La factura de Trump: El precio de la intervención en Venezuela

Por Marc Tecnólogo.

Ayer conté cómo se vendió el petróleo: 65 mil millones de barriles, concesiones a cien años, la firma de Trump en Truth Social.

Hoy toca contar cómo llegamos a merecerlo. Y el punto de partida es el mesianismo con el que lo pedimos.

¿Se acuerdan cuando le pedíamos el Nobel a Trump? ¿Cuando gritábamos a coro por una intervención militar extranjera? ¿Cuando hacíamos giras por medio mundo rogando ayuda para sacar al régimen, cualquier ayuda, viniera de donde viniera?

Eso pasó. Y anoche, sin embargo, nos pasaron la cuenta. Va a ser bastante cara, y lo paradójico es que buena parte de los mismos que la pidieron hoy se dicen sorprendidos, cuando no directamente indignados. No hay sorpresa posible en un desenlace que se anunció durante años.

No era gratis, como el CLAP

Si pensaste que esto iba a salir gratis, bájate de la nube: el CLAP también parecía un regalo, y terminó siendo una cadena. Nadie iba a mandar a los Marines a entregarnos el país en bandeja.

Pero también va a venir una bonanza tremenda. Se va a poder hacer billete parejo, con empresas serias y reglas más claras de las que hemos tenido en mucho tiempo. A cambio de una sola cosa: vender un país que ya estaba vendido, ahora a un postor distinto, que al menos es occidental.

¿Te duele? ¿Estás molesto? Es comprensible, además. Pero mientras más rápido asumas la realidad, menos te va a doler, y mejor vas a saber aprovechar un futuro que, para quien sepa leerlo, pinta mejor de lo que el orgullo permite admitir.

El mesianismo no se acaba cuando salga Trump

Ya comenzaremos a ver a los de siempre diciendo que esto se resuelve en las elecciones de medio término, o que hay que aguantar hasta que termine el gobierno de Trump para que ahí sí llegue la libertad que nunca conseguimos por nuestros propios medios.

No. Pues no va a pasar así. Y quien no entienda el trasfondo energético de este movimiento va a seguir cayendo en afirmaciones tan tontas como infantiles.

Lo que está ocurriendo en Venezuela responde a algo más grande que un presidente. Es una demanda energética creciente, generada por la inteligencia artificial, que Estados Unidos no puede satisfacer con su potencia instalada actual.

No es una teoría de café. Solo en la primera mitad de 2026, OpenAI y Anthropic captaron 217 mil millones de dólares, más del 40% de todo el capital de riesgo del planeta. Anthropic, además, negocia ya una salida a bolsa que podría valorarla en dos billones.

Y ese dinero ya no distingue bandera política. Republicanos, demócratas, fondos institucionales y hasta el Vaticano están adentro de una forma u otra. La Iglesia, de hecho, publicó en mayo su propia encíclica sobre inteligencia artificial, tras meses de trabajo conjunto con Anthropic, Meta, Google y Amazon.

El problema es que todo ese capital choca con el mismo muro: no hay suficiente energía instalada en Estados Unidos para sostener la carrera. Y una burbuja de este tamaño no aguanta mucho sin combustible real detrás.

Cálculo, y esto sí es lectura mía, que a Washington le quedan unos dos años para resolverlo antes de que la fiesta se complique.

Y adivinen qué encontraron.

Encontraron el pozo

Con eso en la mano, ahora sí se entiende el resto del tablero.

Tienen dos años para construir la infraestructura que necesitan, y todo lo demás se ordena alrededor de ese plazo.

La reestructuración del TSJ que anunciaron en la mesa de Caracas no tiene nada que ver con los politiqueros de siempre, ni con la libertad de los presos políticos.

Nuestros intereses como ciudadanos están, en el mejor de los casos, en un cuarto o quinto plano.

Y ojo, eso es consecuencia directa de la ineptitud, la incapacidad y la marginalidad de una oposición y un chavismo que en veintisiete años nunca tuvieron la madurez de armar algo tan simple como un sistema bipartidista funcional y ya. Nos lo ganamos entre todos.

