Un manto de lodo, rocas y desesperación cubre la frontera entre Nepal y la región del Tíbet en China. Lo que comenzó como un temporal en las altas cumbres del Himalaya se transformó rápidamente en una de las mayores catástrofes naturales del año en Asia.
El recuento oficial roza los 3.000 desaparecidos (más de 2.400 en suelo nepalí y unos 550 en el sector chino), mientras que la cifra de fallecidos supera los 630.
Para el venezolano, acostumbrado al dolor colectivo de tragedias provocadas por lluvias y deslaves en Vargas o Las Tejerías, las imágenes que llegan del Himalaya resuenan con impactante familiaridad.
Calles convertidas en ríos de barro, viviendas arrasadas en segundos y familiares que recorren despachos oficiales cargando fotografías con la esperanza de encontrar una respuesta.

Una búsqueda a contrarreloj entre el barro
En Katmandú y en los distritos nepalíes de Rasuwa y Nuwakot, la angustia se palpa en el aire. Centenares de personas acuden a los hospitales militares y centros de socorro para revisar exhaustivamente las listas manuscritas de supervivientes y cuerpos no identificados. La devastación ha cortado vías terrestres clave, dejando aisladas a comunidades enteras y atrapando a trabajadores en proyectos hidroeléctricos de la zona.
Entre los miles de desaparecidos figura una importante cantidad de extranjeros de más de 30 nacionalidades, entre ellos montañistas, turistas y personal técnico. En respuesta, Beijing ha desplegado aviones con rescatistas capacitados, perros de búsqueda y drones con señal satelital para restablecer el contacto con los valles aislados.
El fantasma de un segundo desastre
Más allá de las labores de rescate en el terreno, los científicos del Centro Internacional para el Desarrollo Integrado de las Montañas (ICIMOD) han encendido las alarmas. El deslave de proporciones colosales creó represas naturales compuestas por escombros y lodo en los cauces fluviales de alta montaña. Existe el riesgo inminente de que estos diques improvisados ceda bruscamente, desencadenando una segunda ola de inundaciones catastróficas desfiladero abajo.
La Federación Internacional de la Cruz Roja calcula que más de 93.000 personas requieren ayuda humanitaria urgente en la región, en una tragedia que vuelve a evidenciar la extrema vulnerabilidad de las zonas montañosas ante los fenómenos meteorológicos extremos.
Por Redacción Curadas
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