Recorrido por la faja petrolífera del Orinoco revela estragos del saqueo

Recorrido por la faja petrolífera del Orinoco revela estragos del saqueo

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En la parroquia La Candelaria un grupo menor de vecinos salieron a protestar por la ausencia del servicio durante 20 días y funcionarios de la Policía Nacional dispersaron la manifestación.


Unos hombres se bajan de una camioneta y actúan rápido. Mientras uno hace guardia, los otros se acercan a una bomba de petróleo y quitan los tapones. Drenan el líquido viscoso en baldes que apilan en su camioneta y arrancan.

Un trabajo de investigación de la agencia de noticias Bloomberg revela que en la remota faja petrolífera del Orinoco los robos solían ocurrir en la noche para evitar la mirada de cámaras de seguridad como la que capturó la escena cerca de la ciudad de El Tigre. Ahora, se han robado las cámaras y extraen petróleo a plena luz del día, que termina en talleres de reparación de automóviles en las ciudades.

Los ladrones se llevan motores eléctricos, transformadores, dispositivos de control de calor, válvulas y kilómetros de cableado de cobre, particularmente valioso.

El desmoronamiento de la industria petrolera venezolana tras una mala gestión épica de los presidentes Nicolás Maduro y Hugo Chávez, exacerbado por severas sanciones estadounidenses, causó la crisis generalizada en el país.

Recorrido por la faja petrolífera del Orinoco

En septiembre, periodistas de Bloomberg condujeron más de 640 kilómetros en un recorrido por la faja petrolífera del Orinoco, hablaron con empleados de la gigante petrolera estatal Pdvsa y examinaron informes internos para entender cómo la nación con las mayores reservas pudo haber colapsado.

El viaje, cuyos tramos fueron previstos para evitar patrullas militares fuertemente armadas y puestos de control, demostró que el motor industrial y económico del país ha sido despojado de equipos y descuidado hasta el punto del colapso.

Las instalaciones en la Faja del Orinoco, que produce más de 90% del decreciente flujo de Venezuela, parecen cementerios para equipos de un millón de dólares. Hay plataformas abandonadas, generadores desarmados, paneles de energía destruidos y cables sin revestimiento entre pozos de crudo derramado. La vegetación crece fuera de control.

Los estragos de la industria se extienden a través de toda una sociedad que llegó a depender de ella. Cerca de los campos petrolíferos Dación, perros huesudos jugaban con niños escuálidos y descalzos. Un hombre al borde de la carretera comentó que no había comido desde la noche anterior, 17 horas antes.

«Lo que se ve en Venezuela hoy, el colapso de sus campos petrolíferos y la industria petrolera en general, es peor de lo que se ve en algunas zonas de guerra», dijo Fernando Ferreira, director de servicios de riesgo geopolítico de Rapidan Energy Group, una consultora en el área de Washington. «La producción venezolana de petróleo fue destruida tras 20 años de decomisos de activos, corrupción generalizada y sanciones».

Recorrido por la faja petrolífera del Orinoco revela estragos del saqueo. El motor económico del país ha sido despojado de equipos

La zona cercana a una tubería fue afectada por los derrames de crudo.

Se buscan $30 mil millones

La nación podría aumentar la producción a aproximadamente dos millones de barriles por día en cinco años a un costo de hasta $30.000 millones. «La recuperación depende en gran parte de quién va a reemplazar a Maduro», dijo Ferreira.

La recuperación total del saqueo podría tomar décadas.

Luis Pacheco, presidente de una junta de PDVSA nombrado por el líder de la oposición, Juan Guaidó, dijo que el alcance del daño al sistema es una cuestión de conjetura: la junta solo controla activos de Pdvsa fuera de Venezuela. Pronostica un costo de $120.000 millones para restaurar la industria nacional, dijo.

«Ese nivel de inversión debe provenir mayormente de inversionistas privados», dijo Pacheco, lo que desafiaría décadas de celoso control estatal sobre el principal activo de Venezuela.

