China ha puesto en marcha la cuarentena más grande de la historia para contener el coronavirus de Wuhan. Pero aislar a los enfermos es una estrategia de larga data que no siempre funciona.
Sin duda, es la mayor cuarentena en la historia de la humanidad, pero ¿detendrá la enfermedad?
En respuesta al nuevo y aún poco conocido coronavirus que surgió recientemente en Wuhan, China central, el gobierno chino ha aislado a esa y a otra docena de ciudades, con lo que en efecto puso en cuarentena a alrededor de 56 millones de personas.
Las ciudades han quedado bloqueadas. Se ha detenido el transporte de entrada y salida. Las escuelas están cerradas, y las celebraciones tradicionales por el Año Nuevo chino han sido suspendidas. Aun así, hasta el 27 de enero, al menos 80 personas han fallecido, más de 2740 personas han sido infectadas y se han detectado casos en al menos otros diez países.
Según informes, Zhong Nanshan, de la Comisión Nacional de Salud de China, ha afirmado que el modo más efectivo de detener el virus, que al parecer se contagia a través de gotas expulsadas por la nariz o la boca, era una cuarentena.
Pero, ¿es realmente así?
En Wuhan, una ciudad de once millones de habitantes, tanto los pacientes que creen que se han contagiado del coronavirus como las personas con otros problemas de salud están teniendo dificultades para recibir atención de los doctores: la escasez de recursos es común en situaciones como esta, y las cuarentenas solo la agravan. Los residentes se están quejando en redes sociales sobre la atención médica deficiente. La desconfianza en las autoridades sanitarias es cada vez mayor.
Luego, por supuesto, está el hacinamiento en los hospitales, que incrementa el riesgo de contagio al mezclar a personas sanas con las que presuntamente tienen el virus.
Algunas personas quizá hayan intentado escapar de las ciudades afectadas hacia zonas menos contagiadas. Otras tal vez están escondiéndose de los trabajadores de salud pública. Una mujer de Wuhan, aparentemente decidida a apegarse a sus planes de viajar por el Año Nuevo chino, hizo trampa en una revisión médica pues usó medicamentos contra la fiebre para reducir su temperatura, y luego admitió haberlo hecho en redes sociales tras su llegada a Francia.
Una falla integral en la mayoría de las cuarentenas es que algunas personas, al percibir que las restricciones son excesivamente estrictas y un abuso a sus derechos, intentarán eludirlas. Esas evasiones, a su vez, se convierten en amenazas para la salud pública.
Entonces, ¿las cuarentenas sirven para contener enfermedades o podrían contribuir a su propagación?
Es probable que las autoridades médicas de China terminen por alegar que habría habido muchos más casos si no hubieran cerrado las ciudades. Pero esa afirmación es una negativa que no se puede demostrar. En mi opinión, a estas alturas, las cuarentenas decretadas por el gobierno chino no ayudarán a poner fin a la crisis.
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