En un paso decisivo hacia la reintegración energética de la región, las autoridades del sector energético de Colombia y Venezuela han confirmado que los trabajos de inspección, adecuación y rehabilitación del Gasoducto Binacional Antonio Ricaurte darán inicio formal antes de que concluya el año 2026.
El anuncio marca la reactivación práctica de un megaproyecto de 225 kilómetros que une el estado Zulia con el departamento de La Guajira y que permaneció fuera de servicio durante casi una década.

Del congelamiento a los Proyectos de Interés Nacional (PINES)
La iniciativa ha cobrado un impulso acelerado luego de que el gobierno colombiano incluyera oficialmente la rehabilitación del gasoducto dentro de los Proyectos de Interés Nacional y Estratégico (PINES). Esta figura jurídica permite priorizar los trámites institucionales, ambientales y logísticos para asegurar la pronta entrada en funcionamiento de la obra.
Por parte de la estatal petrolera Ecopetrol y el Ministerio de Minas y Energía de Colombia, el plan responde a la necesidad imperiosa de mitigar el déficit proyectado en la oferta interna de gas natural, garantizando el suministro tanto para el sector térmico e industrial como para el consumo residencial.
Del lado venezolano, la infraestructura abre una ventana directa para poner en valor los volúmenes del campo gasífero de la cuenca del lago de Maracaibo, reinsertando a PDVSA en la dinámica comercial del bloque andino.
Etapas, capacidades y licencias internacionales
El Gasoducto Transcaribeño Antonio Ricaurte, inaugurado originalmente en el año 2007, posee una capacidad nominal máxima de diseño de 450 millones de pies cúbicos diarios. No obstante, el plan operacional previsto para la primera fase de reactivación contempla un flujo inicial aproximado de 50 millones de pies cúbicos de gas diarios, equivalente a cerca del 5% de la demanda nacional colombiana.
Para que el gas vuelva a fluir de forma continua a partir de 2027, el cronograma de trabajo incluye tres grandes desafíos:
- Revisión técnica integral: Diagnóstico de la integridad estructural del ducto —que abarca 88 kilómetros en suelo colombiano y 137 en territorio venezolano— y la reparación de estaciones de compresión afectadas por el abandono prolongado.
- Marco regulatorio y licencias de la OFAC: Las operaciones comerciales se encuentran sujetas a los permisos de la Oficina de Control de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro de EE. UU. (OFAC), trámite en el que Ecopetrol y la diplomacia bilateral han venido avanzando para blindar las transacciones energéticas de sanciones secundarias.
- Esquema de tarifas y precios: Acuerdos contractuales entre las partes para fijar tarifas competitivas que beneficien la tarifa final al consumidor en ambas fronteras.
Para la sociedad venezolana, el reinicio de este conducto binacional representa algo más que una meta técnica: es la materialización de un pragmatismo económico imprescindible en la zona limítrofe del Zulia, que promete generar puestos de trabajo, dinámicas comerciales seguras y el aprovechamiento productivo de las reservas gasíferas nacionales.
Por Redacción Curadas
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