Venezuela: Rumbo a la recuperación del Esequibo
Venezuela: Rumbo a la recuperación del Esequibo

Venezuela: Rumbo a la recuperación del Esequibo

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Las Naciones fundamentan su territorialidad en acontecimientos que proceden del devenir histórico y, no son más que consecuencias del pensamiento y la conducta del hombre, así como de la interacción de las sociedades entre sí en un espacio geográfico determinado. En este contexto, las relaciones internacionales como parte de la política exterior de los Estados, son indefectiblemente elementos geopolíticos, donde se miden puntos vulnerables, espacios superpuestos de fracturas políticas, económicas, sociales, militares, ecológicas, culturales y geográficas, en la que cada Estado domina el escenario sostenido en la intensidad y alternativas, principios, valores e identidad, a propósito de la salvaguarda de la integridad territorial.

El Estado venezolano, durante años, y más aún en los inicios del XXI, ha dado muestras de insuficiencia de políticas para la determinación de las fronteras terrestres y acuáticas, aunado al ejercicio de la defensa de la soberanía y, al desarrollo tecno-económico de proyectos en los espacios geográficos, dado que ello ha sido limitado por hitos definidos. La situación aprovechada por los gobernantes de naciones fronterizas que sustentados en intereses imperialistas, ha logrado penetrar distintas áreas del territorio nacional.

La Capitanía Genera de Venezuela
La Capitanía Genera de Venezuela

Particularmente, las potencias europeas fomentaron la usurpación de territorios en el mundo occidental descubierto, que ofrecía un espectro económico sustentado en la disponibilidad de tierras fértiles, minerales y mano de obra gratuita. Inglaterra, Holanda, Portugal y Francia llegaron a América para apropiarse de grandes extensiones, especialmente al este de la América Meridional. Estos antecedentes históricos señalan el por qué Venezuela fue una Nación que en 1810 tuvo una extensión de un millón 800 mil Kilómetros cuadrados y 197 años después, el espacio geográfico terrestre fue reducido a 916.466 Kilómetros cuadrados (pérdida de 914.466 Kilómetros cuadrados).

En la República Bolivariana de Venezuela, la territorialidad de la Nación sustentada en claves culturales y socio-políticas, ha suscitado revisiones controversiales que requieren apelar a la tradición colonial y hechos independentistas como parte de la historia enlazada en el tiempo con el pasado y el presente. En este sentido, el río Esequibo fue el límite oriental del espacio geográfico perteneciente a la Capitanía General de Venezuela en 1810 y, lo ratificó el Libertador Simón Bolívar en 1817, al decretar que Guayana quedaba integrada al territorio de la República; sin embargo, a través de la disputa que se originó con Gran Bretaña, la misma culminó con el Laudo Arbitral de París de 1899, cuyo pronunciamiento sustentado en el Memorando de Severo Mallet Prevost, así como en las evidencias encontradas en el Foreing Office británico, permite señalar que además de no existir ningún fundamento de parte de Gran Bretaña, dicha Nación le despojó a Venezuela el espacio geográfico integral esequibense, lo que conforma el litigio actual que afronta la Nación sobre una extensión territorial despojada a su gentilicio y, resaltando que la superficie usurpada por Gran Bretaña en la actualidad con el basamento jurídico sobre el Derecho del mar, el total del territorio es mayor al señalado en la historia por la mayoría de los autores que han escrito sobre este tema; por otra parte, los ámbitos del interés nacional en el marco de la defensa integral de la Nación definen, que esta controversia precisa para el ejercicio de la soberanía y salvaguarda de la integridad territorial de la República Bolivariana de Venezuela en el espacio geográfico esequibense, consolidar el poder estructural situacional como modelo holístico mediante la integración binacional, la cual ha sido hasta los momentos sumamente dificultosa.

Mapa de la República de Venezuela en 1840
Mapa de la República de Venezuela en 1840

En el escenario geopolítico, la retórica sobre la integración como medio de atracción y conexión entre las naciones, ha fragmentado esquemas modestos que permanecieron allí, es decir, en palabras y acciones englobadas que obedecían a conveniencias de cada coyuntura.

Con el impulso que ha venido originando el Estado venezolano en la América Meridional y el Caribe sobre los factores económicos, las iniciativas integradoras habían adquirido una aceleración significativa, no solo por las ventajas que se derivan de esos espacios económicos conjuntos, sino por los imperativos de una racionalidad tecnológica que resulta inapelable para cada pueblo del continente; particularmente para Guyana, esta oportunidad que Venezuela ha originado como línea de acción en su política exterior, repercute no solo como retórica acertada, sino también, en la conformación de posibles escenarios que coadyuven a obtener la reivindicación del espacio geográfico integral esequibense, beneficiando sin lesionar los intereses de ambas naciones e impulsando una solución práctica y posible dentro del Acuerdo de Ginebra.

