El engranaje político en Venezuela mantiene una dinámica constante de cálculo y negociación. Mientras las mesas diplomáticas y los titulares internacionales giran en torno a flexibilizaciones, alivio de sanciones y acuerdos geopolíticos, tras los muros de las cárceles venezolanas permanece una realidad inamovible para más de 160 efectivos de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB).

El peso del uniforme en la negociación
A diferencia de los presos civiles, la situación de los uniformados encarcelados responde a una lógica de control interno y contención dentro de la institución militar. Para analistas en materia de derechos humanos y seguridad nacional, la permanencia de estos oficiales en prisiones como Ramo Verde, el SEBIN o DGCIM cumple una doble función estratégica:
- Efecto inhibitorio: Mantiene un mensaje disuasivo claro hacia los mandos medios y tropa sobre los costos de la disidencia institucional.
- Capital de canje: Representan piezas de alto valor en la mesa de negociación indirecta con actores internacionales y la oposición política, dosificando sus liberaciones de forma pausada para obtener concesiones tácticas.

Entre la flexibilización y la realidad de las celdas
Aunque en periodos de presión exterior se han registrado aperturas o medidas sustitutivas para perfiles civiles, la cifra de militares privados de libertad supera de forma constante los 160 casos. Esta cifra engloba desde generales de división hasta sargentos, muchos de ellos sin juicio firme, con audiencias diferidas sistemáticamente o con órdenes de excarcelación emitidas por tribunales que no son ejecutadas por los custodios.
La paradoja radica en que, en un contexto global donde se busca proyectar normalidad e integración de mercados, la presencia de este contingente militar tras las rejas evidencia que el pragmatismo político aún pondera la seguridad del régimen por encima de la restitución plena de garantías constitucionales.
La libertad de los uniformados no parece ser una prioridad inmediata en los pactos de convivencia formal, dejando a más de 160 familias en un limbo donde la justicia sigue supeditada al ritmo de la geopolítica.
Por Redacción Curadas
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