Lo que sí sirve, en cambio, es para construir una plataforma jurídica sólida que reciba capitales, bajo normas de negocio que permitan la entrada y salida de esos capitales sin fricción burocrática. En paralelo va a entrar dinero para reconstruir infraestructura crítica en electricidad, petróleo y minería.

¿Tienes conocimiento en alguna de esas áreas? Este es tu momento de abrirte camino. La alternativa es quedarse lamentándose, gritando «cese a la usurpación» contra Delcy y sus secuaces  o repitiendo abrazos y consignas que no sacaron a nadie del poder en veintisiete años, o escuchando al “Lidel” de turno mientras el mundo real se organiza sin preguntarte.

La doble moral de siempre

Hoy, de repente, la oposición amaneció antiimperialista. ¿Se dan cuenta de lo incoherente que suena eso?

Carla Angola, por ejemplo, pasó meses defendiendo en televisión la estrategia de Pete Hegseth. Insistía en que el único plan válido para Venezuela era el de Donald Trump, el mesías del momento.

En enero, cuando cayó Maduro, ella misma explicó que Trump era quien de verdad mandaba, no Delcy Rodríguez. Y tenía razón. Lo que nunca advirtió, sin embargo, es que esa frase también describía el precio que venía después.

Apenas el tipo cobró la factura por haberse llevado a Maduro, ahora todos odian el plan de Trump. Y ese favor, dicho sea de paso, jamás implicó ninguna promesa de democracia inmediata ni de elecciones libres.

Todos lo odian, menos Delcy Rodríguez y el PSUV, que paradójicamente lo celebran. Para ellos significa una cosa: que siguen siendo los socios útiles.

El chavismo es tan maldito y tan resistente porque siempre ha sabido adaptarse a la realidad que le toca. Para sorpresa de nadie, van a seguir en el poder: han sido exactamente los títeres serviles que Trump necesitaba.

Y es que toda opción confrontativa e independentista estorba en una conquista territorial con recursos de toma fácil sobre la mesa.

Trump está haciendo lo que considera mejor para su país y para su campaña de medio término. Es el presidente de Estados Unidos, amigos. Por eso hay que tenerlo presente en cada frase que se escriba sobre este tema, incluida esta.

Des-novelización de la realidad

Somos, además, una sociedad novelera, y no lo digo con ironía. RCTV, Leonardo Padrón y los Cisneros fueron, durante décadas, muy exitosos exportando drama al mundo entero.

Lo que está pasando ahora es una cachetada de realidad. Así funcionan los negocios: yo me llevo al dictador, hacemos un negocio nuevo, y tú me das concesiones petroleras y eléctricas a cambio.

Y ojo, nada de eso implica terminar con la dictadura de fondo. La legitimamos trayendo a los desconocidos de la Asamblea de 2015 a cambio de un salario digno. Y si te opones, te llevo preso.

¿En qué cabeza cabía que se iban a llevar a Maduro y, a cambio, nos iban a devolver el país intacto? ¿Para que lo hicieran mierda otra vez los mismos sinvergüenzas que hoy se escandalizan solo porque ya no van a poder robar como antes?

Con todo, me gusta que se esté desdramatizando la realidad. Que por primera vez en mucho tiempo estemos viendo pragmatismo puro en lugar de melodrama.

Los azules, ayer y hoy

Al final, los mismos que ayer aplaudían a Trump son, en su mayoría, la base más dura de todos los partidos de “oposición tradicional” del país, Primero Justicia, Voluntad Popular, Acción Democrática y peor aún Vente Venezuela: “los azules”. Hoy amanecieron antiimperialistas.

Apenas veinticuatro horas bastaron para invertir los papeles. Así de flexible es la conveniencia cuando choca contra la factura real. Ayer el mesianismo. Hoy la traición. Mañana, casi con seguridad, otra narrativa distinta, según convenga.

El cuarto donde se firmó todo esto ya quedó documentado en Truth Social, como conté ayer. Lo que falta documentar es cuánto tiempo le toma a cada uno de nosotros aceptar que ese cuarto nunca tuvo espacio para el pueblo que dice representar.

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