Cuerda floja en el Estrecho: Omán y el arte de sobrevivir entre el fuego de Washington y Teherán

Mascate — 31 de mayo de 2026/ La discreción suele ser la moneda de cambio más valiosa en el Golfo Pérsico, pero esta semana el silencio se rompió de la forma más estridente posible. Desde la Casa Blanca, el presidente estadounidense Donald Trump lanzó una advertencia directa que sacudió los cimientos diplomáticos de la región: Omán tendrá que «comportarse» o de lo contrario el ejército estadounidense tendrá que «volarlos por los aires».

La frase, despachada ante los reporteros en Washington tras filtrarse un borrador de acuerdo marítimo entre Mascate y Teherán, expuso la descarnada realidad del Sultanato de Omán. El país, que durante décadas ha hecho de la «neutralidad activa» su escudo existencial, se encuentra hoy en el momento más peligroso de su historia reciente, atrapado en el fuego cruzado de la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán que estalló el pasado 28 de febrero de 2026.

El detonante: El peaje de la discordia en Hormuz

El delicado equilibrio omaní comenzó a resquebrajarse peligrosamente tras la propuesta de Irán de implementar la nueva «Autoridad del Estrecho del Golfo Pérsico», un mecanismo diseñado por Teherán para cobrar tasas de tránsito y regular activamente el tráfico comercial en el Estrecho de Hormuz, una de las arterias petroleras más importantes del planeta.

La televisión estatal iraní sugirió la existencia de un borrador donde Omán y la República Islámica coadministrarían de forma conjunta el paso de buques. La respuesta de Washington y sus aliados fue fulminante:

  • La amenaza militar: Trump advirtió que Hormuz constituye aguas internacionales y que no tolerará un control conjunto que asfixie el comercio.
  • El frente económico: El secretario del Tesoro de EE. UU., Scott Bessent, advirtió sobre sanciones financieras devastadoras para cualquier nación que participe en lo que diplomáticos estadounidenses calificaron como un «esquema de extorsión mafioso».

«Omán se comportará como todos los demás, o tendremos que hacerlos volar», sentenció Trump, elevando la presión al máximo sobre un aliado histórico de Occidente.

La diplomacia del teléfono rojo

En Mascate, el ministro de Asuntos Exteriores de Omán, Sayyid Badr Albusaidi, ha tenido que multiplicar sus esfuerzos para apagar el incendio. En una serie de frenéticas llamadas bilaterales y negociaciones de pasillo, el gobierno omaní ha intentado maniobrar en dos direcciones opuestas pero vitales para su supervivencia:

  1. Garantías a Washington: El Tesoro estadounidense confirmó haber recibido promesas de las autoridades omaníes de que no cooperarán en la imposición de tarifas o peajes unilaterales a los buques comerciales en el estrecho.
  2. Coordinación con Teherán: En paralelo, el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, telefoneó a Mascate para respaldar la postura «principled y responsable» de Omán, denunciando las amenazas de EE. UU. y defendiendo que las medidas de seguridad compartidas en el estrecho se ajustan al derecho internacional marítimo.

A pesar de los vientos de guerra, Omán sigue operando en la sombra. Junto con el proceso de mediación que actualmente lidera Pakistán, diplomáticos omaníes e iraníes lograron un borrador de memorando para extender una tregua temporal de 60 días en los ataques directos, un documento que aún aguarda el visto bueno definitivo de la Oficina Oval.

«Amigos de todos, enemigos de nadie»: Una filosofía bajo asedio

Para entender la encrucijada de Omán hay que comprender su geografía y su historia. A diferencia de sus vecinos del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), alineados estrechamente con la postura dura de Arabia Saudita, el Sultanato siempre ha preferido tender puentes. Fue Mascate el escenario secreto donde se cocinaron los primeros acuerdos del pacto nuclear de 2015 (JCPOA), y es en sus puertos de Duqm y Salalah donde la Marina de los EE. UU. mantiene acceso estratégico prioritario a través de un Acuerdo de Marco Estratégico firmado en 2019.

Sin embargo, la neutralidad ya no es un refugio seguro. A inicios de este conflicto, misteriosos ataques con drones golpearon ciudades portuarias omaníes, una señal que analistas interpretaron como una advertencia de Teherán para que el Sultanato no preste su territorio a las operaciones militares estadounidenses. En una inusual muestra de distanciamiento con el resto de las monarquías árabes, Omán declinó enviar representantes oficiales a la cumbre del CCG celebrada en Yeda el pasado abril para abordar la guerra de Irán.

Al día de hoy, Omán capitaliza económicamente su posición fuera del Golfo —sus puertos registran un incremento del 117% en las exportaciones redirigidas de otros países vecinos debido al bloqueo marítimo en el Estrecho—, pero el costo político está alcanzando niveles insostenibles. Entre los ultimátums verbales de la Casa Blanca y la asfixiante cercanía de un Irán en pie de guerra, el pequeño Sultanato descubre que, en la geopolítica moderna de Medio Oriente, el papel de mediador es el más peligroso de todos.

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