Recorrido por la faja petrolífera del Orinoco

Un balancín permanece inmóvil en medio de la vía cercana al Tigre (Anzoátegui).

Desmantelamiento progresivo

El recorrido por la faja petrolífera del Orinoco reveló que en agosto, solo 23 taladros estaban en funcionamiento en el país, frente a 48 hace dos años y 119 en 1997, según la empresa de servicios petroleros Baker Hughes, en Houston. A modo de comparación, la cuenca pérmica que se extiende por Texas y Nuevo México tenía 436 taladros en funcionamiento en agosto.

El viaje por la Faja del Orinoco reveló que incluso las plataformas que quedan están en peligro. El robo aumenta a medida que las instalaciones permanecen inactivas debido a apagones, un éxodo de trabajadores y la falta de equipo de trabajo.

La mayoría de los campos, accesibles sólo por senderos de grava a los que se llega por carreteras llenas de baches, no tienen personal. Un supervisor puede pasar dos veces al día durante 15 minutos.

Operadores de seguridad y taladros de Pdvsa se niegan a adentrarse en campos petroleros para realizar reparaciones o patrullas por temor a ser secuestrados o robados. Esto hace que sea un objetivo fácil, un espacio abierto con equipos llenos de cobre, diésel y ricos en hierro, rodeados de nada excepto haciendas con ganado disperso y pequeñas granjas.

“El desmantelamiento de plataformas, remolcadores, unidades industriales, vehículos y ahora áreas en los mejoradores, es enorme”, dijo el líder sindical José Bodas.

Canibalismo mecánico

Saber exactamente cuánto equipo falta es casi imposible porque Pdvsa dejó de publicar informes de seguridad en 2014.

La escasa inversión y las sanciones de EEUU, que limitan las importaciones, significan que piezas y partes a menudo se toman de una máquina para arreglar otra.

En el mejorador de Petromonagas, una asociación con la petrolera estatal rusa Rosneft en el estado de Anzoátegui, quemadores y válvulas de extractores de azufre pasan constantemente de una unidad a otra ya que los técnicos recurren al canibalismo mecánico, según un informe interno de Pdvsa.

Las barras de pistón y otras piezas se reportan como perdidas y se solicitan reemplazos. Más adelante, los componentes antiguos reaparecen y los nuevos aparentemente son vendidos en el mercado negro.

En un sitio del yacimiento petrolero de Oritupano, dos de los siete pozos operaban. A unos 40 kilómetros, en el campo Leona, uno de tres. En otro campo cercano, los cinco pozos estaban fuera de servicio. Una instalación de almacenamiento de petróleo en el campo Karina se incendió hace tres meses. El petróleo derramado estaba contenido en una piscina al aire libre y su olor era nauseabundo. Debido al incendio, Pdvsa tuvo que cerrar un yacimiento petrolífero cercano cuya producción se almacenaba en el sitio.

Recorrido por la faja petrolífera del Orinoco

Tanques ubicados en medio de una inundación de petróleo en el cinturón del Orinoco.

En Puerto La Cruz, que hasta hace poco era responsable de 15% de las exportaciones de petróleo del país, ver las ruinas requiere una lancha a motor. De los siete embarcaderos que había allí, solo uno estaba ocupado por un barco que descargaba gasolina en un mar calmado bajo un sol brillante.

Cerca de la costa flotaban dos monoboyas sin usar, puntos de transferencia para crudo que son casi del tamaño de un autobús urbano. Se encargaron cuando Venezuela tenía planes de aumentar las exportaciones a 3 millones de barriles por día. Las monoboyas amarillas, cuyo precio en el mercado internacional puede superar los US$30 millones, flotan, literal y metafóricamente, muertas en el mar: debido a las sanciones, es casi imposible venderlas. . .


 

 

 

Continuar leyendo Vía TAL CUAL.

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