Por Marc Tecnólogo.
El domingo 18 de octubre, la Plataforma Unitaria leyó en Caracas un documento de catorce puntos. María Corina Machado lo presentó por video desde Panamá como «una de las iniciativas más poderosas» de la oposición. Cuatro días antes, a pocos kilómetros, la mesa de diálogo entre Dinorah Figuera y Jorge Rodríguez había comenzado su tercera ronda.
Una es una lista de intenciones. En cambio, la otra es un mecanismo con dinero detrás.
¿Por qué la líder más votada de la oposición responde con una lista y una marcha mientras la mesa decide el país?
Catorce puntos que no resisten una lectura atenta
El Gran Acuerdo Nacional no tiene una sola fecha. Tampoco tiene una cifra, un responsable ni un plazo.
Además, repite la misma idea varias veces. El punto 4 respalda una hoja de ruta hacia elecciones libres. El punto 5 respalda una negociación hasta lograr elecciones libres y la reinstitucionalización. El punto 6 promete trabajar por la reinstitucionalización del Estado. El punto 8 vuelve sobre la autonomía de los poderes públicos. Son cuatro puntos para una misma frase.
Por otra parte, el verbo «respaldar» aparece en tres puntos. «Promover» aparece en cinco. El punto 14, el último, es el compromiso de promover las propuestas anteriores. Es decir, el documento termina prometiendo difundirse a sí mismo.
El punto 2, por su parte, respalda el liderazgo de María Corina Machado. Una propuesta para reconstruir un país dedica su segundo punto a ratificar a su propia dirigente.
El punto 10 resume, en una sola oración, los derechos humanos, los servicios públicos, el empleo y una vida digna. No dice cómo, con qué dinero ni en cuánto tiempo.
Con todo respeto por quienes lo redactaron, parece una lista preparada para una exposición de bachillerato: correcta en sus intenciones, redundante en su forma y vacía de fondo.
Asambleas y marchas: el único poder de María Corina Machado
Cuando El Tiempo le preguntó qué margen real tiene para influir, María Corina Machado describió su plan: decenas de miles de asambleas ciudadanas en cocinas, escuelas y fábricas. Esa es su herramienta. La otra es la calle.
El 28 de julio, Vente Venezuela convocó en Caracas su primera movilización del año en la capital. Acudieron cientos de personas con una consigna: «Pongan la fecha, nosotros ponemos los votos». Este lunes, el partido llamó a el 22 de octubre, en todos los estados para exigir su regreso, la fecha electoral y la libertad de los presos políticos.
Ese respaldo es real, y hay que reconocerlo. En 2024, más de un millón de voluntarios defendieron el voto. Hoy, miles de venezolanos dentro y fuera del país siguen saliendo por ella.
Sin embargo, una marcha demuestra apoyo. No mueve una pieza del tablero.
Desde julio, las movilizaciones no han producido la fecha que exigen. Tampoco levantaron su inhabilitación, ni liberaron un dólar. En cambio, todo lo que sí se movió en estos meses salió de la mesa de diálogo: el Tribunal Supremo, el oro de Londres y la discusión de las inhabilitaciones.
Es decir, las asambleas y las marchas son, hoy, el único poder de María Corina Machado. Prueban que tiene a la gente. También prueban que no tiene cómo cambiar el statu quo.
La mesa de diálogo avanza lento, y al ritmo del dinero de Washington
La mesa de diálogo tampoco es veloz, y conviene decirlo.
Se instaló formalmente el 1 de agosto. Luego, el 12 de agosto, acordó renovar el Tribunal Supremo. Después pactó cooperar para recuperar el oro congelado en Londres. Dos meses y medio más tarde, todavía no hay nuevo Consejo Nacional Electoral.
Ese ritmo no lo marca Caracas. Lo marca el dinero.