Los escenarios que se plantean en el mundo respecto a la seguridad de las naciones, así como la soberanía, identidad e independencia de estas, plantean desafíos a la hora de interpretar las amenazas reinantes y las consiguientes estrategias de defensa integral. La interdisciplina aplicada como instrumento geopolítico a las alianzas de los Estados, ha quedado intervenida por el realineamiento de fuerzas medidas en función de las capacidades económicas, de desarrollo sustentable y tecnológico y no, por las extensiones de superficie de los territorios; en este contexto, la identidad como fundamento de la territorialidad, apela a criterios de interacción y pertenencia al espacio geográfico de una sociedad determinada, que distingue como entidad particular a su cultura. De allí, resalta el perfil del comportamiento e insuficiente compenetración que tanto venezolanos como esequibenses y guyaneses, han tenido históricamente antes y después del Acuerdo de Ginebra de 1966 sobre el litigio del Esequibo. La coyuntura en los albores del tercer milenio introduce condicionantes para comprender y afrontar este problema, emprendiendo las acciones necesarias que en esencia se obliguen a salvaguardar la integridad territorial de la nación y no enfocarlo exclusivamente como un problema de extensión superficial.

También, las condiciones geopolíticas mundiales se encuentran afianzadas a distintas y aceleradas modificaciones que originan los Estados por intereses que condicionan el presente para su propio beneficio; de allí sobresale el mar como elemento de enlace entre la seguridad, defensa y el desarrollo integral de la Nación venezolana, donde la política exterior destaca la dimensión y trascendencia de los espacios acuáticos, cuya extensión proyecta el poder y definición de sus intereses marítimos como parte de la integración; sin embargo, la trascendencia de los intereses
creados por Guyana en afianzar su soberanía sobre el Esequibo y los espacios acuáticos respectivos, aunado a las amenazas que se han incrementado y, la explotación inadecuada de los recursos existentes, ameritan una serie de acciones estratégicas proporcionales, coherentes y sostenidas por parte del Estado venezolano, que contrarresten, controlen y originen la apertura para el desarrollo del espacio geográfico integral reclamado a través de acciones conexas y coherentes originadas por las instituciones gubernamentales.

El pensamiento exteriorizado con hechos unilaterales que intentan lesionar los intereses de la Nación venezolana, aspirando reducir el acceso al océano Atlántico, además del no-reconocimiento del tratado de delimitación de los espacios acuáticos con Trinidad & Tobago, plantea reflexiones, revisiones y cambios contundentes en las políticas del gobierno actual, dado que el espíritu creado a través del acuerdo de Ginebra no señala la motivación ni la seriedad esperada de Gran Bretaña ni de Guyana; así mismo, el enfoque a las acciones originadas por los guyaneses de acuerdo al Laudo Arbitral de París de 1899 y el Derecho del Mar, permite apreciar mediante acciones concretas, como estos se han beneficiado de su debilidad económica, valiéndose de naciones poderosas con marcados intereses en el escenario geopolítico actual, utilizando el espacio geográfico integral venezolano del Esequibo como bandera y violencia, con el propósito de imponer condiciones para su beneficio, demostrando poca receptividad en llegar a un entendimiento de mutua satisfacción.

Guyana originó cambios sobre el mar territorial hasta la zona económica exclusiva del Esequibo en el año 1977, sin haber firmado en ese entonces la Convención del Mar y, sin embargo, intentó trazar la línea geográfica con su máxima pretensión; por otra parte la política exterior como línea de acción de la defensa integral de la Nación venezolana, permite apreciar que esta ha sido insuficientemente coherente a lo largo de la historia por las acciones trascendentales pero dispersas que la catalogan como modesta en su actuación; organismos e instituciones tanto civiles
como militares no han actuado en conjunto hacia un mismo fin, sino paralelos.

Habida cuenta del contexto mencionado, con el argumento para la reivindicación integral del espacio geográfico venezolano, es necesario diseñar y presentar posibles estrategias adecuadas que le permitan a la República Bolivariana de Venezuela reivindicar el Esequibo en aras de salvaguardar la integridad territorial de la Nación. Las motivaciones e influencias determinadas por otros entes que han investigado sobre la materia, permiten articular un tejido interdisciplinario de sapiencias y preocupaciones intelectuales que vinculadas con críticas, aportes y posiciones antagónicas con la teoría que sustenta el estudio en cuestión, conllevan a que Sí existen soluciones para el manejo de este tema trascendental para el fortalecimiento del interés nacional de nuestro país.

 

 

José Chachati Ata

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