a cambio de «reformas significativas al sistema comunista».
Mientras el gobierno estadounidense presiona por cambios políticos en un escenario donde incluso surgen rumores de intervención, la isla se enfrenta a un apagón social y económico sin precedentes.
Con información de agencias
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