Los ingresos del petróleo venezolano se depositan en cuentas del Tesoro de Estados Unidos, auditadas por KPMG. Según Marco Rubio, el régimen presenta cada mes un presupuesto de gastos y el Tesoro controla cómo se administran esos fondos. Michael Kozak, funcionario del Departamento de Estado, lo resumió así: «Es su dinero, pero tienen que obtener nuestro permiso».
Además, las cifras muestran la proporción. Para julio, el Financial Times estimaba que Washington había recaudado más de 13.000 millones de dólares por ese crudo. Para abril, los desembolsos autorizados rondaban los 3.000 millones.
Los avances políticos también se pagan en esa moneda. Delcy Rodríguez salió de la lista de sancionados el 1 de abril. Jorge Rodríguez salió el 14 de octubre, el mismo día en que arrancó la tercera ronda.
Mi lectura es que cada paso de la mesa de diálogo se negocia contra un desembolso o un alivio de sanciones. Por eso avanza lento: Washington suelta el dinero por partes y el régimen cede por partes.
Es un ritmo frustrante, pero predecible. Además, es el único mecanismo que hoy tiene palancas reales sobre el régimen.
La mesa de diálogo pone su primera fecha, y no es la de María Corina Machado
Este 21 de octubre, por primera vez, Dinorah Figuera habló de cuándo podrían ser las presidenciales. En una entrevista con El Nacional dijo: «Esperemos que sea por lo menos a finales del próximo año o a comienzos de 2028».
No es una fecha cerrada. Es un rango, y viene con condiciones. Según Dinorah Figuera, el nuevo Tribunal Supremo debe estar listo en noviembre o, como máximo, en diciembre. Ese mismo mes se entregará un informe con acciones para depurar el Registro Electoral y reformar el CNE. Antes de votar, dijo, hay que «desmontar el aparato» que rodea el proceso electoral.
Además, admitió que la mesa de garantías políticas es la más difícil. El régimen pide que se levanten las sanciones extranjeras. Su respuesta fue directa: «Nosotros no levantamos sanciones». Es decir, la palanca que el régimen busca no está en manos de la oposición. Está en Washington.
El contraste con las otras partes es claro. Delcy Rodríguez dijo el 2 de septiembre que habrá elecciones «cuando Venezuela esté lista», sin dar fecha. Marco Rubio pidió el 9 de octubre elecciones lo antes posible, pero acompañadas de fortalecimiento institucional. Vente Venezuela, en cambio, marcha mañana para exigir el 24 de julio de 2027.
Las cuentas de la propia María Corina Machado juegan en su contra. En mayo, ella misma estimó que una elección con garantías requiere entre 7 y 9 meses de planificación. Si el nuevo CNE llega a finales de 2026, como prevé la mesa, la elección caería en el segundo semestre de 2027. Por lo tanto, el 24 de julio solo sería posible si el CNE estuviera listo ya.
Y no lo está.
Un plan con precio amargo, pero con resultados
El plan de Washington tiene tres fases: estabilizar, recuperar y transicionar. Las elecciones están en la última.
Ahora bien, tiene un costo. Washington trabaja con Delcy Rodríguez y escogió como socio petrolero a Alejandro Betancourt. Betancourt obtuvo más de 5.000 millones de dólares en contratos sin licitación con Derwick Associates, y la fiscalía de Miami cerró este año la investigación que lo señalaba como «Conspirador 2» en un esquema de lavado con dinero de PDVSA.
Sin embargo, ese plan ya produjo lo que la oposición no consiguió en 27 años. El régimen aceptó renovar el Tribunal Supremo. La propia María Corina Machado reconoce más de 700 presos políticos liberados. Rubio habla de más de 1.200. Además, la mesa de diálogo discute ya las inhabilitaciones y la devolución de los partidos intervenidos.
Entre esas inhabilitaciones está la de María Corina Machado.
María Corina Machado dice entender el plan, pero actúa en su contra
En el New York Times, María Corina Machado dijo que entiende la lógica del avance gradual. También admitió que a los venezolanos les conviene que el plan funcione.
Sin embargo, sus decisiones van en otra dirección.
