El miércoles 24 de junio de 2026, el vuelo 164, comenzó con la promesa de un reencuentro y terminó sepultado bajo toneladas de hormigón. Lo que para 146 ciudadanos venezolanos iba a ser el fin de una dura travesía tras ser expulsados de los Estados Unidos, se transformó en una de las aristas más desgarradoras del doble terremoto que acaba de sacudir a Venezuela.
El retorno forzado
A las 10:22 de la mañana, el vuelo 164 de deportación operado por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EE. UU. (ICE, por sus siglas en inglés) aterrizó en el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía, procedente de Miami. A bordo viajaban personas que habían cruzado fronteras y selvas como el Tapón del Darién persiguiendo el sueño americano, solo para ser devueltos con las manos vacías.
Las autoridades locales, en el marco de la Gran Misión Vuelta a la Patria, registraron formalmente la llegada de los repatriados. Horas después, el grupo —compuesto en su mayoría por hombres, pero que también incluía a 19 mujeres y varios menores— fue trasladado al Hotel Santuario La Llanada, una edificación ubicada en una zona empinada y angosta en Macuto, estado La Guaira. El propósito del alojamiento temporal era realizar pruebas médicas obligatorias y el procesamiento de sus documentos de identidad.

Seis horas de margen: el colapso
Alrededor de las 6:00 de la tarde, apenas unas seis horas después de haber pisado suelo venezolano, la tierra comenzó a crujir. Un inusual «doblete sísmico» —dos terremotos casi consecutivos de magnitudes 7.2 y 7.5— golpeó con fuerza devastadora el norte del país.
El Hotel Santuario La Llanada no resistió el embate y se desplomó por completo, atrapando a la gran mayoría de los recién llegados en su interior. Los impactantes testimonios de los pocos sobrevivientes recrean escenas de puro pánico. Lisbeth Portillo, una de las pasajeras que logró salir con vida del segundo piso tras quedar momentáneamente cubierta por una viga, describió el panorama inmediato:
«Empecé a escuchar ruidos y vi que las mujeres a mi lado caían… salimos buscando ayuda, viendo gente correr descalza entre los escombros. Volví a nacer».
Otra sobreviviente, Jenny Rodríguez, relató cómo logró sacar una mano de entre la estructura derruida para sujetar el pantalón de un compañero del vuelo que pasaba por el lugar, quien finalmente la ayudó a liberarse. No todos corrieron la misma suerte. Los reportes indican que algunos sobrevivientes requirieron traslados de emergencia y cirugías críticas en hospitales de Caracas.
La incertidumbre de las familias
A días de la catástrofe, la desesperación reina entre los familiares de los pasajeros del vuelo 164. Mientras el balance global de la tragedia en el país supera las 1,400 víctimas fatales y las cifras de desaparecidos son alarmantes, la situación específica en las ruinas del hotel de La Guaira se mantiene bajo un espeso manto de dudas.
Familias enteras permanecen en las inmediaciones del edificio colapsado denunciando la falta de información institucional clara y la ausencia de listas oficiales que detallen quiénes sobrevivieron, quiénes están heridos y quiénes continúan bajo los bloques de concreto. Asimismo, diversos colectivos de derechos humanos han hecho eco de las quejas sobre las dificultades técnicas y las presuntas restricciones de acceso para que los equipos de rescate especializados y la maquinaria pesada puedan operar con fluidez en la estrecha geografía donde se erigía el hotel.
El destino del vuelo 164 resume la doble vulnerabilidad del migrante: despojado del estatus legal en el extranjero y alcanzado por la fatalidad de la naturaleza apenas al regresar a su hogar.
Para conocer más detalles sobre las labores de búsqueda en la zona del desastre y escuchar los testimonios directos, puedes ver este reporte en video sobre cómo buscan a los pasajeros del vuelo de deportados. Este material audiovisual detalla la angustia de los familiares y las declaraciones de los sobrevivientes en el lugar del siniestro.
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