LA PAZ, BOLIVIA — El aire en el centro de La Paz ya no es solo ese aire enrarecido y frío de los 3.600 metros de altura; desde hace tres semanas huele a pólvora de dinamita, a neumáticos quemados y al gas lacrimógeno que la policía antimotines dispara para intentar contener una marea humana que parece no tener fin.
Bolivia atraviesa sus horas más críticas desde que el presidente de centroderecha, Rodrigo Paz Pereira, asumió el mandato hace apenas seis meses. Lo que comenzó el pasado 1 de mayo como una protesta sectorial convocada por la Central Obrera Boliviana (COB) exigiendo mejoras salariales y el fin de la escasez de combustibles, ha mutado en un levantamiento social masivo que hoy exige una sola cosa: la renuncia inmediata del mandatario.

La chispa en la herida económica
Para entender la violencia de los enfrentamientos en las inmediaciones de la histórica Plaza Murillo, hay que mirar los bolsillos del boliviano de a pie. El país arrastra su peor crisis económica en cuatro décadas. Con una inflación interanual que rozó el 14% en abril y proyecciones de contracción económica del 3,3% para este año, la escasez de dólares destruyó el poder adquisitivo en una nación donde el 85% de la población vive de la economía informal.
«Queremos que renuncie por incapaz. Bolivia está viviendo un momento de caos», relataba bajo el estruendo de los petardos Iván Alarcón, un campesino aimara de 60 años que viajó 90 kilómetros desde la comunidad de Caquiaviri para sumarse a las marchas.
A la crisis financiera se sumó el rechazo absoluto a la Ley 1720 (bautizada por los manifestantes como la Ley Marinkovic), una polémica reforma agraria que facilitaba el embargo de pequeñas propiedades campesinas e indígenas. Aunque el Congreso terminó anulando la ley la semana pasada en un intento desesperado por pacificar las calles, la concesión llegó tarde. El malestar ya había echado raíces profundas.
Una capital sitiada y sin oxígeno
El impacto humanitario del conflicto es devastador. Con más de 30 puntos de bloqueo en las principales carreteras del país —coordinados por sindicatos agrarios, mineros y el ala radical de los «Ponchos Rojos»— la sede de Gobierno quedó prácticamente aislada del resto del país.
| Impacto del Conflicto | Datos y Consecuencias |
| Pérdidas Humanas | Al menos 4 fallecidos (varios de ellos asociados a la imposibilidad de traslado de emergencias médicas por los bloqueos) y decenas de heridos. |
| Desabastecimiento | Hospitales de La Paz en estado de emergencia por falta de oxígeno medicinal, medicamentos y alimentos. |
| Medidas del Gobierno | Activación de un puente aéreo desde Santa Cruz y Cochabamba para abastecer la capital con productos básicos. |
| Arrestos | Más de 150 manifestantes detenidos y orden de aprehensión contra el líder de la COB, Mario Argollo. |
El lunes pasado, la tensión alcanzó su punto álgido cuando miles de obreros e indígenas intentaron romper los cordones policiales para asaltar el Palacio de Gobierno. La respuesta estatal fue contundente: una lluvia de gases que obligó a los comercios a cerrar persianas y convirtió las avenidas principales en auténticos campos de batalla. Paralelamente, las oficinas de registro de bienes fueron saqueadas y vehículos policiales terminaron envueltos en llamas.
El tablero político y geopolítico
El presidente Rodrigo Paz asegura que las movilizaciones no son genuinas, sino una «operación política» orquestada desde la sombra por el expresidente socialista Evo Morales, cuyos sectores afines se han sumado activamente a las marchas desde localidades como Caracollo. Según el oficialismo, la crisis económica es el pretexto perfecto para forzar un quiebre institucional que devuelva al líder cocalero al poder.
Mientras la Fiscalía acusa de «terrorismo» e «instigación a delinquir» a los líderes sindicales, la comunidad internacional observa el conflicto con extrema preocupación. El gobierno de Paz recibió el respaldo explícito de la Organización de Estados Americanos (OEA) y de mandatarios de la región como el argentino Javier Milei, quien envió aviones con asistencia (que la oposición local denuncia como material antidisturbios). En la otra acera, países como Colombia han manifestado su alerta por la seguridad de los dirigentes sociales y el rumbo democrático de la nación andina.
Bolivia cumple 22 días sin tregua. Rodrigo Paz intentó refrescar su gabinete cambiando al Ministro de Trabajo y llamando a mesas de diálogo, pero en las calles de La Paz, el rugido de la dinamita y las consignas de los trabajadores marchando bajo banderas tricolores envían un mensaje claro: el tiempo de las promesas económicas ya se agotó.
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