El 26 de julio, ella y Edmundo González tomaron distancia del mecanismo de diálogo que Washington iba a instalar. El 15 de octubre denunció que Estados Unidos la había excluido. El Departamento de Estado respondió que su partido fue invitado a la mesa.
Esa misma semana acusó de «corrupción obscena» al socio petrolero de Washington. Luego advirtió que los pactos con actores señalados por irregularidades carecerán de sustento institucional. Es decir, le anunció a quien administra el dinero que su acuerdo podría no sobrevivir a una presidencia suya.
Puede tener razón sobre Alejandro Betancourt. Pero el momento y la forma juegan en contra del país.
Ella calcula que la industria energética necesita 200.000 millones de dólares. Ese dinero solo puede venir de Estados Unidos y de las empresas que operan con su visto bueno. Son los mismos actores que hoy pone en duda.
Mientras tanto, el país sigue a oscuras. En agosto, la demanda eléctrica llegó a 15.726 megavatios con unos 12.000 disponibles. Los catorce puntos no dicen cómo cerrar esa brecha.
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Por qué Washington la dejó fuera de la mesa de diálogo
Este miércoles, Washington respondió por primera vez a esa pregunta. Un alto funcionario estadounidense habló con periodistas en Caracas, bajo condición de anonimato, y fue directo: «Este proceso no se trata de ninguna persona en particular».
Añadió que Trump y Rubio han sido claros: antes de votar debe haber estabilidad económica y cambios en las instituciones electorales. También dijo que el cronograma debe ser «deliberado y reflexivo» y que no están poniendo fechas fijas. Es decir, la economía va primero, el mismo orden del plan de tres fases.
Sobre María Corina Machado, recordó que su partido fue invitado y que ella respaldó el proceso: «Ella lo apoyó, lo que demuestra su importancia». Washington la reconoce como líder, pero no la pone al frente de la mesa de diálogo. Además, su versión choca con la denuncia de exclusión que ella hizo seis días antes.
La respuesta oficial es diplomática, pero no explica el porqué. Por eso planteo tres hipótesis basadas en hechos conocidos.
Primera: Washington negocia con el régimen, y ella promete juzgarlo. La ONU concluyó que sus cuerpos de inteligencia cometieron crímenes de lesa humanidad. María Corina Machado rechaza cualquier amnistía. Tiene razón, pero nadie pone al frente de una negociación a quien anuncia que encarcelará a la contraparte.
Segunda: ella cuestiona el acuerdo petrolero que financia todo el proceso. Por lo tanto, sentarla en la mesa sería poner en riesgo la caja.
Tercera: el cronograma. Ella exige desde la calle elecciones para el 24 de julio de 2027, fecha que propuso el senador estadounidense Bernie Moreno. En cambio, Washington las ubica al final, después de estabilizar y recuperar. Y la mesa que respalda ya habla de finales de 2027 o comienzos de 2028.
Dejar avanzar la mesa de diálogo es su mejor jugada
Dejar que el plan avance no es rendirse. Tampoco es olvidar a las víctimas. Es entender el orden de las fases: la justicia llega con la transición, cuando haya tribunales capaces de ejercerla.
María Corina Machado tiene opciones concretas. Su partido fue invitado, así que puede enviar un equipo técnico a la mesa de diálogo. También puede dejar que su inhabilitación se resuelva donde hoy se negocia. Además, puede convertir sus marchas en presión sobre hitos verificables: el nuevo CNE, la fecha electoral y la libertad de los presos políticos que quedan. Una marcha que empuja el plan suma; una que compite con él solo confirma que está fuera.
En cambio, lo que no le sirve al país es un documento de catorce puntos sin cifras, presentado como alternativa a un proceso que ya tiene dinero, plazos y contrapartes sentadas.
Sigue siendo la líder con más respaldo de la oposición. Precisamente por eso, su mejor jugada hoy es acompañar el plan de quien sacó a Maduro y cuidar su capital para la fase que sí le corresponde: la elección.
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