Titulo original: Hoy hace 31 años murió José Ignacio Cabrujas – Por Héctor Manrique
Tuve el privilegio no solo de conocerlo y trabajar con él, sino de haber compartido largas conversaciones. Lo conocí por allá por el año 1978. A mi padre en esa época le iba muy bien en su empresa y, junto a Agustín Lisbona, le dio por estimular la creación de una revista de humor que se llamó El Sádico Ilustrado. El director era Zapata y mi padre fungía de coordinador general.
Las reuniones del consejo de redacción solían hacerse los lunes en un apartamento que tenía Régulo Pérez en Chacao. Allí llegaban Cabrujas, Salvador Garmendia, Rubén Monasterios, Abilio Padrón, Otrova Gomas y el resto de los Ilustres Sádicos. Leían cada uno, a viva voz, su colaboración de la semana para la revista.

Era una experiencia alucinante para un carajito de 15 años escucharlos leer lo que habían escrito y, después, presenciar las discusiones que se armaban entre ellos opinando sobre el trabajo del otro. Era una verdadera fiesta de la inteligencia.
Cabrujas, en un principio, no firmaba sus artículos con su nombre, sino con el seudónimo de «Sebastián Montes de Oca». Semana a semana todos le insistían: ¿hasta cuándo iba a seguir con esa vaina de no poner su nombre? Hasta que aceptó la exigencia colectiva y empezó a firmarlos.

La verdad no recuerdo qué alegaba José Ignacio para no poner su nombre, pero sí recuerdo la jodedera del resto para que lo hiciera.
Salvador Garmendia le decía que dejara la pendejada; que él, que escribía artículos prácticamente pornográficos, no le paraba bola a eso y estampaba su firma. Todavía recuerdo el título de algunos de los textos de Salvador: Elogio a la paja, Elogio al condón, Historia de un marico pendenciero, De todo menos por el culo, y así por el estilo.
La revista se fue al traste después de unos cuantos meses. Nadie quería poner publicidad en una publicación que se metía con todo el mundo y, fundamentalmente, con los políticos.
Pasaron muchos años hasta que volví a encontrarme con José Ignacio. Esta vez yo como actor y él como director de esa hermosa obra de Fausto Verdial llamada Los hombros de América. Los días miércoles, antes de arrancar el ensayo, solía leernos el artículo que acababa de escribir y que saldría el sábado o el domingo en la prensa. Era una delicia escucharlo leer con los matices que le imprimía a su interpretación; allí demostraba el extraordinario actor que era.
En ese tiempo creamos una relación más sostenida por el placer de hablar, hablar y hablar pendejadas que por cualquier otra cosa. Solía buscarlo en su casa para ir a comer y pasar unas buenas tres o cuatro horas conversando. El país y sus tormentos era un tema impelable. Pero por allí también pasaban el teatro, la televisión, los amigos, las anécdotas.
Creo que esos momentos fueron para mí una lección que hasta el día de hoy agradezco profundamente. Verlo hilvanar ideas sobre lo complicado que es entender el problema del ser venezolano. Ese intentar hurgar en nuestra historia para comprender por qué estábamos como estábamos y cómo seguimos estando.
Creo que pocos venezolanos han sido tan lúcidos y tan frontales a la hora de explicarnos. Esa crítica feroz y sin complacencia hacia nosotros, con el pasar de los años, me parece que se quedó corta. Si hubiese visto en lo que nos hemos convertido, estoy seguro de que le habría dado una vaina. Tal vez la vaina le dio en esa piscina en Porlamar hace hoy 31 años para evitarle semejante arrechera más adelante.
Pensando en Cabrujas, en su lucidez, en su compromiso con todos nosotros, lo que más me jode es ver cómo va siendo olvidado. Hace unos años, al final de cada función de Acto cultural, le preguntaba al público si sabían quién era Cabrujas, y solo unos pocos levantaban la mano en señal aprobatoria.
Si un venezolano contemporáneo te dice que no sabe quién es Cabrujas, en el fondo, sin saberlo, también te está diciendo que no sabe quién es él mismo. Cosa que no debe sorprender, porque en esta cosa llamada Venezuela pareciera que nadie sabe quién es.
Hoy te recuerdo, Cabrujas, y te agradezco todo lo que nos diste con el único deseo de hacernos mejores.
Por Héctor Manrique

Héctor Manrique es actor, director y productor de teatro. Con amplia trayectoria en la actuación en cine, teatro y televisión. Así como en la dirección teatral. Fue Director de la Compañía nacional de Teatro y actualmente dirige el grupo actoral 80.

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