Aquiles Nazoa, Los Beatles y Mamagüela

AQUILES NAZOA, LOS BEATLES Y MAMAGÜELA por Claudio Nazoa

El 17 de mayo de este año 2026, mi padre, Aquiles Nazoa, estaría cumpliendo 106 años. Fue un personaje que parecía ser un viajero del tiempo porque de pronto sabía, fehacientemente, sobre eventos que ocurrieron hace cientos de años o, en otras ocasiones, imaginaba cosas que aún no existían pero que después fueron inventadas o descubiertas.

Mi papá tenía en la casa, una camarita de cine de 8 mm con la que filmaba peliculitas caseras y curiosas. En los años sesenta, cuando aún no había nacido la palabra video, me comentó: “hijo, algún día van a inventar una cámara portátil de televisión sin cables que pueda llevarse encima y lo mejor será que lo filmado podrá verse inmediatamente”, sin saberlo, se refería a las cámaras de video actuales.

Mi papá era un optimista que siempre creyó que todo tiempo futuro sería mejor, y no estaba equivocado, la historia ha demostrado que los antiguos optimistas son los responsables de la cómoda vida que hoy llevamos. Un día, un hombre llamado Leonardo Da Vinci, soñó que la humanidad podría llegar a volar. Julio Verne, a través de sus escritos, viajó a la Luna y llegó al fondo del mar, todo esto ocurrió antes de que existieran la NASA y los submarinos.

Siempre he descrito a mi papá como un libre pensador, un hombre sin ataduras políticas, un anarquista de izquierda que sabía moverse muy bien, incluso, entre aquellos que no pensaban como él. Solo exigía talento, bondad, respeto, humor y amor a sus amigos.

A parte de escritor, fue un mecenas pobre. Tenía un olfato muy especial para descubrir a futuros grandes artistas a quienes, en su momento, nadie tomaba en cuenta.

En mi casa vivió y fue mi niñero, Jacobo Borges, quien siempre ha agradecido que mi padre lo llevara a vivir al garaje de la casa para que pintara. En casa también fue a parar Alirio Palacios, Zapata, Régulo Pérez y los fines de semana, iba un señor que se la pasaba haciendo rayitas de colores, su nombre: Carlos Cruz Diez. En mi casa casi nunca había dinero, pero tampoco nunca faltó amor, comida, estudio y arte.

Recuerdo otra anécdota que ya he contado antes. Cuando cumplí 15 años, vivía en Villa de Cura, Estado Aragua y estudiaba bachillerato en el Liceo Alberto Smith. Allí, unos muchachos mayores que yo, pertenecían a una vaina comunista llamada CURE (Comité Unificado Regional Estudiantil). Ellos me invitaban a reuniones ladillísimas en donde un grotesco personaje que venía desde Maracay, nos adoctrinaba.

Ese hombre intentaba darnos clases de marxismo y siempre traía varios periodiquitos llamados: Tribuna Popular, del cual nos daba varios ejemplares para que los vendiéramos y luego, semanalmente, le entregáramos el dinero durante sus insufribles clases de comunismo. A ese tenebroso personaje, le decían: “Mamagüela”, ese era su seudónimo. Los muchachos, a pesar de aquel calorón desesperante, nos reuníamos en una casa horrible en las afueras del pueblo.

El día de mi cumpleaños, mi padre me regaló un disco de los Beatles. Yo no sabía quiénes eran y recuerdo que me dijo: “Claudio, hijo, escucha a estos músicos de Liverpool, ¡son maravillosos!, estoy seguro que harán historia”.

Mis amigos de Villa de Cura y yo, desde ese día y en todas las fiestas, además de escuchar a La Billos Caracas Boys y a los Melódicos, comenzamos a oír a ese grupo inglés llamado: Los Beatles.

Un día, emocionado, llevé el disco que mi padre me regaló para enseñarlo en la reunión comunista. Mamagüela me lo quitó y dijo en voz alta:

-El camarada Nazoa hoy tiene que escoger entre la decadencia pequeña burguesa de estos peludos del imperio inglés y el glorioso partido comunista de Venezuela.

Yo, arrebatándole el disco, grité:

– ¡Escojo a Los Beatles!

Ese fue el último día que pertenecí a la izquierda. Sin pensarlo, di un brinco a la derecha democrática en la que aún sigo.

Hoy, en homenaje al cumpleaños de mi padre, escucharé a Los Beatles porque sé que él, Leonardo Da Vinci y Julio Verne, estén donde estén, se estarán deleitando oyendo a John Lennon cantando: Imagine.

Claudio Nazoa

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