La maravilla mecánica con la que el todopoderoso rey Felipe II le cumplió una promesa a Dios
La maravilla mecánica con la que el todopoderoso rey Felipe II le cumplió una promesa a Dios

Felipe II cumplió una promesa a Dios a través de una maravilla mecánica

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El rey Felipe II de España necesitaba un milagro. Le prometió a Dios que si se lo hacía, él pagaría con un milagro propio… y cumplió.

En 1562, el Príncipe Carlos de Austria, hijo del rey Felipe II de España, estaba en los alojamientos reales, y al bajar unas escaleras, tropezó, cayó y se golpeó la cabeza contra una puerta.

Al principio no parecía que fuera grave, pues seguía consciente. Pero pronto se le hinchó la cabeza de manera alarmante, le dio fiebre, empezó a delirar y perdió la vista.

En cualquier otro caso, ésta sería una calamidad, pero en este caso agravada, por el hecho de que el joven estaba destinado a ser rey.

En la corte estaban desesperados; en las calles, los súbitos de la corona pensaban que Dios estaba enojado, así que rezaban, ayunaban y hacían procesiones.

De Europa llegaron los mejores doctores e intentaron todo lo que se les ocurrió: desde abrirle un hueco en el cráneo, para aliviar la presión, hasta aplicarle ungüentos y hacerle sangrías y tantas purgas que en un momento tuvo 20 evacuaciones intestinales en unas pocas horas.

Pero nada funcionó. El príncipe heredero estaba agonizando.

El rey ya no sabía qué más podía hacer.

Era uno de los dueños del mundo: regía sobre casi toda la recién descubierta América, así como gran parte de Europa. Las Filipinas, al otro lado del mundo, habían sido nombradas en su honor; y era amigo del Papa… pero el poder no le alcanzaba para salvar a su propio hijo.

Así que recurrió a Dios.

La leyenda dice que se arrodilló junto a su hijo en el lecho de muerte e hizo un pacto con Dios: si hacía el milagro de sanar a su hijo, él lo pagaría con un milagro para Dios.

En cuestión de una semana, el príncipe recobró la vista; antes de que se acabara el mes, parecía que nada malo le había pasado.

Dios había hecho el milagro.

Ahora le tocaba al rey.

Hay documentos que cuentan que apenas pudo hablar, el príncipe Carlos le relató a su padre un sueño que había tenido mientras estaba mal.

En él, un monje maravilloso, con la cabeza rapada, la nariz puntiaguda, mirada penetrante y vestido con los hábitos franciscanos, había entrado en sus aposentos, se había acercado a su lecho de muerte y, con la cruz en la mano, le había dicho que todo iba a estar bien… y fue entonces que se mejoró.

 

Continúe leyendo sobre esta interesante historia en  BBC MUNDO

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