Caracas.— Las banderas rojas flameaban frente al calor del mediodía caraqueño, pero esta vez el mensaje en las calles no iba dirigido exclusivamente contra la acera del frente, sino hacia las decisiones que se toman en los despachos del propio poder. En los últimos días, manifestaciones y expresiones de descontento dentro de las filas del chavismo han dejado al descubierto una fractura evidente: un sector de la base oficialista rechaza rotundamente cualquier proceso de negociación o diálogo con la oposición.
Concentrados en puntos emblemáticos como la Plaza Bolívar de Caracas y convocados por agrupaciones como el Frente Popular Antiimperialista, manifestantes y militantes de la línea más dura han alzado su voz para calificar las conversaciones de una «imposición» y una «falsa negociación».

La consigna en la calle: «Soberanía o nada»
Para quienes marcharon en la capital, el rechazo a la mesa de conversación —impulsada en el mapa político internacional con intermediación de Estados Unidos— no es un detalle menor, sino una amenaza directa al legado político que defienden.
«No estamos de acuerdo con un diálogo con los vendepatrias. Esto para nosotros es otro terremoto, un terremoto político», expresaba Aidé Romero, una de las manifestantes presentes en las concentraciones de la capital.
En el ambiente se respiraba un malestar palpablemente distinto al de contiendas anteriores. Dirigentes históricos y figuras públicas identificadas con el proceso político han marcado distancia del equipo negociador oficial. La diputada Iris Varela, entre otras voces del chavismo originario, declaró públicamente su negativa a respaldar conversaciones entre el sector que encabeza Jorge Rodríguez y los representantes de la oposición. A su juicio, cualquier acercamiento bajo la mirada de Washington pone en riesgo las banderas de soberanía nacional que el movimiento ha defendido durante más de dos décadas.

Entre el pragmatismo institucional y la ortodoxia del radicalismo
El debate expone una encrucijada compleja para el oficialismo:
- El ala pragmática: Busca destrabar sanciones, oxigenar el entorno económico y lograr acuerdos mínimos de gobernabilidad o legitimación internacional en medio de un contexto social complejo.
- La base ortodoxa: Percibe las concesiones como una claudicación ante intereses externos y argumenta que permitir la injerencia extranjera debilita las instituciones internas.
Mientras en el ámbito diplomático y mediático se evalúan las posibilidades reales de que las conversaciones deriven en acuerdos electorales e institucionales, en la acera popular del chavismo la incertidumbre se traduce en reclamos directos a la dirigencia.
En medio de consignas, discusiones acaloradas entre transeúntes y el descontento de quienes piden ser escuchados, la escena en las calles caraqueñas confirma que el mayor desafío para cualquier intento de diálogo no solo proviene de las diferencias entre gobierno y oposición, sino de convencer a sus propias bases de que la negociación es el camino.
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