Título original: INGENIEROS POR SIEMPRE. Por Ángel Alberto Bellorín
PRÓLOGO DE RECONOCIMIENTO AL AUTOR ORIGINAL.
A pesar de ser desde muy joven un admirador y voluntario impulsor de la obra de José Ingenieros tal como se puede apreciar en la mayoría de mis escritos y opiniones, éste que aquí presento, lo copié originalmente y en algún momento de las redes y no logré identificar la fecha de tal publicación.
Su autoria corresponde a una talentosa persona de nombre Apolonio Solorzano quien dirige una brillante página que se titula ‘NIETZSCHE'» la cual recomiendo a todo aquel que disfrute la lectura sobre Filosofía
Ese escrito original que pareciera realizado por un argentino para argentinos me tomé la iniciativa de hacerle una breve edición, con la finalidad de adecuarlo un poco a la realidad venezolana y a mí estilo personal.

Aquí doy inicio el texto adaptado a las circunstancias de Venezuela.
«José Ingenieros abre el capítulo «Los hombres sin personalidad » con una tesis brutal: La mediocridad no es un defecto individual, sino un producto social.
» La mediocridad… ausencia de características personales»
Para Ingenieros, ser mediocre no significa ser tonto o incapaz. significa ser indiferenciado.
Es el hombre que piensa, habla, viste y desea exactamente igual que su entorno. es ese que no tiene una «personalidad» en el sentido de algo propio, forjado. Su yo es un pasticho de frases hechas, costumbres y miedos heredados. La frase clave para ésta afirmación es;
«La sociedad ofrece a todos un mismo fardo de rutinas, prejuicios y domesticidades».
Ese «fardo» es lo que te dan sin que lo pidas: la carrera que «da plata», el matrimonio a los 30, el miedo a opinar distinto, el «eso no se hace». Si no lo cuestionás tienes que cargarlo y ese fardo te vuelve intercambiable.
«Juntar mil genios en un Concilio, y tendréis el alma de un mediocre»
Esta es la parte más filosa, Ingenieros afirma que el grupo anula al individuo,. cuando 100 o 1000 personas deben ponerse de acuerdo, no triunfa la idea más brillante, sino la menos conflictiva. Se negocia hacia abajo, hacia el mínimo común denominador.
Por eso las «opiniones colectivas» suelen ser conservadoras, tibias, sin riesgo. El Concilio de genios termina decidiendo lo obvio, lo que no molesta a nadie y eso es la psicología de masas en acción: La multitud rebaja, no eleva y el grupo piensa con el cerebro del más timorato. «En todo lo que hay grados, hay mediocridad»

Acá Ingenieros define la mediocridad por oposición. Si algo admite niveles inteligencia, coraje, originalidad, ética, entonces existe un punto medio. Y ese punto medio es estadísticamente donde cae la mayoría.
Esto no es un insulto moral, es totalmente matemático. Si mides la altura, la mayoría es «mediana estatura». si mides la personalidad, la mayoría es «mediana personalidad»: Ni muy original, ni muy servil. El problema, para Ingenieros, es el quedarse ahí por comodidad y conveniencia
La mediocridad es el reino de lo «suficiente», sin aspirar cambios, ni arriesgar status No debes brillar porque con ser «como todos» es suficiente.
La mediocridad es impersonalidad; todo lo que dices y haces no nace de ti, sino del «fardo» social que aceptaste sin revisar y menos oponerte. Eres solo un eco de la opinión de consenso
La mediocridad es gregaria: Se fortalece en grupo, en la manada. La persona como ser individual puede ser genial; sin embargo en masa, tiende al consenso cómodo.
Por eso siempre hay que desconfiar de las mayorías, de los comités, de la «opinión pública» y en especial de las Asambleas Legislativas y sus partidos políticos.

La mediocridad es un nivel, no una esencia, no se nace mediocre; te conviertes en mediocre cuando eliges no graduarte de diferente en nada: ni en ideas, ni en carácter, ni en ideales.
Cuando prefieras la «prudencia» de coincidir antes que la valentía de pensar, en el fondo, estás aceptando y manifestando a gritos que todo lo que existe en ti no es tuyo, es mediocre.
Cuando sumas muchas personas que tampoco son dueñas de sí mismas, el resultado no será la suma de sus virtudes, sino el promedio de sus renuncias. Por eso el bajo nivel de las opiniones colectivas y de tantos idiotas opinando sus estupideces en redes.
Hasta aquí el texto original con pequeña edición. Mil gracias al señor Alirio Solórzano y mis disculpas por haber tomado este escrito.
Caracas, 14 de mayo del 2026

Dr. Ángel Alberto Bellorín
Abogado Magna Cumlaude
Doctor en Ciencias Jurídicas mención
Derecho Constitucional
Profesor de Doctorado en la UCV
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