Con dieta, uno siempre puede adelgazar... ¡Es tan fácil perder peso!
Con dieta, uno siempre puede adelgazar... ¡Es tan fácil perder peso!

Con dieta, uno siempre puede adelgazar… ¡Es tan fácil perder peso!

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Lo difícil no es la dieta. Uno siempre puede adelgazar: Basta tener un poquito de fuerza de voluntad y prescindir de las cosas que engordan, como, por ejemplo, la comida

No, lo que hace la cosa difícil es el prójimo. Me refiero a los individuos que se empeñan en que uno siga su dieta. Las he ensayado todas: la de salud, la de austeridad, la líquida y la de eliminación que dura siete días. He sumado proteínas y restado carbohidratos; he vivido de leche fermentada y levadura de cerveza.

¿Y qué he ganado? Un kilo, según la báscula del cuarto de baño esta mañana.

Lo malo es que nadie quiere pesar lo que debería pesar. En otro tiempo, un hombre se daba palmaditas en el vientre y decía con orgullo: «Es obra mía; no le doy nada que no sea de la mejor calidad. Lo voy a exhibir este año en la feria».

Ya no se hace eso. Hoy día todo el mundo se preocupa por su peso. La mitad de las personas está tratando de adelgazar, y la otra mitad de engordar. El resultado es que la proporción de gordos y flacos es la misma que antes de inventarse las calorías. Lo único que ha variado son los individuos.

No es que yo necesitara ponerme a dieta. Lo que ocurrió fue que la otra noche traté de ponerme el smocking y parecía que la tela había encogido tanto que tuve que aguantar la respiración para poder abrochármelo, y durante la cena la anfitriona observó repetidas veces que los ojos se me salían de las órbitas y me preguntó si me habían tomado la presión arterial recientemente. Antes que comprarme un smocking nuevo preferí eliminar unos kilos aquí y allá. Nada de importancia, me dije; sólo un poco de cuidado con lo que coma durante un par de días.

Lo importante es evitar las féculas, me dijeron. Hay que suprimir la pastelería, las patatas y cosas semejantes. Oí por la radio que una señora había suprimido las féculas en sus comidas y había disminuido tres kilos y medio en una semana.

En consecuencia, suprimí las féculas y el azúcar, y suprimí también la sal porque un compañero de oficina me dijo que en una semana había perdido tres kilos y medio suprimiéndola. Un individuo a quien conocí en el tren me dijo que sería mejor que suprimiera la carne, porque las proteínas animales engordan. «Limítese a leche, huevos y queso». El viajero que iba a su lado observó que los huevos y la leche tenían muchas calorías y que lo que había que hacer era comer verduras y legumbres. «Molerlas crudas y beberse el jugo», aconsejó.

Otro viajero dijo desde el lado opuesto del pasillo que había que tener cuidado con las verduras y las legumbres, porque las judías, los guisantes y el maíz hacen engordar; su vecino de enfrente dijo que no importaba, siempre que los alimentos no estuvieran fritos; otro añadió que no era bueno comer alimentos cocidos porque perdían las vitaminas, y el conductor opinó que lo más importante no era lo que se comía sino cuando se comía.

Yo suprimí el desayuno, el almuerzo y la cena y ¿sabe cuánto adelgacé en una semana?

Tomado de: ¡Están fácil perder peso! Por Corey Ford, en: Selecciones del Reader’s Digest. Julio de 1953.

 

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