LIMA — La polarización en el Perú ha vuelto a encontrar sus dos polos perfectos. A poco más de dos semanas de que se celebre la segunda vuelta presidencial, el panorama electoral comienza a romper su inicial paridad técnica. Según los últimos sondeos publicados a finales de mayo de 2026, la candidata de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, ha logrado consolidar una ventaja de seis puntos porcentuales sobre su rival de izquierda, Roberto Sánchez (Juntos por el Perú).
La encuesta nacional urbano-rural de Ipsos detalla que Fujimori concentra un 39% de la intención de voto frente a un 33% de Sánchez.
Días antes, la encuestadora Datum también había registrado una tendencia similar, situando a la líder del fujimorismo con un 39,5% frente a un 36,1% del exministro de Comercio Exterior y Turismo. Aunque el escenario sigue abierto, la brecha empieza a estirarse en favor de la derecha en un país habituado a definiciones de infarto.

Un país fracturado entre Lima y las regiones
La crónica de esta campaña replica viejos fantasmas de las elecciones de 2011, 2016 y 2021. El respaldo a ambos candidatos dibuja una frontera geográfica y socioeconómica nítida en el mapa peruano:
- El bastión de Fujimori: La fuerza de Keiko se concentra de manera abrumadora en Lima, la capital que alberga a un tercio del electorado nacional, donde alcanza un sólido 60% de apoyo. Su discurso apela fuertemente al orden, la reactivación económica y el miedo al modelo estatista.
- La resistencia de Sánchez: Roberto Sánchez —quien avanzó al balotaje tras superar en el tramo final del conteo de primera vuelta al exalcalde limeño Rafael López Aliaga por apenas 21,000 votos— mantiene su fortaleza en el sur del país con un 54,7% de respaldo, capitalizando el descontento social y el arraigo de las demandas de las regiones históricamente postergadas.
El juego del «antivoto» y los indecisos
El verdadero campo de batalla de esta elección no está en convencer a los convencidos, sino en seducir al bolsón de ciudadanos atrapados en el rechazo. Un 24% de los peruanos afirma que votará en blanco o nulo, una cifra sumamente alta que refleja el hastío generalizado hacia la clase política.
El crecimiento de Fujimori se explica en parte por la reducción de su resistencia: a principios de abril, solo el 26% decía que «definitivamente votaría o podría votar» por ella, una cifra que ha escalado al 44% en mayo. En la otra acera, Roberto Sánchez ha visto cómo su nivel de rechazo (el «antivoto») aumentó del 39% al 43% a medida que la campaña avanza y el escrutinio sobre sus vínculos con el gobierno del expresidente Pedro Castillo se intensifica.
| Indicador Electoral (Mayo 2026) | Keiko Fujimori (Fuerza Popular) | Roberto Sánchez (Juntos por el Perú) |
| Intención de voto (Ipsos) | 39% | 33% |
| Fortaleza regional principal | Lima (60%) | Sur del Perú (54,7%) |
| Evolución del voto probable | Subió de 26% a 44% desde abril | Subió del 5% al 21% de voto duro |
Un desenlace con aroma a ‘déjà vu’
La campaña entra en su recta final con la ciudadanía polarizada entre el «Fujimori nunca más» que agita las calles estudiantiles y el temor al ala radical de la izquierda que abandera Sánchez. En un país que en 2021 definió su presidencia por una diferencia mínima de 44,000 votos en favor de Pedro Castillo, estos seis puntos de ventaja le dan a Keiko Fujimori un respiro crucial, pero de ninguna manera definitivo. En el Perú, las dos semanas previas a un balotaje suelen ser un siglo en política.
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